<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8184460459107011317</id><updated>2011-04-21T19:09:11.133-07:00</updated><category term='MISTICA CIUDAD DE DIOS 4'/><title type='text'>MISTICA CIUDAD DE DIOS 4</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://misticaciudaddedios4.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8184460459107011317/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://misticaciudaddedios4.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>PIOJOSALTARIN</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16286221232053703537</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>2</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8184460459107011317.post-3566086919251211331</id><published>2008-06-23T12:51:00.002-07:00</published><updated>2008-06-23T12:56:10.298-07:00</updated><title type='text'>MÍSTICA CIUDAD DE DIOS parte 4</title><content type='html'>1&lt;br /&gt;MÍSTICA CIUDAD DE DIOS: PARTE 4&lt;br /&gt;CAPITULO 4&lt;br /&gt;De la perfección con que María Santísima guardaba&lt;br /&gt;las ceremonias del templo y lo que en él le ordenaron.&lt;br /&gt;463. Volviendo a proseguir nuestra divina Historia,&lt;br /&gt;después que la Niña Santísima consagró el templo con su&lt;br /&gt;presencia y habitación, fue creciendo con toda propiedad&lt;br /&gt;en sabiduría y gracia acerca de Dios y de los hombres.&lt;br /&gt;Las inteligencias que se me han dado de lo que la mano&lt;br /&gt;poderosa iba obrando en la Princesa del Cielo en&lt;br /&gt;aquellos años, me ponen como en la margen de un mar&lt;br /&gt;dilatadísimo y sin términos, dejándome admirada y&lt;br /&gt;dudosa por dónde entraré en tan inmenso piélago para&lt;br /&gt;salir con acierto, habiendo de ser inexcusable dejar&lt;br /&gt;mucho y dificultoso acertar en lo poco. Diré, pues, lo que&lt;br /&gt;el Altísimo me declaró en una ocasión, hablándome de&lt;br /&gt;esta manera:&lt;br /&gt;464. Las obras que hizo en el templo la que había de ser&lt;br /&gt;Madre del Verbo Humanado, fueron en todo y por todo&lt;br /&gt;perfectísimas, y el alcanzarlas excede a la capacidad de&lt;br /&gt;toda humana criatura y angélica. Los actos de las&lt;br /&gt;virtudes interiores fueron tantos y de tan alto&lt;br /&gt;merecimiento y fervor, que se adelantaron a todos los&lt;br /&gt;de los Serafines; y tú, alma, conocerás de ellos mucho&lt;br /&gt;más de lo que pueden explicar tus palabras y tu lengua.&lt;br /&gt;Pero mi voluntad es que, en el tiempo de tu peregrinación&lt;br /&gt;en el cuerpo mortal, pongas a María Santísima por&lt;br /&gt;principio de tu alegría y la sigas por el desierto de la&lt;br /&gt;renunciación y negación de todo lo humano y visible.&lt;br /&gt;Sigúela por la perfecta imitación conforme a tus fuerzas y&lt;br /&gt;a la luz que recibes; ella será tu norte y tu maestra y te&lt;br /&gt;hará manifiesta mi voluntad y en ella hallarás mi ley&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;santísima escrita con el poder de mi brazo, en que&lt;br /&gt;meditarás de día y de noche. Ella será quien con su&lt;br /&gt;intercesión herirá la piedra (Num., 20, 11) de la&lt;br /&gt;humanidad de Cristo, para que en ese desierto redunden&lt;br /&gt;en ti las aguas de la Divina gracia y luz con que sea tu&lt;br /&gt;sed saciada, ilustrado tu entendimiento y tu voluntad&lt;br /&gt;inflamada. Será columna de fuego (Ex., 13, 21) que te dé&lt;br /&gt;luz y nube que te haga sombra y refrigere con su&lt;br /&gt;protección de los ardores de las pasiones e inclemencias&lt;br /&gt;de tus enemigos.&lt;br /&gt;465. Tendrás en ella ángel que te encamine (Ex., 23,20)&lt;br /&gt;y te desvíe lejos de los peligros de Babilonia y de&lt;br /&gt;Sodoma para que no te alcance mi castigo. Tendrás&lt;br /&gt;madre que te ame, amiga que te consuele, señora que te&lt;br /&gt;mande, protectora que te ampare y reina a quien como&lt;br /&gt;esclava sirvas y obedezcas. En las virtudes que obró esta&lt;br /&gt;Madre de mi Unigénito en el templo hallarás un arancel&lt;br /&gt;universal de toda la suma perfección por donde&lt;br /&gt;gobiernes tu vida, un espejo sin mácula en que reverbera&lt;br /&gt;la imagen viva del Verbo Humanado, una copia ajustada&lt;br /&gt;y sin erratas de toda su santidad, la hermosura de la&lt;br /&gt;virginidad, lo especioso de la humildad, la prontitud de la&lt;br /&gt;devoción y obediencia, la firmeza de la fe, la certeza de&lt;br /&gt;la esperanza, lo inflamado de la caridad y un copiosísimo&lt;br /&gt;mapa de todas las maravillas de mi diestra. Con este&lt;br /&gt;nivel has de regular tu vida y por este espejo quiero que&lt;br /&gt;la compongas y te adornes, acrecentando tu hermosura y&lt;br /&gt;gracia, como esposa que desea entrar en el tálamo de su&lt;br /&gt;esposo y señor.&lt;br /&gt;466. Y si la nobleza y calidad del maestro sirve de&lt;br /&gt;estímulo al discípulo y le hace más amable su doctrina&lt;br /&gt;¿quién puede atraerte con mayor fuerza que la maestra&lt;br /&gt;misma que es Madre de tu Esposo, y escogida por más&lt;br /&gt;pura y santa, y sin mácula de culpa, para que fuese&lt;br /&gt;Virgen y juntamente Madre del Unigénito del eterno&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;Padre y el resplandor de su divinidad en la misma&lt;br /&gt;sustancia? Oye, pues, a tan soberana Maestra, sigúela&lt;br /&gt;por su imitación y medita siempre sin intervalo sus&lt;br /&gt;admirables excelencias y virtudes. Y advierte que la vida&lt;br /&gt;y conversación que tuvo en el templo fue el original que&lt;br /&gt;han de copiar en sí mismas todas las almas que a su&lt;br /&gt;imitación se consagraron por esposas de Cristo.—Esta&lt;br /&gt;inteligencia y doctrina es la que me dio el Altísimo en&lt;br /&gt;general de las acciones que María Santísima obraba los&lt;br /&gt;años que vivió en el templo.&lt;br /&gt;467. Pero descendiendo más en particular a sus&lt;br /&gt;ocupaciones, después de aquella visión de la divinidad&lt;br /&gt;que dije en el cap. 2, y después de haberse ofrecido toda&lt;br /&gt;al Señor, y a su maestra todas las cosas que tenía,&lt;br /&gt;quedando absolutamente pobre y resignada en manos&lt;br /&gt;de la obediencia, disimulando con el velo de estas&lt;br /&gt;virtudes los tesoros de sabiduría y gracia en que excedía&lt;br /&gt;a los supremos Serafines y Ángeles, pidió con humildad a&lt;br /&gt;los sacerdotes y maestra le ordenasen la vida y&lt;br /&gt;ocupaciones en que había de trabajar. Y habiéndolo&lt;br /&gt;conferido con especial luz que les fue dada y deseando&lt;br /&gt;medir por entonces los ejercicios de la divina niña con la&lt;br /&gt;edad de tres años, la llamaron a su presencia el&lt;br /&gt;sacerdote y la maestra Ana. Estuvo la Princesa del Cielo&lt;br /&gt;hincadas las rodillas para oírlos y, aunque la mandaron&lt;br /&gt;se levantase, pidió licencia con suma modestia para&lt;br /&gt;estar con aquella reverencia delante del ministro y&lt;br /&gt;sacerdote del Altísimo y de su propia maestra por el&lt;br /&gt;oficio y dignidad que tenían.&lt;br /&gt;468. Hablóla el sacerdote y díjola: Hija, muy niña os ha&lt;br /&gt;traído el Señor a su casa y templo santo, pero agradeced&lt;br /&gt;este favor y procurad lograrle trabajando mucho en&lt;br /&gt;servirle con verdad y corazón perfecto, en aprender&lt;br /&gt;todas las virtudes, para que de este lugar sagrado volváis&lt;br /&gt;prevenida y guarnecida para llevar los trabajos del&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;mundo y defenderos de sus peligros. Obedeced a vuestra&lt;br /&gt;maestra Ana y comenzad temprano a llevar el yugo&lt;br /&gt;(Lam., 3, 27) suave de la virtud, para que le halléis más&lt;br /&gt;fácil en lo restante de la vida.—Respondió la soberana&lt;br /&gt;niña: Vos, señor mío, como sacerdote y ministro del&lt;br /&gt;Altísimo, que estáis en lugar suyo, y mi maestra&lt;br /&gt;juntamente, me mandaréis y enseñaréis lo que debo&lt;br /&gt;hacer para no errar yo en ello; y así os lo suplico con&lt;br /&gt;deseo de obedecer en todo a vuestra voluntad.&lt;br /&gt;469. Sentían el sacerdote y la maestra Ana en su interior&lt;br /&gt;grande ilustración y fuerza divina para atender con&lt;br /&gt;particularidad a la divina niña y cuidar de ella más que&lt;br /&gt;de las otras doncellas; y confiriendo el gran concepto que&lt;br /&gt;de ella habían hecho, sin saber el misterio oculto de&lt;br /&gt;aquel soberano impulso, determinaron asistirla y cuidar&lt;br /&gt;de ella y de su gobierno con especial atención. Pero&lt;br /&gt;como ésta sólo podía extenderse a las acciones visibles y&lt;br /&gt;exteriores, no le pudieron tasar los actos interiores y&lt;br /&gt;afectos del corazón que sólo el Altísimo gobernaba con&lt;br /&gt;singular protección y gracia; y así estaba libre aquel&lt;br /&gt;cándido corazón de la Princesa del cielo para crecer y&lt;br /&gt;adelantarse en las virtudes interiores, sin perder un&lt;br /&gt;instante en que no obrase lo sumo y más excelente de&lt;br /&gt;todas.&lt;br /&gt;470. Ordenóla también el sacerdote sus ocupaciones y&lt;br /&gt;la dijo: Hija mía, a las divinas alabanzas y cánticos del&lt;br /&gt;Señor asistiréis con toda reverencia y devoción y haréis&lt;br /&gt;siempre oración al Muy Alto por las necesidades de su&lt;br /&gt;Templo Santo y de su pueblo y por la venida del Mesías.&lt;br /&gt;A las ocho de la noche os recogeréis a dormir y al salir el&lt;br /&gt;alba os levantaréis a orar y bendecir al Señor hasta hora&lt;br /&gt;de tercia —esta hora era la que ahora las nueve—; desde&lt;br /&gt;tercia hasta la tarde ocuparéis en alguna labor de manos&lt;br /&gt;para que en todo seáis enseñada; y en la comida, que&lt;br /&gt;después del trabajo tomaréis, guardad la templanza que&lt;br /&gt;5&lt;br /&gt;conviene; iréis luego a oír lo que la maestra os enseñare&lt;br /&gt;y lo restante del día ocuparéis en la lección de las&lt;br /&gt;Escrituras Santas; y en todo seréis humilde, afable y&lt;br /&gt;obediente a lo que mandare vuestra maestra.&lt;br /&gt;471. Oyó siempre la Santísima Niña de rodillas al&lt;br /&gt;sacerdote y pidióle la bendición y la mano y,&lt;br /&gt;habiéndosela besado a él y a la maestra, propuso en su&lt;br /&gt;corazón guardar el orden que le señalaban de su vida&lt;br /&gt;todo el tiempo que estuviese en el Templo y no le mandasen&lt;br /&gt;otra cosa; y como lo propuso lo cumplió la que era&lt;br /&gt;maestra de santidad y virtud, como si fuera la menor&lt;br /&gt;discípula. A muchas obras exteriores, más de las que le&lt;br /&gt;ordenaron, se extendían sus afectos y ardentísimo amor,&lt;br /&gt;pero sujetóle al ministro del Señor, anteponiendo el&lt;br /&gt;sacrificio de la perfecta y santa obediencia a sus fervores&lt;br /&gt;y dictamen propio; conociendo, como maestra de toda&lt;br /&gt;perfección, que se asegura más el cumplimiento de la&lt;br /&gt;voluntad divina en el humilde rendimiento de obedecer&lt;br /&gt;que en los deseos más altos de otras virtudes. Con este&lt;br /&gt;raro ejemplo quedaremos enseñadas las almas,&lt;br /&gt;especialmente las religiosas, a no seguir nuestros&lt;br /&gt;fervorcillos y dictámenes contra el de la obediencia y&lt;br /&gt;voluntad de los superiores, pues en ellos nos enseña Dios&lt;br /&gt;su gusto y beneplácito y en nuestros afectos buscamos&lt;br /&gt;sólo nuestro antojo; en los superiores obra Dios y en&lt;br /&gt;nosotros, si es contra ellos, obra la tentación, la pasión&lt;br /&gt;ciega y el engaño.&lt;br /&gt;472. En lo que nuestra Reina y Señora se señaló, a más&lt;br /&gt;de lo que le ordenaron, fue pedir licencia a su maestra&lt;br /&gt;para servir a todas las otras doncellas y ejercitar los&lt;br /&gt;oficios humildes de barrer y limpiar la casa y lavar los&lt;br /&gt;platos. Y si bien esto parecía novedad, y más en las&lt;br /&gt;primogénitas, porque las trataban con mayor autoridad y&lt;br /&gt;respeto, pero la humildad sin semejante de la divina Princesa&lt;br /&gt;no podía resistirse o contenerse en los límites de la&lt;br /&gt;6&lt;br /&gt;majestad sin descender a todos los ejercicios más&lt;br /&gt;inferiores; y así los hacía con tan prevenida humildad,&lt;br /&gt;que ganaba el tiempo y ocasión de lo que otras habían&lt;br /&gt;de hacer, para tenerlo hecho antes que ninguna. Con la&lt;br /&gt;ciencia infusa conocía todos los misterios y ceremonias&lt;br /&gt;del templo, pero como si no las conociera las aprendió&lt;br /&gt;por disciplina y experiencia, sin faltar jamás a ceremonia&lt;br /&gt;ni acción por mínima que fuese. Era estudiosísima en su&lt;br /&gt;humillación y desprecio rendidísimo; y a su maestra cada&lt;br /&gt;día por la mañana y tarde pedía la bendición y besaba la&lt;br /&gt;mano, y lo mismo hacía cuando la mandaba algún acto&lt;br /&gt;de humildad o le daba licencia para hacerlo, y algunas&lt;br /&gt;veces, si lo permitía, le besaba los pies con humildad&lt;br /&gt;profundísima.&lt;br /&gt;473. Era tan dócil la soberana Princesa, tan apacible y&lt;br /&gt;suave en su proceder, tan oficiosa, rendida y diligente en&lt;br /&gt;humillarse, en servir y respetar a todas las doncellas que&lt;br /&gt;vivían en el templo, que a todas robaba el corazón y a&lt;br /&gt;todas obedecía como si cada una fuera su maestra. Y con&lt;br /&gt;la inefable y celestial prudencia que tenía, ordenaba sus&lt;br /&gt;acciones de suerte que no se le perdiese ocasión alguna&lt;br /&gt;en que adelantarse a todas las obras manuales, humildes&lt;br /&gt;y del servicio de sus compañeras y agrado de la voluntad&lt;br /&gt;divina.&lt;br /&gt;474. Pero ¿qué diré yo, vilísima criatura, y qué diremos&lt;br /&gt;todos los fieles hijos de la Iglesia Católica, llegando a&lt;br /&gt;escribir y ponderar este ejemplo vivo de humildad? Virtud&lt;br /&gt;grande nos parece que el inferior obedezca al superior y&lt;br /&gt;el menor al mayor y humildad grande que el igual quiera&lt;br /&gt;obedecer lo que le manda otro igual; pero que el inferior&lt;br /&gt;mande y el superior obedezca, que la reina se humille a&lt;br /&gt;la esclava, la santísima y perfectísima criatura a un&lt;br /&gt;gusanillo, la Señora del cielo y tierra a una ínfima&lt;br /&gt;mujercilla; y que esto sea tan de corazón y verdad ¿quién&lt;br /&gt;no se admira y se confunde en su desvanecida soberbia?&lt;br /&gt;7&lt;br /&gt;¿Quién se mira en este claro espejo, que no vea su infeliz&lt;br /&gt;presunción? ¿Quién podrá imaginar que ha conocido la&lt;br /&gt;humildad verdadera, cuanto menos obrarla, si la&lt;br /&gt;reconoce y mira en su propia esfera María Santísima? Las&lt;br /&gt;almas que vivimos debajo de la obediencia prometida,&lt;br /&gt;lleguemos a esta luz para conocer y corregir nuestros&lt;br /&gt;desórdenes, cuando la obediencia de los superiores que&lt;br /&gt;representan a Dios se nos hace molesta y dura si&lt;br /&gt;contradice a nuestro antojo. Quebrántese aquí nuestra&lt;br /&gt;dureza, humíllese la más engreída y confúndase en su&lt;br /&gt;vergonzosa soberbia y desvanézcase la presunción de la&lt;br /&gt;que se juzga por obediente y humilde, por haberse&lt;br /&gt;rendido tal vez a los superiores, pues no ha llegado a&lt;br /&gt;pensar de sí que a todas es inferior y a ninguna es igual,&lt;br /&gt;como lo juzgó la que es superior a todas.&lt;br /&gt;475. La hermosura, gracia, el donaire y agrado de&lt;br /&gt;nuestra Reina eran incomparables, porque a más de&lt;br /&gt;estar en ella en grado perfectísimo todas las gracias y&lt;br /&gt;dones naturales de alma y cuerpo, como no estaban&lt;br /&gt;solas, antes obraba en ellas el realce de la gracia&lt;br /&gt;sobrenatural y divina, hacía un admirable compuesto de&lt;br /&gt;gracias y hermosura en el ser y en el obrar, con que&lt;br /&gt;llevaba la admiración y el afecto de todos; aunque la&lt;br /&gt;divina providencia moderaba las demostraciones que de&lt;br /&gt;esto hicieran cuantos la trataban, si se dejaran a la&lt;br /&gt;fuerza de su amor fervoroso con la Reina. En la comida y&lt;br /&gt;sueno era, como en las demás virtudes, perfectísima;&lt;br /&gt;tenía regla ajustada a la templanza, jamás excedía, ni&lt;br /&gt;pudo, antes moderaba algo de lo que era necesario. Y&lt;br /&gt;aunque el breve sueño que recibía no la impedía la&lt;br /&gt;altísima contemplación —como otras veces he dicho (Cf.&lt;br /&gt;supra n. 353)— por su voluntad le dejara; pero en virtud&lt;br /&gt;de la obediencia se recogía el tiempo que le habían&lt;br /&gt;señalado y en su humilde y pobre lecho, florido (Cant., 1,&lt;br /&gt;15) de virtudes y de los Serafines y Ángeles que la&lt;br /&gt;guardaban y asistían, gozaba de más altas inteligencias,&lt;br /&gt;8&lt;br /&gt;fuera de la visión beatífica, y de más inflamado amor que&lt;br /&gt;todos ellos juntos.&lt;br /&gt;476. Dispensaba el tiempo y le distribuía con rara&lt;br /&gt;discreción, para dar el que le tocaba a cada una de sus&lt;br /&gt;acciones y ocupaciones. Leía mucho en las Sagradas&lt;br /&gt;Escrituras antiguas; y con la ciencia infusa estaba tan&lt;br /&gt;capaz de todas ellas y de sus profundos misterios, que&lt;br /&gt;ninguno se le ocultó, porque le manifestó el Altísimo&lt;br /&gt;todos sus secretos y sacramentos, y con los Santos&lt;br /&gt;Ángeles de su custodia los trataba y confería,&lt;br /&gt;confirmándose en ellos y preguntándoles muchas cosas&lt;br /&gt;con incomparable profundidad y grande agudeza. Y si&lt;br /&gt;esta soberana Maestra escribiera lo que entendió,&lt;br /&gt;tuviéramos otras muchas escrituras divinas, y de las que&lt;br /&gt;tiene la Iglesia alcanzáramos toda la inteligencia&lt;br /&gt;perfecta de sus profundos sentidos y misterios. Pero de&lt;br /&gt;toda esta plenitud de ciencia se valía para el culto,&lt;br /&gt;alabanza y amor divino y toda la reducía a este fin, sin&lt;br /&gt;que en ella hubiese rayo de luz ocioso ni estéril. Era&lt;br /&gt;prestísima en discurrir, profundísima en entender,&lt;br /&gt;altísima y nobilísima en pensamientos, prudentísima en&lt;br /&gt;elegir y disponer, eficacísima y suavísima en obrar y en&lt;br /&gt;todo era una regla perfectísima y un objeto prodigioso de&lt;br /&gt;admiración para los hombres, para los Ángeles y, en su&lt;br /&gt;modo, para el mismo Señor, que la hizo toda a su corazón&lt;br /&gt;y agrado.&lt;br /&gt;Doctrina de la soberana Señora.&lt;br /&gt;477. Hija mía, la naturaleza humana es imperfecta y&lt;br /&gt;remisa en obrar la virtud y frágil en desfallecer, porque&lt;br /&gt;se inclina mucho al descanso y repugna al trabajo con&lt;br /&gt;todas sus fuerzas. Y cuando el alma escucha y&lt;br /&gt;contemporiza con las inclinaciones de la parte animal y&lt;br /&gt;le da mano, ella la toma de suerte que se hace superior a&lt;br /&gt;9&lt;br /&gt;las fuerzas de la razón y del espíritu y le reduce a&lt;br /&gt;peligrosa y vil servidumbre. En todas las almas este&lt;br /&gt;desorden de la naturaleza es abominable y formidable,&lt;br /&gt;pero sin comparación le aborrece Dios en sus ministros y&lt;br /&gt;religiosos, a quienes, como la obligación de ser perfectos&lt;br /&gt;es más legítima, así es mayor el daño de no salir siempre&lt;br /&gt;victoriosos de esta contienda de las pasiones. De esta&lt;br /&gt;tibieza en resistir y la frecuencia en ser vencidos, resulta&lt;br /&gt;un desaliento y perversidad de juicio, que vienen a&lt;br /&gt;satisfacer y quedar mal seguros con hacer algunas&lt;br /&gt;ceremonias muy leves de virtud, y aun les parece, sin&lt;br /&gt;hacer cosa de provecho, que mudan un monte de una&lt;br /&gt;parte a otra. Introduce con esto el demonio otros&lt;br /&gt;divertimientos y tentaciones y, con el poco aprecio que&lt;br /&gt;hacen de las leyes y ceremonias comunes de la religión,&lt;br /&gt;vienen a desfallecer casi en todas y, juzgándolas cada&lt;br /&gt;una por cosa leve y pequeña, llegan a perder el&lt;br /&gt;conocimiento de la virtud y vivir en una falsa seguridad.&lt;br /&gt;478. Pero tú, hija mía, quiero que te guardes de tan&lt;br /&gt;peligroso engaño y adviertas que un descuido voluntario&lt;br /&gt;en una imperfección dispone y abre camino para otra, y&lt;br /&gt;éstas para los pecados veniales, y ellos para los&lt;br /&gt;mortales, y de un abismo en otro se llega al profundo y al&lt;br /&gt;desprecio de todo mal. Para prevenir este daño se debe&lt;br /&gt;atajar muy de lejos la corriente, porque una obra o&lt;br /&gt;ceremonia que parece pequeña es antemuralla que&lt;br /&gt;detiene lejos al enemigo, y los preceptos y leyes de las&lt;br /&gt;obras mayores obligatorias son el muro de la conciencia,&lt;br /&gt;y si el demonio rompe y gana la primera defensa está&lt;br /&gt;más cerca de ganar la segunda, y si en ésta hace portillo&lt;br /&gt;con algún pecado, aunque no sea gravísimo, ya tiene más&lt;br /&gt;fácil y seguro el asalto del reino interior del alma, y como&lt;br /&gt;ella se halla debilitada con los actos y hábitos viciosos, y&lt;br /&gt;sin las fuerzas de la gracia, no resiste con fortaleza, y el&lt;br /&gt;demonio que la tiene adquirida la sujeta y oprime sin&lt;br /&gt;hallar resistencia.&lt;br /&gt;10&lt;br /&gt;479. Considera, pues, ahora, carísima, cuánto ha de ser&lt;br /&gt;tu desvelo entre tantos peligros, cuánta tu obligación&lt;br /&gt;para no dormir entre ellos. Considérate religiosa,&lt;br /&gt;esposa de Cristo, prelada, enseñada, ilustrada y llena&lt;br /&gt;de tan singulares beneficios, y por estos títulos y otros,&lt;br /&gt;que en ellos debes ponderar, mide tu cuidado, pues a&lt;br /&gt;todos debes retorno y correspondencia a tu Señor.&lt;br /&gt;Trabaja, porque seas puntual en el cumplimiento de&lt;br /&gt;todas las ceremonias y leyes de la religión y para ti no&lt;br /&gt;haya ley, ni mandato, ni acción perfecta que sea&lt;br /&gt;pequeña; ninguna desprecies ni olvides, todas las&lt;br /&gt;observa con rigor, porque en los ojos de Dios todo es&lt;br /&gt;precioso y grande, lo que se hace por su gusto. Cierto es&lt;br /&gt;que le tiene en ver cumplido lo que manda y que el&lt;br /&gt;despreciarlo le ofende. En todo considera que tienes&lt;br /&gt;Esposo a quien agradar, Dios a quien servir, Padre a&lt;br /&gt;quien obedecer, Juez a quien temer y Maestra a quien&lt;br /&gt;imitar y seguir.&lt;br /&gt;480. Para que todo esto lo cumplas has de renovar en tu&lt;br /&gt;ánimo una resolución fuerte y eficaz de no oír a tus&lt;br /&gt;inclinaciones ni consentir en la flojedad remisa de tu&lt;br /&gt;naturaleza; ni, por la dificultad que sintieres, omitir&lt;br /&gt;acción o ceremonia alguna, aunque sea besar la tierra,&lt;br /&gt;cuando sueles hacerlo, según la costumbre de la religión;&lt;br /&gt;lo poco y lo mucho ejecuta con afecto y constancia y&lt;br /&gt;serás agradable a los ojos de mi Hijo y a los míos. En las&lt;br /&gt;obras de supererogación pide consejo a tu Confesor y&lt;br /&gt;Prelado; y primero suplica a Dios que le dé acierto y&lt;br /&gt;llega desnuda de toda inclinación y afecto a cosa&lt;br /&gt;determinada, y lo que te ordenare, óyelo y escríbelo en&lt;br /&gt;tu corazón y ejecútalo con puntualidad; y si es posible&lt;br /&gt;acudir a la obediencia y consejo, nunca por ti sola&lt;br /&gt;determines cosa alguna por más buena que te parezca;&lt;br /&gt;que la voluntad de Dios se te manifestará siempre por la&lt;br /&gt;santa obediencia.&lt;br /&gt;11&lt;br /&gt;CAPITULO 5&lt;br /&gt;Del grado perfectísimo de las virtudes de María&lt;br /&gt;Santísima en general y cómo las iba ejecutando.&lt;br /&gt;481. Es la virtud un hábito que adorna y ennoblece la&lt;br /&gt;potencia racional de la criatura y la inclina a la buena&lt;br /&gt;operación. Llámase hábito, porque es una cualidad&lt;br /&gt;permanente que con dificultad se aparta de la potencia,&lt;br /&gt;a diferencia del acto que se pasa luego y no permanece.&lt;br /&gt;Inclina y facilita la virtud a las operaciones y las hace&lt;br /&gt;buenas; lo que no tenía por sí sola la potencia, porque es&lt;br /&gt;indiferente para las obras buenas y malas. Fue adornada&lt;br /&gt;María Santísima desde el primer instante de su vida con&lt;br /&gt;los hábitos de todas las virtudes en grado eminentísimo, y&lt;br /&gt;continuamente fueron aumentando con nueva gracia y&lt;br /&gt;operaciones perfectas en que ejercitaba con altísimos&lt;br /&gt;merecimientos de todas las virtudes que la mano del&lt;br /&gt;Señor le había infundido.&lt;br /&gt;482. Y aunque las potencias de esta Señora y Princesa&lt;br /&gt;Soberana no estaban desordenadas, ni tuvieron&lt;br /&gt;repugnancia que vencer, como la tenemos los demás&lt;br /&gt;hijos de Adán, porque a ella ni la alcanzó la culpa, ni el&lt;br /&gt;fomes que inclina al mal y resiste al bien, pero tenían&lt;br /&gt;aquellas ordenadas potencias capacidad para que los&lt;br /&gt;hábitos virtuosos las inclinasen a lo mejor y más perfecto,&lt;br /&gt;santo y loable. A más de esto, era criatura pasible y pura,&lt;br /&gt;estaba sujeta a sentir pena y a inclinarse al descanso&lt;br /&gt;lícito y dejar de hacer algunas obras, a lo menos de&lt;br /&gt;supererogación, y sin culpa pudiera sentir alguna propensión&lt;br /&gt;a no hacerlas. Para vencer esta natural inclinación y&lt;br /&gt;apetito le ayudaron los hábitos perfectísimos de las&lt;br /&gt;virtudes, a cuyas inclinaciones cooperó la Reina del cielo&lt;br /&gt;tan varonilmente, que en ningún efecto frustró ni impidió&lt;br /&gt;la fuerza con que la movían y purificaban en todas las&lt;br /&gt;12&lt;br /&gt;obras.&lt;br /&gt;483. Con esta armonía y hermosura de todos los hábitos&lt;br /&gt;virtuosos estaba el alma santísima de María tan&lt;br /&gt;ilustrada, ennoblecida y enderezada al bien y al último&lt;br /&gt;fin de la criatura, tan fácil, pronta, eficaz y alegre en el&lt;br /&gt;bien obrar, que si fuera posible penetrar con nuestra&lt;br /&gt;flaca vista aquel secreto tan sagrado de su pecho, fuera&lt;br /&gt;el objeto más hermoso y admirable de todas las criaturas&lt;br /&gt;y de mayor gozo después del mismo Dios. Todo estaba en&lt;br /&gt;María Purísima como en su propio centro y esfera; y así&lt;br /&gt;tenían todas estas virtudes su última perfección sin que&lt;br /&gt;se pudiese decir: esto le falta para ser hermoso y&lt;br /&gt;consumado. Y a más de las virtudes que recibió infusas&lt;br /&gt;tuvo también las adquiridas, que con el uso y ejercicio&lt;br /&gt;granjeó. Y si en las demás almas un acto se suele decir&lt;br /&gt;que no es virtud, porque son necesarios muchos repetidos&lt;br /&gt;para adquirirla, pero las obras de María Santísima fueron&lt;br /&gt;tan eficaces, intensas y perfectas, que cada Una excedía&lt;br /&gt;a todas las de todas las demás criaturas; y conforme a&lt;br /&gt;esto, donde fueron tan repetidos los actos virtuosos, sin&lt;br /&gt;perder punto ni grado de perfectísima eficacia ¿qué&lt;br /&gt;hábitos serían los que esta divina Señora adquirió con sus&lt;br /&gt;propias obras? El fin del obrar, que hace también el acto&lt;br /&gt;virtuoso, porque ha de ser bueno y bien hecho, fue en&lt;br /&gt;María Señora nuestra el supremo de todas las obras, que&lt;br /&gt;es el mismo Dios; porque nada hizo que no la moviese la&lt;br /&gt;gracia y que no lo encaminase a la mayor gloria y&lt;br /&gt;beneplácito del mismo Señor, mirándole como motivo y&lt;br /&gt;último fin.&lt;br /&gt;484. Estos dos géneros de virtudes infusas y adquiridas&lt;br /&gt;asientan sobre otra virtud que se llama natural, porque&lt;br /&gt;nace en nosotros con la misma naturaleza racional, y&lt;br /&gt;tiene por nombre sindéresis. Este es un conocimiento que&lt;br /&gt;la luz de la razón tiene de los primeros fundamentos y&lt;br /&gt;principios de la virtud y una inclinación a ella que a esta&lt;br /&gt;13&lt;br /&gt;luz corresponde en nuestra voluntad, como conocer que&lt;br /&gt;debes amar a quien te hace bien, que no hagas con otro&lt;br /&gt;lo que no quieres que se haga contigo mismo, etc. En la&lt;br /&gt;Reina Santísima fue esta virtud natural o sindéresis&lt;br /&gt;excelentísima y de, los principios naturales infería con&lt;br /&gt;suma y profunda claridad las consecuencias de todo lo&lt;br /&gt;bueno, aunque fuese muy remoto, porque discurría con&lt;br /&gt;increíble viveza y rectitud. Para estos discursos se valía&lt;br /&gt;de la noticia infusa de las criaturas, especialmente de las&lt;br /&gt;más nobles y universales, los cielos, sol, luna y estrellas, y&lt;br /&gt;disposición de todos los orbes y elementos; y en todo&lt;br /&gt;discurría desde el principio al fin, convidando a todas&lt;br /&gt;estas criaturas a que alabasen a su Criador y llevasen al&lt;br /&gt;hombre tras de sí hasta darle este mismo conocimiento&lt;br /&gt;que por ellas podía alcanzar, y no le detuviese hasta&lt;br /&gt;llegar al Criador y Autor de todo.&lt;br /&gt;485. Las virtudes infusas se reducen a dos órdenes y&lt;br /&gt;clases. En la primera entran solamente las que tienen a&lt;br /&gt;Dios por objeto inmediato; por esto se llaman teologales,&lt;br /&gt;que son fe, esperanza y caridad. En el segundo orden&lt;br /&gt;están todas las otras virtudes que tienen por objeto&lt;br /&gt;próximo algún medio o bien honesto que encamina el&lt;br /&gt;alma al último fin, que es el mismo Dios; y éstas se llaman&lt;br /&gt;virtudes morales, porque pertenecen a las costumbres y,&lt;br /&gt;aunque son muchas en número, se reducen a cuatro&lt;br /&gt;cabezas, que por esto se llaman cardinales, cuales son&lt;br /&gt;prudencia, justicia, fortaleza y templanza. De todas estas&lt;br /&gt;virtudes y sus especies hablaré adelante en particular lo&lt;br /&gt;que pudiere, para declarar cómo todas y cada una&lt;br /&gt;estuvieron en las potencias de la soberana Reina. Ahora&lt;br /&gt;sólo advierto generalmente que ninguna le faltó en grado&lt;br /&gt;perfectísimo y con ellas tuvo todos los dones del Espíritu&lt;br /&gt;Santo y los frutos y bienaventuranzas. Y ningún género de&lt;br /&gt;gracia ni beneficio necesario para la perfección&lt;br /&gt;hermosísima de su alma y potencias, dejó de infundirle&lt;br /&gt;Dios desde el primer instante de su concepción, así en la&lt;br /&gt;14&lt;br /&gt;voluntad como en el entendimiento, donde tuvo los&lt;br /&gt;hábitos y especies de las ciencias. Y para decirlo de una&lt;br /&gt;vez, todo lo bueno que pudo darle el Altísimo, como a&lt;br /&gt;Madre de su Hijo, siendo ella pura criatura, todo se lo dio&lt;br /&gt;en supremo y eminentísimo grado. Y sobre esto crecieron&lt;br /&gt;todas sus virtudes: las infusas, porque las aumentaba con&lt;br /&gt;sus merecimientos, y las adquiridas, porque las engendró&lt;br /&gt;y adquirió con los intensísimos actos que hacía&lt;br /&gt;mereciendo.&lt;br /&gt;Doctrina de la Madre de Dios y Virgen Santísima.&lt;br /&gt;486. Hija mía, a todos los mortales sin diferencia&lt;br /&gt;comunica el Altísimo la luz de las virtudes naturales; y a&lt;br /&gt;los que se disponen con ellas y con sus auxilios, les&lt;br /&gt;concede las infusas cuando los justifica; y estos dones&lt;br /&gt;distribuye como Autor de naturaleza y gracia más o&lt;br /&gt;menos, según su equidad y beneplácito. En el bautismo&lt;br /&gt;infunde las virtudes de fe, esperanza y caridad y con&lt;br /&gt;ellas infunde otras para que con todas trabaje y obre&lt;br /&gt;bien la criatura y no sólo se conserve en los dones&lt;br /&gt;recibidos por virtud del sacramento, pero adquiera otros&lt;br /&gt;con sus propias obras y merecimientos. Esta fuera la&lt;br /&gt;suma dicha y felicidad de los hombres si correspondieran&lt;br /&gt;al amor que les muestra su Criador y Reparador,&lt;br /&gt;hermoseando sus almas y facilitándoles con los hábitos&lt;br /&gt;infusos el ejercicio virtuoso de la voluntad; pero el no&lt;br /&gt;corresponder a tan estimable beneficio los hace en&lt;br /&gt;extremo infelices, porque en esta deslealtad consiste la&lt;br /&gt;primera y mayor victoria del demonio contra ellos.&lt;br /&gt;487. De ti, alma, quiero que te ejercites y trabajes con las&lt;br /&gt;virtudes naturales y sobrenaturales, con incesante&lt;br /&gt;diligencia para adquirir los hábitos de las otras virtudes,&lt;br /&gt;que tú puedes granjear con los actos frecuentados de las&lt;br /&gt;que Dios graciosa y liberalmente te ha comunicado;&lt;br /&gt;porque los dones infusos, junto con los que granjea y&lt;br /&gt;15&lt;br /&gt;adquiere el alma, hacen un adorno y un compuesto de&lt;br /&gt;admirable hermosura y sumo agrado en los ojos del&lt;br /&gt;Altísimo. Y te advierto, carísima, que la mano poderosa&lt;br /&gt;de tu Señor ha sido tan larga en estos beneficios para&lt;br /&gt;con tu alma, enriqueciéndola de grandes joyas de su&lt;br /&gt;gracia, que si fueras desagradecida será tu culpa y tu&lt;br /&gt;cargo mayor que con muchas generaciones. Considera y&lt;br /&gt;advierte la nobleza de las virtudes, cuánto ilustran y&lt;br /&gt;hermosean al alma por sí solas, pues cuando no tuvieran&lt;br /&gt;otro fin ni les siguiera otro premio, el poseerlas era&lt;br /&gt;grande por su misma excelencia; pero lo que las sube de&lt;br /&gt;punto es tener por fin último al mismo Dios, a quien ellas&lt;br /&gt;van buscando con la perfección y verdad que en sí&lt;br /&gt;contienen; y llegando a tan alto premio como parar en&lt;br /&gt;Dios, con esto hacen a la criatura dichosa y&lt;br /&gt;bienaventurada.&lt;br /&gt;CAPITULO 6&lt;br /&gt;De la virtud de la fe y su ejercicio que tuvo María&lt;br /&gt;Santísima.&lt;br /&gt;488. En breves razones comprendió Santa Isabel, como lo&lt;br /&gt;refiere el evangelista San Lucas (Lc., 1,45), la grandeza&lt;br /&gt;de la fe de María Santísima, cuando la dijo:&lt;br /&gt;Bienaventurada eres por haber creído; que por esto se&lt;br /&gt;cumplirán en ti las palabras y promesas del Señor. Por la&lt;br /&gt;felicidad y bienaventuranza de esta gran Señora y por su&lt;br /&gt;inefable dignidad se ha de medir su fe; pues fue tal y tan&lt;br /&gt;excelente que por haber creído llegó a la grandeza&lt;br /&gt;mayor después, del mismo Dios. Creyó el mayor&lt;br /&gt;sacramento de los sacramentos y misterios que en ella se&lt;br /&gt;habían de obrar. Y fue tal la prudencia y ciencia divina&lt;br /&gt;de María nuestra Señora para dar crédito a esta verdad&lt;br /&gt;tan nueva y nunca vista, que trascendió sobre todo el&lt;br /&gt;humano y angélico entendimiento y sólo en el Divino se&lt;br /&gt;pudo fraguar su fe, como en la oficina del poder inmenso&lt;br /&gt;16&lt;br /&gt;del Altísimo, donde todas las virtudes de esta Reina se&lt;br /&gt;fabricaron con el brazo de Su Alteza. Yo me hallo siempre&lt;br /&gt;atajada y torpe para hablar de estas virtudes y mucho&lt;br /&gt;más para las anteriores; porque es grande la inteligencia&lt;br /&gt;y luz que de ellas se me ha dado, pero muy limitados los&lt;br /&gt;términos humanos para declarar los conceptos y actos de&lt;br /&gt;fe engendrados en el entendimiento y espíritu de la más&lt;br /&gt;fiel de todas las criaturas, o la que fue más que todas&lt;br /&gt;juntas; diré lo que pudiere, reconociendo mi incapacidad&lt;br /&gt;para lo que pedía mi deseo, y mucho más el argumento.&lt;br /&gt;489. Fue la fe de María Santísima un asombro de toda&lt;br /&gt;la naturaleza criada y un patente prodigio del poder&lt;br /&gt;Divino; y porque en ella estuvo esta virtud de la fe en el&lt;br /&gt;supremo y perfectísimo grado que pudo tener, en gran&lt;br /&gt;parte y por algún modo satisfizo a Dios la mengua que en&lt;br /&gt;la fe habían de tener los hombres. Dio el Altísimo a los&lt;br /&gt;mortales viadores esta excelente virtud, para que sin&lt;br /&gt;embarazo de la carne mortal tuviesen noticia de la&lt;br /&gt;Divinidad y sus misterios y obras admirables, tan cierta,&lt;br /&gt;infalible y segura en la verdad como si le vieran cara a&lt;br /&gt;cara, así como le ven los Ángeles bienaventurados. El&lt;br /&gt;mismo objeto y la misma verdad que ellos tienen patente&lt;br /&gt;con claridad, esa creemos nosotros debajo del velo y&lt;br /&gt;obscuridad de la fe.&lt;br /&gt;490. Este grandioso beneficio, mal conocido y peor&lt;br /&gt;agradecido de los mortales, bien se deja entender —&lt;br /&gt;volviendo los ojos al mundo— cuántas naciones, reinos y&lt;br /&gt;provincias le han desmerecido desde el principio del&lt;br /&gt;mundo; cuántas le han arrojado de sí infelizmente,&lt;br /&gt;habiéndoselo concedido el Señor con liberal&lt;br /&gt;misericordia; y cuántos fieles, habiéndolo recibido sin&lt;br /&gt;merecerlo, le malogran y le tienen como de burlas, ocioso&lt;br /&gt;y sin provecho ni efecto para caminar con él a conseguir&lt;br /&gt;el último fin adonde los endereza y guía. Convenía, pues,&lt;br /&gt;a la Divina equidad, que esta lamentable pérdida tuviese&lt;br /&gt;17&lt;br /&gt;alguna recompensa y que tan incomparable beneficio&lt;br /&gt;tuviese adecuado y proporcionado retorno, en cuanto&lt;br /&gt;fuese posible a las criaturas, y que entre ellas se hallase&lt;br /&gt;alguna en quien estuviera la virtud de la fe en grado&lt;br /&gt;perfectísimo, como en ejemplar y medida de todos los&lt;br /&gt;demás.&lt;br /&gt;491. Todo esto se halló en la gran fe de María Santísima&lt;br /&gt;y sólo por ella y para ella, cuando fuera sola esta Señora&lt;br /&gt;en el mundo, convenientísimamente hubiera Dios criado y&lt;br /&gt;fabricado la virtud excelente de la fe; porque sola María&lt;br /&gt;Purísima desempeñó a la Divina Providencia para que, a&lt;br /&gt;nuestro modo de entender, no padeciera mengua de&lt;br /&gt;parte de los hombres, ni quedara frustrada en la formación&lt;br /&gt;de esta virtud y en la corta correspondencia que&lt;br /&gt;en ella le habían de mostrar los mortales. Este defecto&lt;br /&gt;recompensó la fe de la soberana Reina, y ella copió en sí&lt;br /&gt;misma la Divina idea de esta virtud con la suma posible&lt;br /&gt;perfección; y todos los demás creyentes se pueden&lt;br /&gt;regular y medir por la fe de esta Señora y serán más o&lt;br /&gt;menos fieles cuanto más o menos se ajustaren con la&lt;br /&gt;perfección de su fe incomparable. Y para esto fue&lt;br /&gt;elegida por maestra y ejemplar de todos los creyentes,&lt;br /&gt;entrando los Patriarcas, Profetas, Apóstoles y Mártires y&lt;br /&gt;todos cuantos con ellos han creído y creerán los artículos&lt;br /&gt;de la fe cristiana hasta el fin del mundo.&lt;br /&gt;492. Alguno podría dificultar cómo se compadecía que&lt;br /&gt;la Reina del Cielo ejercitase la fe, supuesto que tuvo&lt;br /&gt;muchas veces visión clara de la Divinidad y muchas más&lt;br /&gt;la tuvo abstractiva, que también hace evidencia de lo&lt;br /&gt;que conoce el entendimiento, como queda dicho arriba&lt;br /&gt;(Cf. supra n. 229 y 237) y adelante repetiré muchas veces&lt;br /&gt;(Passim). Y la duda nacerá de que la fe es la sustancia de&lt;br /&gt;las cosas que esperamos y argumento de las que no&lt;br /&gt;vemos, como lo dice el Apóstol (Heb. 11, 1), que es&lt;br /&gt;decirnos cómo de las cosas que ahora esperamos del&lt;br /&gt;18&lt;br /&gt;último fin de la bienaventuranza no tenemos otra&lt;br /&gt;presencia, ni sustancia o esencia, mientras somos&lt;br /&gt;viadores, más de la que contiene la fe en su objeto creído&lt;br /&gt;oscuramente y por espejo; si bien, la fuerza de este&lt;br /&gt;hábito infuso con que inclina a creer lo que no vemos y la&lt;br /&gt;certeza infalible de lo creído hacen un argumento&lt;br /&gt;infalible y eficaz para el entendimiento y para que la&lt;br /&gt;voluntad segura y sin temor crea lo que desea y espera. Y&lt;br /&gt;conforme a esta doctrina, si la Virgen Santísima en esta&lt;br /&gt;vida llegó a ver y tener a Dios —que todo es uno— sin el&lt;br /&gt;velo de la fe oscura, no parece que le quedaría oscuridad&lt;br /&gt;para creer por fe lo que había visto con claridad cara a&lt;br /&gt;cara, y más si en su entendimiento permanecían las&lt;br /&gt;especies adquiridas en la visión clara o en la evidente de&lt;br /&gt;la Divinidad.&lt;br /&gt;493. Esta duda no sólo no impide la fe de María&lt;br /&gt;Santísima, pero antes la engrandece y levanta de punto,&lt;br /&gt;pues quiso el Señor que su Madre fuese tan admirable en&lt;br /&gt;el privilegio de esta virtud de la fe —y lo mismo es de la&lt;br /&gt;esperanza— que trascendiese a todo el orden común de&lt;br /&gt;los otros viadores y que su excelente entendimiento, para&lt;br /&gt;ser maestra y artífice de estas grandes virtudes, fuese&lt;br /&gt;ilustrado unas veces por los actos perfectísimos de la fe y&lt;br /&gt;esperanza, otras con la visión y posesión, aunque de&lt;br /&gt;paso, del fin y objeto que creía y esperaba, para que en&lt;br /&gt;su original conociese y gustase las verdades que como&lt;br /&gt;maestra de los creyentes había de enseñar a creer por&lt;br /&gt;virtud de la fe; y juntar estas dos cosas en el alma&lt;br /&gt;santísima de María era fácil al poder de Dios; y siéndolo&lt;br /&gt;era como debido a su Madre Purísima, a quien ningún&lt;br /&gt;privilegio por grande desdecía, ni le debía faltar.&lt;br /&gt;494. Verdad es que con la claridad del objeto que&lt;br /&gt;conocemos no se compadece la oscuridad de la fe con&lt;br /&gt;que creemos lo que no vemos, ni con la posesión la&lt;br /&gt;esperanza, ni María Santísima, cuando gozaba de estas&lt;br /&gt;19&lt;br /&gt;visiones evidentes, ni cuando usaba de las especies que&lt;br /&gt;con evidencia, aunque abstractiva, le manifestaban los&lt;br /&gt;objetos, ejercitaba los actos oscuros de la fe, ni usaba de&lt;br /&gt;su hábito, sino de solo el de la ciencia infusa. Mas no por&lt;br /&gt;esto quedaban ociosos los hábitos de las dos virtudes&lt;br /&gt;teologales, fe y esperanza; porque el Señor, para que&lt;br /&gt;María Purísima usase de ellos, suspendía el concurso o&lt;br /&gt;detenía el uso de las especies claras y evidentes, con que&lt;br /&gt;cesaba la ciencia actual y obraba la fe oscura, en cuyo&lt;br /&gt;perfectísimo estado quedaba a tiempos la soberana&lt;br /&gt;Reina, ocultándose el Señor para todas las noticias&lt;br /&gt;claras; como sucedió en el misterio altísimo de la&lt;br /&gt;encarnación del Verbo, de que diré en su lugar (Cf. infra&lt;br /&gt;p. II n. 119, 133).&lt;br /&gt;495. No convenía que la Madre de Dios careciera del&lt;br /&gt;premio de estas virtudes infusas de la fe y esperanza; y&lt;br /&gt;para alcanzarle había de merecerle y para merecerle&lt;br /&gt;había de ejercitar sus operaciones proporcionadas al&lt;br /&gt;premio; y como éste fue incomparable, así lo fueron los&lt;br /&gt;actos de fe que obró esta gran Señora en todas y en cada&lt;br /&gt;una de las verdades católicas; porque todas las conoció y&lt;br /&gt;creyó explícitamente con altísima y perfectísima creencia&lt;br /&gt;como viadora. Y claro está que cuando el entendimiento&lt;br /&gt;tiene evidencia de lo que conoce no aguarda para creer&lt;br /&gt;al consentimiento de la voluntad, porque antes que ella&lt;br /&gt;se lo mande es compelido de la misma claridad a dar&lt;br /&gt;asenso firme; y por eso aquel acto de creer lo que no&lt;br /&gt;puede negar no es meritorio. Y cuando María Santísima&lt;br /&gt;asintió a la embajada del Arcángel, fue digna de&lt;br /&gt;incomparable premio, porque en el asenso de tal misterio&lt;br /&gt;mereció; y lo mismo sucedió en los otros que creyó,&lt;br /&gt;cuando el Altísimo disponía que usase de la fe infusa y no&lt;br /&gt;de la ciencia, aunque también con ésta tenía su mérito,&lt;br /&gt;por el amor que con ella ejercitaba, como en diferentes&lt;br /&gt;lugares he dicho (Cf. supra n. 231, 380, 383).&lt;br /&gt;20&lt;br /&gt;496. Tampoco le dieron el uso de la ciencia infusa&lt;br /&gt;cuando perdió al Niño, a lo menos para conocer aquel&lt;br /&gt;objeto dónde estaba, como con aquella luz conocía otros&lt;br /&gt;muchos; ni tampoco usaba entonces de las especies&lt;br /&gt;claras de la Divinidad; y lo mismo fue al pie de la cruz,&lt;br /&gt;que suspendía el Señor la vista y operaciones que&lt;br /&gt;en el alma santísima de su Madre habían de impedir el&lt;br /&gt;dolor; porque entonces convenía que le tuviese y obrase&lt;br /&gt;la fe sola y la esperanza. Y el gozo que tuviera con&lt;br /&gt;cualquiera vista o noticia, aunque fuera abstractiva, de&lt;br /&gt;la Divinidad, naturalmente impidiera al dolor, si no hacía&lt;br /&gt;Dios nuevo milagro para que estuviesen juntos pena y&lt;br /&gt;gozo. Y no convenía que Su Majestad hiciera este&lt;br /&gt;milagro, pues con el padecer se compadecían en la Reina&lt;br /&gt;del Cielo el mérito e imitación de su Hijo Santísimo con&lt;br /&gt;las gracias y excelencia de Madre. Por esto buscó al Niño&lt;br /&gt;con dolor (Lc. 2, 48), como ella lo dijo, y con fe viva y&lt;br /&gt;esperanza; y también las tuvo en la pasión y resurrección&lt;br /&gt;de su único y amado Hijo, que creía y esperaba;&lt;br /&gt;permaneciendo en ella sola esta fe de la Iglesia, como&lt;br /&gt;reducida entonces esta virtud a su Maestra y Fundadora.&lt;br /&gt;497. Tres condiciones o excelencias particulares se&lt;br /&gt;pueden considerar en la fe de María Santísima: la&lt;br /&gt;continuación, la intensión y la inteligencia con que creía.&lt;br /&gt;La continuación sólo se interrumpía cuando con claridad&lt;br /&gt;intuitiva o evidencia abstractiva miraba a la divinidad,&lt;br /&gt;como ya he dicho; pero distribuyendo los actos interiores&lt;br /&gt;del conocimiento de Dios que tenía la Reina del Cielo —&lt;br /&gt;aunque sólo el mismo Señor que los dispensaba puede&lt;br /&gt;saber cuándo y en qué tiempos— ejercitaba su Madre&lt;br /&gt;Santísima los unos actos o los otros; pero jamás estuvo&lt;br /&gt;ocioso su entendimiento, sin cesar solo un instante de&lt;br /&gt;toda su vida, desde el primero de su concepción, en que&lt;br /&gt;perdiese a Dios de vista; porque si suspendía la fe, era&lt;br /&gt;porque gozaba de la vista de la Divinidad clara o&lt;br /&gt;evidente por ciencia altísima infusa, y si el Señor le&lt;br /&gt;21&lt;br /&gt;ocultaba este conocimiento, entraba obrando la fe; y en&lt;br /&gt;la sucesión y vicisitud de estos actos había una&lt;br /&gt;concertadísima armonía en la mente de María Santísima,&lt;br /&gt;a cuya atención convidaba el Altísimo a los espíritus&lt;br /&gt;angélicos, según aquello que dijo en los Cantares, cap. 8&lt;br /&gt;(Cant., 8, 13): La que habitas en los huertos, los amigos te&lt;br /&gt;escuchan, hazme oír tu voz.&lt;br /&gt;498. En la eficacia o intensión que tenía la fe de esta&lt;br /&gt;soberana Princesa excedió a todos los Apóstoles,&lt;br /&gt;Profetas y Santos juntos y llegó a lo supremo que pudo&lt;br /&gt;caber en pura criatura. Y no sólo excedió a todos los&lt;br /&gt;creyentes, pero tuvo la fe que faltó a todos los infieles&lt;br /&gt;que no han creído y con la fe de María Santísima&lt;br /&gt;pudieron todos ser ilustrados. Por lo cual de tal suerte&lt;br /&gt;estuvo en ella firme, inmoble y constante, cuando los&lt;br /&gt;Apóstoles en el tiempo de la pasión desfallecieron, que si&lt;br /&gt;todas las tentaciones, engaños, errores y falsedades del&lt;br /&gt;mundo se juntaran, no pudieran contrarrestar ni turbar la&lt;br /&gt;invencible fe de la Reina de los fieles; y su Fundadora y&lt;br /&gt;Maestra a todos venciera y contra todos saliera victoriosa&lt;br /&gt;y triunfante.&lt;br /&gt;499. La claridad o inteligencia con que creía&lt;br /&gt;explícitamente todas las verdades Divinas no se puede&lt;br /&gt;reducir a palabras sin oscurecerla con ellas. Sabía María&lt;br /&gt;purísima todo lo que creía y creía todo lo que sabía;&lt;br /&gt;porque la ciencia infusa teológica de la credibilidad de&lt;br /&gt;los misterios de la fe y su inteligencia estuvo en esta&lt;br /&gt;sapientísima Virgen y Madre con el grado más alto que a&lt;br /&gt;pura criatura fue posible. Tenía en acto esta ciencia y&lt;br /&gt;memoria de ángel sin olvidar lo que una vez aprendía; y&lt;br /&gt;siempre usaba de esta potencia y dones para creer&lt;br /&gt;profundamente, salvo cuando por divina disposición ordenaba&lt;br /&gt;Dios que por otros actos se suspendiese en la fe,&lt;br /&gt;como arriba dije (Cf. supra n. 494, 467). Y fuera de no ser&lt;br /&gt;comprensora, tenía en el estado de viadora, para creer y&lt;br /&gt;22&lt;br /&gt;conocer a Dios, la inteligencia más alta y más inmediata&lt;br /&gt;en la esfera de la fe con la noticia clara de la Divinidad,&lt;br /&gt;con que transcendía el estado de todos los viadores,&lt;br /&gt;siendo ella sola en otra clase y estado de viadora a que&lt;br /&gt;ninguno otro pudo llegar.&lt;br /&gt;500. Y si María Santísima, cuando ejercitaba los hábitos&lt;br /&gt;de fe y esperanza, tenía el estado más ordinario para&lt;br /&gt;ella, y por eso era el más inferior, y en él excedía a todos&lt;br /&gt;los Santos y Ángeles y en los merecimientos se les&lt;br /&gt;adelantó amando más que ellos ¿qué sería lo que&lt;br /&gt;obraba, merecía y amaba, cuando era levantada por el&lt;br /&gt;poder Divino a otros beneficios y estado más alto de la&lt;br /&gt;visión beatífica o conocimiento claro de la divinidad? Si&lt;br /&gt;al entendimiento angélico le faltarían fuerzas para&lt;br /&gt;entenderlo y penetrarlo ¿cómo tendrá palabras para&lt;br /&gt;explicarlo una criatura terrena? Yo quisiera a lo menos&lt;br /&gt;que todos los mortales conocieran el valor y precio de&lt;br /&gt;esta virtud de la fe, considerándola en este divino&lt;br /&gt;ejemplar donde llegó a los últimos términos de su&lt;br /&gt;perfección y adecuadamente tocó el fin para que fue&lt;br /&gt;fabricada. Lleguen los infieles, herejes, paganos,&lt;br /&gt;idólatras a la maestra de la fe, María Santísima, para&lt;br /&gt;que sean iluminados en sus engaños y tenebrosos errores&lt;br /&gt;y hallarán el camino seguro para atinar con el último fin&lt;br /&gt;para que fueron criados. Lleguen también los católicos y&lt;br /&gt;conozcan el copioso premio de esta excelente virtud y&lt;br /&gt;pidan con los Apóstoles al Señor que les aumente la fe&lt;br /&gt;(Lc., 17, 5), no para llegar a la de María Santísima, mas&lt;br /&gt;para imitarla y seguirla, pues con su fe nos enseña y nos&lt;br /&gt;da esperanza de alcanzarla nosotros por sus&lt;br /&gt;merecimientos altísimos.&lt;br /&gt;501. Al patriarca Abrahán llamó San Pablo (Rom., 4, 11)&lt;br /&gt;padre de todos los creyentes, porque fue quien primero&lt;br /&gt;recibió las promesas del Mesías y creyó todo lo que&lt;br /&gt;Dios le prometió, creyendo en esperanza contra&lt;br /&gt;23&lt;br /&gt;esperanza (Rom., 4, 18), que es decir cuán excelente fue&lt;br /&gt;la fe del Patriarca, pues el primero creyó las promesas&lt;br /&gt;del Señor, cuando no podía tener esperanza humana en&lt;br /&gt;la virtud de las causas naturales, así para que su mujer&lt;br /&gt;Sara le pariese un hijo ya estéril, como para que&lt;br /&gt;ofreciéndosele después a Dios en sacrificio como se lo&lt;br /&gt;mandaba, le quedase de él la sucesión innumerable&lt;br /&gt;(Gén., 15, 5) que el mismo Señor le había prometido.&lt;br /&gt;Todo esto que naturalmente era imposible y otras palabras&lt;br /&gt;y promesas creyó Abrahán que haría el poder divino&lt;br /&gt;sobrenaturalmente, y por esta fe mereció ser llamado&lt;br /&gt;padre de todos los creyentes y recibir la señal de la fe en&lt;br /&gt;que se había justificado, que fue la circuncisión.&lt;br /&gt;502. Pero nuestra preexcelsa señora María tiene&lt;br /&gt;mayores títulos y prerrogativas que Abrahán para ser&lt;br /&gt;llamada Madre de la fe y de todos los creyentes y en su&lt;br /&gt;mano está enarbolado el estandarte y vexilo de la fe&lt;br /&gt;para todos los creyentes de la ley de gracia. Primero fue&lt;br /&gt;el Patriarca en el orden del tiempo, y de primer intento&lt;br /&gt;fue dado por padre y cabeza del pueblo hebreo; grande y&lt;br /&gt;excelente fue su fe en las promesas de Cristo nuestro&lt;br /&gt;Señor y en las palabras del Altísimo; pero en todas estas&lt;br /&gt;obras fue la fe de María Purísima más admirable sin&lt;br /&gt;comparación, y así es la primera en la dignidad. Mayor&lt;br /&gt;dificultad o imposibilidad era parir y concebir una virgen&lt;br /&gt;que una vieja estéril; y no estaba el patriarca Abrahán&lt;br /&gt;tan cierto de que se ejecutara el sacrificio de Isaac, como&lt;br /&gt;lo estaba María Santísima de que sería con efecto&lt;br /&gt;sacrificado su Hijo Santísimo. Y ella fue la que en todos&lt;br /&gt;los misterios creyó, esperó y enseñó a toda la Iglesia&lt;br /&gt;cómo debía creer en el Altísimo y las obras de la&lt;br /&gt;Redención. Y conocida la fe de María nuestra Reina, ella&lt;br /&gt;es la madre de los creyentes y el ejemplar de la fe&lt;br /&gt;católica y de la santa esperanza. Y para concluir este&lt;br /&gt;capítulo, digo que Cristo, nuestro Redentor y Maestro,&lt;br /&gt;como era comprensor y su alma santísima gozaba la&lt;br /&gt;24&lt;br /&gt;suma gloria y visión beatífica, no tenía fe ni podría usar&lt;br /&gt;de ella, ni con sus actos pudo ser maestro de esta virtud.&lt;br /&gt;Pero lo que no pudo hacer el Señor por sí mismo hizo por&lt;br /&gt;su Madre Santísima, constituyéndola fundadora, madre y&lt;br /&gt;ejemplar de la fe de su Iglesia Evangélica, y para que el&lt;br /&gt;día del juicio universal sea esta soberana Señora y Reina&lt;br /&gt;juez que singularmente asista con su Hijo Santísimo a&lt;br /&gt;juzgar los que después no han creído, habiéndoles dado&lt;br /&gt;este ejemplo en el mundo.&lt;br /&gt;Doctrina de la Madre de Dios y Señora nuestra.&lt;br /&gt;503. Hija mía, el tesoro inestimable de la virtud de la fe&lt;br /&gt;divina está oculto a los mortales que sólo tienen ojos&lt;br /&gt;carnales y terrenos; porque no le saben dar el aprecio y&lt;br /&gt;estimación que piden este don y beneficio de tan&lt;br /&gt;incomparable valor. Advierte, carísima, y considera cuál&lt;br /&gt;estuvo el mundo sin fe y cuál estaría hoy si mi Hijo y&lt;br /&gt;Señor no la conservase. ¡Cuántos hombres que el mundo&lt;br /&gt;ha celebrado por grandes, poderosos y sabios, por&lt;br /&gt;faltarles la luz de la fe se despeñaron desde las tinieblas&lt;br /&gt;de su infidelidad en abominables pecados y de allí a las&lt;br /&gt;tinieblas eternas del infierno! ¡Cuántos reinos y provincias&lt;br /&gt;llevaron ciegas y llevan hoy tras de sí estos más ciegos,&lt;br /&gt;hasta caer todos en la fóvea de las penas eternas! A&lt;br /&gt;estos siguen los malos fieles y creyentes que, habiendo&lt;br /&gt;recibido esta gracia y beneficio de la fe, viven con él&lt;br /&gt;como si no le tuviesen en sus almas.&lt;br /&gt;504. No te olvides, amiga mía, de agradecer esta&lt;br /&gt;preciosa margarita que te ha dado el Señor, como arras y&lt;br /&gt;vínculo del desposorio que contigo ha celebrado para&lt;br /&gt;traerte al tálamo de su Santa Iglesia y después al de su&lt;br /&gt;eterna visión beatífica. Ejercita siempre esta virtud de la&lt;br /&gt;fe, pues ella te pone cerca del último fin adonde caminas&lt;br /&gt;y del objeto que deseas y amas. Ella es la que enseña el&lt;br /&gt;camino cierto de la eterna felicidad, ella es la que luce&lt;br /&gt;25&lt;br /&gt;en las tinieblas de la vida mortal de los viadores y los&lt;br /&gt;lleva seguros a la posesión de su patria, adonde debían&lt;br /&gt;caminar si no estuvieran muertos con la infidelidad y&lt;br /&gt;pecados. Ella es la que despierta las demás virtudes, la&lt;br /&gt;que sirve de alimento al justo y le entretiene en sus&lt;br /&gt;trabajos. Ella es la que confunde y atemoriza a los&lt;br /&gt;infieles y a los tibios fieles, negligentes en el obrar;&lt;br /&gt;porque les manifiesta en esta vida sus pecados y en la&lt;br /&gt;otra el castigo que les aguarda. Es la fe poderosa para&lt;br /&gt;todo, pues al creyente nada le es imposible (Mc., 9, 22),&lt;br /&gt;antes lo puede y lo alcanza todo; es la que ilustra y&lt;br /&gt;ennoblece al entendimiento humano, pues le adiestra&lt;br /&gt;para que no yerre en las tinieblas de su natural&lt;br /&gt;ignorancia y le levanta sobre sí mismo para que vea y&lt;br /&gt;entienda con infalible certeza lo que no alcanzara por&lt;br /&gt;sus fuerzas y lo crea tan seguro como si lo viera con&lt;br /&gt;evidencia; y le desnuda de la grosería y villanía, cual es&lt;br /&gt;no creer el hombre más de aquello que él mismo con su&lt;br /&gt;cortedad alcanza, siendo tan poco y limitado mientras&lt;br /&gt;vive el alma en la cárcel del cuerpo corruptible, sujeta en&lt;br /&gt;el entender al uso grosero de los sentidos. Estima, pues,&lt;br /&gt;hija mía, esta preciosa margarita de la fe católica que&lt;br /&gt;Dios te ha dado y guárdala y ejercítala con aprecio y&lt;br /&gt;reverencia.&lt;br /&gt;CAPITULO 7&lt;br /&gt;De la virtud de la esperanza y ejercicio de ella que&lt;br /&gt;tuvo la Virgen Señora nuestra.&lt;br /&gt;505. A la virtud de la fe sigue la esperanza, a quien ella&lt;br /&gt;se ordena; porque si el Altísimo Dios nos infunde la luz de&lt;br /&gt;la fe Divina, con que todos sin diferencia y sin aguardar&lt;br /&gt;tiempo vengamos en el conocimiento infalible de la&lt;br /&gt;Divinidad y de sus misterios y promesas, es para que&lt;br /&gt;conociéndole por nuestro último fin y felicidad, y también&lt;br /&gt;los medios para llegar a él, nos levantemos en un&lt;br /&gt;26&lt;br /&gt;vehemente deseo de conseguirle cada uno para sí mismo.&lt;br /&gt;Este deseo, a quien se sigue como efecto el conato de&lt;br /&gt;alcanzar el sumo bien, se llama esperanza, cuyo hábito&lt;br /&gt;se nos infunde en el bautismo en nuestra voluntad, que se&lt;br /&gt;llama apetito racional; porque a ella le toca apetecer la&lt;br /&gt;eterna felicidad como su mayor bien e interés y también&lt;br /&gt;el esforzarse con la Divina gracia para alcanzarle y&lt;br /&gt;vencer las dificultades que en esta contienda se&lt;br /&gt;ofrecieren.&lt;br /&gt;506. Cuán excelente virtud es la esperanza, se conoce&lt;br /&gt;de que tiene por objeto a Dios como último y sumo bien&lt;br /&gt;nuestro, aunque le mira y le busca como ausente, pero&lt;br /&gt;como posible o adquirible por medio de los&lt;br /&gt;merecimientos de Cristo y de las obras que hace quien&lt;br /&gt;espera. Regúlanse los actos y operaciones de esta virtud&lt;br /&gt;por la lumbre de la fe Divina y de la prudencia particular&lt;br /&gt;con que aplicamos a nosotros mismos las promesas&lt;br /&gt;infalibles del Señor; y con esta regla obra la esperanza&lt;br /&gt;infusa tocando el medio de la razón, entre los vicios&lt;br /&gt;contrarios de la desesperación y presunción, para que ni&lt;br /&gt;vanamente presuma el hombre alcanzar la gloría eterna&lt;br /&gt;con sus fuerzas o sin hacer obras para merecerla, ni&lt;br /&gt;tampoco si quiere hacerlas tema ni desconfíe que la&lt;br /&gt;alcanzará, como el Señor se lo promete y asegura. Y&lt;br /&gt;esta seguridad común y general a todos, enseñada&lt;br /&gt;por la Fe Divina, se aplica el hombre que espera por&lt;br /&gt;medio de la prudencia y sano juicio que hace de sí mismo&lt;br /&gt;para no desfallecer ni desesperar.&lt;br /&gt;507. Y de aquí se conoce que la desesperación puede&lt;br /&gt;venir de no creer lo que la fe nos promete o, en caso que&lt;br /&gt;se crea, de no aplicarse a sí mismo la seguridad de las&lt;br /&gt;promesas Divinas, juzgando con error que él no puede&lt;br /&gt;conseguirlas. Entre estos dos peligros procede segura la&lt;br /&gt;esperanza, suponiendo y creyendo que no me negará&lt;br /&gt;Dios a mí lo que prometió a todos y que la promesa no&lt;br /&gt;27&lt;br /&gt;fue absoluta sino debajo de condición, que yo de mi parte&lt;br /&gt;trabajase y procurase merecerla en cuanto me fuese&lt;br /&gt;posible con el favor de su divina gracia; porque si Dios&lt;br /&gt;hizo al hombre capaz de su vista y eterna gloria, no era&lt;br /&gt;conveniente que llegase a tanta felicidad por medio del&lt;br /&gt;mal uso de las mismas potencias con que le había de&lt;br /&gt;gozar, que son los pecados, sino usando de ellas con&lt;br /&gt;proporción al fin adonde con ellas camina, Y esta&lt;br /&gt;proporción consiste en el buen uso de las virtudes, con las&lt;br /&gt;cuales se dispone el hombre para llegar a gozar del sumo&lt;br /&gt;bien, buscándole desde luego en esta vida con el conocimiento&lt;br /&gt;y amor Divino.&lt;br /&gt;508. Tuvo, pues, esta virtud de la esperanza en María&lt;br /&gt;Santísima el sumo grado de perfección posible en sí y con&lt;br /&gt;todos sus efectos y circunstancias o condiciones; porque&lt;br /&gt;el deseo y conato de conseguir el último fin de la vista y&lt;br /&gt;fruición Divina tuvo en ella mayores causas que en todas&lt;br /&gt;las criaturas; y esta fidelísima y prudentísima Señora no&lt;br /&gt;impedía sus efectos, antes los ejecutaba con suma&lt;br /&gt;perfección posible a pura criatura. No sólo tuvo Su Alteza&lt;br /&gt;fe infusa de las promesas del Señor, a la cual, siendo&lt;br /&gt;como fue la mayor, correspondía también&lt;br /&gt;proporcionadamente la mayor esperanza; pero tuvo&lt;br /&gt;sobre la fe la visión beatífica, en que por experiencia&lt;br /&gt;conoció la infinita verdad y fidelidad del Altísimo. Y si&lt;br /&gt;bien no usaba de la esperanza cuando gozaba de la vista&lt;br /&gt;y posesión de la Divinidad, pero después que se reducía&lt;br /&gt;al estado ordinario le ayudaba la memoria del sumo bien&lt;br /&gt;que había gozado para esperarle y apetecerle ausente&lt;br /&gt;con mayor fuerza y conato; y este deseo era un género de&lt;br /&gt;nueva y singular esperanza en la Reina de las Virtudes.&lt;br /&gt;509. Otra causa tuvo también la esperanza de María&lt;br /&gt;Santísima para ser mayor y sobre la esperanza de todos&lt;br /&gt;los fieles juntos; porque el premio y gloria de esta&lt;br /&gt;soberana Reina, que es el principal objeto de la&lt;br /&gt;28&lt;br /&gt;esperanza, fue sobre toda la gloria de los Ángeles y&lt;br /&gt;Santos; y conforme al conocimiento de tanta gloria que el&lt;br /&gt;Altísimo le dio, tuvo la suma esperanza y afectó para&lt;br /&gt;conseguirla. Y para que llegase a lo supremo de esta&lt;br /&gt;virtud, esperando dignamente todo lo que el brazo&lt;br /&gt;poderoso de Dios quería obrar en ella, fue prevenida con&lt;br /&gt;la luz de la fe suprema, con los hábitos y auxilios y dones&lt;br /&gt;proporcionados y con especial movimiento del Espíritu&lt;br /&gt;Santo. Y lo mismo que decimos de la suma esperanza&lt;br /&gt;que tuvo del objeto principal de esta virtud, se ha de&lt;br /&gt;entender de los otros objetos que llaman secundarios,&lt;br /&gt;porque los beneficios, dones y misterios que se obraron&lt;br /&gt;en la Reina del cielo fueron tan grandes, que no pudo&lt;br /&gt;extenderse a más el brazo del omnipotente Dios. Y como&lt;br /&gt;esta gran Señora los había de recibir mediante la fe y&lt;br /&gt;esperanza de las promesas Divinas, proporcionándose&lt;br /&gt;con estas virtudes para recibirlas, por eso era&lt;br /&gt;necesario que su fe y esperanza fuesen las mayores que&lt;br /&gt;en pura criatura eran posibles.&lt;br /&gt;510. Y si, como queda dicho (Mc., 9, 22) de la virtud de&lt;br /&gt;la fe, tuvo la Reina del cielo conocimiento y fe explícita&lt;br /&gt;de todas las verdades reveladas y de todos los misterios&lt;br /&gt;y obras del Altísimo, y a los actos de fe correspondían los&lt;br /&gt;de la esperanza, ¿quién podrá entender, fuera del&lt;br /&gt;mismo Señor, cuántos y cuáles serían los actos de&lt;br /&gt;esperanza que tuvo esta Señora de las virtudes, pues&lt;br /&gt;conoció todos los misterios de su propia gloria y felicidad&lt;br /&gt;eterna y los que en ella y en el resto de la Iglesia&lt;br /&gt;Evangélica se habían de obrar por los méritos de su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo? Por sola María, su Madre, formara Dios esta&lt;br /&gt;virtud y la diera como la dio a todo el linaje humano,&lt;br /&gt;como antes dijimos de la virtud de la fe (Cf. supra 499).&lt;br /&gt;511. Por esta razón la llamó el Espíritu Santo Madre del&lt;br /&gt;amor hermoso y de la santa esperanza (Eclo., 24, 24); y&lt;br /&gt;así como el darle carne al Verbo Divino la hizo Madre de&lt;br /&gt;29&lt;br /&gt;Cristo, así el Espíritu Santo la hizo Madre de la&lt;br /&gt;esperanza; porque con su especial concurso y operación&lt;br /&gt;concibió y parió esta virtud para los fieles de la Iglesia. Y&lt;br /&gt;el ser Madre de la santa esperanza fue como&lt;br /&gt;consiguiente y anejo a ser Madre de Jesucristo nuestro&lt;br /&gt;Señor, pues conoció que en su Hijo nos daba toda nuestra&lt;br /&gt;segura esperanza. Y por estos concebimientos y partos&lt;br /&gt;adquirió la Reina Santísima cierto género de dominio y&lt;br /&gt;autoridad sobre la gracia y promesas del Altísimo que&lt;br /&gt;con la muerte de Cristo nuestro Redentor, hijo de María,&lt;br /&gt;se habían de cumplir; porque todo nos lo dio esta Señora,&lt;br /&gt;cuando mediante su voluntad libre concibió y parió al&lt;br /&gt;Verbo Humanado y en él todas nuestras esperanzas.&lt;br /&gt;Donde se cumplió legítimamente aquello que la dijo el&lt;br /&gt;Esposo: Tus emisiones fueron paraíso (Cant., 4, 13);&lt;br /&gt;porque todo cuanto salió de esta Madre de la Gracia fue&lt;br /&gt;para nosotros felicidad, paraíso y esperanza cierta de&lt;br /&gt;conseguirle.&lt;br /&gt;512. Padre Celestial y verdadero tenía la Iglesia en&lt;br /&gt;Jesucristo, que la engendró, fundó y con sus&lt;br /&gt;merecimientos y trabajos la enriqueció de gracias,&lt;br /&gt;ejemplos y doctrinas, como era consiguiente a ser tal&lt;br /&gt;Padre y Autor de esta admirable obra; parece que a su&lt;br /&gt;perfección convenía que juntamente tuviese Madre&lt;br /&gt;amorosa y blanda, que con regalo y caricia suave y con&lt;br /&gt;maternal afecto e intercesiones criase a sus pechos los&lt;br /&gt;hijos párvulos (1 Cor., 3,1), y con tierno y dulce mantenimiento&lt;br /&gt;los alimentase, cuando por su pequeñez no&lt;br /&gt;pueden sufrir el pan de los robustos y fuertes. Esta dulce&lt;br /&gt;madre fue María Santísima, que desde la primitiva&lt;br /&gt;Iglesia, cuando nacía en los tiernos hijos de la ley de&lt;br /&gt;gracia, les comenzó a dar dulce leche de luz y doctrina&lt;br /&gt;como piadosa madre; y hasta el fin del mundo continuará&lt;br /&gt;este oficio con sus ruegos en los nuevos hijos que cada&lt;br /&gt;día engendra Cristo nuestro Señor con los méritos de su&lt;br /&gt;sangre y por los ruegos de la Madre de Misericordia. Por&lt;br /&gt;30&lt;br /&gt;ella nacen, ella los cría y alimenta y ella es dulce Madre,&lt;br /&gt;vida y esperanza nuestra, el original de la que nosotros&lt;br /&gt;tenemos, el ejemplar a quien imitamos, esperando por su&lt;br /&gt;intercesión conseguir la eterna felicidad que su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo nos mereció y los auxilios que por ella nos&lt;br /&gt;comunica, para que así la alcancemos.&lt;br /&gt;Doctrina de la Santísima Virgen.&lt;br /&gt;513. Hija mía, con las dos virtudes fe y esperanza, como&lt;br /&gt;con dos alas de infatigable vuelo, se levantaba mi&lt;br /&gt;espíritu buscando al interminable y sumo bien, hasta&lt;br /&gt;descansar en la unión de su íntimo y perfecto amor.&lt;br /&gt;Muchas veces gozaba y gustaba de su vista clara y&lt;br /&gt;fruición, pero como este beneficio no era continuo por el&lt;br /&gt;estado de pura viadora, éralo el ejercicio de la fe y&lt;br /&gt;esperanza; que como quedaban fuera de la visión y&lt;br /&gt;posesión, luego las hallaba en mi mente y no hacía otro&lt;br /&gt;intervalo en sus operaciones. Y los efectos que en mí&lt;br /&gt;hacían, el afecto, conato y anhelo que causaban en mi&lt;br /&gt;espíritu para llegar a la eterna posesión de la fruición&lt;br /&gt;divina, no puede entenderlo con su cortedad el&lt;br /&gt;entendimiento criado adecuadamente, pero conocerálo&lt;br /&gt;en Dios con alabanza eterna el que mereciere gozar de&lt;br /&gt;su vista en el cielo.&lt;br /&gt;514. Y tú, carísima, pues tanta luz has recibido de la&lt;br /&gt;excelencia de esta virtud y de las obras que yo ejercitaba&lt;br /&gt;con ella, trabaja por imitarme sin cesar según las fuerzas&lt;br /&gt;de la Divina gracia. Renueva siempre y confiere en tu&lt;br /&gt;memoria las promesas del Altísimo y con la certeza de la&lt;br /&gt;fe que tienes de su verdad levanta el corazón con&lt;br /&gt;ardiente deseo, anhelando a conseguirlas; y con esta&lt;br /&gt;firme esperanza te puedes prometer por los méritos de&lt;br /&gt;mi Hijo Santísimo que llegarás a ser moradora de la&lt;br /&gt;celestial patria y compañera de todos los que en ella con&lt;br /&gt;inmortal gloria miran la cara del Altísimo. Y si con esta&lt;br /&gt;31&lt;br /&gt;ayuda que tienes levantas tu corazón de lo terreno y&lt;br /&gt;pones toda tu mente fija en el bien inconmutable por&lt;br /&gt;quien suspiras, todo lo visible te será pesado y molesto y&lt;br /&gt;lo juzgarás por vil y contemptible y nada podrás apetecer&lt;br /&gt;fuera de aquel amabilísimo y deleitable objeto de tus&lt;br /&gt;deseos. En mi alma fue este ardor de la esperanza como&lt;br /&gt;de quien con la fe le había creído y con experiencia le&lt;br /&gt;había gustado, lo cual ninguna lengua ni palabras&lt;br /&gt;pueden explicar ni decir.&lt;br /&gt;515. Fuera de esto, para que más te muevas, considera&lt;br /&gt;y llora con íntimo dolor la infelicidad de tantas almas,&lt;br /&gt;que son imagen de Dios y capaces de su gloria y por sus&lt;br /&gt;culpas están privadas de la esperanza verdadera de&lt;br /&gt;gozarle. Si los hijos de la Santa Iglesia hicieran pausa&lt;br /&gt;en sus vanos pensamientos y se detuvieran a pensar y&lt;br /&gt;pesar el beneficio de haberles dado fe y esperanza&lt;br /&gt;infalible, separándolos de las tinieblas y señalándolos sin&lt;br /&gt;merecerlo ellos con esta divisa, dejando perdida la ciega&lt;br /&gt;infidelidad, sin duda se avergonzarían de su torpísimo&lt;br /&gt;olvido y reprendieran su fea ingratitud. Pero&lt;br /&gt;desengáñense, que les aguardan más formidables&lt;br /&gt;tormentos, y que a Dios y a los Santos son más&lt;br /&gt;aborrecibles por el desprecio que hacen de la Sangre&lt;br /&gt;derramada de Cristo, en cuya virtud se les han hecho&lt;br /&gt;estos beneficios; y como si fueran fábulas desprecian el&lt;br /&gt;fruto de la verdad, corriendo todo el término de la vida&lt;br /&gt;sin detenerse sólo un día, y muchos ni una hora, en la&lt;br /&gt;consideración de sus obligaciones y de su peligro. Llora,&lt;br /&gt;alma, este lamentable daño y según tus fuerzas trabaja y&lt;br /&gt;pide el remedio a mi Hijo Santísimo y cree que cualquier&lt;br /&gt;desvelo y conato que en esto pongas te será premiado de&lt;br /&gt;Su Majestad.&lt;br /&gt;CAPITULO 8&lt;br /&gt;De la virtud de la caridad de María Santísima&lt;br /&gt;32&lt;br /&gt;Señora nuestra.&lt;br /&gt;516. La virtud sobreexcelentísima de la Caridad es la&lt;br /&gt;señora, la Reina, la Madre, alma, vida y hermosura de&lt;br /&gt;todas las otras virtudes; la caridad es quien las gobierna&lt;br /&gt;todas, las mueve y encamina a su verdadero y último fin;&lt;br /&gt;ella las engendra en su ser perfecto, las aumenta y&lt;br /&gt;conserva, las ilustra y adorna y les da vida y eficacia. Y si&lt;br /&gt;todas las demás causan en la criatura alguna perfección&lt;br /&gt;y ornato, la caridad se la da y las perfecciona;&lt;br /&gt;porque sin caridad todas son feas, oscuras,&lt;br /&gt;lánguidas, muertas y sin provecho; porque no&lt;br /&gt;tienen perfecto movimiento de vida ni sentido. La caridad&lt;br /&gt;es la benigna (1 Cor., 13, 4), paciente, mansísima, sin&lt;br /&gt;emulación, sin envidia, sin ofensa, la que nada se&lt;br /&gt;apropia, que todo lo distribuye, causa todos los bienes y&lt;br /&gt;no consiente alguno de los males cuanto es de su parte;&lt;br /&gt;porque es la mayor participación del verdadero y sumo&lt;br /&gt;bien. ¡Oh virtud de las virtudes y suma de los tesoros del&lt;br /&gt;Cielo! Tú sola tienes la llave del paraíso; tú eres la aurora&lt;br /&gt;de la eterna luz, sol del día de la eternidad, fuego que&lt;br /&gt;purificas, vino que embriagas dando nuevo sentido,&lt;br /&gt;néctar que letificas, dulzura que sacias sin hastío, tálamo&lt;br /&gt;en que descansa el alma y vínculo tan estrecho que con&lt;br /&gt;el mismo Dios nos haces uno (Jn., 17, 21), al modo que lo&lt;br /&gt;son el Eterno Padre con el Hijo y entrambos con el&lt;br /&gt;Espíritu Santo.&lt;br /&gt;517. Por la incomparable nobleza de esta señora de las&lt;br /&gt;virtudes el mismo Dios y Señor, a nuestro entender, quiso&lt;br /&gt;honrarse con su nombre, o quiso honrarla a ella,&lt;br /&gt;llamándose caridad, como lo dijo san Juan (1 Jn., 4, 16).&lt;br /&gt;Muchas razones tiene la Iglesia Católica para que de las&lt;br /&gt;perfecciones Divinas se le atribuya al Padre la&lt;br /&gt;omnipotencia, al Hijo la sabiduría y al Espíritu Santo el&lt;br /&gt;amor; porque el Padre es principio sin principio, el Hijo&lt;br /&gt;nace del Podre por el entendimiento y el Espíritu Santo&lt;br /&gt;33&lt;br /&gt;de los dos procede por la voluntad; pero el nombre de&lt;br /&gt;caridad y esta perfección se la aplica el Señor a sí mismo&lt;br /&gt;sin diferencia de personas, cuando de todas dijo el&lt;br /&gt;evangelista sin distinción: Dios es caridad( Ib.). Tiene&lt;br /&gt;esta virtud en el Señor ser término y como fin de todas las&lt;br /&gt;operaciones ad intra y ad extra, porque todas las divinas&lt;br /&gt;procesiones, que son las operaciones de Dios dentro de sí&lt;br /&gt;mismo, se terminan en la unión del amor y caridad&lt;br /&gt;recíproca de las Tres Divinas Personas, con que tienen&lt;br /&gt;entre sí otro vínculo indisoluble después de la unidad de&lt;br /&gt;la naturaleza indivisa, en que son un mismo Dios. Todas&lt;br /&gt;las obras ad extra, que son las criaturas, nacieron de la&lt;br /&gt;Caridad Divina y se ordenan a ella, para que saliendo del&lt;br /&gt;mar inmenso de aquella bondad infinita se vuelvan por la&lt;br /&gt;caridad y amor a su origen de donde manaron. Y esto es&lt;br /&gt;singular en la Virtud de la Caridad entre todas las otras&lt;br /&gt;virtudes y dones, que es una perfecta participación de la&lt;br /&gt;Caridad Divina; nace del mismo principio y mira al mismo&lt;br /&gt;fin y se proporciona también con ella más que las otras&lt;br /&gt;virtudes. Y si llamamos a Dios nuestra esperanza, nuestra&lt;br /&gt;paciencia y nuestra sabiduría, es porque la recibimos de&lt;br /&gt;su mano y no porque estén en Dios estas virtudes como&lt;br /&gt;en nosotros. Pero la caridad no sólo la recibimos del&lt;br /&gt;Señor, ni él se llama caridad sólo porque nos la&lt;br /&gt;comunica, sino porque en sí mismo la tiene&lt;br /&gt;esencialmente; y de aquella Divina perfección que&lt;br /&gt;imaginamos como forma y atributo de su naturaleza&lt;br /&gt;Divina redunda nuestra caridad con más perfección y&lt;br /&gt;proporción que otra alguna virtud.&lt;br /&gt;518. Otras condiciones admirables tiene la caridad de&lt;br /&gt;parte de Dios para nosotros; porque siendo ella el&lt;br /&gt;principio que nos comunicó todo el bien de nuestro ser, y&lt;br /&gt;después el sumo bien que es el mismo Dios, viene a ser el&lt;br /&gt;estímulo y ejemplar de nuestra caridad y amor con el&lt;br /&gt;mismo Señor; porque si para amarle no nos despierta y&lt;br /&gt;mueve el saber que en sí mismo es infinito y sumo bien, a&lt;br /&gt;34&lt;br /&gt;lo menos nos obligue y atraiga el saber que es sumo bien&lt;br /&gt;nuestro. Y si no podíamos ni sabíamos amarle primero (1&lt;br /&gt;Jn., 4, 10) que nos diera a su Hijo Unigénito, no tengamos&lt;br /&gt;excusa ni atrevimiento para dejarle de amar después de&lt;br /&gt;habérnosle dado; pues si tenemos disculpa para no saber&lt;br /&gt;granjear el beneficio, ninguna hallaremos para no&lt;br /&gt;agradecerle con amor después de haberle recibido sin&lt;br /&gt;merecerle.&lt;br /&gt;519. El ejemplar que en la Divina Caridad tiene&lt;br /&gt;la nuestra, declara mucho más la excelencia de esta&lt;br /&gt;virtud, aunque yo con dificultad puedo declarar en&lt;br /&gt;esto mi concepto. Cuando fundaba Cristo Señor&lt;br /&gt;nuestro su perfectísima ley de amor y de gracia, nos&lt;br /&gt;enseñó a ser perfectos a imitación de nuestro Padre&lt;br /&gt;Celestial, que hace nacer el sol, que es suyo, sobre los&lt;br /&gt;justos e injustos (Mt., 5, 45) sin diferencia. Tal doctrina y&lt;br /&gt;tal ejemplo, sólo el mismo Hijo del eterno Padre le podía&lt;br /&gt;dar a los hombres. Entre todas las criaturas visibles&lt;br /&gt;ninguna como el sol nos manifiesta la Caridad Divina y&lt;br /&gt;nos la propone para imitarla; porque este nobilísimo&lt;br /&gt;planeta por su misma naturaleza, sin otra deliberación&lt;br /&gt;más que su inclinación innata, comunica su luz a todas&lt;br /&gt;partes y a todos aquellos que son capaces de recibirla&lt;br /&gt;sin diferencia, y cuanto es de su parte nunca la niega ni&lt;br /&gt;suspende (Dionisio, De Divinis Nominibus, c. IV); y esto lo&lt;br /&gt;hace sin obligarse a nadie, sin recibir beneficio ni retorno&lt;br /&gt;de que tenga necesidad y sin hallar en las cosas que ilumina&lt;br /&gt;y fomenta alguna bondad antecedente que le&lt;br /&gt;mueva y le atraiga, ni esperar otro interés más que&lt;br /&gt;derramar la misma virtud que en sí contiene, para que&lt;br /&gt;todos la participen y comuniquen.&lt;br /&gt;520. Considerando, pues, las condiciones de tan&lt;br /&gt;generosa criatura ¿quién hay que no vea en ellas una&lt;br /&gt;estampa de la caridad increada a quien imitar? Y ¿quién&lt;br /&gt;hay que no se confunda de no imitarla? Y ¿quién&lt;br /&gt;35&lt;br /&gt;imaginará de sí mismo que tiene caridad verdadera si no&lt;br /&gt;la imita? No puede nuestra caridad y amor causar alguna&lt;br /&gt;bondad en el objeto que ama, como lo hace la caridad&lt;br /&gt;increada del Señor; pero a lo menos, si no podemos&lt;br /&gt;mejorar lo que amamos, bien podemos amar a todos sin&lt;br /&gt;intereses de mejorarnos y sin andar deliberando y&lt;br /&gt;escogiendo a quién amar y hacer bien con esperanza del&lt;br /&gt;retorno. No digo que la caridad no es libre, ni que hizo&lt;br /&gt;Dios alguna obra fuera de sí por natural necesidad, ni&lt;br /&gt;corre en esto el ejemplo; porque todas las obras ad extra,&lt;br /&gt;que son las de la creación, son libres en Dios. Pero la&lt;br /&gt;voluntad libre no ha de torcer ni violentar la inclinación e&lt;br /&gt;impulso de la caridad; antes debe seguirla a imitación&lt;br /&gt;del sumo bien que, pidiendo su naturaleza comunicarse,&lt;br /&gt;no le impidió la Divina voluntad, antes se dejó llevar y&lt;br /&gt;mover de su misma inclinación para comunicar los rayos&lt;br /&gt;de su luz inaccesible a todas las criaturas según la&lt;br /&gt;capacidad de cada una para recibirla, sin haber&lt;br /&gt;precedido de nuestra parte bondad alguna, servicio o&lt;br /&gt;beneficio y sin esperarle después, porque de nadie tiene&lt;br /&gt;necesidad.&lt;br /&gt;521. Habiendo ya conocido en parte la condición de la&lt;br /&gt;caridad en su principio, que es Dios, donde, fuera del&lt;br /&gt;mismo Señor, la hallaremos en toda su perfección posible&lt;br /&gt;a pura criatura es María Santísima, de quien más&lt;br /&gt;inmediatamente podemos copiar la nuestra. Claro está&lt;br /&gt;que saliendo los rayos de esta luz y Caridad del Sol Increado,&lt;br /&gt;donde está sin término ni fin, se va comunicando&lt;br /&gt;a todas las criaturas hasta la más remota con orden, con&lt;br /&gt;medida y tasa, según el grado que tiene cada una por&lt;br /&gt;estar más cerca o más distante de su principio. Y este&lt;br /&gt;orden dice el lleno y perfección de la Divina Providencia;&lt;br /&gt;pues sin él estuviera como defectuosa, confusa y manca&lt;br /&gt;la armonía de las criaturas que había criado para la&lt;br /&gt;participación de su bondad y amor. El primer lugar en&lt;br /&gt;este orden había de tener después del mismo Dios&lt;br /&gt;36&lt;br /&gt;aquella alma y aquella persona que juntamente fuese&lt;br /&gt;Dios Increado y hombre criado; porque a la suma y&lt;br /&gt;suprema unión de naturaleza siguiese la suma gracia y&lt;br /&gt;participación de amor, como estuvo y está en Cristo&lt;br /&gt;Señor nuestro.&lt;br /&gt;522. El segundo lugar toca a su Madre Santísima&lt;br /&gt;María, en quien con singular modo descansó la caridad&lt;br /&gt;y amor Divino; porque, a nuestro modo de entender, no&lt;br /&gt;sosegaba harto la Caridad Increada sin comunicarse a&lt;br /&gt;una pura criatura con tanta plenitud, que en ella&lt;br /&gt;estuviese recopilado el amor y caridad de toda su&lt;br /&gt;generación humana y que sola ella pudiese suplir por lo&lt;br /&gt;restante de su naturaleza pura y dar el retorno posible y&lt;br /&gt;participar la Caridad Increada sin las menguas y&lt;br /&gt;defectos que le mezclan todos los demás mortales infectos,&lt;br /&gt;del pecado. Sola María entre todas las criaturas fue&lt;br /&gt;electa como el Sol de justicia (Cant., 6, 9), para que le&lt;br /&gt;imitase en la caridad y copiase de él esta virtud&lt;br /&gt;ajustadamente con su original. Y sola ella supo amar más&lt;br /&gt;y mejor que todas juntas, amando a Dios pura, perfecta,&lt;br /&gt;íntima y sumamente por Dios y a las criaturas por el&lt;br /&gt;mismo Dios y como Él las ama. Sola ella adecuadamente&lt;br /&gt;siguió el impulso de la Caridad y su inclinación generosa&lt;br /&gt;amando al sumo bien por sumo bien, sin otra atención;&lt;br /&gt;amando a las criaturas por la participación que tienen de&lt;br /&gt;Dios, no por el retorno y retribución. Y para imitar en todo&lt;br /&gt;a la Caridad Increada, sola María Santísima pudo y supo&lt;br /&gt;amar para mejorar a quien es amado; pues con su amor&lt;br /&gt;obró de suerte, que mejoró el cielo y la tierra en todo lo&lt;br /&gt;que tiene ser, fuera del mismo Dios.&lt;br /&gt;523. Y si la caridad de esta gran Señora se pusiera en&lt;br /&gt;una balanza y la de todos los hombres y ángeles en otra,&lt;br /&gt;pesara más la de María Purísima que la de todo el resto&lt;br /&gt;de las criaturas, pues todas ellas no alcanzaron a saber&lt;br /&gt;tanto como ella sola de la naturaleza y condición de la&lt;br /&gt;37&lt;br /&gt;Caridad de Dios; y consiguientemente sola María supo&lt;br /&gt;imitarla con adecuada perfección sobre toda la naturaleza&lt;br /&gt;de puras criaturas intelectuales. Y en este exceso de&lt;br /&gt;amor y caridad, satisfizo y correspondió a la deuda del&lt;br /&gt;amor infinito del Señor con las criaturas todo cuanto a&lt;br /&gt;ellas se les podía pedir, no habiendo de ser de&lt;br /&gt;equivalencia infinita, porque esto no era posible. Y como&lt;br /&gt;el amor y caridad del alma santísima de Jesucristo tuvo&lt;br /&gt;alguna proporción con la unión hipostática en el grado&lt;br /&gt;posible, así la caridad de María tuvo otra proporción con&lt;br /&gt;el beneficio de darle el Eterno Padre a su Hijo Santísimo,&lt;br /&gt;para que ella fuese juntamente Madre suya y le&lt;br /&gt;concibiese y pariese para remedio del Mundo.&lt;br /&gt;524. De donde entenderemos que todo el bien y felicidad&lt;br /&gt;de las criaturas se viene a resolver por algún modo en la&lt;br /&gt;caridad y amor que María Santísima tuvo a Dios. Ella hizo&lt;br /&gt;que esta virtud y participación del amor Divino estuviese&lt;br /&gt;entre las criaturas en su última y suma perfección. Ella&lt;br /&gt;pagó esta deuda por todos enteramente cuando todos no&lt;br /&gt;atinaban a hacer la debida recompensa ni la alcanzaban&lt;br /&gt;a conocer. Ella con esta perfectísima Caridad obligó en la&lt;br /&gt;forma posible al Eterno Padre para que le diese su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo para sí y para todo el linaje humano; porque si&lt;br /&gt;María Purísima hubiera amado menos y su caridad&lt;br /&gt;tuviera alguna mengua, no hubiera disposición en la&lt;br /&gt;naturaleza para que el Verbo se humanara; pero&lt;br /&gt;hallándose entre las criaturas alguna que hubiese&lt;br /&gt;llegado a imitar la caridad Divina en grado tan supremo,&lt;br /&gt;ya era como consiguiente que descendiese a ella el&lt;br /&gt;mismo Dios, como lo hizo.&lt;br /&gt;525. Todo esto se encerró en llamarla el Espíritu Santo&lt;br /&gt;Madre de la hermosa dilección o amor (Eclo., 24, 24),&lt;br /&gt;atribuyéndole a ella misma estas palabras —como en su&lt;br /&gt;modo queda dicho de la santa esperanza (Cf. supra n.&lt;br /&gt;511)—; Madre es María del que es nuestro dulcísimo&lt;br /&gt;38&lt;br /&gt;amor, Jesús, Señor y Redentor nuestro, hermosísimo sobre&lt;br /&gt;los hijos de los hombres por la divinidad de infinita e&lt;br /&gt;increada hermosura y por la humanidad que ni tuvo&lt;br /&gt;culpa, ni dolo (1 Pe., 2, 22), ni le faltó gracia de las que&lt;br /&gt;pudo comunicarle la Divinidad. Madre también es del&lt;br /&gt;amor hermoso; porque sola ella engendró en su mente el&lt;br /&gt;amor y caridad perfecta y hermosísima dilección, que&lt;br /&gt;todas las demás criaturas no supieron engendrar con&lt;br /&gt;toda su hermosura y sin alguna falta, para que no se&lt;br /&gt;llamase absolutamente hermoso. Madre es de nuestro&lt;br /&gt;amor; porque ella nos le trajo al mundo, ella nos le&lt;br /&gt;granjeó y ella nos le enseñó a conocer y obrar; que sin&lt;br /&gt;María Santísima no quedaba otra pura criatura en el&lt;br /&gt;Cielo ni en la tierra de quien pudieran los hombres y los&lt;br /&gt;Ángeles ser discípulos del amor hermoso. Y así es que&lt;br /&gt;todos los Santos son como unos rayos de este sol y como&lt;br /&gt;unos arroyuelos que salen de este mar; y tanto más saben&lt;br /&gt;amar, cuanto más participan del amor y caridad de&lt;br /&gt;María Santísima y la imitan y copian ajustándose con&lt;br /&gt;ella.&lt;br /&gt;526. Las causas que tuvo esta caridad y amor de nuestra&lt;br /&gt;princesa María fueron la profundidad de su altísimo&lt;br /&gt;conocimiento y sabiduría, así por la fe infusa y esperanza&lt;br /&gt;como por los dones del Espíritu Santo, de ciencia,&lt;br /&gt;entendimiento y sabiduría; y sobre todo por las visiones&lt;br /&gt;intuitivas y las que tuvo abstractivas de la Divinidad. Por&lt;br /&gt;todos estos medios alcanzó el altísimo conocimiento de la&lt;br /&gt;caridad increada y la bebió en su misma fuente; y como&lt;br /&gt;conoció que Dios debía ser amado por sí mismo y la&lt;br /&gt;criatura por Dios, así lo ejecutó y obró con intensísimo y&lt;br /&gt;ferventísimo amor. Y como el poder Divino no hallaba&lt;br /&gt;impedimento ni óbice de culpa, ni de inadvertencia,&lt;br /&gt;ignorancia o imperfección, o tardanza en la voluntad de&lt;br /&gt;esta Reina, por esto pudo obrar todo lo que quiso y lo que&lt;br /&gt;no hizo con las demás criaturas; porque ninguna otra tuvo&lt;br /&gt;la disposición que María Santísima.&lt;br /&gt;39&lt;br /&gt;527. Este fue el prodigio del poder divino y el mayor&lt;br /&gt;ensayo y testimonio de su caridad increada en pura&lt;br /&gt;criatura y el desempeño de aquel gran precepto natural&lt;br /&gt;y divino: Amarás a tu Dios de todo tu corazón, alma y&lt;br /&gt;mente, y con todas tus fuerzas (Dt., 6, 5); porque sola&lt;br /&gt;María desempeñó a todas las criaturas de esta&lt;br /&gt;obligación y deuda que en esta vida y antes de ver a Dios&lt;br /&gt;no sabían ni podían pagar enteramente. Esta Señora lo&lt;br /&gt;cumplió siendo viadora más ajustadamente que los&lt;br /&gt;mismos Serafines siendo comprensores. Desempeñó&lt;br /&gt;también a Dios en su modo en este precepto, para que no&lt;br /&gt;quedara vacío y como frustrado de parte de los viadores;&lt;br /&gt;pues sola María Purísima le santificó y llenó por todos&lt;br /&gt;ellos, supliendo abundantemente todo lo que a ellos les&lt;br /&gt;faltó. Y si no tuviera Dios presente a María nuestra Reina&lt;br /&gt;para intimar a los mortales este mandato de tanto amor y&lt;br /&gt;caridad, por ventura no le hubiera puesto en esta forma;&lt;br /&gt;pero sólo por esta Señora se complació en ponerle y a&lt;br /&gt;ella se le debemos, así el mandato de la caridad perfecta&lt;br /&gt;como su cumplimiento adecuado.&lt;br /&gt;528. ¡Oh dulcísima y hermosísima Madre de la hermosa&lt;br /&gt;dilección y caridad, todas las naciones te conozcan,&lt;br /&gt;todas las generaciones te bendigan, todas las criaturas&lt;br /&gt;te magnifiquen y alaben! Tú sola eres la perfecta, tú sola&lt;br /&gt;la dilecta, tú sola la escogida para tu Madre la Caridad&lt;br /&gt;Increada; ella te formó única y electa como el sol (Cant.,&lt;br /&gt;6, 9) para resplandecer en tu hermosísimo y perfectísimo&lt;br /&gt;amor. Lleguemos todos los míseros hijos de Eva a este&lt;br /&gt;sol, para que nos ilustre y encienda. Lleguemos a esta&lt;br /&gt;Madre para que nos reengendre en amor. Lleguemos a&lt;br /&gt;esta Maestra para que nos enseñe a tener el amor,&lt;br /&gt;dilección y caridad hermosa y sin defectos. Amor dice un&lt;br /&gt;afecto que se complace y descansa en el amado;&lt;br /&gt;dilección, obra de alguna elección y separación de lo que&lt;br /&gt;se ama de todo lo demás; y caridad dice sobre todo esto&lt;br /&gt;40&lt;br /&gt;un íntimo aprecio y estimación del bien amado. Todo esto&lt;br /&gt;nos enseñará la Madre de este amor hermoso, que por&lt;br /&gt;tener todas estas condiciones viene a serlo, y en ella&lt;br /&gt;aprenderemos a amar a Dios por Dios, descansando en Él&lt;br /&gt;todo nuestro corazón y afectos; a separarle de todo lo&lt;br /&gt;demás que no es el mismo sumo bien, pues le ama menos&lt;br /&gt;quien con él quiere amar otra cosa; a saberle apreciar y&lt;br /&gt;estimar sobre el oro y sobre todo lo precioso; pues en su&lt;br /&gt;comparación todo lo precioso es vil, toda la hermosura es&lt;br /&gt;fealdad y todo lo grande y estimable a los ojos carnales&lt;br /&gt;viene a ser contemptible y sin algún valor. De los efectos&lt;br /&gt;de la caridad de María Santísima hablo en toda esta&lt;br /&gt;Historia, y de ellos está lleno el Cielo y la tierra; y por eso&lt;br /&gt;no me detengo a contar en particular lo que no puede&lt;br /&gt;caber en lenguas ni palabras humanas ni angélicas.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del Cielo.&lt;br /&gt;529. Hija mía, si con afecto de Madre deseo que me&lt;br /&gt;sigas y me imites en todas las otras virtudes, en esta de&lt;br /&gt;la caridad, que es el fin y corona de todas ellas, quiero,&lt;br /&gt;te intimo y declaro mi voluntad de que extiendas&lt;br /&gt;sobremanera todas tus fuerzas para copiar en tu alma&lt;br /&gt;con mayor perfección todo lo que se te ha dado a&lt;br /&gt;conocer en la mía. Enciende la luz de la fe y de la razón&lt;br /&gt;para hallar esta dracma (Lc., 15,8) de infinito valor y,&lt;br /&gt;habiéndola topado, olvida y desprecia todo lo terreno y&lt;br /&gt;corruptible; y en tu mente una y muchas veces confiere,&lt;br /&gt;advierte y pondera las infinitas razones y causas que hay&lt;br /&gt;en Dios para ser amado sobre todas las cosas; y para que&lt;br /&gt;entiendas cómo debes amarle con la perfección que&lt;br /&gt;deseas, éstas serán como señales y efectos del amor, si&lt;br /&gt;le tienes perfecto y verdadero: si meditas y piensas en&lt;br /&gt;Dios continuamente; si cumples sus mandamientos y&lt;br /&gt;consejos sin tedio ni disgusto; si temes ofenderle; si&lt;br /&gt;ofendido solicitas luego aplacarle; si te dueles de que&lt;br /&gt;sea ofendido y te alegras de que todas las criaturas&lt;br /&gt;41&lt;br /&gt;le sirvan; si deseas y gustas hablar continuamente de&lt;br /&gt;su amor; si te gozas de su memoria y presencia; si te&lt;br /&gt;contristas de su olvido y ausencia; si amas lo que él ama&lt;br /&gt;y aborreces lo que aborrece; si procuras traer a todos a&lt;br /&gt;su amistad y gracia; si le pides con confianza; si recibes&lt;br /&gt;con agradecimiento sus beneficios; si no los pierdes y&lt;br /&gt;conviertes a su honra y gloria; si deseas y trabajas por&lt;br /&gt;extinguir en ti misma los movimientos de las pasiones que&lt;br /&gt;te retardan o impiden el afecto amoroso y obras de las&lt;br /&gt;virtudes.&lt;br /&gt;530. Estos y otros efectos señalan como unos índices de&lt;br /&gt;la Caridad, que está en el alma con más o menos&lt;br /&gt;perfección. Y sobre todo, cuando es robusta y encendida,&lt;br /&gt;no sufre ociosidad en las potencias, ni consiente mácula&lt;br /&gt;en la voluntad, porque luego las purifica y consume&lt;br /&gt;todas, y no descansa si no es cuando gusta la dulzura del&lt;br /&gt;sumo bien que ama; porque sin él desfallece (Cant., 2, 5),&lt;br /&gt;está herida y enferma y sedienta de aquel vino que&lt;br /&gt;embriaga (Cant., 5, 1) el corazón, causando olvido de&lt;br /&gt;todo lo corruptible, terreno y momentáneo. Y como la&lt;br /&gt;Caridad es la madre y raíz de todas las otras virtudes,&lt;br /&gt;luego se siente su fecundidad en el alma donde&lt;br /&gt;permanece y vive; porque la llena y adorna de los hábitos&lt;br /&gt;de las demás virtudes, que con repetidos actos va&lt;br /&gt;engendrando, como lo significó el Apóstol (1 Cor., 13, 4).&lt;br /&gt;Y no sólo tiene el alma que está en caridad los efectos de&lt;br /&gt;esta virtud con que ama al Señor, pero estando en&lt;br /&gt;caridad es amada del mismo Dios, recibe del amor Divino&lt;br /&gt;aquel recíproco efecto de estar Dios en el que ama y&lt;br /&gt;venir a vivir como en su templo el Padre, el Hijo y el&lt;br /&gt;Espíritu Santo; beneficio tan soberano que con ningún&lt;br /&gt;término ni ejemplo se puede conocer en la vida mortal.&lt;br /&gt;531. El orden de esta virtud es amar primero a Dios que&lt;br /&gt;es sobre la criatura y luego amarse ella a sí misma y tras&lt;br /&gt;de sí amar lo que está cerca de sí, que es su prójimo. A&lt;br /&gt;42&lt;br /&gt;Dios se ha de amar con todo el entendimiento sin engaño,&lt;br /&gt;con toda la voluntad sin dolo ni división, con toda la&lt;br /&gt;mente sin olvido, con todas las fuerzas sin remisión, sin&lt;br /&gt;tibieza, sin negligencia. El motivo que tiene la caridad&lt;br /&gt;para amar a Dios y todo lo demás a que se extiende es el&lt;br /&gt;mismo Dios; porque debe ser amado por sí mismo, que es&lt;br /&gt;sumo bien infinitamente perfecto y santo. Y amando a&lt;br /&gt;Dios con este motivo, es consiguiente que la criatura se&lt;br /&gt;ame a sí misma y al prójimo como a sí misma; porque ella&lt;br /&gt;y su prójimo no son suyos, tanto como son del Señor, de&lt;br /&gt;cuya participación reciben el ser, la vida y movimiento; y&lt;br /&gt;quien de verdad ama a Dios por quien es, ama también a&lt;br /&gt;todo lo que es de Dios y tiene alguna participación de su&lt;br /&gt;bondad. Por esto la Caridad mira al prójimo como obra y&lt;br /&gt;participación de Dios y no hace diferencia entre amigo y&lt;br /&gt;enemigo; porque sólo mira lo que tienen de Dios y que&lt;br /&gt;son cosa suya y no atiende esta virtud a lo que tiene la&lt;br /&gt;criatura de amigo o enemigo, de bienhechor o&lt;br /&gt;malhechor; sólo diferencia entre quien tiene más o&lt;br /&gt;menos participación de la bondad infinita del Altísimo y&lt;br /&gt;con el debido orden los ama a todos en Dios y por Dios.&lt;br /&gt;532. Todo lo demás que aman las criaturas por otros&lt;br /&gt;fines y motivos, y esperando algún interés y comodidad o&lt;br /&gt;retornó, lo aman con amor de concupiscencia&lt;br /&gt;desordenada o con amor humano o natural; y cuando no&lt;br /&gt;sea amor virtuoso y bien ordenado, no pertenece a la&lt;br /&gt;caridad infusa. Y como es ordinario en los hombres&lt;br /&gt;moverse por estos bienes particulares y fines interesables&lt;br /&gt;y terrenos, por eso hay muy pocos que atiendan,&lt;br /&gt;abracen y conozcan la nobleza de esta generosa virtud,&lt;br /&gt;ni la ejerciten con su debida perfección; pues aun al&lt;br /&gt;mismo Dios buscan y llaman por temporales bienes, o por&lt;br /&gt;el beneficio y gusto espiritual. De todo este&lt;br /&gt;desordenado amor quiero, hija mía, que desvíes tu&lt;br /&gt;corazón y que sólo viva en él la caridad bien ordenada, a&lt;br /&gt;quien el Altísimo ha inclinado tus deseos. Y si tantas&lt;br /&gt;43&lt;br /&gt;veces repites que esta virtud es la hermosa y la&lt;br /&gt;agraciada y digna de ser querida y estimada de todas las&lt;br /&gt;criaturas, estudia mucho en conocerla y, habiéndola&lt;br /&gt;conocido, compra tan preciosa margarita, olvidando y&lt;br /&gt;extinguiendo en tu corazón todo amor que no sea de&lt;br /&gt;Caridad perfectísima. A ninguna criatura has de amar&lt;br /&gt;más de por sólo Dios y por lo que en ella conoces que te&lt;br /&gt;le representa y como cosa suya, y al modo que la esposa&lt;br /&gt;ama a todos los siervos y familiares de la casa de su&lt;br /&gt;esposo porque son suyos; y en olvidándote que amas&lt;br /&gt;alguna criatura sin atender a Dios en ella y amándola por&lt;br /&gt;este Señor, entiende que no la amas con Caridad, ni&lt;br /&gt;como de ti lo quiero y el Altísimo te lo ha mandado.&lt;br /&gt;También conocerás si los amas con Caridad en la&lt;br /&gt;diferencia que hicieres de amigo o enemigo, de apacible&lt;br /&gt;o no apacible, de cortés más o menos y de quien tiene o&lt;br /&gt;no tiene gracias naturales. Todas estas diferencias no las&lt;br /&gt;hace la caridad verdadera, sino la inclinación natural o&lt;br /&gt;las pasiones de los apetitos, que tú debes gobernar con&lt;br /&gt;esta virtud, extinguiéndolos y degollándolos.&lt;br /&gt;CAPITULO 9&lt;br /&gt;De la virtud de la Prudencia de la Santísima Reina&lt;br /&gt;del cielo.&lt;br /&gt;533. Como el entendimiento precede en sus&lt;br /&gt;operaciones a la voluntad y la encamina en las suyas, así&lt;br /&gt;las virtudes que tocan al entendimiento son primero que&lt;br /&gt;las de la voluntad. Y aunque el oficio del entendimiento&lt;br /&gt;es conocer la verdad y entenderla, y por esto se pudiera&lt;br /&gt;dudar si sus hábitos son virtudes —cuya naturaleza consiste&lt;br /&gt;en inclinar y obrar lo bueno—, pero es cierto que&lt;br /&gt;también hay virtudes intelectuales, cuyas operaciones&lt;br /&gt;son loables y buenas, regulándose por la razón y la&lt;br /&gt;verdad, que conoce el entendimiento es su propio bien. Y&lt;br /&gt;cuando se le enseña y propone a la voluntad para que&lt;br /&gt;44&lt;br /&gt;ella le apetezca y le da reglas para hacerlo, entonces el&lt;br /&gt;acto del entendimiento es bueno y virtuoso en el orden&lt;br /&gt;del objeto teológico, como la fe, o moral, como la&lt;br /&gt;prudencia, que entendiendo endereza y gobierna las&lt;br /&gt;operaciones de los apetitos. Por esta razón la virtud de la&lt;br /&gt;prudencia es la primera y pertenece al entendimiento; y&lt;br /&gt;ésta es como la raíz de las otras virtudes morales y&lt;br /&gt;cardinales, que con la prudencia son loables sus&lt;br /&gt;operaciones y sin ella son viciosas y vituperables.&lt;br /&gt;534. Tuvo la soberana Reina María esta virtud de la&lt;br /&gt;Prudencia en supremo grado proporcionado al de las&lt;br /&gt;otras virtudes que hasta ahora he dicho y adelante diré&lt;br /&gt;en cada una; y por la superioridad de esta virtud la llama&lt;br /&gt;la Iglesia Virgen Prudentísima. Y como esta primera&lt;br /&gt;virtud es la que gobierna, endereza y manda todas las&lt;br /&gt;obras de las otras virtudes, y en todo el discurso de esta&lt;br /&gt;Historia se trata de las que obraba María Santísima, con&lt;br /&gt;eso estará lleno todo el discurso de lo poco que pudiere&lt;br /&gt;decir y escribir de este piélago de Prudencia, pues en&lt;br /&gt;todas sus obras resplandecerá la luz de esta virtud con&lt;br /&gt;que las gobernaba. Por esto hablaré ahora más en general&lt;br /&gt;de la Prudencia de la soberana Reina, declarándola&lt;br /&gt;por sus partes y condiciones, según la doctrina común de&lt;br /&gt;los Doctores y Santos, para que con esto se pueda&lt;br /&gt;entender mejor.&lt;br /&gt;535. De los tres géneros de Prudencia, que al uno&lt;br /&gt;llaman prudencia política, al otro prudencia purgatoria y&lt;br /&gt;al tercero prudencia del ánimo purgado o purificado y&lt;br /&gt;perfecto, ninguno le faltó a nuestra Reina en supremo&lt;br /&gt;grado; porque si bien sus potencias estaban&lt;br /&gt;purificadísimas o, por decir mejor, no tenían que purificar&lt;br /&gt;de culpa ni de contradicción en la virtud, pero tenían que&lt;br /&gt;purificar en la natural nesciencia y también caminar de lo&lt;br /&gt;bueno y santo a lo más perfecto y santísimo. Y esto se ha&lt;br /&gt;de entender respecto de su mismas obras y&lt;br /&gt;45&lt;br /&gt;comparándolas entre sí mismas y no con las de otras&lt;br /&gt;criaturas; porque en comparación de los demás&lt;br /&gt;Santos, no hubo obra menos perfecta en esta Ciudad de&lt;br /&gt;Dios, cuyos fundamentos estaban sobre los montes&lt;br /&gt;santos (Sal., 86, 1); pero en sí misma, como fue&lt;br /&gt;creciendo desde el instante de la concepción en la&lt;br /&gt;caridad y gracia, unas obras, que fueron en sí&lt;br /&gt;perfectísimas y superiores a todas las de los Santos,&lt;br /&gt;fueron menos perfectas respecto de otras más altas a&lt;br /&gt;que ascendía.&lt;br /&gt;536. La Prudencia política, en general, es la que piensa&lt;br /&gt;y pesa todo lo que se debe hacer y, reduciéndolo a la&lt;br /&gt;razón, nada hace que no sea recto y bueno. La Prudencia&lt;br /&gt;purgatoria o purgativa es la que todo lo visible pospone y&lt;br /&gt;abstrae por enderezar el corazón a la Divina&lt;br /&gt;contemplación y a todo lo que es celestial. La Prudencia&lt;br /&gt;del ánimo purgado es la que mira al sumo bien y&lt;br /&gt;endereza a Él todo el afecto para unirse y descansar allí,&lt;br /&gt;como si ninguna otra cosa hubiera fuera de Él. Todos&lt;br /&gt;estos géneros de Prudencia estaban en el entendimiento&lt;br /&gt;de María Santísima para discernir y conocer sin engaño&lt;br /&gt;y para dirigir y mover sin remisión ni tardanza lo más alto&lt;br /&gt;y perfecto de estas operaciones. Nunca pudo el juicio de&lt;br /&gt;esta soberana Señora dictar ni presumir cosa alguna en&lt;br /&gt;todas las materias, que no fuese lo mejor y más recto.&lt;br /&gt;Nadie alcanzó como ella, ni lo hizo, a posponer y desviar&lt;br /&gt;todo lo mundial y visible, para enderezar el afecto a la&lt;br /&gt;contemplación de las cosas Divinas. Y habiéndolas&lt;br /&gt;conocido como las conoció con tantos géneros de&lt;br /&gt;noticias, de tal suerte estaba unida por amor al sumo&lt;br /&gt;bien increado, que nada la ocupó ni impidió para&lt;br /&gt;descansar en este centro de su amor.&lt;br /&gt;537. Las partes que componen la Prudencia, claro está&lt;br /&gt;que con suma perfección estaban en nuestra Reina. La&lt;br /&gt;primera es la Memoria, para tener presentes las cosas&lt;br /&gt;46&lt;br /&gt;pasadas y experimentadas; de donde se deducen&lt;br /&gt;muchas reglas de proceder y obrar en lo futuro y&lt;br /&gt;presente; porque esta virtud trata de las operaciones en&lt;br /&gt;particular; y como no puede haber una regla general&lt;br /&gt;para todas, es necesario deducir muchas de muchos&lt;br /&gt;ejemplos y experiencias; y para esto se requiere la&lt;br /&gt;memoria. Esta parte tuvo nuestra soberana Reina tan&lt;br /&gt;constante, que jamás padeció el defecto natural del&lt;br /&gt;olvido; porque siempre le quedó inmóvil y presente en la&lt;br /&gt;memoria lo que una vez entendió y aprendió. En este&lt;br /&gt;beneficio transcendió María Purísima todo el orden de la&lt;br /&gt;naturaleza humana y aun la angélica, porque en ella hizo&lt;br /&gt;Dios un epílogo de lo más perfecto de entrambas. Tuvo de&lt;br /&gt;la naturaleza humana lo esencial, y de lo accidental lo&lt;br /&gt;que era más perfecto y lejos de la culpa y necesario para&lt;br /&gt;merecer; y de los dones naturales y sobrenaturales de la&lt;br /&gt;naturaleza angélica tuvo muchos, por especial gracia, en&lt;br /&gt;mayor alteza que los mismos ángeles. Y uno de estos&lt;br /&gt;dones fue la memoria fija y constante, sin poder olvidar lo&lt;br /&gt;que aprendía; y cuanto excedió a los ángeles en la Prudencia,&lt;br /&gt;tanto se aventajó en esta parte de la memoria.&lt;br /&gt;538. En sola una cosa limitó este beneficio&lt;br /&gt;misteriosamente la humilde pureza de María Santísima;&lt;br /&gt;porque habiendo de quedarle fijas en su memoria las&lt;br /&gt;especies de todas las cosas, y entre ellas era inexcusable&lt;br /&gt;haber conocido muchas fealdades y pecados de las&lt;br /&gt;criaturas, pidió al Señor la humildísima y purísima&lt;br /&gt;Princesa que el beneficio de la memoria no se extendiese&lt;br /&gt;a conservar estas especies, más de en lo que fuese&lt;br /&gt;necesario para el ejercicio de la caridad fraternal con los&lt;br /&gt;prójimos y de las demás virtudes. Concedióle el Altísimo&lt;br /&gt;esta petición, más en testimonio de su candidísima humildad&lt;br /&gt;que por el peligro de ella; pues al sol no le ofende lo&lt;br /&gt;inmundo que sus rayos tocan, ni tampoco a los ángeles&lt;br /&gt;los conturban nuestras vilezas, porque para los limpios&lt;br /&gt;todo es limpio (Tit., 1, 15). Pero en este favor quiso&lt;br /&gt;47&lt;br /&gt;privilegiar el Señor de los ángeles a su Madre más que a&lt;br /&gt;ellos y sólo conservar en su memoria las especies de todo&lt;br /&gt;lo santo, honesto, limpio y más amable de su pureza y&lt;br /&gt;más agradable al mismo Señor; con todo lo cual aquella&lt;br /&gt;alma santísima, aun en esta parte, estaba más hermosa y&lt;br /&gt;adornada de especies en su memoria de todo lo más puro&lt;br /&gt;y deseable.&lt;br /&gt;539. Otra parte de la Prudencia se llama inteligencia,&lt;br /&gt;que principalmente mira a lo que de presente se debe&lt;br /&gt;hacer; y consiste en entender profunda y&lt;br /&gt;verdaderamente las razones y principios ciertos de las&lt;br /&gt;obras virtuosas para ejecutarlas, deduciendo su&lt;br /&gt;ejecución de esta inteligencia, así en lo que conoce el&lt;br /&gt;entendimiento de la honestidad de la virtud en general,&lt;br /&gt;como de lo que debe hacer en particular quien ha de&lt;br /&gt;obrar con rectitud y perfección; como cuando tengo&lt;br /&gt;profunda inteligencia de esta verdad: A nadie debes&lt;br /&gt;hacer el daño que tú no quieres recibir de otro; luego a&lt;br /&gt;este tu hermano no debes hacerle agravio particular, que&lt;br /&gt;a ti te pareciera mal, si contigo lo hiciera él mismo o&lt;br /&gt;cualquiera otro. Esta inteligencia tuvo María Santísima en&lt;br /&gt;tanto más alto grado que todas las criaturas, cuanto más&lt;br /&gt;verdades morales conoció y más profundamente penetró&lt;br /&gt;su infalible rectitud y participación de la divina. En&lt;br /&gt;aquel clarísimo entendimiento, ilustrado con los&lt;br /&gt;mayores resplandores de la luz Divina, no había&lt;br /&gt;engaño, ignorancia, ni duda, ni opiniones como en las&lt;br /&gt;demás criaturas; porque todas las verdades, especialmente&lt;br /&gt;en las materias prácticas de las virtudes, las&lt;br /&gt;penetró y entendió en general y en particular, como ellas&lt;br /&gt;son en sí mismas; y en este grado incomparable tuvo esta&lt;br /&gt;parte de Prudencia.&lt;br /&gt;540. La tercera se llama Providencia, y es la principal&lt;br /&gt;entre las partes de la Prudencia, porque lo más&lt;br /&gt;importante en la dirección de las acciones humanas es&lt;br /&gt;48&lt;br /&gt;ordenar lo presente a lo futuro, para que todo se&lt;br /&gt;gobierne con rectitud; y esto hace la Providencia. Tuvo&lt;br /&gt;esta parte de la Prudencia nuestra Reina y Señora en&lt;br /&gt;más excelente grado, si pudiera serlo, que todas las&lt;br /&gt;otras; porque, a más de la memoria de lo pasado y&lt;br /&gt;profunda inteligencia de lo presente, tenía ciencia y&lt;br /&gt;conocimiento infalible de muchas cosas futuras a que se&lt;br /&gt;extendía la buena Providencia. Y con esta noticia y luz&lt;br /&gt;infusa, de tal suerte prevenía las cosas futuras y&lt;br /&gt;disponía los sucesos, que ninguno pudo ser para ella&lt;br /&gt;repentino ni impensado. Todas las cosas tenía previstas,&lt;br /&gt;pensadas y ponderadas en el peso del santuario de su&lt;br /&gt;mente, ilustrada con la luz infusa; y así aguardaba no con&lt;br /&gt;duda ni incertidumbre, como los demás hombres, todos&lt;br /&gt;los sucesos antes que fuesen, pero con certeza clarísima;&lt;br /&gt;de suerte que todo hallase su lugar, tiempo y coyuntura&lt;br /&gt;oportuna, para que todo fuese bien gobernado.&lt;br /&gt;541. Estas tres partes de la Prudencia comprenden las&lt;br /&gt;operaciones que con esta virtud tiene el entendimiento,&lt;br /&gt;distribuyéndolas en orden a las tres partes del tiempo&lt;br /&gt;pretérito, presente y futuro. Pero considerando todas las&lt;br /&gt;operaciones de esta virtud en cuanto conoce los medios&lt;br /&gt;de las otras virtudes y endereza las operaciones de la&lt;br /&gt;voluntad, en esta consideración añaden los doctores y&lt;br /&gt;filósofos otras cinco partes y operaciones a la Prudencia,&lt;br /&gt;que son: docilidad, razón, solercia, circunspección y&lt;br /&gt;cautela. La docilidad es el buen dictamen y disposición&lt;br /&gt;para ser enseñada la criatura de los más sabios, y no&lt;br /&gt;serlo consigo misma, ni estribar en su propio juicio y sabiduría.&lt;br /&gt;La razón, que también se llama raciocinación,&lt;br /&gt;consiste en discurrir con acierto, deduciendo de lo que&lt;br /&gt;se entiende como en general las particulares razones o&lt;br /&gt;consejos para las operaciones virtuosas. La solercia es la&lt;br /&gt;diligente atención y aplicación advertida a todo lo que&lt;br /&gt;sucede, como la docilidad a lo que nos enseñan, para&lt;br /&gt;hacer juicio recto y sacar reglas de bien obrar nuestras&lt;br /&gt;49&lt;br /&gt;acciones. La circunspección es el juicio y consideración&lt;br /&gt;de las circunstancias que ha de tener la obra virtuosa;&lt;br /&gt;porque no basta el buen fin para que sea loable, si le&lt;br /&gt;faltaren los circunstancias y oportunidad que se&lt;br /&gt;requieren en ellas. La cautela dice la discreta atención&lt;br /&gt;con que se deben advertir y evitar los peligros o&lt;br /&gt;impedimentos que pueden ocurrir con color de virtud o&lt;br /&gt;impensadamente, para que no nos hallen incautos o&lt;br /&gt;inadvertidos.&lt;br /&gt;542. Todas estas partes de la Prudencia estuvieron en&lt;br /&gt;la Reina del Cielo sin defecto alguno y con su última&lt;br /&gt;perfección. La docilidad fue en Su Alteza como hija&lt;br /&gt;legítima de su incomparable humildad; pues habiendo&lt;br /&gt;recibido tanta plenitud de ciencia desde el instante de su&lt;br /&gt;Inmaculada Concepción y siendo la Maestra y Madre de&lt;br /&gt;la verdadera sabiduría, siempre se dejó enseñar de los&lt;br /&gt;mayores, de los iguales y menores, juzgándose por menor&lt;br /&gt;que todos y queriendo ser discípula de los que en su&lt;br /&gt;comparación eran ignorantísimos. Esta docilidad mostró&lt;br /&gt;toda la vida como una candidísima paloma, disimulando&lt;br /&gt;su sabiduría con mayor prudencia que de serpiente (Mt.,&lt;br /&gt;10, 16). Dejóse enseñar de sus padres niña y de su&lt;br /&gt;maestra en el templo y de sus compañeras, de su esposo&lt;br /&gt;José, de los Apóstoles y de todas las criaturas quiso&lt;br /&gt;deprender para ser ejemplo portentoso de esta virtud y&lt;br /&gt;de la humildad, como en otro lugar he dicho (Cf. supra n.&lt;br /&gt;405, 472).&lt;br /&gt;543. La razón prudencial o raciocinación de María&lt;br /&gt;Santísima se infiere mucho de las veces que dice de ella&lt;br /&gt;el Evangelista San Lucas (Lc., 2, 19.51) que guardaba en&lt;br /&gt;su corazón y confería lo que iba sucediendo en las obras&lt;br /&gt;y misterios de su Hijo Santísimo. Esta conferencia parece&lt;br /&gt;obra de la razón, con que careaba unas cosas primeras&lt;br /&gt;con otras que iban ocurriendo y sucediendo y las confería&lt;br /&gt;entre sí mismas, para hacer en su corazón prudentísimos&lt;br /&gt;50&lt;br /&gt;consejos y aplicarlos en lo que era conveniente para&lt;br /&gt;obrar con el acierto que lo hacía. Y aunque muchas cosas&lt;br /&gt;conocía sin discurso y con una simplicísima vista o&lt;br /&gt;inteligencia que excedía a todo discurso humano, pero,&lt;br /&gt;en orden a las obras que había de hacer en las virtudes,&lt;br /&gt;podía raciocinar y aplicar con el discurso las razones&lt;br /&gt;generales de las virtudes a sus propias operaciones.&lt;br /&gt;544. En la solercia y diligente advertencia de la&lt;br /&gt;Prudencia también fue la soberana Señora muy&lt;br /&gt;privilegiada; porque no tenía el peso grave de las&lt;br /&gt;pasiones y corrupción, y así no sentía descaecimientos ni&lt;br /&gt;tardanza en las potencias; antes estaba fácil, pronta y&lt;br /&gt;muy expedita para advertir y atender a todo lo que podía&lt;br /&gt;servir para hacer recto juicio y sano consejo en obrar las&lt;br /&gt;virtudes en cualquier caso ocurrente, atendiendo con&lt;br /&gt;presteza y velocidad al medio de la virtud y su operación.&lt;br /&gt;En la circunspección fue María Santísima igualmente&lt;br /&gt;admirable; porque todas sus obras fueron tan&lt;br /&gt;cabales, que a ninguna le faltó circunstancia buena, y&lt;br /&gt;todas tuvieron las mejores, que las pudieran levantar de&lt;br /&gt;punto. Y como eran la mayor parte de sus obras&lt;br /&gt;ordenadas a la caridad de los prójimos, y todas tan&lt;br /&gt;oportunas, por eso en el enseñar, consolar, amonestar,&lt;br /&gt;rogar o corregir, siempre se lograba la eficaz dulzura de&lt;br /&gt;sus razones y agrado de sus obras.&lt;br /&gt;545. La última parte, de la cautela para ocurrir a los&lt;br /&gt;impedimentos que pueden estorbar o destruir la virtud,&lt;br /&gt;era necesario que estuviese en la Reina de los Ángeles&lt;br /&gt;con más perfección que en ellos mismos; porque la&lt;br /&gt;sabiduría tan alta, y el amor que le correspondía, la&lt;br /&gt;hacían tan cauta y advertida que ningún suceso ni&lt;br /&gt;impedimento ocurrente la pudo topar incauta, sin haberle&lt;br /&gt;desviado para obrar con suma perfección en todas las&lt;br /&gt;virtudes. Y como el enemigo, según adelante diré (Cf.&lt;br /&gt;infra p. II n. 353), se desvelaba tanto en ponerle&lt;br /&gt;51&lt;br /&gt;impedimentos exquisitos y extraños para el bien, porque&lt;br /&gt;no los podía mover en sus pasiones, por esto ejercitó la&lt;br /&gt;Prudentísima Virgen esta parte de la cautela muchas&lt;br /&gt;veces con admiración de todos los Ángeles. Y de esta&lt;br /&gt;discreción cautelosa de María Santísima, le cobró el&lt;br /&gt;demonio una temerosa rabia y envidia, deseando conocer&lt;br /&gt;el poder con que le deshacía tantas maquinaciones y&lt;br /&gt;astucias como fraguaba para impedirla o divertirla, y&lt;br /&gt;siempre quedaba frustrado, porque siempre la Señora de&lt;br /&gt;las virtudes obraba lo más perfecto de todas en&lt;br /&gt;cualquiera materia y suceso.&lt;br /&gt;546. Conocidas las partes de que la Prudencia se&lt;br /&gt;integra y compone, se divide en especies según los&lt;br /&gt;objetos y fines para que sirve. Y como el gobierno de la&lt;br /&gt;Prudencia puede ser consigo mismo o con otros, por eso&lt;br /&gt;se divide según que enseña a gobernarse a sí y a otros.&lt;br /&gt;La que sirve a cada uno para el gobierno de sus propias y&lt;br /&gt;especiales acciones, creo se llama enárquica; y de ésta&lt;br /&gt;no hay que decir más de lo que arriba queda declarado&lt;br /&gt;del gobierno que la Reina del Cielo tenía principalmente&lt;br /&gt;consigo misma. La que enseña el gobierno de muchos se&lt;br /&gt;llama poliárquica; y ésta se divide en cuatro especies,&lt;br /&gt;según las diferencias de gobernar diversas partes de&lt;br /&gt;multitud: la primera se llama prudencia regnativa que&lt;br /&gt;enseña a gobernar los reinos con leyes justas y&lt;br /&gt;necesarias, y es propia de los reyes, príncipes y&lt;br /&gt;monarcas y de aquellos donde está la potestad suprema;&lt;br /&gt;la segunda se llama política, determinando este nombre&lt;br /&gt;a la que enseña el gobierno de las ciudades o repúblicas;&lt;br /&gt;la tercera se llama económica, que enseña y dispone lo&lt;br /&gt;que pertenece al gobierno doméstico de las familias y&lt;br /&gt;casas particulares; la cuarta es la prudencia militar, que&lt;br /&gt;enseña a gobernar la guerra y los ejércitos.&lt;br /&gt;547. Ninguno de estos linajes de prudencia faltó a&lt;br /&gt;nuestra gran Reina; porque todos se le dieron en hábito&lt;br /&gt;52&lt;br /&gt;en el instante que fue concebida y santificada&lt;br /&gt;juntamente, para que no le faltase gracia, ni virtud, ni&lt;br /&gt;perfección alguna que la levantase y hermosease sobre&lt;br /&gt;todas las criaturas. Formóla el Altísimo para archivo y&lt;br /&gt;depósito de todos sus dones, para ejemplar de todo el&lt;br /&gt;resto de las criaturas y para desempeño de su mismo&lt;br /&gt;poder y grandeza, y que se conociese enteramente en la&lt;br /&gt;Jerusalén celestial lo que pudo y quiso obrar en una pura&lt;br /&gt;criatura. Y no estuvieron ociosos en María Santísima los&lt;br /&gt;hábitos de estas virtudes, porque todas las ejercitó en el&lt;br /&gt;discurso de su vida en muchas ocasiones que se le&lt;br /&gt;ofrecieron. Y de lo que toca a la prudencia económica,&lt;br /&gt;sabida cosa es cuán incomparable la tuvo en el gobierno&lt;br /&gt;de su casa con su esposo José y con su Hijo Santísimo, en&lt;br /&gt;cuya educación y servicio procedió con tal prudencia,&lt;br /&gt;cual pedía el más alto y oculto sacramento que Dios ha&lt;br /&gt;fiado de las criaturas; de que diré lo que entendiere y&lt;br /&gt;pudiere en su lugar (Cf. infla p.ii n. 653-663, 702-711).&lt;br /&gt;548. El ejercicio de la Prudencia regnativa o monárquica&lt;br /&gt;tuvo como Emperatriz única en la Iglesia, enseñando,&lt;br /&gt;amonestando y gobernando a los Sagrados Apóstoles en&lt;br /&gt;la primitiva Iglesia, para fundarla y establecer en ella las&lt;br /&gt;leyes, ritos y ceremonias más necesarios y convenientes&lt;br /&gt;para su propagación y firmeza. Y aunque les obedecía en&lt;br /&gt;las cosas particulares y preguntaba especialmente a San&lt;br /&gt;Pedro como Vicario de Cristo y cabeza, y a San Juan&lt;br /&gt;como a su capellán, pero juntamente la consultaban y&lt;br /&gt;obedecían ellos y los demás en las cosas generales y en&lt;br /&gt;otras del gobierno de la Iglesia. Enseñó también a los&lt;br /&gt;reyes y príncipes cristianos que la pidieron consejo;&lt;br /&gt;porque muchos la buscaron para conocerla después de la&lt;br /&gt;subida de su Hijo Santísimo a los Cielos (Cf. infra p. II n.&lt;br /&gt;567 y p. III n. 587-588); especialmente la consultaron los&lt;br /&gt;tres Reyes Magos, cuando adoraron al Niño, y ella les&lt;br /&gt;respondió y enseñó todo lo que debían hacer, en su&lt;br /&gt;gobierno y de sus estados, con tanta luz y acierto que fue&lt;br /&gt;53&lt;br /&gt;su estrella y guía para enseñarles el camino de la&lt;br /&gt;eternidad; y volvieron a sus patrias ilustrados, consolados&lt;br /&gt;y admirados de la sabiduría, prudencia y dulcísima&lt;br /&gt;eficacia de las palabras que habían oído a una tierna&lt;br /&gt;doncella. Y para testimonio de todo lo que en esto se&lt;br /&gt;puede encarecer, basta oír a la misma Reina que dice&lt;br /&gt;(Prov., 8, 15-16): Por mí reinan los Reyes, mandan los&lt;br /&gt;Príncipes y los autores de las leyes determinan lo que es&lt;br /&gt;justo.&lt;br /&gt;549. Tampoco le faltó el uso de la prudencia política,&lt;br /&gt;enseñando a las repúblicas y pueblos, y a los de los&lt;br /&gt;primitivos fieles en particular, cómo habían de proceder&lt;br /&gt;en sus acciones públicas y gobierno y cómo debían&lt;br /&gt;obedecer a los reyes y príncipes temporales, y en&lt;br /&gt;particular al Vicario de Cristo y Cabeza de la Iglesia, y a&lt;br /&gt;sus Prelados y Obispos, y cómo se debían disponer los&lt;br /&gt;Concilios, definiciones y decretos que en ellos se hacían.&lt;br /&gt;La prudencia militar tuvo también su lugar en la soberana&lt;br /&gt;Reina; porque fue consultada también sobre esto de&lt;br /&gt;algunos fieles, a quienes aconsejó y enseñó lo que debían&lt;br /&gt;hacer en las guerras justas con sus enemigos, para&lt;br /&gt;obrarlas con mayor justicia y beneplácito del Señor. Y&lt;br /&gt;aquí pudiera entrar el valeroso ánimo y Prudencia con&lt;br /&gt;que venció esta poderosa Señora al príncipe de las&lt;br /&gt;tinieblas y enseñó a pelear con él con suprema sabiduría&lt;br /&gt;y Prudencia, mejor que David con el gigante y Judit con&lt;br /&gt;Holofernes ni Ester con Amán. Y cuando para todas estas&lt;br /&gt;acciones referidas no sirvieran estas especies y hábitos&lt;br /&gt;de Prudencia en la Madre de la sabiduría, convenía que&lt;br /&gt;los tuviese todos, a más del adorno de su alma santísima,&lt;br /&gt;para ser medianera y abogada única del mundo; porque&lt;br /&gt;habiendo de pedir todos los beneficios que Dios había de&lt;br /&gt;conceder a los mortales, sin venir alguno que no fuese&lt;br /&gt;por su mano e intercesión, convenía que tuviese noticia y&lt;br /&gt;perfecto conocimiento de las virtudes que pedía para los&lt;br /&gt;mortales y que se derivasen de esta Señora como de&lt;br /&gt;54&lt;br /&gt;Original y manantial después del mismo Dios y Señor,&lt;br /&gt;donde están como en principio increado.&lt;br /&gt;550. Otros adminículos se le atribuyen a la Prudencia,&lt;br /&gt;que son como instrumentos suyos, y les llaman partes&lt;br /&gt;potenciales con que obra. Estos son, la fuerza o virtud en&lt;br /&gt;hacer sano juicio y se llama synesis, y la que endereza y&lt;br /&gt;forma el buen consejo y se llama ebulia, y la que en&lt;br /&gt;algunos casos particulares enseña a salir de las reglas&lt;br /&gt;comunes y se llama gnome, y ésta es necesaria para la&lt;br /&gt;epiqueya o epiquía, que juzga algunos casos por reglas&lt;br /&gt;superiores a las leyes ordinarias. Con todas estas&lt;br /&gt;perfecciones y fuerza estuvo la Prudencia en María&lt;br /&gt;Santísima; porque nadie como ella supo formar el sano&lt;br /&gt;consejo para todos en los casos contingentes, ni tampoco&lt;br /&gt;pudo nadie, aunque fuese el supremo ángel, hacer tan&lt;br /&gt;recto juicio en todas las materias. Y sobre todo alcanzó&lt;br /&gt;nuestra Prudentísima Reina las razones superiores y&lt;br /&gt;reglas de obrar con todo acierto en las casos que no&lt;br /&gt;podían venir las reglas ordinarias y comunes, de que&lt;br /&gt;sería muy largo discurso quererlos referir aquí; muchos se&lt;br /&gt;entenderán en el progreso de su vida santísima. Y para&lt;br /&gt;concluir todo este discurso de su Prudencia, sea la regla&lt;br /&gt;por donde se ha de medir, la Prudencia del alma&lt;br /&gt;santísima de Cristo Señor nuestro, con quien se ajustó y&lt;br /&gt;asimiló en todo respectivamente, como formada para&lt;br /&gt;coadjutora, semejante a Él mismo en las obras de la&lt;br /&gt;mayor Prudencia y sabiduría que obró el Señor de todo lo&lt;br /&gt;criado y Redentor del mundo.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;551. Hija mía, todo lo que en este capítulo has escrito y&lt;br /&gt;lo que has entendido, quiero que sea doctrina y&lt;br /&gt;advertencia que te doy para el gobierno de todas tus&lt;br /&gt;acciones. Escribe en tu mente y conserva la memoria fija&lt;br /&gt;del conocimiento que te han dado de mi Prudencia en&lt;br /&gt;55&lt;br /&gt;todo lo que pensaba, quería y ejecutaba; y esta luz te&lt;br /&gt;encaminará en medio de las tinieblas de la humana&lt;br /&gt;ignorancia, para que no te confunda y turbe la&lt;br /&gt;fascinación de las pasiones y mucho más, la que con&lt;br /&gt;suma malicia y desvelo trabajan tus enemigos por&lt;br /&gt;introducir en tu entendimiento. El no alcanzar todas&lt;br /&gt;las reglas de la Prudencia, no es culpable en la criatura;&lt;br /&gt;pero el ser negligente en adquirirlas, para estar&lt;br /&gt;advertida en todo como debe, ésta es grave culpa y&lt;br /&gt;causa de muchos engaños y errores en sus obras. Y de&lt;br /&gt;esta negligencia nace que se desmanden las pasiones,&lt;br /&gt;que destruyen e impiden la Prudencia; particularmente la&lt;br /&gt;desordenada tristeza y deleite, que pervierten el juicio&lt;br /&gt;recto de la Prudente consideración del bien y del mal. Y&lt;br /&gt;de aquí nacen dos peligrosos vicios, que son la&lt;br /&gt;precipitación en obrar sin acuerdo de los medios convenientes,&lt;br /&gt;o la inconstancia en los buenos propósitos y&lt;br /&gt;obras comenzadas. La destemplada ira o el indiscreto&lt;br /&gt;fervor, entrambos precipitan y arrebatan en muchas&lt;br /&gt;acciones exteriores que se hacen sin medida y sin&lt;br /&gt;consejo. La facilidad en el juicio y el no tener firmeza en&lt;br /&gt;el bien son causa de que el alma imprudentemente se&lt;br /&gt;mueva de lo comenzado; porque admite lo que en&lt;br /&gt;contrario le ocurre y se agrada livianamente ahora del&lt;br /&gt;verdadero bien y luego del aparente y engañoso que las&lt;br /&gt;pasiones piden y el demonio representa.&lt;br /&gt;552. Contra todos estos peligros te quiero advertida y&lt;br /&gt;prudente, y seráslo si atiendes al ejemplar de mis obras y&lt;br /&gt;conservas los documentos y consejos de la obediencia de&lt;br /&gt;tus padres espirituales, sin la cual nada debes hacer&lt;br /&gt;para proceder con consejo y docilidad. Y advierte que&lt;br /&gt;por ella te comunicará el Altísimo copiosa sabiduría,&lt;br /&gt;porque le obliga sobremanera el corazón blando,&lt;br /&gt;rendido y dócil. Acuérdate siempre de la desdicha de&lt;br /&gt;aquellas vírgenes imprudentes y fatuas (Mt., 25, 1-13) que&lt;br /&gt;por su inadvertida negligencia despreciaron el cuidado y&lt;br /&gt;56&lt;br /&gt;sano consejo, cuando debían tenerle; y después cuando&lt;br /&gt;le buscaban hallaron cerrada la puerta del remedio.&lt;br /&gt;Procura, hija mía, con la sinceridad de paloma juntar la&lt;br /&gt;prudencia de serpiente (Mt., 10, 16), y serán tus obras&lt;br /&gt;perfectas.&lt;br /&gt;CAPITULO 10&lt;br /&gt;De la virtud de la justicia que tuvo María Santísima.&lt;br /&gt;553. La gran virtud de la Justicia es la que más sirve a la&lt;br /&gt;caridad de Dios y del prójimo, y así es la más necesaria&lt;br /&gt;para la conservación y comunicación humana; porque es&lt;br /&gt;un hábito que inclina a la voluntad a dar a cada uno lo&lt;br /&gt;que le toca; y tiene por materia y objeto la igualdad,&lt;br /&gt;ajustamiento o derecho que se debe guardar con los prójimos&lt;br /&gt;y con el mismo Dios. Y como son tantas las cosas en&lt;br /&gt;que puede el hombre guardar esta igualdad o violarla&lt;br /&gt;con los prójimos, y esto por tan diversos modos, por lo&lt;br /&gt;cual la materia de la Justicia es muy dilatada y difusa y&lt;br /&gt;muchas las especies o géneros de esta virtud de Justicia;&lt;br /&gt;en cuanto se ordena al bien público y común, se llama&lt;br /&gt;Justicia legal; y porque a todas las otras virtudes puede&lt;br /&gt;encaminar a este fin, se llama virtud general; aunque no&lt;br /&gt;participe de la naturaleza de las demás; pero cuando la&lt;br /&gt;materia de la Justicia es cosa determinada, y que sólo&lt;br /&gt;toca a personas particulares entre quienes se le guarda a&lt;br /&gt;cada una su derecho, entonces se llama Justicia particular&lt;br /&gt;y especial.&lt;br /&gt;544. Toda esta virtud, con sus partes y géneros o&lt;br /&gt;especies que contiene, guardó la Emperatriz del mundo&lt;br /&gt;con todas las criaturas sin comparación de otra ninguna;&lt;br /&gt;porque sola ella conoció con mayor alteza y comprendió&lt;br /&gt;perfectamente lo que a cada uno se le debía. Y aunque&lt;br /&gt;esta virtud de la Justicia no mira inmediatamente a las&lt;br /&gt;pasiones naturales, como lo hacen la fortaleza y&lt;br /&gt;57&lt;br /&gt;templanza, según adelante diré, pero muchas veces y de&lt;br /&gt;ordinario sucede que, por no estar moderadas y&lt;br /&gt;corregidas las mismas pasiones, se pierde la Justicia con&lt;br /&gt;los prójimos, como lo vemos en los que por desordenada&lt;br /&gt;codicia o deleite sensual usurpan lo ajeno. Pues como en&lt;br /&gt;María Santísima ni había pasiones desordenadas ni&lt;br /&gt;ignorancia para no conocer el medio de las cosas en que&lt;br /&gt;consiste la Justicia, por eso la cumplía con todos obrando&lt;br /&gt;lo justísimo con cada uno, enseñando a que todos lo&lt;br /&gt;hiciesen cuando merecían oír sus palabras y doctrina de&lt;br /&gt;vida. Y en cuanto a la Justicia legal, no sólo la guardó&lt;br /&gt;cumpliendo las leyes comunes, como lo hizo en la&lt;br /&gt;purificación y en otros mandatos de la ley, aunque estaba&lt;br /&gt;exenta como Reina y sin culpa, pero nadie, fuera de su&lt;br /&gt;Hijo Santísimo, atendió como esta Madre de Misericordia&lt;br /&gt;al bien público y común de los mortales, enderezando a&lt;br /&gt;este fin todas las virtudes y operaciones, con que pudo&lt;br /&gt;merecerles la Divina Misericordia y aprovechar a los&lt;br /&gt;prójimos con otros modos de beneficios.&lt;br /&gt;555. Las dos especies de justicia, que son distributiva y&lt;br /&gt;conmutativa, estuvieron también en María Purísima en&lt;br /&gt;grado heroico. La justicia distributiva gobierna las&lt;br /&gt;operaciones con que se distribuyen las cosas comunes a&lt;br /&gt;las personas particulares; y esta equidad guardó Su&lt;br /&gt;Alteza en muchas cosas que por su voluntad y disposición&lt;br /&gt;se hicieron entre los fieles de la primitiva Iglesia; como&lt;br /&gt;en distribuir los bienes comunes para el sustento y otras&lt;br /&gt;necesidades de las personas particulares; y aunque&lt;br /&gt;nunca distribuyó por su mano el dinero, porque jamás lo&lt;br /&gt;trataba, pero repartíase por su orden y otras veces por&lt;br /&gt;sus consejos; pero en estas cosas y otras semejantes&lt;br /&gt;siempre guardó suma Equidad y Justicia, según la&lt;br /&gt;necesidad y condición de cada uno. Lo mismo hacía en la&lt;br /&gt;distribución de los oficios y dignidades o ministerios&lt;br /&gt;que se repartían entre los discípulos y primeros hijos&lt;br /&gt;del Evangelio en las congregaciones y juntas que&lt;br /&gt;58&lt;br /&gt;para esto se hacían. Todo lo ordenaba y disponía esta&lt;br /&gt;sapientísima Maestra con perfecta equidad, porque todo&lt;br /&gt;lo hacía con especial oración e ilustración Divina, a más&lt;br /&gt;de la ciencia y conocimiento ordinario que de todos los&lt;br /&gt;sujetos tenía. Y por esto acudían a ella los Apóstoles para&lt;br /&gt;estas acciones, y otras personas que gobernaban le&lt;br /&gt;pedían consejo; con lo cual todo cuanto por ella era&lt;br /&gt;gobernado se hacía y disponía con entera Justicia y sin&lt;br /&gt;acepción de personas.&lt;br /&gt;556. La Justicia conmutativa enseña a guardar igualdad&lt;br /&gt;recíprocamente en lo que se da y recibe entre las&lt;br /&gt;particulares personas; como dar dos por dos, etc., o el&lt;br /&gt;valor de una cosa guardando igualdad en ello. De esta&lt;br /&gt;especie de Justicia tuvo la Reina del Cielo menos&lt;br /&gt;ejercicio que de las otras virtudes, porque ni compraba ni&lt;br /&gt;vendía cosa alguna por sí misma, y si alguna era&lt;br /&gt;necesario comprar o conmutar, esto lo hacía el Santo&lt;br /&gt;Patriarca José, cuando era vivo, y después lo hacían San&lt;br /&gt;Juan Evangelista o algún otro de los Apóstoles. Pero el&lt;br /&gt;Maestro de la santidad que venía a destruir y arrancar la&lt;br /&gt;avaricia, raíz de todos los males (1 Tim., 6, 10), quiso&lt;br /&gt;alejar de sí mismo y de su Madre Santísima las acciones&lt;br /&gt;y operaciones en que se suele encender y conservar este&lt;br /&gt;fuego de la codicia humana. Y por esto su Providencia&lt;br /&gt;Divina ordenó que ni por su mano ni por la de su Madre&lt;br /&gt;Purísima se ejerciesen las acciones del comercio humano&lt;br /&gt;de comprar y vender, aunque fuesen cosas necesarias&lt;br /&gt;para conservar la vida natural. Más no por eso dejaba&lt;br /&gt;de enseñar la gran Reina todo lo que pertenecía a esta&lt;br /&gt;virtud de Justicia conmutativa, para que la obrasen con&lt;br /&gt;perfección los que en el apostolado y en la Iglesia&lt;br /&gt;primitiva era necesario que usasen de ella.&lt;br /&gt;557. Tiene otras acciones esta virtud que se ejercitan&lt;br /&gt;entre los prójimos, cuales son juzgar unos a otros con&lt;br /&gt;juicio público y civil o con juicio particular; de cuyo&lt;br /&gt;59&lt;br /&gt;contrario vicio habló el Señor por San Mateo cuando dijo&lt;br /&gt;(Mt., 7, 1): No queráis juzgar y no seréis juzgados. En&lt;br /&gt;estas acciones de juicio se le da a cada uno lo que se le&lt;br /&gt;debe, según la estimación del que juzga; y por esto son&lt;br /&gt;acciones justas si se conforman con la razón y si desdicen&lt;br /&gt;de ella son injusticia. Nuestra soberana Reina no ejerció&lt;br /&gt;el juicio público y civil, aunque tenía potestad para ser&lt;br /&gt;juez de todo el universo; pero con sus rectísimos consejos&lt;br /&gt;en el tiempo de su vida, y después con su intercesión y&lt;br /&gt;méritos, cumplió lo que está de ella escrito en los&lt;br /&gt;Proverbios (Prov., 8, 20.16): Yo ando en los caminos de la&lt;br /&gt;justicia y por mí determinan los poderosos lo que es justo.&lt;br /&gt;558. En los juicios particulares nunca pudo haber&lt;br /&gt;injusticia en el corazón purísimo de María Santísima;&lt;br /&gt;porque jamás pudo ser liviana en las sospechas, ni&lt;br /&gt;temeraria en los juicios, ni tuvo dudas; ni cuando las&lt;br /&gt;tuviera las interpretara con impiedad en la peor parte.&lt;br /&gt;Estos vicios injustísimos son propios y como naturales&lt;br /&gt;entre los hijos de Adán, en quienes dominan las pasiones&lt;br /&gt;desordenadas de odio, envidia y emulación en la&lt;br /&gt;malicia, y otros vicios que como esclavos viles los&lt;br /&gt;supeditan. De estas raíces tan infectas nacen las&lt;br /&gt;injusticias, de las sospechas del mal con leves indicios&lt;br /&gt;y de los juicios temerarios y de atribuir lo dudoso a la&lt;br /&gt;peor parte; porque cada uno presume fácilmente de su&lt;br /&gt;hermano la misma falta que en sí mismo admite. Y si con&lt;br /&gt;odio o envidia le pesa del bien de su prójimo y se alegra&lt;br /&gt;de su mal, ligeramente le da el crédito que no debía,&lt;br /&gt;porque se lo desea, y el juicio sigue al afecto. De todos&lt;br /&gt;estos achaques del pecado estuvo libre nuestra Reina,&lt;br /&gt;como quien no tenía parte en él; toda era caridad,&lt;br /&gt;pureza, santidad y amor perfecto lo que en su corazón&lt;br /&gt;entraba y salía; en ella estaba la gracia de toda la&lt;br /&gt;verdad (Eclo., 24, 25) y camino de la vida. Y con la&lt;br /&gt;plenitud de la ciencia y santidad nada dudaba ni&lt;br /&gt;sospechaba; porque todos los interiores conocía y&lt;br /&gt;60&lt;br /&gt;miraba con verdadera luz y misericordia, sin sospechar&lt;br /&gt;mal de nadie, sin atribuir culpa a quien estaba sin ella;&lt;br /&gt;antes remediando a muchos las que tenían y dando a&lt;br /&gt;todos y a cada uno con equidad y justicia lo que le&lt;br /&gt;tocaba y estando siempre dispuesta con benigno corazón&lt;br /&gt;para llenar a todos los hombres de gracias y dulzura de&lt;br /&gt;la virtud.&lt;br /&gt;559. En los dos géneros de justicia, conmutativa y&lt;br /&gt;distributiva, se encierran muchas especies y diferencias&lt;br /&gt;de virtudes, que no me detengo a referirlas; pues todas&lt;br /&gt;las que convenían a María Santísima las tuvo en hábito y&lt;br /&gt;en actos supremos y excelentísimos. Pero hay otras&lt;br /&gt;virtudes que se reducen a la justicia, porque se ejercitan&lt;br /&gt;con otros y participan en algo las condiciones de justicia,&lt;br /&gt;aunque no en todo; porque no alcanzamos a pagar&lt;br /&gt;adecuadamente todo lo que debemos, o porque, si&lt;br /&gt;podemos pagarlo, no es la deuda y obligación tan&lt;br /&gt;estrecha como la induce el rigor de la perfecta justicia&lt;br /&gt;conmutativa o distributiva. De estas virtudes, porque son&lt;br /&gt;muchas y varias, no diré todo lo que contienen; pero por&lt;br /&gt;no dejarlo todo, diré algo en compendio brevísimo para&lt;br /&gt;que se entienda cómo las tuvo nuestra soberana y muy&lt;br /&gt;excelsa Princesa.&lt;br /&gt;560. Deuda justa es dar culto y reverencia a los que son&lt;br /&gt;superiores a nosotros; y según la grandeza de su&lt;br /&gt;excelencia y dignidad, y los bienes que de ellos&lt;br /&gt;recibimos, será mayor o menor nuestra obligación y el&lt;br /&gt;culto que les debemos, aunque ningún retorno sea igual&lt;br /&gt;con el recibo o con la dignidad. Para esto sirven tres&lt;br /&gt;virtudes, según tres grados de superioridad que&lt;br /&gt;reconocemos en los que debemos reverencia. La primera&lt;br /&gt;es la virtud de la religión, con la que damos a Dios el&lt;br /&gt;culto y reverencia que le debemos, aunque su grandeza&lt;br /&gt;excede en infinito y sus dones no pueden tener igual&lt;br /&gt;retorno de agradecimiento ni alabanza. Esta virtud entre&lt;br /&gt;61&lt;br /&gt;las mortales es nobilísima por su objeto, que es el culto&lt;br /&gt;de Dios, y su materia tan dilatada cuantos son los modos&lt;br /&gt;y materias en que Dios puede inmediatamente ser&lt;br /&gt;alabado y reverenciado. Compréndense en esta virtud de&lt;br /&gt;religión las obras interiores de la oración, contemplación&lt;br /&gt;y devoción, con todas sus partes y condiciones, causas,&lt;br /&gt;efectos, objetos y fin. De las obras exteriores se&lt;br /&gt;comprende aquí la adoración latría, que es la suprema y&lt;br /&gt;debida a sólo Dios con sus especies o partes que la&lt;br /&gt;siguen, como son el sacrificio, oblaciones, décimas, votos&lt;br /&gt;y juramentos y alabanzas externas y vocales; porque con&lt;br /&gt;todos estos actos, si debidamente se hacen, es Dios&lt;br /&gt;honrado y reverenciado de las criaturas y por el&lt;br /&gt;contrario con los vicios opuestos es muy ofendido.&lt;br /&gt;561. En segundo lugar está la piedad, que es una virtud&lt;br /&gt;con que reverenciamos a los padres, a quienes después&lt;br /&gt;de Dios debemos el ser y educación, y también a los que&lt;br /&gt;participan esta causa, como son los deudos y la patria,&lt;br /&gt;que nos conserva y gobierna. Esta virtud de la piedad es&lt;br /&gt;tan grande, que se debe anteponer, cuando ella obliga, a&lt;br /&gt;los actos de supererogación de la virtud de la religión,&lt;br /&gt;como lo enseñó Cristo Señor nuestro por san Mateo&lt;br /&gt;(Mt., 15, 3ss), cuando reprendió a los fariseos que con&lt;br /&gt;pretexto del culto de Dios enseñaban a negar la piedad&lt;br /&gt;con los padres naturales. El tercero lugar toca a la observancia,&lt;br /&gt;que es una virtud con que damos honor y&lt;br /&gt;reverencia a los que tienen alguna excelencia o dignidad&lt;br /&gt;superior de diferente condición que la de los padres o&lt;br /&gt;natural patria. En esta virtud ponen los doctores la dulía y&lt;br /&gt;la obediencia como especies suyas. Dulía es la que&lt;br /&gt;reverencia a los que tienen alguna participación de la&lt;br /&gt;excelencia y dominio del supremo Señor, que es Dios, a&lt;br /&gt;quien toca el culto de la adoración latría. Por esto&lt;br /&gt;honramos a los Santos con adoración o reverencia&lt;br /&gt;dulía, y también a las superiores dignidades, cuyos&lt;br /&gt;siervos nos manifestamos. La obediencia es con la que&lt;br /&gt;62&lt;br /&gt;rendimos nuestra voluntad a la de los superiores,&lt;br /&gt;queriendo cumplir la suya y no la nuestra. Y porque la&lt;br /&gt;libertad propia es tan estimable, por eso esta virtud es&lt;br /&gt;tan admirable y excelente entre todas las virtudes&lt;br /&gt;morales, porque deja más la criatura en ella por Dios que&lt;br /&gt;en otra ninguna.&lt;br /&gt;562. Estuvieron estas virtudes de religión, piedad y&lt;br /&gt;observancia en María Santísima con tanta plenitud y&lt;br /&gt;perfección que nada les faltó de lo posible a pura&lt;br /&gt;criatura. ¿Qué entendimiento podrá alcanzar la honra,&lt;br /&gt;veneración y culto con que esta Señora servía a su Hijo&lt;br /&gt;dilectísimo, conociéndole, adorándole por verdadero Dios&lt;br /&gt;y Hombre, Criador, Reparador, Glorificador y Sumo,&lt;br /&gt;Infinito, Inmenso en ser, bondad y todos sus atributos?&lt;br /&gt;Ella fue quien de todo conoció más entre las puras&lt;br /&gt;criaturas y más que todas ellas, y a este paso daba a&lt;br /&gt;Dios la debida reverencia y la enseñó a los mismos&lt;br /&gt;Serafines. En esta virtud fue maestra de tal suerte que&lt;br /&gt;sólo verla despertaba, movía y provocaba con oculta&lt;br /&gt;fuerza a que todos reverenciasen al supremo Señor y&lt;br /&gt;Autor del cielo y tierra y sin otra diligencia excitaba a&lt;br /&gt;muchos para que alabasen a Dios. Su oración,&lt;br /&gt;contemplación y devoción, y la eficacia que tuvo, y la que&lt;br /&gt;siempre tienen sus peticiones, todos los Ángeles y&lt;br /&gt;Bienaventurados la conocen con admiración eterna y&lt;br /&gt;todos no la podrán explicar. Débenle todas las criaturas&lt;br /&gt;intelectuales el haber suplido y recompensado, no sólo lo&lt;br /&gt;que ellos han ofendido, pero lo que no han podido&lt;br /&gt;alcanzar, ni obrar, ni merecer. Esta Señora adelantó el&lt;br /&gt;remedio del mundo y, si ella no estuviera en él, no saliera&lt;br /&gt;el Verbo del seno de su Eterno Padre. Ella transcendió a&lt;br /&gt;los Serafines desde el primer instante en contemplar,&lt;br /&gt;orar, pedir y estar devotamente pronta en el obsequio&lt;br /&gt;Divino. Ofreció sacrificios cual convenía, oblaciones,&lt;br /&gt;décimas, y todo tan acepto a Dios que por parte del&lt;br /&gt;oferente nadie fue más acepta después de su Hijo&lt;br /&gt;63&lt;br /&gt;Santísimo. En las eternas alabanzas, himnos, cánticos y&lt;br /&gt;oraciones vocales que hizo, fue sobre todos los Patriarcas&lt;br /&gt;y Profetas y, si los tuviera la Iglesia militante, como se&lt;br /&gt;conocerán en la triunfante, fuera nueva admiración del&lt;br /&gt;mundo.&lt;br /&gt;563. Las virtudes de piedad y observancia tuvo Su&lt;br /&gt;Majestad como quien más conocía la deuda a sus padres&lt;br /&gt;y más sabía de su heroica santidad. Lo mismo hizo con&lt;br /&gt;sus consanguíneos, llenándolos de especiales gracias,&lt;br /&gt;como al Bautista y a su madre Santa Isabel, y a los demás&lt;br /&gt;del apostolado. A su patria, si no lo hubiera desmerecido&lt;br /&gt;la ingratitud y dureza de los judíos, la hubiera hecho&lt;br /&gt;felicísima, pero, en cuanto la Divina equidad permitió, la&lt;br /&gt;hizo muy grandes beneficios y favores espirituales y&lt;br /&gt;visibles. En la reverencia de los Sacerdotes fue&lt;br /&gt;admirable, como quien sola pudo y supo dar el valor a la&lt;br /&gt;dignidad de los cristos del Señor. Esto enseñó a todos; y&lt;br /&gt;después a reverenciar los Patriarcas, Profetas y Santos, y&lt;br /&gt;luego a los señores temporales y supremos en la&lt;br /&gt;potestad. Y ningún acto de estas virtudes omitió que en&lt;br /&gt;diferentes tiempos y ocasiones no los ejercitase y&lt;br /&gt;enseñase a otros, especialmente a los primeros fieles en&lt;br /&gt;el origen y principio de la Iglesia Evangélica, donde&lt;br /&gt;obedeciendo, no ya a su Hijo Santísimo ni a su Esposo&lt;br /&gt;presencialmente pero a los Ministros de ella, fue ejemplo&lt;br /&gt;de nueva obediencia al mundo; pues entonces con&lt;br /&gt;especiales razones se la debían todas las criaturas a la&lt;br /&gt;que en él quedaba por Señora y Reina que los&lt;br /&gt;gobernase.&lt;br /&gt;564. Restan otras virtudes que también se reducen a la&lt;br /&gt;Justicia, porque con ellas damos lo que debemos a otros&lt;br /&gt;con alguna deuda moral, que es un honesto y decente&lt;br /&gt;título. Estas son: la gratitud, que se llama gracia, la&lt;br /&gt;verdad o veracidad, la vindicación, la liberalidad, la&lt;br /&gt;amistad o afabilidad. Con la gratitud hacemos alguna&lt;br /&gt;64&lt;br /&gt;igualdad con aquellos de quienes recibimos el beneficio,&lt;br /&gt;dándoles gracias por él, según la condición del beneficio,&lt;br /&gt;y también según el estado y condición del bienhechor;&lt;br /&gt;que a todo esto se debe proporcionar el agradecimiento&lt;br /&gt;y se puede hacer con diversas acciones. La veracidad&lt;br /&gt;inclina a tratar verdad con todos, como es justo que se&lt;br /&gt;trate en la vida humana y conversación necesaria de los&lt;br /&gt;hombres, excluyendo toda mentira —que en ningún&lt;br /&gt;suceso es lícita— toda engañosa simulación,&lt;br /&gt;hipocresía, jactancia e ironía. Todos estos vicios se&lt;br /&gt;oponen a la verdad; y si bien es posible y aun&lt;br /&gt;conveniente declinar en lo menos cuando hablamos de&lt;br /&gt;nuestra propia excelencia o virtud, para no ser molestos&lt;br /&gt;con exceso de jactancia, pero no es justo fingir menos&lt;br /&gt;con mentira, imputándose lo que no tiene de vicio. La&lt;br /&gt;vindicación es virtud que enseña a recompensar y&lt;br /&gt;deshacer con alguna pena el daño propio o el del prójimo&lt;br /&gt;que recibió de otro. Esta virtud es dificultosa entre los&lt;br /&gt;mortales, que de ordinario se mueven con inmoderada ira&lt;br /&gt;y odio fraternal, con que se falta a la caridad y justicia;&lt;br /&gt;pero cuando no se pretende el daño ajeno sino el bien&lt;br /&gt;particular o público, no es ésta pequeña virtud, pues usó&lt;br /&gt;de ella Cristo nuestro Señor cuando expelió del templo a&lt;br /&gt;los que le violaban con irreverencia (Jn., 2, 15); y Elias y&lt;br /&gt;Eliseo pidieron fuego del cielo (4 Re., 1) para castigar&lt;br /&gt;algunos pecados; y en los Proverbios se dice (Prov., 13,&lt;br /&gt;24): Quien perdona la vara del castigo, aborrece a su&lt;br /&gt;hijo. La liberalidad sirve para distribuir conforme a razón&lt;br /&gt;el dinero o semejantes cosas, sin declinar a los vicios de&lt;br /&gt;avaricia y prodigalidad. La amicicia o afabilidad consiste&lt;br /&gt;en el decente y conveniente modo de conversar y tratar&lt;br /&gt;con todos, sin litigios ni adulación, que son los vicios&lt;br /&gt;contrarios de esta virtud.&lt;br /&gt;565. Ninguna de todas éstas —y si hay otra alguna que&lt;br /&gt;se atribuya a la justicia— faltó a la Reina del Cielo;&lt;br /&gt;todas las tuvo en hábito y las ejercitó con actos&lt;br /&gt;65&lt;br /&gt;perfectísimos, según ocurrían las ocasiones, y a muchas&lt;br /&gt;almas enseñó y dio luz con que las obrasen y ejerciesen&lt;br /&gt;con perfección, como Maestra y Señora de toda santidad.&lt;br /&gt;La virtud de la gratitud con Dios ejercitó con los actos de&lt;br /&gt;religión y culto que dijimos, porque éste es el más&lt;br /&gt;excelente modo de agradecer; y como la dignidad de&lt;br /&gt;María Purísima y su proporcionada santidad se levantó&lt;br /&gt;sobre todo entendimiento criado, así dio el retorno esta&lt;br /&gt;eminente Señora, proporcionándose al beneficio,&lt;br /&gt;cuanto a pura criatura era posible; y lo mismo hizo en&lt;br /&gt;la piedad con sus padres y patria, como queda dicho. A&lt;br /&gt;los demás agradecía la humildísima Emperatriz&lt;br /&gt;cualquier beneficio, como si nada se le debiera, y,&lt;br /&gt;debiéndosele todo de justicia, lo agradecía con suma&lt;br /&gt;gracia y favor; pero sola ella supo dignamente y alcanzó&lt;br /&gt;a dar gracias por los agravios y ofensas, como por&lt;br /&gt;grandes beneficios, porque su incomparable humildad&lt;br /&gt;nunca reconocía injurias y de todas se daba por&lt;br /&gt;obligada; y como no olvidaba los beneficios, no cesaba&lt;br /&gt;en el agradecimiento.&lt;br /&gt;566. En la verdad que trataba María Señora nuestra,&lt;br /&gt;todo cuanto se puede decir será poco; pues quien&lt;br /&gt;estuvo tan superior al demonio, padre de la mentira y&lt;br /&gt;engaño, no pudo conocer en sí tan despreciable vicio. La&lt;br /&gt;regla por donde se ha de medir en nuestra Reina esta&lt;br /&gt;virtud de la verdad es su caridad y sencillez columbina,&lt;br /&gt;que excluyen toda duplicidad y falacia en el trato de las&lt;br /&gt;criaturas. Y ¿cómo pudiera hallarse culpa ni dolo en la&lt;br /&gt;boca de aquella Señora que con una palabra de&lt;br /&gt;verdadera humildad trajo a su vientre al mismo que es&lt;br /&gt;verdad y santidad por esencia? En la virtud que se llama&lt;br /&gt;vindicación tampoco le faltaron a María Santísima&lt;br /&gt;muchos actos perfectísimos, no sólo enseñándola como&lt;br /&gt;maestra en las ocasiones que fue necesario en los&lt;br /&gt;principios de la Iglesia evangélica, pero por sí misma&lt;br /&gt;celando la honra del Altísimo y procurando reducir a&lt;br /&gt;66&lt;br /&gt;muchos pecadores por medio de la corrección, como lo&lt;br /&gt;hizo con Judas muchas veces, o mandando a las criaturas&lt;br /&gt;—que todas le estaban obedientes— castigasen algunos&lt;br /&gt;pecados para el bien de los que con ellos merecían&lt;br /&gt;eterno castigo. Y aunque en estas obras era dulcísima y&lt;br /&gt;suavísima, más no por eso perdonaba al castigo cuando y&lt;br /&gt;con quien era medio eficaz de purificar el pecado; pero&lt;br /&gt;con quien más ejercitó la venganza, fue contra el&lt;br /&gt;demonio, para librar de su servidumbre al linaje humano.&lt;br /&gt;567. De las virtudes de liberalidad y afabilidad tuvo&lt;br /&gt;asimismo la soberana Reina actos excelentísimos; porque&lt;br /&gt;su largueza en dar y distribuir era como de suprema&lt;br /&gt;Emperatriz de todo lo criado y de quien sabía dar la&lt;br /&gt;estimación a todo lo visible e invisible dignamente.&lt;br /&gt;Nunca tuvo esta Señora cosa alguna, de las que puede&lt;br /&gt;distribuir la liberalidad, que juzgase por más propia que&lt;br /&gt;de sus prójimos; ni jamás a nadie las negó, ni aguardó&lt;br /&gt;que les costase el pedirlas, cuando esta Señora pudo&lt;br /&gt;adelantarse a darlas. Las necesidades y miserias que&lt;br /&gt;remedió en los pobres, los beneficios que les hizo, las&lt;br /&gt;misericordias que derramó, aun en cosas temporales, no&lt;br /&gt;se pueden contar en inmenso volumen. Su afabilidad&lt;br /&gt;amigable con todas las criaturas fue tan singular y&lt;br /&gt;admirable que, si no la dispusiera con rara prudencia, se&lt;br /&gt;fuera todo el mundo tras ella, aficionado de su trato&lt;br /&gt;dulcísimo; porque la mansedumbre y suavidad, templada&lt;br /&gt;con su divina severidad y sabiduría, descubrían en ella en&lt;br /&gt;tratándola, unos asomos de más que humana criatura. El&lt;br /&gt;Altísimo dispuso esta gracia en su Esposa con tal&lt;br /&gt;Providencia que, dando algunas veces indicios a los que&lt;br /&gt;la trataban del sacramento del Rey que en ella se&lt;br /&gt;encerraba, luego corría el velo y lo ocultaba, para que&lt;br /&gt;hubiese lugar a los trabajos, impidiendo el aplauso de los&lt;br /&gt;hombres; y porque todo era menos de lo que se le debía,&lt;br /&gt;y esto ni lo alcanzaban los mortales, ni atinaran a&lt;br /&gt;reverenciar como a criatura a la que era Madre del&lt;br /&gt;67&lt;br /&gt;Criador, sin exceder o faltar, mientras nollegaba el&lt;br /&gt;tiempo de ser ilustrados los hijos de la Iglesia con la fe&lt;br /&gt;cristiana y católica.&lt;br /&gt;568. Para el uso más perfecto y adecuado de esta virtud&lt;br /&gt;grande de la Justicia le señalan los doctores otra parte o&lt;br /&gt;instrumento, que llaman epiqueya, con la cual se&lt;br /&gt;gobiernan algunas obras que salen de las reglas y leyes&lt;br /&gt;comunes; porque éstas no pueden prevenir todos los&lt;br /&gt;casos ni sus circunstancias ocurrentes, y así es necesario&lt;br /&gt;obrar en algunas ocasiones con razón superior y&lt;br /&gt;extraordinaria. De esta virtud tuvo necesidad y usó la&lt;br /&gt;Reina soberana en muchos sucesos de su vida&lt;br /&gt;santísima, antes y después de la ascensión de su Hijo&lt;br /&gt;unigénito a los cielos, y especialmente después, para&lt;br /&gt;establecer las cosas de la primitiva Iglesia, como en su&lt;br /&gt;lugar diré (Cf. p. III), si fuere servido el Altísimo.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;569. Hija mía, en esta dilatada virtud de la Justicia,&lt;br /&gt;aunque has conocido mucho del aprecio que merece,&lt;br /&gt;ignoras lo más por el estado de la carne mortal, y por eso&lt;br /&gt;mismo no alcanzarán tampoco las palabras a la&lt;br /&gt;inteligencia; pero en ella tendrás un copioso arancel del&lt;br /&gt;trato que debes a las criaturas y también al culto del&lt;br /&gt;Altísimo. Y en esta correspondencia te advierto, carísima,&lt;br /&gt;que la majestad suprema del Todopoderoso recibe con&lt;br /&gt;justa indignación la ofensa que le hacen los mortales,&lt;br /&gt;olvidándose de la veneración, adoración y reverencia que&lt;br /&gt;le deben; y cuando alguna le dan, es tan grosera,&lt;br /&gt;inadvertida y descortés, que no merecen premio sino&lt;br /&gt;castigo. A los príncipes y magnates del mundo&lt;br /&gt;reverencian profundamente y los adoran, pídenles&lt;br /&gt;mercedes y las solicitan por medios y diligencias&lt;br /&gt;exquisitas, y danles muchas gracias cuando reciben lo&lt;br /&gt;que desean y se ofrecen a ser agradecidos toda la vida;&lt;br /&gt;68&lt;br /&gt;pero al supremo Señor que les da el ser, vida y&lt;br /&gt;movimiento, que los conserva y sustenta, que los redimió&lt;br /&gt;y levantó a la dignidad de hijos y les quiere dar su misma&lt;br /&gt;gloria y es infinito y sumo bien, a esta Majestad, porque&lt;br /&gt;no le ven con los ojos corporales, la olvidan y, como si de&lt;br /&gt;su mano no les vinieran todos los bienes, se contentan&lt;br /&gt;cuando mucho con hacer un tibio recuerdo y apresurado&lt;br /&gt;agradecimiento; y no digo ahora lo que ofendan al&lt;br /&gt;justísimo Gobernador del universo los que inicuamente&lt;br /&gt;rompen y atropellan con todo el orden de justicia con sus&lt;br /&gt;prójimos, como quien pervierte toda la razón natural,&lt;br /&gt;queriendo para sus hermanos lo que no quieren para sí&lt;br /&gt;mismos.&lt;br /&gt;570. Aborrece, hija mía, tan execrables vicios y cuanto&lt;br /&gt;pueden tus fuerzas recompensa con tus obras lo que deja&lt;br /&gt;de ser servido el Altísimo con esta mala correspondencia;&lt;br /&gt;y pues por tu profesión estás dedicada al Divino culto,&lt;br /&gt;sea ésta tu principal ocupación y afecto, asimilándote a&lt;br /&gt;los espíritus angélicos, incesantes en el temor y culto&lt;br /&gt;suyo. Ten reverencia a las cosas Divinas y Sagradas,&lt;br /&gt;hasta los Ornamentos y Vasos que sirven a este&lt;br /&gt;Ministerio. En el Oficio Divino, oración y sacrificio,&lt;br /&gt;procura estar siempre arrodillada; pide con fe y recibe&lt;br /&gt;con humilde agradecimiento; y éste le has de tener con&lt;br /&gt;todas las criaturas, aun cuando te ofendieren. Con todos&lt;br /&gt;te muestra piadosa, afable, blanda, sencilla y verdadera,&lt;br /&gt;sin ficción ni doblez, sin detracción ni murmuración, sin&lt;br /&gt;juzgar livianamente a tus prójimos. Y para que cumplas&lt;br /&gt;con esta obligación de Justicia, lleva siempre en tu&lt;br /&gt;memoria y deseo hacer con tus prójimos lo que tú quieres&lt;br /&gt;que se haga contigo misma; y mucho más te acuerda de&lt;br /&gt;lo que hizo mi Hijo Santísimo, y yo a su imitación, por&lt;br /&gt;todos los hombres.&lt;br /&gt;CAPITULO 11&lt;br /&gt;69&lt;br /&gt;De la virtud de la fortaleza que tuvo María Santísima.&lt;br /&gt;571. La virtud de la fortaleza, que se pone en el tercer&lt;br /&gt;lugar de las cuatro cardinales, sirve para moderar las&lt;br /&gt;operaciones que cada uno ejercita principalmente&lt;br /&gt;consigo mismo con la pasión de la irascible. Y si bien es&lt;br /&gt;verdad que la concupiscible —a quien pertenece la&lt;br /&gt;templanza— es primero que la irascible, porque del&lt;br /&gt;apetecer la concupiscible nace el repeler la irascible a&lt;br /&gt;quien impide lo apetecido, pero con todo eso se trata&lt;br /&gt;primero de la irascible y de su virtud, que es la fortaleza,&lt;br /&gt;porque en la ejecución de ordinario se alcanza lo&lt;br /&gt;apetecido interviniendo la irascible, que vence a quien lo&lt;br /&gt;impide; y por esto la fortaleza es virtud más noble y&lt;br /&gt;excelente que la templanza, de quien diré en el capítulo&lt;br /&gt;siguiente.&lt;br /&gt;572. El gobierno de la pasión de la irascible por la virtud&lt;br /&gt;de la fortaleza se reduce a dos partes o especies de&lt;br /&gt;operaciones, que son: usar de la ira conforme a razón y&lt;br /&gt;con debidas circunstancias que la hagan loable y&lt;br /&gt;honesta, y dejar de airarse reprimiendo la pasión cuando&lt;br /&gt;es más conveniente detenerla que ejecutarla; pues lo uno&lt;br /&gt;y lo otro puede ser loable y vituperable según el fin y las&lt;br /&gt;demás circunstancias con que se hace. La primera de&lt;br /&gt;estas operaciones o especies se quedó con el nombre de&lt;br /&gt;fortaleza, y algunos doctores la llaman belicosidad. La&lt;br /&gt;segunda se llama paciencia, que es la más noble y&lt;br /&gt;superior fortaleza y la que principalmente tuvieron y&lt;br /&gt;tienen los Santos, aunque los mundanos, trocando el&lt;br /&gt;juicio y los nombres, suelen a la paciencia llamarla&lt;br /&gt;pusilanimidad y a la presunción impaciente y temeraria&lt;br /&gt;llaman fortaleza; porque aún no alcanzan los actos&lt;br /&gt;verdaderos de esta virtud.&lt;br /&gt;573. No tuvo María Santísima movimientos desordenados&lt;br /&gt;que reprimir en la irascible con la virtud de la fortaleza;&lt;br /&gt;70&lt;br /&gt;porque en la inocentísima Reina todas las pasiones&lt;br /&gt;estaban ordenadas y subordinadas a la razón y ésta a&lt;br /&gt;Dios, que la gobernaba en todas las acciones y&lt;br /&gt;movimientos; pero tuvo necesidad de esta virtud para&lt;br /&gt;oponerse a los impedimentos que el demonio por&lt;br /&gt;diversos modos le ponía, para que no consiguiese todo lo&lt;br /&gt;que prudentísima, y ordenadamente apetecía para sí y&lt;br /&gt;para su Hijo Santísimo. Y en esta valerosa resistencia y&lt;br /&gt;conflicto nadie fue más fuerte entre todas las criaturas;&lt;br /&gt;porque todas juntas no pudieron llegar a la fortaleza de&lt;br /&gt;María nuestra Reina, pues no tuvieron tantas peleas y&lt;br /&gt;contradicciones del común enemigo. Pero cuando era&lt;br /&gt;necesario usar de esta fortaleza o belicosidad con las&lt;br /&gt;criaturas humanas, era tan suave como fuerte o, por&lt;br /&gt;mejor decir, era tan fuerte cuanto era suavísima en obrar;&lt;br /&gt;porque sola esta divina Señora entre las criaturas pudo&lt;br /&gt;copiar en sus obras aquel atributo del Altísimo que en las&lt;br /&gt;suyas junta la suavidad con la fortaleza (Sab.,8, 1). Este&lt;br /&gt;modo de obrar tuvo nuestra Reina con la fortaleza, sin&lt;br /&gt;reconocer su generoso corazón desordenado temor,&lt;br /&gt;porque era superior a todo lo criado; ni tampoco fue&lt;br /&gt;impávida y audaz sin moderación; ni podía declinar a&lt;br /&gt;estos extremos viciosos, porque con suma sabiduría&lt;br /&gt;conocía los temores que se debían vencer y la audacia&lt;br /&gt;que se debía excusar, y así estaba vestida como única&lt;br /&gt;mujer fuerte de fortaleza y hermosura (Prov., 31, 25).&lt;br /&gt;574. En la parte de la fortaleza que toca a la paciencia&lt;br /&gt;fue María Santísima más admirable, participando sola&lt;br /&gt;ella de la excelencia de la paciencia de Cristo su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo, que fue padecer y sufrir sin culpa y padecer&lt;br /&gt;más que todos los que las cometieron. Toda la vida de&lt;br /&gt;esta soberana Reina fue una continuada tolerancia de&lt;br /&gt;trabajos, especialmente en la vida y muerte de nuestro&lt;br /&gt;Redentor Jesucristo, donde la paciencia excedió a todo&lt;br /&gt;pensamiento de criaturas y solo el mismo Señor que se la&lt;br /&gt;dio puede dignamente darla a conocer. Jamás esta&lt;br /&gt;71&lt;br /&gt;candidísima paloma se indignó contra la paciencia con&lt;br /&gt;criatura alguna, ni le pareció grande algún trabajo&lt;br /&gt;y molestia de las inmensas que padeció, ni se contristó&lt;br /&gt;por él, ni dejó de recibirlos todos con alegría y&lt;br /&gt;hacimiento de gracias. Y si la paciencia —según el orden&lt;br /&gt;del Apóstol— se pone el primer parto de la caridad (1&lt;br /&gt;Cor., 13, 4) y su primogénito, si nuestra Reina fue Madre&lt;br /&gt;del amor (Eclo.,24, 24), también lo fue de la paciencia; y&lt;br /&gt;se debe medir con él, porque cuanto amamos y&lt;br /&gt;apreciamos el bien eterno sobre todo lo visible tanto nos&lt;br /&gt;determinamos a padecer, por conseguirle y no&lt;br /&gt;perderle, todo lo penoso que sufre la paciencia; por eso&lt;br /&gt;fue María Santísima pacientísima sobre todas las&lt;br /&gt;criaturas y madre de esta virtud para nosotros, que,&lt;br /&gt;acudiendo a ella, hallaremos esta torre de David con mil&lt;br /&gt;escudos (Cant., 4, 4) pendientes de paciencia, con que se&lt;br /&gt;arman los fuertes de la Iglesia y de la milicia de Cristo&lt;br /&gt;nuestro Señor.&lt;br /&gt;575. No tuvo jamás nuestra pacientísima Reina&lt;br /&gt;ademanes afeminados de flaqueza, ni tampoco de ira&lt;br /&gt;exterior, porque todo lo tenía prevenido con la Divina luz&lt;br /&gt;y sabiduría; aunque ésta no excusaba dolor, antes le&lt;br /&gt;añadía, porque nadie pudo conocer el peso de las culpas&lt;br /&gt;y ofensas infinitas contra Dios, como las conoció esta&lt;br /&gt;Señora. Mas no por eso se pudo alterar su invencible&lt;br /&gt;corazón; ni por las maldades de Judas, ni por las&lt;br /&gt;contumelias y desacatos de los fariseos, jamás mudó el&lt;br /&gt;semblante y menos el interior. Y aunque en la muerte de&lt;br /&gt;su Hijo Santísimo todas las criaturas y elementos insensibles&lt;br /&gt;parece que quisieron perder la paciencia contra&lt;br /&gt;los mortales, no pudiendo sufrir la injuria y ofensa de su&lt;br /&gt;Criador, sola María estuvo inmóvil y aparejada para&lt;br /&gt;recibir a Judas y a los fariseos y sacerdotes, si después&lt;br /&gt;de haber crucificado a Cristo nuestro Señor se volvieran a&lt;br /&gt;la Madre de Piedad y Misericordia.&lt;br /&gt;72&lt;br /&gt;576. Bien pudiera la mansísima Emperatriz del Cielo&lt;br /&gt;indignarse y airarse con los que a su Hijo Santísimo&lt;br /&gt;dieron tan afrentosa muerte y no pasar en esta ira los&lt;br /&gt;límites de la razón y virtud, pues el mismo Señor ha&lt;br /&gt;castigado justamente este pecado. Estando yo en este&lt;br /&gt;pensamiento me fue respondido que el Altísimo dispuso&lt;br /&gt;cómo esta gran Señora no tuviese estos movimientos y&lt;br /&gt;operaciones, aunque pudiera debidamente, porque no&lt;br /&gt;quería que ella fuese instrumento y como acusadora de&lt;br /&gt;los pecadores, porque la eligió por Medianera y&lt;br /&gt;Abogada suya y Madre de Misericordia, para que por&lt;br /&gt;ella viniesen a los hombres todas las que el Señor quería&lt;br /&gt;mostrar con los hijos de Adán, y hubiese quien&lt;br /&gt;dignamente moderase la ira del justo Juez, intercediendo&lt;br /&gt;por los culpados. Sólo con el demonio ejecutó la ira esta&lt;br /&gt;Señora, y en lo que fue necesario para la paciencia y&lt;br /&gt;tolerancia, y para vencer los impedimentos que le pudo&lt;br /&gt;oponer este enemigo y antigua serpiente para el bien&lt;br /&gt;obrar.&lt;br /&gt;577. A la virtud de la fortaleza se reducen también la&lt;br /&gt;magnanimidad y la magnificencia; porque participan de&lt;br /&gt;estas condiciones en alguna cosa, dando firmeza a la&lt;br /&gt;voluntad en la materia que las toca. La magnanimidad&lt;br /&gt;consiste en obrar cosas grandes a quienes sigue la honra&lt;br /&gt;grande de la virtud; y por eso se dice que tiene por materia&lt;br /&gt;propia los honores grandes, y de que le nacen a esta&lt;br /&gt;virtud muchas propiedades que tienen los magnánimos,&lt;br /&gt;como aborrecer las lisonjas y simuladas hipocresías —&lt;br /&gt;que amarlas es de ánimos apocados y viles— no ser&lt;br /&gt;codiciosos, ni interesados, ni amigos de lo más útil, sino&lt;br /&gt;de lo más honesto y grande; no hablar de sí mismo con&lt;br /&gt;jactancia; ser detenidos en obrar cosas pequeñas,&lt;br /&gt;reservándose para las mayores; ser más inclinados a dar&lt;br /&gt;que recibir; porque todas estas cosas son dignas de&lt;br /&gt;mayor honra. Mas no por esto es contra la humildad esta&lt;br /&gt;virtud, que una no puede ser contraria de otra; porque la&lt;br /&gt;73&lt;br /&gt;magnanimidad hace que con los dones y virtudes se haga&lt;br /&gt;el hombre benemérito de grandes honras, sin apetecerlas&lt;br /&gt;ambiciosa y desordenadamente; y la humildad enseña a&lt;br /&gt;que las refiera a Dios y se desestime a sí mismo por sus&lt;br /&gt;defectos y por su propia naturaleza. Y por la dificultad&lt;br /&gt;que tienen las obras grandes y honrosas de la virtud,&lt;br /&gt;piden especial fortaleza, que se llama magnanimidad,&lt;br /&gt;cuyo medio consiste en proporcionar las fuerzas con las&lt;br /&gt;acciones grandes, para que ni las dejemos por&lt;br /&gt;pusilánimes, ni las intentemos con presunción ni&lt;br /&gt;desordenada ambición ni con apetito de gloria vana;&lt;br /&gt;porque todos estos vicios desprecia el magnánimo.&lt;br /&gt;578. La magnificencia también significa obrar grandes&lt;br /&gt;cosas, y en esta significación tan extendida puede ser&lt;br /&gt;común virtud, que en todas las materias virtuosas obra&lt;br /&gt;cosas grandes. Pero como hay especial razón o dificultad&lt;br /&gt;en obrar y hacer grandes gastos, aunque sea conforme&lt;br /&gt;a razón, por esto se llama magnificencia especial la&lt;br /&gt;virtud que determinadamente inclina a grandes sumptos,&lt;br /&gt;regulándolos por la prudencia, para que ni el ánimo sea&lt;br /&gt;escaso cuando la razón pide mucho, ni tampoco sea&lt;br /&gt;profuso cuando no conviene, consumiendo y talando lo&lt;br /&gt;que no debía. Y aunque esta virtud parece la misma con&lt;br /&gt;la liberalidad, pero los filósofos las distinguen; porque el&lt;br /&gt;magnífico mira a cosas grandes sin atender más y el&lt;br /&gt;liberal mira al amor y uso templado del dinero; y alguno&lt;br /&gt;podrá ser liberal sin llegar a ser magnífico, si se detiene&lt;br /&gt;en distribuir lo que tiene más grandeza y cantidad.&lt;br /&gt;579. Estas dos virtudes de magnanimidad y magnificencia&lt;br /&gt;estuvieron en la Reina del cielo con algunas condiciones&lt;br /&gt;que no pudieron alcanzar los demás que las tuvieron.&lt;br /&gt;Sólo María purísima no halló dificultad ni resistencia en&lt;br /&gt;obrar todas las cosas grandes; y sola ella las hizo&lt;br /&gt;todas grandes, aun en las materias pequeñas, y sola ella&lt;br /&gt;entendió perfectamente la naturaleza y condición de&lt;br /&gt;74&lt;br /&gt;estas virtudes como de todas las demás; y así pudo&lt;br /&gt;darles la suprema perfección, sin tasarla por las&lt;br /&gt;contrarias inclinaciones, ni por ignorar el modo, ni por&lt;br /&gt;acudir a otras virtudes, como suele suceder a los más&lt;br /&gt;Santos y prudentes que, cuando no lo pueden todo, eligen&lt;br /&gt;y obran lo que les parece mejor. En todas las obras&lt;br /&gt;virtuosas fue esta Señora tan magnánima, que siempre&lt;br /&gt;hizo lo más grande y digno de honor y gloria; y&lt;br /&gt;mereciéndola de todas las criaturas fue más magnánima&lt;br /&gt;en despreciarla y posponerla refiriéndola sólo a Dios,&lt;br /&gt;y obrando en la misma humildad lo más grande y&lt;br /&gt;magnánimo de esta virtud; y estando las obras de la&lt;br /&gt;humildad heroica como en una divina emulación y&lt;br /&gt;competencia con lo magnánimo de todas las demás&lt;br /&gt;virtudes, vivían todas juntas como ricas joyas que a porfía&lt;br /&gt;con su hermosa variedad adornaban a la hija del Rey,&lt;br /&gt;cuya gloria toda se quedaba en lo interior, como lo dijo&lt;br /&gt;David su padre (Sal., 44, 14).&lt;br /&gt;580. En la magnificencia también fue grande nuestra&lt;br /&gt;Reina; porque si bien era pobre, y más en el espíritu sin&lt;br /&gt;amor alguno a cosa terrena, con todo eso de lo que&lt;br /&gt;el Señor le dio dispensó magníficamente, como sucedió&lt;br /&gt;cuando los Reyes Magos le ofrecieron preciosos dones al&lt;br /&gt;Niño Jesús, y después en el discurso que vivió en la&lt;br /&gt;Iglesia, subido el Señor al cielo. Y la mayor magnificencia&lt;br /&gt;fue que, siendo Señora de todo lo criado, lo destinase&lt;br /&gt;todo para que magníficamente, cuanto era de su afecto,&lt;br /&gt;se gastase en el beneficio de los necesitados y en el&lt;br /&gt;honor y culto de Dios. Y esta doctrina y virtud enseñó a&lt;br /&gt;muchos, para ser maestra de toda perfección en obras&lt;br /&gt;que, tan a pesar de las viles costumbres e inclinaciones,&lt;br /&gt;hacen los mortales, sin llegar a darles el punto de&lt;br /&gt;prudencia que deben. Comunmente desean los mortales&lt;br /&gt;(según su inclinación), la honra y gloria de la virtud y ser&lt;br /&gt;tenidos por singulares y grandes; y como esta inclinación&lt;br /&gt;y afecto van desordenados, y tampoco enderezan esta&lt;br /&gt;75&lt;br /&gt;gloria de la virtud al Señor de todo, desatinan con los&lt;br /&gt;medios y, si llega la ocasión de hacer alguna obra de&lt;br /&gt;magnanimidad o magnificencia, desfallecen y no la&lt;br /&gt;hacen, porque son de ánimos abatidos y viles. Y como por&lt;br /&gt;otra parte quieren juntamente parecer grandes,&lt;br /&gt;excelentes y dignos de veneración, toman para esto otros&lt;br /&gt;medios engañosamente proporcionados y&lt;br /&gt;verdaderamente viciosos, como hacerse iracundos,&lt;br /&gt;hinchados, impacientes, ceñudos, altivos y jactanciosos; y&lt;br /&gt;como todos estos vicios no son magnanimidad, antes&lt;br /&gt;dicen poquedad y bajeza de corazón, por eso no&lt;br /&gt;alcanzan gloria ni honra entre los sabios, sino vituperio y&lt;br /&gt;desprecio; porque la honra más se halla huyendo de ella&lt;br /&gt;que solicitándola, y con obras, más que con deseos.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;581. Hija mía, si con atención procuras, como yo te lo&lt;br /&gt;mando, entender la condición y necesidad de esta virtud&lt;br /&gt;de la fortaleza, con ella tendrás a la mano la rienda de la&lt;br /&gt;irascible, que es una de las pasiones que más presto se&lt;br /&gt;mueven y conturban la razón. Y también tendrás un&lt;br /&gt;instrumento con que obrar lo más grande y perfecto de&lt;br /&gt;las virtudes como tú lo deseas, y con que resistir y vencer&lt;br /&gt;los impedimentos de tus enemigos que se te oponen para&lt;br /&gt;acobardarte en lo más difícil de la perfección. Pero&lt;br /&gt;advierte, carísima, que como la potencia irascible sirva a&lt;br /&gt;la concupiscible para resistir a quien la impide en lo que&lt;br /&gt;su concupiscencia apetece, de aquí procede que, si la&lt;br /&gt;concupiscible se desordena y ama lo que es vicioso y sólo&lt;br /&gt;bien aparente, luego la irascible se desordena tras ella y&lt;br /&gt;en lugar de la fortaleza virtuosa incurre en muchos vicios&lt;br /&gt;execrables y feos. Y de aquí entenderás cómo del apetito&lt;br /&gt;desordenado de la propia excelencia y gloria vana, que&lt;br /&gt;causan la soberbia y vanidad, nacen tantos vicios en la&lt;br /&gt;irascible, cuales son las discordias, las contenciones,&lt;br /&gt;las riñas, la jactancia, los clamores, impaciencia, per76&lt;br /&gt;tinacia, y otros vicios de la misma concupiscible, como&lt;br /&gt;son la hipocresía, mentira, deseo de vanidades,&lt;br /&gt;curiosidad y parecer en todo más de lo que son las&lt;br /&gt;criaturas y no lo que verdaderamente les toca por sus&lt;br /&gt;pecados y bajeza.&lt;br /&gt;582. De todos estos vicios tan feos estarás libre, si con&lt;br /&gt;fuerza mortificas y detienes los movimientos inordenados&lt;br /&gt;de la concupiscible con la templanza, de que dirás luego.&lt;br /&gt;Pero cuando apeteces y amas lo justo y conveniente,&lt;br /&gt;aunque te debes ayudar para conseguirlo de la fortaleza&lt;br /&gt;y de la irascible bien ordenada, sea de manera que no&lt;br /&gt;excedas; porque siempre tiene peligro de airarse con&lt;br /&gt;celo de la virtud quien está sujeto a su propio y&lt;br /&gt;desordenado amor; y tal vez se disimula y solapa este&lt;br /&gt;vicio con capa de buen celo, y se deja engañar la&lt;br /&gt;criatura airándose por lo que ella apetece para sí, y queriendo&lt;br /&gt;que se entienda es celo de Dios y del bien de sus&lt;br /&gt;prójimos. Por esto es tan necesaria y gloriosa la&lt;br /&gt;paciencia que nace de la caridad y se acompaña con la&lt;br /&gt;dilatación y magnanimidad, pues el que ama de veras al&lt;br /&gt;sumo y verdadero bien fácilmente sufre la pérdida de la&lt;br /&gt;honra y gloria aparente, y con magnanimidad la&lt;br /&gt;desprecia como vil y contentible; y aunque se la den las&lt;br /&gt;criaturas, no la estima, y en los demás trabajos se&lt;br /&gt;muestra invencible y constante; con que granjea cuanto&lt;br /&gt;puede el bien de la perseverancia y tolerancia.&lt;br /&gt;CAPITULO 12&lt;br /&gt;De la virtud de la templanza que María Santísima tuvo.&lt;br /&gt;583. De los dos movimientos que tiene la criatura en&lt;br /&gt;apetecer el bien sensible y retirarse del mal, este último&lt;br /&gt;se modera con la fortaleza, que —como he dicho— sirve&lt;br /&gt;para que por la irascible no deje vencerse la voluntad,&lt;br /&gt;antes ella venza con audacia, padeciendo cualquier mal&lt;br /&gt;77&lt;br /&gt;sensible por conseguir el bien honesto. Para gobernar los&lt;br /&gt;otros movimientos de la concupiscible sirve la templanza,&lt;br /&gt;que es la última virtud de las cardinales y la menor;&lt;br /&gt;porque el bien que consigue no es tan general como el&lt;br /&gt;que miran las otras virtudes, antes la templanza&lt;br /&gt;inmediatamente mira al bien particular del que la tiene.&lt;br /&gt;Consideran los doctores y maestros a la templanza en&lt;br /&gt;cuanto dice una general moderación de todos los&lt;br /&gt;apetitos naturales, y en este sentido es virtud general y&lt;br /&gt;común, que comprende a todas las virtudes que mueven&lt;br /&gt;el apetito conforme a razón. No hablamos ahora de la&lt;br /&gt;templanza en esta generalidad, sino en cuanto sirve para&lt;br /&gt;gobernar la concupiscible en la materia del tacto, donde&lt;br /&gt;el deleite mueve con mayor fuerza, y&lt;br /&gt;consiguientemente en otras materias deleitables que&lt;br /&gt;imitan a la delectación del tacto, aunque no con tanta&lt;br /&gt;fuerza.&lt;br /&gt;584. En esta consideración tiene la templanza el último&lt;br /&gt;lugar de las virtudes, porque su objeto no es tan noble&lt;br /&gt;como en las otras; pero con todo eso se le atribuyen&lt;br /&gt;algunas excelencias mayores, en cuanto desvía de&lt;br /&gt;objetos y vicios más feos y aborrecibles, cuales son la&lt;br /&gt;destemplanza en los deleites sensitivos comunes a los&lt;br /&gt;hombres y a los brutos irracionales. Y por esto dijo David&lt;br /&gt;(Sal., 48, 13.21) que fue hecho el hombre semejante al&lt;br /&gt;jumento, cuando se dejó llevar de la pasión del deleite. Y&lt;br /&gt;por la misma razón el vicio de la destemplanza se llama&lt;br /&gt;pueril; porque un niño no se mueve por la razón sino por&lt;br /&gt;el antojo del apetito, ni se modera si no es con castigo;&lt;br /&gt;como también le pide la concupiscible para refrenarse en&lt;br /&gt;estos deleites. De este deshonor y fealdad redime al&lt;br /&gt;hombre la virtud de la templanza, enseñándole a&lt;br /&gt;gobernarse no por el deleite mas por la razón; y por esto&lt;br /&gt;mereció esta virtud que se le atribuyese a ella cierta&lt;br /&gt;honestidad y decoro o hermosura, que nace en el hombre&lt;br /&gt;de conservarse en el estado de la razón contra una&lt;br /&gt;78&lt;br /&gt;pasión tan indómita, que pocas veces la escucha ni&lt;br /&gt;obedece; y por el contrario, al sujetarse el hombre al&lt;br /&gt;deleite animal, se le sigue gran deshonor por la similitud&lt;br /&gt;bestial y pueril.&lt;br /&gt;585. Contiene la templanza en sí a las virtudes de&lt;br /&gt;abstinencia y sobriedad, contra los vicios de la gula en la&lt;br /&gt;comida y de la embriaguez en la bebida, y en la&lt;br /&gt;abstinencia se contiene el ayuno; y son las primeras,&lt;br /&gt;porque al apetito lo primero se le ofrece la comida,&lt;br /&gt;objeto del gusto, para conservación de la naturaleza.&lt;br /&gt;Tras de estas virtudes se siguen las que moderan el uso&lt;br /&gt;de la propagación natural, que son castidad y pudicicia,&lt;br /&gt;con sus partes virginidad y continencia, contra los vicios&lt;br /&gt;de lujuria e incontinencia y sus especies. A estas virtudes,&lt;br /&gt;que son las principales en la templanza, se siguen otras&lt;br /&gt;que moderan el apetito en otros deleites menores; y las&lt;br /&gt;que moderan el sentido del olfato, oído y vista reducen a&lt;br /&gt;las del tacto. Pero hay otras semejantes a ellas en&lt;br /&gt;diferentes materias: éstas son la clemencia y&lt;br /&gt;mansedumbre, que gobiernan la ira y el desorden en&lt;br /&gt;castigar contra el vicio de la crueldad inhumana o bestial&lt;br /&gt;a que pueden declinar. Otra es la modestia, que contiene&lt;br /&gt;en sí cuatro virtudes: la primera es la humildad, que&lt;br /&gt;contra la soberbia detiene al hombre para que no&lt;br /&gt;apetezca desordenadamente la propia excelencia; la&lt;br /&gt;segunda es la estudiosidad, para que no apetezca saber&lt;br /&gt;más de lo que conviene y como conviene contra el vicio&lt;br /&gt;de la curiosidad; la tercera es la moderación o&lt;br /&gt;austeridad para que no apetezca el superfluo fausto y&lt;br /&gt;ostentación en el vestido y aparato exterior; la cuarta es&lt;br /&gt;la que modera el apetito desmedido en las acciones&lt;br /&gt;lusorias, como son juegos, movimientos del cuerpo,&lt;br /&gt;burlas, bailes, etc., y, aunque no tiene particular nombre&lt;br /&gt;esta virtud, es muy necesaria y se llama generalmente&lt;br /&gt;modestia o templanza.&lt;br /&gt;79&lt;br /&gt;586. Para manifestar la excelencia que tuvieron estas&lt;br /&gt;virtudes en la Reina del cielo —y lo mismo he dicho de las&lt;br /&gt;otras— siempre me parece que vienen cortos los términos&lt;br /&gt;y palabras comunes con que hablamos de las virtudes de&lt;br /&gt;otras criaturas. Mayor proporción tuvieron las gracias y'&lt;br /&gt;dones de María Santísima con las de su dilectísimo Hijo,&lt;br /&gt;y éstas con las perfecciones Divinas, que todas las&lt;br /&gt;virtudes y santidad de los Santos con la de esta soberana&lt;br /&gt;Reina de las virtudes; y así viene a ser muy desigual&lt;br /&gt;cuanto podemos decir de ella con las palabras que&lt;br /&gt;significamos las gracias y virtudes de los demás Santos;&lt;br /&gt;donde por más consumadas que fuesen, estaban en&lt;br /&gt;sujetos imperfectos y sujetos a pecado y desordenados&lt;br /&gt;por él. Y si de éstas dijo el Eclesiástico (Eclo., 26, 20) que&lt;br /&gt;no había digna ponderación para la excelencia del&lt;br /&gt;continente ¿qué diremos de la templanza de la Señora de&lt;br /&gt;las gracias y virtudes y de la hermosura que tenía su&lt;br /&gt;alma santísima con el colmo de todas ellas? Todos los&lt;br /&gt;domésticos (Prov., 31,21) de esta mujer fuerte estaban&lt;br /&gt;guarnecidos con duplicadas vestiduras, porque sus&lt;br /&gt;potencias estaban adornadas con dos hábitos o&lt;br /&gt;perfecciones de incomparable hermosura y fortaleza: el&lt;br /&gt;uno, el de la justicia original que subordinaba los&lt;br /&gt;apetitos a la razón y gracia; el otro, el de los hábitos&lt;br /&gt;infusos, que añadía nueva hermosura y virtud para obrar&lt;br /&gt;con suma perfección.&lt;br /&gt;587. Todos los demás Santos que en la hermosura de&lt;br /&gt;la templanza se han señalado, llegarían hasta sujetar la&lt;br /&gt;concupiscencia indómita, reduciéndola al yugo de la&lt;br /&gt;razón, para que nada apeteciese sin modo, que después&lt;br /&gt;había de retractar con el dolor de haberlo apetecido; y el&lt;br /&gt;que a esto se adelantase llegaría a negar al apetito todo&lt;br /&gt;aquello que se le puede substraer a la naturaleza&lt;br /&gt;humana sin destruirla; pero en todos estos actos de&lt;br /&gt;templanza sentiría alguna dificultad que retardaría el&lt;br /&gt;afecto de la voluntad, o a lo menos le haría tanta&lt;br /&gt;80&lt;br /&gt;resistencia que no pudiese conseguir su deseo con toda&lt;br /&gt;plenitud; y se querellase con el Apóstol de la infeliz&lt;br /&gt;carga de este pesado cuerpo (Rom., 7, 24). En María&lt;br /&gt;Santísima no había esta disonancia; porque sin&lt;br /&gt;remurmurar los apetitos y sin adelantarse a la razón&lt;br /&gt;dejaban obrar a todas las virtudes con tanta armonía y&lt;br /&gt;concierto que, fortaleciéndola como ejército de&lt;br /&gt;escuadrones bien ordenados (Cant., 6, 3), hacían un coro&lt;br /&gt;de celestial consonancia. Y como no había desmanes de&lt;br /&gt;los apetitos que reprimir, de tal manera ejercitaba las&lt;br /&gt;operaciones de la templanza, que no pudo caer en su&lt;br /&gt;mente especies ni memoria de movimiento desordenado;&lt;br /&gt;antes bien imitando a las Divinas perfecciones eran&lt;br /&gt;sus operaciones como originadas y deducidas de&lt;br /&gt;aquel supremo ejemplar, y se convertían a él como a&lt;br /&gt;única regla de su perfección y como fin último en que se&lt;br /&gt;terminaban.&lt;br /&gt;588. La abstinencia y sobriedad de María Santísima fue&lt;br /&gt;admiración de los Ángeles; porque siendo Reina de todo&lt;br /&gt;lo criado y padeciendo las naturales pasiones de hambre&lt;br /&gt;y sed, no apeteció jamás los manjares que a su poder y&lt;br /&gt;grandeza pudieran corresponder, ni usaba de la comida&lt;br /&gt;por el gusto mas por sola necesidad; y ésta satisfacía con&lt;br /&gt;tal templanza, que ni excedía ni pudo exceder sobre lo&lt;br /&gt;ajustado para el húmido radical y alimento de la vida; y&lt;br /&gt;éste recibía dando primero lugar al padecer el dolor del&lt;br /&gt;hambre y sed, y dejando algún lugar a la gracia junto con&lt;br /&gt;el efecto natural del escaso alimento que recibía. Nunca&lt;br /&gt;padeció alteración de corrupción por la superfluidad de&lt;br /&gt;la comida o bebida, ni por esta causa sintió más&lt;br /&gt;necesidad, ni la tuvo un día más que otro, ni tampoco&lt;br /&gt;sintió estas alteraciones por defecto de alimento; porque&lt;br /&gt;si le moderaba algo de lo que el calor natural pedía,&lt;br /&gt;suplíalo la divina gracia, en que vive la criatura, y no en&lt;br /&gt;solo pan (Mt., 4, 4). Bien pudo el Altísimo sustentarla sin&lt;br /&gt;comida ni bebida, pero no lo hizo; porque no fue&lt;br /&gt;81&lt;br /&gt;conveniente ni para ella dejar de merecer en este uso de&lt;br /&gt;la comida y ser ejemplar de templanza, ni para nosotros&lt;br /&gt;que nos faltase tanto bien y merecimientos. De la materia&lt;br /&gt;de su comida que usaba y de los tiempos en que la&lt;br /&gt;recibía, se dice en diferentes lugares de esta Historia (Cf.&lt;br /&gt;infra p. III n. 196, 424, 898). Por su voluntad nunca comió&lt;br /&gt;carne, ni más de sola una vez cada día, salvo cuando&lt;br /&gt;vivió con su esposo José o cuando acompañaba a su&lt;br /&gt;Hijo Santísimo en sus peregrinaciones, que en estas&lt;br /&gt;ocasiones, por la necesidad de ajustarse a los demás,&lt;br /&gt;seguía el orden que el Señor le daba; pero siempre era&lt;br /&gt;milagrosa en la templanza.&lt;br /&gt;589. De la Pureza Virginal y Pudor de la Virgen de las&lt;br /&gt;vírgenes no pueden hablar dignamente los supremos&lt;br /&gt;Serafines; pues en esta virtud, que en ellos es natural,&lt;br /&gt;fueron inferiores a su Reina y Señora; pues con el&lt;br /&gt;privilegio de la gracia y poder del Altísimo estuvo María&lt;br /&gt;Santísima más libre de la inmunidad del vicio contrario&lt;br /&gt;que los mismos Ángeles, a quienes por su naturaleza no&lt;br /&gt;puede tocarles. No alcanzamos los mortales en esta vida&lt;br /&gt;a formar el concepto debido de esta virtud en la Reina&lt;br /&gt;del Cielo, porque nos embaraza mucho el pesado barro&lt;br /&gt;con que a nuestra alma se le oscurece la candidez y&lt;br /&gt;cristalina luz de la Castidad. Túvola nuestra gran Reina&lt;br /&gt;en tal grado, que pudo dignamente preferir a la dignidad&lt;br /&gt;de Madre de Dios, si no fuera ella quien más la&lt;br /&gt;proporcionaba con esta inefable grandeza. Pero&lt;br /&gt;midiendo la pureza virginal de María con lo que ella la&lt;br /&gt;apreció y con la dignidad a que la levantó, se conocerá&lt;br /&gt;en parte cuál fue esta virtud en su virgíneo cuerpo y&lt;br /&gt;alma. Propúsola desde su Inmaculada Concepción, votóla&lt;br /&gt;desde su natividad, y observóla de suerte que jamás tuvo&lt;br /&gt;acción, ni movimiento, ni ademán en que la violase, ni&lt;br /&gt;tocase en su pudor. Por eso no habló jamás a hombre sin&lt;br /&gt;voluntad de Dios; ni a ellos, ni a las mujeres mismas&lt;br /&gt;miraba al rostro, no por el peligro sino por el mérito, por&lt;br /&gt;82&lt;br /&gt;el ejemplo nuestro y por la superabundancia de la divina&lt;br /&gt;prudencia, sabiduría y amor.&lt;br /&gt;590. De su clemencia y mansedumbre dijo Salomón que&lt;br /&gt;la ley de la clemencia estaba en su lengua (Prov., 31, 26);&lt;br /&gt;porque nunca se movió que no fuese para distribuir la&lt;br /&gt;gracia que en sus labios estaba derramaba (Sal., 44, 3).&lt;br /&gt;La mansedumbre gobierna la ira y la clemencia modera&lt;br /&gt;el castigo. No tuvo ira que moderar nuestra mansísima&lt;br /&gt;Reina, ni usaba de esta potencia más de —como en el&lt;br /&gt;capítulo pasado dije (Cf. supra n. 573ss)— en los actos de&lt;br /&gt;fortaleza contra el pecado y el demonio, etc.; pero contra&lt;br /&gt;las criaturas racionales no tuvo ira que se ordenase a&lt;br /&gt;castigarlas, ni por suceso alguno se le movió ira, ni perdió&lt;br /&gt;la perfectísima mansedumbre con inmutable e inimitable&lt;br /&gt;igualdad interior y exterior; sin que jamás se le conociese&lt;br /&gt;diferencia en el semblante, en la voz, ni movimientos que&lt;br /&gt;testificasen algún interior movimiento de ira. Esta&lt;br /&gt;mansedumbre y clemencia tuvo el Señor por instrumento&lt;br /&gt;de la suya, y libró en ella todos los beneficios y efectos&lt;br /&gt;de las eternas y antiguas misericordias; y para este fin&lt;br /&gt;era necesario que la Clemencia de María Señora nuestra&lt;br /&gt;fuese proporcionado instrumento de la que el mismo&lt;br /&gt;Señor tiene con las criaturas. Considerando atenta y&lt;br /&gt;profundamente las obras de la Divina clemencia con los&lt;br /&gt;pecadores y que de todas fue María Santísima el idóneo&lt;br /&gt;instrumento con que se disponían y ejecutaban, se&lt;br /&gt;conocerá en parte la Clemencia de esta Señora. Todas&lt;br /&gt;sus reprensiones fueron más rogando, amonestando y&lt;br /&gt;enseñando, que castigando; y esto pidió ella al Señor, y&lt;br /&gt;su Providencia lo dispuso así, para que en esta&lt;br /&gt;sobreexcelsa Reina estuviese la ley de la clemencia&lt;br /&gt;(Prov., 31, 26) como en original y en depósito, de quien Su&lt;br /&gt;Majestad se sirviese, y los mortales deprendiesen esta&lt;br /&gt;virtud con las demás.&lt;br /&gt;591. En las otras virtudes que contiene la modestia,&lt;br /&gt;83&lt;br /&gt;especialmente en la humildad, y en la austeridad o&lt;br /&gt;pobreza de María Santísima, para decir algo dignamente&lt;br /&gt;fueran necesarios muchos libros y lenguas de Ángeles. De&lt;br /&gt;lo que yo puedo alcanzar a decir está llena toda esta&lt;br /&gt;Historia, porque en todas las acciones de la Reina del&lt;br /&gt;Cielo resplandeció sobre todas las virtudes su&lt;br /&gt;incomparable humildad. Mucho temo agraviar la&lt;br /&gt;grandeza de esta singular virtud, queriendo ceñir en&lt;br /&gt;breves términos el piélago que pudo recibir y abrazar al&lt;br /&gt;Incomprensible y sin términos. Todo cuanto han&lt;br /&gt;alcanzado a conocer y a obrar los Santos y los mismos&lt;br /&gt;Ángeles con esta virtud de la humildad, no pudo llegar a&lt;br /&gt;lo menos de la que tuvo nuestra Reina. ¿A quién de los&lt;br /&gt;Santos ni de los Ángeles pudo llamar Madre el mismo&lt;br /&gt;Dios? Y ¿quién, fuera de María y del Eterno Padre, pudo&lt;br /&gt;llamar Hijo al Verbo humanado? Pues si la que llegó en&lt;br /&gt;esta dignidad a ser semejante al Padre, y tuvo las&lt;br /&gt;gracias y dones convenientes para ella, se puso en su&lt;br /&gt;estimación en el último lugar de las criaturas y a todas&lt;br /&gt;las reputaba por superiores ¿qué olor, qué fragancia&lt;br /&gt;daría al gusto del mismo Dios este humilde nardo (Cant.,&lt;br /&gt;1, 11), comprendiendo en su pecho al Supremo Rey de los&lt;br /&gt;reyes?&lt;br /&gt;592. Que las columnas del cielo se encojan (Job 26, 11) y&lt;br /&gt;estremezcan en presencia de la inaccesible luz de la&lt;br /&gt;Majestad infinita, no es maravilla, pues a su vista&lt;br /&gt;tuvieron la ruina de sus semejantes, y ellos fueron&lt;br /&gt;preservados con beneficios y razones comunes a todos.&lt;br /&gt;Que los más fuertes e invencibles Santos se humillasen,&lt;br /&gt;abrazando el desprecio y abatimiento, conociéndose&lt;br /&gt;por indignos de cualquier mínimo beneficio de la&lt;br /&gt;gracia, y aun del mismo obsequio y socorro de las cosas&lt;br /&gt;naturales, todo esto era justísimo y consiguiente; porque&lt;br /&gt;todos pecamos y necesitamos de la gloria del mismo Dios&lt;br /&gt;(Rom., 3, 23); y ninguno fue tan Santo ni tan grande, que&lt;br /&gt;no lo pudiese ser mayor, ni tan perfecto que no le faltase&lt;br /&gt;84&lt;br /&gt;alguna virtud, ni tan inculpable que no hallasen los ojos&lt;br /&gt;de Dios qué reprender en él; y cuando en todo fuera&lt;br /&gt;alguno perfectamente consumado, todos se quedaban&lt;br /&gt;en la esfera de la común gracia y beneficios, sin que&lt;br /&gt;nadie fuese superior a todos en todo.&lt;br /&gt;593. Pero en esto fue sin ejemplo y sin segunda la&lt;br /&gt;humildad de María Purísima, que siendo autora de la&lt;br /&gt;gracia, principio de todo el bien de las criaturas, la&lt;br /&gt;suprema de ellas, el prodigio de las perfecciones&lt;br /&gt;divinas, el centro de su amor, la esfera de su omnipotencia,&lt;br /&gt;la que le llamó Hijo y se oyó llamar Madre del&lt;br /&gt;mismo Dios, se humilló al más inferior lugar de todo lo&lt;br /&gt;criado. Y la que gozando de la mayor excelencia de todas&lt;br /&gt;las obras de Dios en pura criatura, no le quedaba otra&lt;br /&gt;superior en ellas a que levantarse, se humilló juzgándose&lt;br /&gt;por no digna de la menor estimación, ni excelencia, ni&lt;br /&gt;honra que se le pudiera dar a la mínima de todas las&lt;br /&gt;criaturas racionales. No sólo se reputaba indigna de la&lt;br /&gt;dignidad de Madre de Dios y de las gracias que en esto&lt;br /&gt;se encerraban, pero del aire que respiraba, de la tierra&lt;br /&gt;que la sufría, del alimento que recibía y de cualquier&lt;br /&gt;obsequio y oficio de las criaturas, de todo se reputaba&lt;br /&gt;indigna y lo agradecía como si lo fuera. Y para decir&lt;br /&gt;mucho en pocas razones, el no apetecer la criatura&lt;br /&gt;racional la excelencia que absolutamente no le toca, o&lt;br /&gt;que por algún título le desmerece no es tan generosa&lt;br /&gt;humildad, aunque la infinita clemencia del Altísimo la admita&lt;br /&gt;y se dé por obligado de quien así se humilla; pero lo&lt;br /&gt;admirable es que se humille más que todas juntas las&lt;br /&gt;criaturas aquella que, debiéndosele toda la majestad y&lt;br /&gt;excelencia, no la apeteció ni buscó; pero estando en&lt;br /&gt;forma de digna Madre de Dios, se aniquiló en su&lt;br /&gt;estimación, mereciendo con esta humildad ser levantada&lt;br /&gt;como de justicia al dominio y señorío de todo lo criado .&lt;br /&gt;594. A esta humildad incomparable correspondían en&lt;br /&gt;85&lt;br /&gt;María Santísima las otras virtudes que se encierran en la&lt;br /&gt;modestia; porque el apetito de saber más de lo qué&lt;br /&gt;conviene, de ordinario nace de poca humildad o caridad;&lt;br /&gt;y siendo vicio sin provecho, viene a ser de mucho daño,&lt;br /&gt;como le sucedió a Dina (Gén., 34, 1-3), que con inútil&lt;br /&gt;curiosidad saliendo a ver lo que no le era de provecho,&lt;br /&gt;fue vista con tanto daño de su honor. De la misma raíz de&lt;br /&gt;soberbia presuntuosa suele originarse la superflua&lt;br /&gt;ostentación y fausto en el vestido exterior y las&lt;br /&gt;desordenadas acciones y gestos o movimientos&lt;br /&gt;corporales que sirven a la vanidad y sensualidad, y&lt;br /&gt;testifican la liviandad del corazón, según que dijo el&lt;br /&gt;Eclesiástico (Eclo., 19, 27): El vestido del cuerpo, la risa&lt;br /&gt;de la boca y los movimientos del hombre nos avisan de su&lt;br /&gt;interior. Todas las virtudes contrarias a estos vicios&lt;br /&gt;estaban en María Purísima intactas y sin reconocer&lt;br /&gt;contradicción ni movimiento que las pudiese retardar o&lt;br /&gt;inficionar; antes, como hijas y compañeras de su profundísima&lt;br /&gt;humildad, caridad y pureza, testificaban en esta&lt;br /&gt;soberana Señora ciertos asomos más de criatura divina&lt;br /&gt;que de humana.&lt;br /&gt;595. Era estudiosísima sin curiosidad; porque estando&lt;br /&gt;llena de sabiduría sobre los mismos querubines,&lt;br /&gt;deprendía y se dejaba enseñar de todos como ignorante.&lt;br /&gt;Y cuando usaba de la divina ciencia o inquiría la Divina&lt;br /&gt;voluntad, era tan prudente y con tan altos fines y debidas&lt;br /&gt;circunstancias, que siempre sus deseos herían el corazón&lt;br /&gt;de Dios y le atraían a su ordenada voluntad. En la&lt;br /&gt;pobreza y austeridad fue admirable; pues quien era&lt;br /&gt;Señora de todo lo criado y lo tenía a su disposición, dejó&lt;br /&gt;tanto por la imitación de su Hijo Santísimo cuanto el&lt;br /&gt;mismo Señor puso en sus manos; porque así como el&lt;br /&gt;Padre puso todas las cosas en manos (Jn., 13, 3) del&lt;br /&gt;Verbo Humanado, así las puso este Señor todas en manos&lt;br /&gt;de su Madre y ella, para hacer lo mismo, las dejó todas&lt;br /&gt;con afecto y efecto por la gloria de su Hijo y Señor. De la&lt;br /&gt;86&lt;br /&gt;modestia de sus acciones y dulzura de sus palabras y&lt;br /&gt;todo lo exterior, bastará decir que, por la inefable&lt;br /&gt;grandeza que con ellas descubría, fuera tenida por más&lt;br /&gt;que humana, si la fe no enseñara que era pura criatura,&lt;br /&gt;como lo confesó el sabio de Atenas, San Dionisio.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;596. Hija mía, de la dignidad de esta virtud de la&lt;br /&gt;templanza has dicho algo por lo que de su excelencia has&lt;br /&gt;entendido y de la que yo ejercitaba; aunque de todo&lt;br /&gt;dejas mucho que decir para que se acabase de entender&lt;br /&gt;la necesidad tan precisa que los mortales tienen de usar&lt;br /&gt;en sus acciones de la templanza. Pena del primer pecado&lt;br /&gt;fue perder el hombre el perfecto uso de la razón, y que&lt;br /&gt;las pasiones, inobedientes contra ella, se rebelasen&lt;br /&gt;contra quien se había rebelado contra su Dios,&lt;br /&gt;despreciando su justísimo precepto. Para reparar este&lt;br /&gt;daño fue necesaria la virtud de la templanza, que&lt;br /&gt;domase las pasiones, que refrenase sus movimientos&lt;br /&gt;deleitables, que les diese modo, y restituyese al hombre&lt;br /&gt;el conocimiento del medio perfecto en la concupiscible y&lt;br /&gt;le enseñase e inclinase de nuevo a seguir la razón como&lt;br /&gt;capaz de la divinidad y no a seguir su deleite como uno&lt;br /&gt;de los brutos irracionales. No es posible, sin esta virtud,&lt;br /&gt;desnudarse la criatura del hombre antiguo, ni disponerse&lt;br /&gt;para los dones de la gracia y sabiduría divina; porque&lt;br /&gt;ésta no entra en el alma del cuerpo sujeto a pecados&lt;br /&gt;(Sab., 1, 4). El que sabe con la templanza moderar sus&lt;br /&gt;pasiones, negándoles el inmoderado y bestial deleite que&lt;br /&gt;apetecen, éste podrá decir y experimentar que le&lt;br /&gt;introduce el rey en las oficinas de su regalado vino&lt;br /&gt;(Cant., 2, 4) y tesoros de la sabiduría y espirituales&lt;br /&gt;carismas; porque esta virtud es una oficina general,&lt;br /&gt;llena de las virtudes más hermosas y fragantes al gusto&lt;br /&gt;del Altísimo.&lt;br /&gt;87&lt;br /&gt;597. Y si bien quiero que trabajes mucho por alcanzarlas&lt;br /&gt;todas, pero singularmente considera la hermosura y buen&lt;br /&gt;olor de la Castidad, la fuerza de la abstinencia y&lt;br /&gt;sobriedad en la comida y bebida, la suavidad y efectos&lt;br /&gt;de la modestia en las palabras y obras y la nobleza de la&lt;br /&gt;pobreza altísima en el uso de las cosas. Con estas virtudes&lt;br /&gt;alcanzarás la luz Divina, la paz y tranquilidad de tu&lt;br /&gt;alma, la serenidad de tus potencias, el gobierno de tus&lt;br /&gt;inclinaciones y llegarás a ser toda iluminada con los&lt;br /&gt;resplandores de la Divina gracia y dones; y de la vida&lt;br /&gt;sensible y animal serás levantada a la conversación y&lt;br /&gt;vida angélica, que es la que de ti quiero y lo que tú&lt;br /&gt;misma deseas con la virtud Divina. Advierte, pues,&lt;br /&gt;carísima, y desvélate en obrar siempre con la luz de la&lt;br /&gt;gracia y nunca se muevan tus potencias por solo deleite y&lt;br /&gt;gusto suyo; pero siempre obra por razón y gloria del&lt;br /&gt;Altísimo en todas las cosas necesarias para la vida, en el&lt;br /&gt;comer, en el dormir, en el vestir, en hablar, en oír, en&lt;br /&gt;desear, en corregir, en mandar, en rogar; todo lo&lt;br /&gt;gobierne en ti la luz y el gusto de tu Señor y Dios y no el&lt;br /&gt;tuyo.&lt;br /&gt;598. Y para que más te aficiones a la hermosura y&lt;br /&gt;gracia de esta virtud, atiende a la fealdad de sus vicios&lt;br /&gt;contrarios y pondera con la luz que recibes cuán feo,&lt;br /&gt;abominable, horrible y monstruoso está el mundo en los&lt;br /&gt;ojos de Dios y de los Santos por la enormidad de tantas&lt;br /&gt;abominaciones como los hombres cometen contra esta&lt;br /&gt;amable virtud. Mira cuántos siguen como brutos animales&lt;br /&gt;el horror de la sensualidad, otros la gula y embriaguez,&lt;br /&gt;otros el uso y vanidad, otros la soberbia y presunción,&lt;br /&gt;otros la avaricia y deleite de adquirir hacienda y todos&lt;br /&gt;generalmente el ímpetu de sus pasiones, buscando ahora&lt;br /&gt;sólo el deleite, en que para después atesoran eternos&lt;br /&gt;tormentos y el carecer de la vista beatífica de su Dios y&lt;br /&gt;Señor.&lt;br /&gt;88&lt;br /&gt;CAPITULO 13&lt;br /&gt;De los siete dones del Espíritu Santo que tuvo María&lt;br /&gt;Santísima.&lt;br /&gt;599. Los siete dones del Espíritu Santo —según la luz&lt;br /&gt;que de ellos tengo— me parece añaden algo sobre las&lt;br /&gt;virtudes adonde se reducen, y por lo que añaden&lt;br /&gt;se diferencian de ellas aunque tengan un mismo&lt;br /&gt;objeto. Cualquiera beneficio del Señor se puede llamar&lt;br /&gt;don o dádiva de su mano, aunque sea natural, pero no&lt;br /&gt;hablamos ahora de los dones en esta generalidad,&lt;br /&gt;aunque sean virtudes y dádivas infusas; porque no todos&lt;br /&gt;los que tienen alguna virtud o virtudes tienen gracia de&lt;br /&gt;dones en aquella materia o, a lo menos, no llegan a tener&lt;br /&gt;las virtudes en aquel grado que se llaman dones&lt;br /&gt;perfectos, ¿como los entienden los Doctores Sagrados en&lt;br /&gt;las palabras de Isaías, donde dijo que en Cristo nuestro&lt;br /&gt;Salvador descansaría el Espíritu del Señor (Is., 11, 2),&lt;br /&gt;numerando siete gracias, que comúnmente se llaman&lt;br /&gt;dones del Espíritu Santo, cuales son: el espíritu de&lt;br /&gt;sabiduría y entendimiento, el espíritu de consejo y&lt;br /&gt;fortaleza, el espíritu de ciencia y piedad y el de temor de&lt;br /&gt;Dios. Los cuales dones estuvieron en el alma santísima de&lt;br /&gt;Cristo, redundando de la Divinidad a que estaba&lt;br /&gt;hipostáticamente unida, como en la fuente está el agua&lt;br /&gt;que de ella mana, para comunicarse a otros; porque&lt;br /&gt;todos participamos de las aguas del Salvador (Is., 12, 3),&lt;br /&gt;gracia por gracia (Jn. 1, 16) y don por don; y en él están&lt;br /&gt;escondidos los tesoros de la sabiduría y ciencia de Dios&lt;br /&gt;(Col., 2, 3).&lt;br /&gt;600. Corresponden los dones del Espíritu Santo a las&lt;br /&gt;virtudes adonde se reducen. Y aunque en esta&lt;br /&gt;correspondencia discurren con alguna diferencia los&lt;br /&gt;doctores, pero no la puede haber en el fin de los dones,&lt;br /&gt;que es dar alguna especial perfección a las potencias&lt;br /&gt;89&lt;br /&gt;para que hagan algunas acciones y obras perfectísimas y&lt;br /&gt;más heroicas en las materias de las virtudes; porque sin&lt;br /&gt;esta condición no se pudieran llamar dones particulares&lt;br /&gt;más perfectos y excelentes que en el modo común de&lt;br /&gt;obrar las virtudes. Esta perfección de los dones ha de&lt;br /&gt;incluir o consistir principalmente en alguna especial o&lt;br /&gt;fuerte inspiración y moción del Espíritu Santo, que venza&lt;br /&gt;con mayor eficacia los impedimentos y mueva al libre&lt;br /&gt;albedrío y le dé mayor fuerza para que no obre&lt;br /&gt;remisamente, antes con grande plenitud de perfección y&lt;br /&gt;fuerza, en aquella especie de virtud adonde pertenece el&lt;br /&gt;don. Todo lo cual no puede alcanzar el libre albedrío, si&lt;br /&gt;no es ilustrado y movido con especial eficacia, virtud y&lt;br /&gt;fuerza del Espíritu Santo, que le compele fuerte, suave&lt;br /&gt;(Sab., 8, 1) y dulcemente para que siga aquella&lt;br /&gt;ilustración y con libertad obre y quiera aquella acción&lt;br /&gt;que parece es hecha en la voluntad con la eficacia del&lt;br /&gt;divino Espíritu, como lo dice el Apóstol ad Romanos&lt;br /&gt;(Rom., 8, 14). Y por esto se llama esta moción instinto del&lt;br /&gt;Espíritu Santo; porque la voluntad, aunque obra&lt;br /&gt;libremente y sin violencia, pero en estas obras tiene&lt;br /&gt;mucho de instrumento voluntario y se asimila a él, porque&lt;br /&gt;obra con menos consulta de la prudencia común, como lo&lt;br /&gt;hacen las virtudes, aunque no con menos inteligencia ni&lt;br /&gt;libertad.&lt;br /&gt;601. Con un ejemplo me daré a entender en algo,&lt;br /&gt;advirtiendo que, para mover la voluntad a las obras de&lt;br /&gt;virtud, concurren dos cosas en las potencias; la una es el&lt;br /&gt;peso o inclinación que en sí tiene, que la lleva y mueve,&lt;br /&gt;al modo de la gravedad a la piedra o la liviandad en el&lt;br /&gt;fuego para moverse cada uno a su centro. Esta inclinación&lt;br /&gt;acrecientan los hábitos virtuosos más o menos en&lt;br /&gt;la voluntad —y lo mismo hacen los vicios en su modo—&lt;br /&gt;porque inclinando al amor pesan, y el amor es su peso&lt;br /&gt;que la lleva libremente. Otra cosa concurre a esta moción&lt;br /&gt;de parte del entendimiento, que es una ilustración en&lt;br /&gt;90&lt;br /&gt;las virtudes con que se mueve y determina la voluntad; y&lt;br /&gt;esta ilustración es proporcionada con los hábitos y con&lt;br /&gt;los actos que hace la voluntad; para los ordinarios sirve&lt;br /&gt;la prudencia y su deliberación ordinaria, y para otros&lt;br /&gt;actos más levantados sirve o es necesaria más alta y&lt;br /&gt;superior ilustración y moción del Espíritu Santo, y ésta&lt;br /&gt;pertenece a los dones. Y porque la Caridad y Gracia es&lt;br /&gt;un hábito sobrenatural que pende de la Divina Voluntad&lt;br /&gt;al modo que el rayo nace del sol, por esto la Caridad&lt;br /&gt;tiene una particular influencia de la Divinidad, y con ella&lt;br /&gt;es movida y mueve a las demás virtudes y hábitos de la&lt;br /&gt;voluntad, y más cuando obra con los dones del Espíritu&lt;br /&gt;Santo.&lt;br /&gt;602. Conforme a esto, en los dones del Espíritu Santo&lt;br /&gt;me parece conozco de parte del entendimiento una&lt;br /&gt;especial ilustración —en que se ha muy pasivamente—&lt;br /&gt;para mover a la voluntad, en la cual corresponden sus&lt;br /&gt;hábitos con algún grado de perfección que inclina sobre&lt;br /&gt;la ordinaria fuerza de las virtudes a obras muy heroicas.&lt;br /&gt;Y como si a la piedra sobre su gravedad le añaden otro&lt;br /&gt;impulso se mueve con más ligero movimiento, así en la&lt;br /&gt;voluntad añadiéndole la perfección e impulso de los&lt;br /&gt;dones los movimientos de las virtudes son más excelentes&lt;br /&gt;y perfectos. El don de sabiduría comunica al alma cierto&lt;br /&gt;gusto, con el cual gustando conoce lo divino y humano sin&lt;br /&gt;engaño, dando su valor y peso a cada uno contra el gusto&lt;br /&gt;que hace de la ignorancia y estulticia humana; y&lt;br /&gt;pertenece este don a la Caridad. El don del&lt;br /&gt;entendimiento clarifica para penetrar las cosas divinas y&lt;br /&gt;conocerlas contra la rudeza y tardanza de nuestro&lt;br /&gt;entendimiento; el de ciencia penetra lo más oscuro y&lt;br /&gt;hace maestros perfectos contra la ignorancia; y estos dos&lt;br /&gt;pertenecen a la fe. El don de consejo encamina y&lt;br /&gt;endereza y detiene la precipitación humana contra la&lt;br /&gt;imprudencia; y pertenece a su virtud propia. El de&lt;br /&gt;fortaleza expele el temor desordenado y conforta la&lt;br /&gt;91&lt;br /&gt;flaqueza; y pertenece a su misma virtud. El de piedad&lt;br /&gt;hace benigno el corazón, le quita la dureza y le ablanda&lt;br /&gt;contra la impiedad y dureza; y pertenece a la religión. El&lt;br /&gt;don de temor de Dios humilla amorosamente contra la&lt;br /&gt;soberbia; y se reduce a la humildad.&lt;br /&gt;603. En María Santísima estuvieron todos los dones del&lt;br /&gt;Espíritu Santo, como en quien tenía cierto respeto y como&lt;br /&gt;derecho a tenerlos, por ser Madre del Verbo Divino, de&lt;br /&gt;quien procede el Espíritu Santo, a quien se le atribuyen. Y&lt;br /&gt;regulando estos dones por la dignidad especial de&lt;br /&gt;madre, era consiguiente que estuvieran en ella con la&lt;br /&gt;proporción debida y con tanta diferencia de todas las&lt;br /&gt;demás almas, cuanta hay de llamarse ella Madre de Dios&lt;br /&gt;y todas las demás sólo criaturas; y por estar la gran&lt;br /&gt;Reina tan cerca del Espíritu Santo por esta dignidad, y&lt;br /&gt;juntamente por la impecabilidad, y todas las demás&lt;br /&gt;criaturas estar tan lejos, así por la culpa como por la&lt;br /&gt;distancia del ser común, sin otro respeto ni afinidad con&lt;br /&gt;el Divino Espíritu. Y si estaban en Cristo, nuestro Redentor&lt;br /&gt;y Maestro, como en fuente y origen, estaban también en&lt;br /&gt;María, su digna madre, como en estanque o en mar de&lt;br /&gt;donde se distribuyen a todas las criaturas, porque de su&lt;br /&gt;plenitud superabundante redundan a toda la Iglesia. Lo&lt;br /&gt;cual en otra metáfora dijo Salomón en los Proverbios&lt;br /&gt;cuando la Sabiduría —dice— edificó para sí una casa&lt;br /&gt;sobre siete columnas (Prov., 9, 1), etcétera, y en ella&lt;br /&gt;preparó la mesa, mezcló el vino y convidó a los párvulos e&lt;br /&gt;insipientes para sacarlos de la infancia y enseñarles la&lt;br /&gt;prudencia. No me detengo en esta declaración, pues&lt;br /&gt;ningún católico ignora que María Santísima fue esta&lt;br /&gt;magnífica habitación del Altísimo, edificada y fundada&lt;br /&gt;sobre estos siete dones para su hermosura y firmeza y&lt;br /&gt;para prevenir en esta casa mística el convite general de&lt;br /&gt;toda la Iglesia; porque en María está preparada la mesa,&lt;br /&gt;para que todos los párvulos ignorantes, hijos de Adán,&lt;br /&gt;lleguemos a ser saciados de la influencia y dones del&lt;br /&gt;92&lt;br /&gt;Espíritu Santo.&lt;br /&gt;604. Cuando estos dones se adquieren mediante la&lt;br /&gt;disciplina y ejercicio de las virtudes, venciendo los vicios&lt;br /&gt;contrarios, el primer lugar tiene el temor; pero en Cristo&lt;br /&gt;Señor nuestro comenzó Isaías a referirlos por el orden de&lt;br /&gt;la sabiduría, que es el supremo; porque los recibió como&lt;br /&gt;maestro y cabeza y no como discípulo que los aprendía.&lt;br /&gt;Con este mismo orden los debemos considerar en su&lt;br /&gt;Madre Santísima; porque más se asimiló en los dones a&lt;br /&gt;su Hijo bendito que a ella las demás criaturas. El don de&lt;br /&gt;sabiduría contiene una iluminación gustosa, con que el&lt;br /&gt;entendimiento conoce la verdad de las cosas por sus&lt;br /&gt;causas íntimas y supremas, y la voluntad con el gusto de&lt;br /&gt;la verdad del verdadero bien le discierne y divide del&lt;br /&gt;aparente y falso; porque aquel es verdaderamente sabio&lt;br /&gt;que conoce sin engaño el verdadero bien para gustarle y&lt;br /&gt;le gusta conociéndole. Este gusto de la sabiduría consiste&lt;br /&gt;en gozar del sumo bien por una íntima unión de amor, a&lt;br /&gt;que se sigue el sabor y gusto del bien honesto&lt;br /&gt;participado y ejercitado por las virtudes inferiores al&lt;br /&gt;amor. Por esto no se llama sabio el que sólo conoce la&lt;br /&gt;verdad especulativamente, aunque tenga en este&lt;br /&gt;conocimiento su deleite; ni tampoco es sabio el que obra&lt;br /&gt;actos de virtud por sólo el conocimiento, y menos si lo&lt;br /&gt;hace por otra causa; pero si por el gusto del sumo y verdadero&lt;br /&gt;bien, a quien sin engaño conoce, y en él y por él&lt;br /&gt;todas las verdades inferiores, obra con íntimo amor&lt;br /&gt;unitivo, éste será verdaderamente sabio. Este&lt;br /&gt;conocimiento administra a la sabiduría el don de&lt;br /&gt;entendimiento, que la precede y acompaña, y consiste en&lt;br /&gt;una íntima penetración de las verdades divinas y de las&lt;br /&gt;que a este orden se pueden reducir y encaminar; porque&lt;br /&gt;el espíritu escudriña las cosas profundas de Dios (1 Cor.,&lt;br /&gt;2, 10), como el Apóstol dice.&lt;br /&gt;605. Este mismo espíritu era necesario para entender y&lt;br /&gt;93&lt;br /&gt;decir algo de los dones de sabiduría y entendimiento que&lt;br /&gt;tuvo la Emperatriz del Cielo, María. El ímpetu del río&lt;br /&gt;que de la suma bondad estaba represado por tantos&lt;br /&gt;siglos eternos, alegró esta ciudad de Dios (Sal., 45, 5)&lt;br /&gt;con el corriente que, por medio del Unigénito del Padre y&lt;br /&gt;suyo que habitó en ella, derramó en su alma santísima;&lt;br /&gt;como si —a nuestro modo de entender— desaguara en&lt;br /&gt;este piélago de sabiduría el infinito mar de la divinidad,&lt;br /&gt;al mismo punto que pudo llamar al espíritu de sabiduría;&lt;br /&gt;y para que le llamase, vino a ella para que la&lt;br /&gt;deprendiese sin ficción y la comunicase sin envidia (Sab.,&lt;br /&gt;7, 13), como lo hizo; pues por medio de su sabiduría se&lt;br /&gt;manifestó al mundo la luz del Verbo Eterno Humanado.&lt;br /&gt;Conoció esta sapientísima Virgen la disposición del&lt;br /&gt;mundo, las condiciones de los elementos, el principio,&lt;br /&gt;medio y fin de los tiempos y sus mudanzas, los cursos de&lt;br /&gt;las estrellas, la naturaleza de los animales, las iras de las&lt;br /&gt;bestias fieras, la fuerza de lo vientos, la complexión y&lt;br /&gt;pensamientos de los hombres, las virtudes de las plantas,&lt;br /&gt;yerbas, árboles, frutos y. raíces, lo escondido y oculto&lt;br /&gt;(Sab., 7, 17-21) sobre el pensamiento de los hombres, los&lt;br /&gt;misterios y caminos retirados del Altísimo; todo lo&lt;br /&gt;conoció María nuestra Reina y lo gustó con el don de la&lt;br /&gt;sabiduría que bebió en su fuente original y quedó hecha&lt;br /&gt;palabra de su pensamiento.&lt;br /&gt;606. Allí recibió este vapor de la virtud de Dios y esta&lt;br /&gt;emanación de su caridad sincera (Sab., 7, 25) que la hizo&lt;br /&gt;inmaculada, y la preservó de la mancha que coinquina al&lt;br /&gt;alma, y quedó espejo sin mácula de la Majestad de&lt;br /&gt;Dios. Allí participó el espíritu de inteligencia que&lt;br /&gt;contiene la Sabiduría, y es santo, único, multiplicado,&lt;br /&gt;sutil, agudo, diserto, móvil, limpio, cierto, suave, amador&lt;br /&gt;del bien y que nada le impide, bienhechor, humano,&lt;br /&gt;benigno, estable, seguro, que todas las virtudes&lt;br /&gt;comprende, todo lo alcanza, todo lo entiende con limpieza&lt;br /&gt;y delgadeza purísima con que toca a una y otra&lt;br /&gt;94&lt;br /&gt;parte (Sab., 7, 22-23). Todas estas condiciones que dijo el&lt;br /&gt;Sabio del espíritu de Sabiduría, única y perfectamente&lt;br /&gt;estuvieron en María Santísima después de su Hijo&lt;br /&gt;Unigénito; y con la sabiduría le vinieron juntos todos los&lt;br /&gt;bienes (Sab., 7, 11), y en todas sus operaciones le&lt;br /&gt;precedían estos altísimos dones de Sabiduría y&lt;br /&gt;entendimiento, para que en todas las acciones de las&lt;br /&gt;otras virtudes fuese gobernada con ellos, y en todas&lt;br /&gt;estuviese embebida su incomparable sabiduría con que&lt;br /&gt;obraba.&lt;br /&gt;607. De los demás dones está dicho algo en sus virtudes,&lt;br /&gt;adonde pertenecen; pero como todo cuanto podemos&lt;br /&gt;entender y decir es tanto menos de lo que había en esta&lt;br /&gt;Ciudad Mística de María, siempre hallaremos mucho que&lt;br /&gt;añadir. El don de consejo se sigue en el orden de Isaías al&lt;br /&gt;de entendimiento; y consiste en una sobrenatural&lt;br /&gt;iluminación con que el Espíritu Santo toca al&lt;br /&gt;interior, iluminándole sobre toda humana y común&lt;br /&gt;inteligencia, para que elija todo lo más útil, decente y&lt;br /&gt;justo, y repruebe lo contrario, reduciendo a la voluntad&lt;br /&gt;con las reglas de la eterna e inmaculada Ley Divina a la&lt;br /&gt;unidad de un solo amor y conformidad de la perfecta&lt;br /&gt;voluntad del sumo bien; y con esta divina erudición&lt;br /&gt;deseche la criatura la multiplicidad y variedad de&lt;br /&gt;diversos afectos, y otros inferiores y externos amores y&lt;br /&gt;movimientos que pueden retardar o impedir al corazón&lt;br /&gt;humano, para que no oiga ni siga este Divino impulso y&lt;br /&gt;consejo, ni llegue a conformarse con aquel ejemplar vivo&lt;br /&gt;de Cristo Señor nuestro, que con altísimo consejo dijo al&lt;br /&gt;Eterno Padre: No se haga mi voluntad sino la tuya (Mt.,&lt;br /&gt;26, 39).&lt;br /&gt;608. El don de fortaleza es una participación o influjo&lt;br /&gt;de la virtud Divina que el Espíritu Santo comunica a la&lt;br /&gt;voluntad criada, para que felizmente animosa se levante&lt;br /&gt;sobre todo lo que puede y suele temer la humana&lt;br /&gt;95&lt;br /&gt;flaqueza de las tentaciones, dolores, tribulaciones,&lt;br /&gt;adversidades; y sobrepujándolo y venciéndolo todo,&lt;br /&gt;adquiera y conserve lo más arduo y excelente de las&lt;br /&gt;virtudes, y transcienda, suba y traspase todas las&lt;br /&gt;virtudes, gracias, consolaciones internas y espirituales,&lt;br /&gt;revelaciones, amores sensibles, por muy nobles y excelentes&lt;br /&gt;que sean, todo lo deje atrás, y se extienda con un&lt;br /&gt;Divino conato, hasta llegar a conseguir la íntima y&lt;br /&gt;suprema unión del sumo bien, a que con deseos&lt;br /&gt;ardentísimos anhela; donde con verdad salga del&lt;br /&gt;fuerte la dulzura (Jue., 14, 14), habiéndolo vencido todo&lt;br /&gt;en el que la conforta (Flp., 4, 13). El don de ciencia es una&lt;br /&gt;noticia judicativa con rectitud infalible de todo lo que se&lt;br /&gt;debe creer y obrar con las virtudes; y se diferencia del&lt;br /&gt;consejo, porque éste elige y aquella juzga, el uno hace&lt;br /&gt;juicio recto y el otro la prudente elección. Y el don de&lt;br /&gt;entendimiento se distingue, porque éste penetra las&lt;br /&gt;verdades Divinas internas de la fe y virtudes, como en&lt;br /&gt;una simple inteligencia; y el don de la ciencia conoce con&lt;br /&gt;magisterio lo que de ellas se deduce, aplicando las&lt;br /&gt;operaciones externas de las potencias a la perfección de&lt;br /&gt;la virtud, en la cual el don de ciencia es como raíz y&lt;br /&gt;madre de la discreción.&lt;br /&gt;609. El don de piedad es una virtud Divina o influjo con&lt;br /&gt;que el Espíritu Santo ablanda y como derrite y licueface&lt;br /&gt;la voluntad humana, moviéndola para todo lo que&lt;br /&gt;pertenece al obsequio del Altísimo y beneficio de los&lt;br /&gt;prójimos. Y con esta blandura y suave dulzura está pronta&lt;br /&gt;nuestra voluntad, y atenta la memoria para en todo&lt;br /&gt;tiempo, lugar y suceso alabar, bendecir y dar gracias y&lt;br /&gt;honor al sumo bien; y para tener compasión tierna y&lt;br /&gt;amorosa con las criaturas, sin faltarles en sus trabajos y&lt;br /&gt;necesidades. No se impide [sic] este don de piedad con&lt;br /&gt;la envidia, ni conoce odio, ni avaricia, ni tibieza, ni&lt;br /&gt;estrecheza de corazón; porque causa en él una fuerte y&lt;br /&gt;suave inclinación con que sale dulce y amorosamente a&lt;br /&gt;96&lt;br /&gt;todas las obras del divino amor y del prójimo; y a quien le&lt;br /&gt;tiene, le hace benévolo, obsequioso, oficioso y diligente.&lt;br /&gt;Y por eso dijo el Apóstol que el ejercicio de la piedad era&lt;br /&gt;útil para todas las cosas (1 Tim., 4, 8), y tiene la promesa&lt;br /&gt;de la vida eterna; porque es un instrumento nobilísimo de&lt;br /&gt;la caridad.&lt;br /&gt;610. En el último lugar está el don de temor de Dios tan&lt;br /&gt;alabado, encarecido y encomendado repetidamente en&lt;br /&gt;la Escritura Divina y por los Santos Doctores, como&lt;br /&gt;fundamento de la perfección cristiana y principio de la&lt;br /&gt;verdadera sabiduría; porque el temor de Dios es el&lt;br /&gt;primero que resiste a la estulticia arrogante de los&lt;br /&gt;hombres y el que con mayor fuerza la destruye y&lt;br /&gt;desvanece. Este don tan importante consiste en una&lt;br /&gt;amorosa fuga y nobilísima erubescencia y encogimiento&lt;br /&gt;con que el alma se retrae a sí misma y a su propia&lt;br /&gt;condición y bajeza, considerándola en comparación de la&lt;br /&gt;suprema grandeza y majestad de Dios; y no queriendo&lt;br /&gt;sentir de sí ni saber altamente, teme, como enseñó el&lt;br /&gt;Apóstol (Rom., 11, 20). Tiene sus grados este temor santo,&lt;br /&gt;porque al principio se llama inicial y después se llama&lt;br /&gt;filial; porque primero comienza huyendo de la culpa&lt;br /&gt;como contraria al sumo bien que ama con reverencia, y&lt;br /&gt;después prosigue en su abatimiento y desprecio, porque&lt;br /&gt;compara su propio ser con la majestad, su ignorancia con&lt;br /&gt;la sabiduría, su pobreza con la infinita opulencia. Y todo&lt;br /&gt;esto hallándose rendida a la Divina voluntad con&lt;br /&gt;plenitud, se humilla y rinde a todas las criaturas por Dios;&lt;br /&gt;y para con Él y con ellas se mueve con un amor íntimo,&lt;br /&gt;llegando a la perfección de los hijos del mismo Dios y a la&lt;br /&gt;suprema unidad de espíritu con el Padre, Hijo y Espíritu&lt;br /&gt;Santo.&lt;br /&gt;611. Si me dilatara más en la explicación de estos&lt;br /&gt;dones, saliera mucho de mi intento y alargara demasiado&lt;br /&gt;este discurso; lo que digo me parece suficiente para&lt;br /&gt;97&lt;br /&gt;entender su naturaleza y condiciones. Y habiéndola&lt;br /&gt;entendido se debe considerar que en la Soberana&lt;br /&gt;Reina del cielo estuvieron todos los dones del Espíritu&lt;br /&gt;Santo, no sólo en el grado suficiente y común que&lt;br /&gt;tienen en su género cada uno —porque esto puede&lt;br /&gt;ser común a otros Santos— pero estuvieron en esta&lt;br /&gt;Señora con especial excelencia y privilegio, cual no pudo&lt;br /&gt;caber en otro Santo alguno, ni pudiera ser conveniente a&lt;br /&gt;otro inferior suyo. Entendido, pues, en qué consiste el&lt;br /&gt;temor santo, la piedad, la fortaleza, la ciencia y el&lt;br /&gt;consejo, en cuanto son dones especiales del Espíritu&lt;br /&gt;Santo, extiéndase el juicio humano y el entendimiento&lt;br /&gt;angélico y piense lo más alto, lo más noble, lo más excelente,&lt;br /&gt;lo más perfecto, lo más divino; que sobre lo que&lt;br /&gt;concibieron todas juntas las criaturas están los dones de&lt;br /&gt;María, y lo inferior de ellos es lo supremo del&lt;br /&gt;pensamiento criado; así como lo supremo de los dones de&lt;br /&gt;esta Señora y Reina de las virtudes toca, en algún modo,&lt;br /&gt;a lo ínfimo de Cristo y de la Divinidad.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina Santísima María.&lt;br /&gt;612. Hija mía, estos nobilísimos y excelentísimos dones&lt;br /&gt;del Espíritu Santo que has entendido, son la emanación&lt;br /&gt;por donde la Divinidad se comunica y transfiere a las&lt;br /&gt;almas santas; y por esto no admiten limitación de su&lt;br /&gt;parte, como la tienen del sujeto donde se reciben. Y si las&lt;br /&gt;criaturas desocupasen el corazón de los afectos y amor&lt;br /&gt;terreno, aunque su corazón es limitado, participarían sin&lt;br /&gt;tasa el torrente de la Divinidad infinita por medio de los&lt;br /&gt;inestimables dones del Espíritu Santo. Las virtudes&lt;br /&gt;purifican a la criatura de la fealdad y mácula de los&lt;br /&gt;vicios, si los tenía, y con ellas comienza a restaurar el&lt;br /&gt;orden concertado de sus potencias, perdido primero por&lt;br /&gt;el pecado original y después por los actuales propios; y&lt;br /&gt;añaden hermosura, fuerza y deleite en el bien obrar. Pero&lt;br /&gt;los dones del Espíritu Santo levantan a las mismas&lt;br /&gt;98&lt;br /&gt;virtudes a una sublime perfección, ornato y hermosura&lt;br /&gt;con que se dispone, hermosea y agracia el alma para&lt;br /&gt;entrar en el tálamo del Esposo, donde por admirable&lt;br /&gt;modo queda unida con la Divinidad en un espíritu y&lt;br /&gt;vínculo de la eterna paz. Y de aquel felicísimo estado&lt;br /&gt;sale fidelísima y seguramente a las operaciones de&lt;br /&gt;heroicas virtudes, y con ellas se vuelve a retraer al&lt;br /&gt;mismo principio donde salió, que es el mismo Dios, en&lt;br /&gt;cuya sombra (Cant., 2, 3) descansa sosegada y quieta, sin&lt;br /&gt;que la perturben los ímpetus furiosos de las pasiones&lt;br /&gt;y sus desordenados apetitos; pero esta felicidad&lt;br /&gt;alcanzan pocos, y sólo por experiencia la conoce quien la&lt;br /&gt;recibe.&lt;br /&gt;613. Advierte, pues, carísima, y con atención&lt;br /&gt;profunda considera cómo ascenderás a lo alto de estos&lt;br /&gt;dones; porque la voluntad del Señor y la mía es que&lt;br /&gt;subas más arriba (Lc., 14, 10) en el convite que te&lt;br /&gt;previene su dulzura con la bendición de los dones (Sal.,&lt;br /&gt;20, 4), que para este fin de su liberalidad recibiste.&lt;br /&gt;Atiende que para la eternidad hay solos dos caminos: uno&lt;br /&gt;que lleva a la eterna muerte por el desprecio de la virtud&lt;br /&gt;y por la ignorancia de la Divinidad; otro lleva a la eterna&lt;br /&gt;vida por el conocimiento fructuoso del Altísimo; porque&lt;br /&gt;ésta es la vida eterna, que le conozcan a él y a su&lt;br /&gt;Unigénito que envió al mundo (Jn., 17, 3). El camino de la&lt;br /&gt;muerte siguen infinitos necios (Ecl., 1, 45) que ignoran su&lt;br /&gt;misma ignorancia, presunción y soberbia con formidable&lt;br /&gt;insipiencia. A los que llamó su Misericordia a su&lt;br /&gt;admirable lumbre (1 Pe., 2, 9) y los reengendró en hijos&lt;br /&gt;de la luz, les dio en esta generación el nuevo ser que&lt;br /&gt;tienen por la fe, esperanza y caridad, que los hace suyos&lt;br /&gt;y herederos de la Divina y eterna fruición; y reducidos al&lt;br /&gt;ser de hijos les dio las virtudes que se infunden en la&lt;br /&gt;primera justificación, para que como hijos de la luz obren&lt;br /&gt;con proporción operaciones de luz; y tras ellas tiene&lt;br /&gt;prevenidos los dones del Espíritu Santo. Y como el sol&lt;br /&gt;99&lt;br /&gt;material a nadie niega su calor y luz, si hay capacidad y&lt;br /&gt;disposición para recibir la fuerza de sus rayos, tampoco&lt;br /&gt;la Divina Sabiduría que, dando voces en los altos montes,&lt;br /&gt;sobre los caminos reales y en las sendas más ocultas, en&lt;br /&gt;las puertas y plazas de las ciudades (Prov., 8, 1-3),&lt;br /&gt;convida y llama a todos, a ninguno se negaría ni&lt;br /&gt;ocultaría. Pero la estulticia de los mortales los hace&lt;br /&gt;sordos, o la malicia impía los hace irrisores, y la&lt;br /&gt;incrédula perversidad los aparta de Dios, cuya sabiduría&lt;br /&gt;no halla lugar en el corazón malévolo, ni en el cuerpo&lt;br /&gt;sujeto a pecados (Sab., 1, 4).&lt;br /&gt;614. Pero tú, hija mía, advierte en tus promesas, vocación&lt;br /&gt;y deseos; porque la lengua que miente a Dios es feo&lt;br /&gt;homicida de su alma (Sab., 1, 11); y no celes la muerte en&lt;br /&gt;el error de la vida, ni adquieras la perdición con las&lt;br /&gt;obras de tus manos, como se te manifiesta en la divina&lt;br /&gt;luz que lo hacen los hijos de las tinieblas. Teme al&lt;br /&gt;poderoso Dios y Señor con temor santo, humilde y bien&lt;br /&gt;ordenado, y en todas tus obras te gobierna con este&lt;br /&gt;Maestro. Ofrece tu corazón blando, fácil y dócil a la&lt;br /&gt;disciplina y obras de piedad. Juzga con rectitud de la&lt;br /&gt;virtud y del vicio. Anímate con invencible fortaleza para&lt;br /&gt;obrar lo más arduo y levantado y sufrir lo más adverso y&lt;br /&gt;difícil de los trabajos. Elige con discreción los medios&lt;br /&gt;para la ejecución de estas obras. Atiende a la fuerza de&lt;br /&gt;la divina luz, con que transcenderás todo lo sensible y&lt;br /&gt;subirás al conocimiento altísimo de lo oculto de la Divina&lt;br /&gt;sabiduría y aprenderás a dividir el hombre nuevo del&lt;br /&gt;antiguo; y te harás capaz de recibirla, cuando entrando&lt;br /&gt;en la oficina del vino de tu Esposo serás embriagada de&lt;br /&gt;su amor, ordenada en ti su caridad eterna.&lt;br /&gt;CAPITULO 14&lt;br /&gt;Decláranse las formas y modos de visiones Divinas&lt;br /&gt;que tenía la Reina del Cielo y los efectos que en ella&lt;br /&gt;100&lt;br /&gt;causaban.&lt;br /&gt;615. La gracia de visiones Divinas, revelaciones y raptos&lt;br /&gt;—no hablo de la visión beatífica— aunque son&lt;br /&gt;operaciones del Espíritu Santo, se distinguen de la gracia&lt;br /&gt;justificante y virtudes que santifican y perfeccionan el&lt;br /&gt;alma en sus operaciones; y porque no todos los justos y&lt;br /&gt;Santos tienen forzosamente visiones ni revelaciones&lt;br /&gt;Divinas, se prueba que puede estar la santidad y virtudes&lt;br /&gt;sin estos dones. Y también que no se han de regular las&lt;br /&gt;revelaciones y visiones por la santidad y perfección de&lt;br /&gt;los que las tienen, sino por la voluntad Divina que las&lt;br /&gt;concede a quien es servido y cuando conviene, y en el&lt;br /&gt;grado que su sabiduría y voluntad dispensan, obrando&lt;br /&gt;siempre con medida y peso (Sab., 11, 21) para los fines&lt;br /&gt;que pretende en su Iglesia; bien puede comunicar Dios&lt;br /&gt;mayores y más altas visiones y revelaciones al menos&lt;br /&gt;santo y menores al mayor. Y el don de la profecía con&lt;br /&gt;otros gratis datos puede concederlos a los que no son&lt;br /&gt;santos; y algunos raptos pueden resultar de causa que no&lt;br /&gt;sea precisamente virtud de la voluntad; y por esto,&lt;br /&gt;cuando se hace comparación entre la excelencia de los&lt;br /&gt;profetas, no se habla de la santidad, que solo Dios puede&lt;br /&gt;ponderarla (Prov., 16 2), sino de la luz de la profecía y&lt;br /&gt;modo de recibirla, en que se puede juzgar cuál sea más o&lt;br /&gt;menos levantado, según diferentes razones. Y en la que&lt;br /&gt;se funda esta doctrina es, porque la caridad y virtudes,&lt;br /&gt;que hacen santos y perfectos a los que las tienen, tocan a&lt;br /&gt;la voluntad, y las visiones, revelaciones y algunos raptos&lt;br /&gt;pertenecen al entendimiento o parte intelectiva, cuya&lt;br /&gt;perfección no santifica al alma.&lt;br /&gt;616. Pero no obstante que la gracia de visiones&lt;br /&gt;divinas sea distinta de la santidad y virtudes, qué&lt;br /&gt;pueden separarse, con todo eso la voluntad y Providencia&lt;br /&gt;Divina las junta muchas veces según el fin y motivo que&lt;br /&gt;tiene en comunicar estos dones gratuitos de las&lt;br /&gt;101&lt;br /&gt;revelaciones particulares; porque algunas veces las&lt;br /&gt;ordena al beneficio público común de la Iglesia, como lo&lt;br /&gt;dice el Apóstol (1 Cor., 12, 7); y sucedió con los profetas&lt;br /&gt;que inspirados de Dios por Divinas revelaciones del&lt;br /&gt;Espíritu Santo (2 Pe., 1, 21), y no por su propia&lt;br /&gt;imaginación, hablaron y profetizaron para nosotros (1&lt;br /&gt;Pe., 1, 10) los Misterios de la Redención y Ley Evangélica.&lt;br /&gt;Y cuando las revelaciones y visiones son de esta condición,&lt;br /&gt;no es necesario que se junten con la santidad;&lt;br /&gt;pues Balaán fue profeta y no era santo. Pero a la Divina&lt;br /&gt;Providencia convino con gran congruencia que&lt;br /&gt;comúnmente los Profetas fuesen Santos, y no depositase&lt;br /&gt;el espíritu de profecía y divinas revelaciones en vasos&lt;br /&gt;inmundos fácil y frecuentemente —(aunque en algún caso&lt;br /&gt;particular lo hiciese como poderoso)—, porque no&lt;br /&gt;derogase a la verdad Divina y a su Magisterio la mala&lt;br /&gt;vida del instrumento; y por otras muchas razones.&lt;br /&gt;617. Otras veces las Divinas revelaciones y visiones o no&lt;br /&gt;son de cosas tan generales y no se enderezan al bien&lt;br /&gt;común inmediatamente, sino al beneficio particular del&lt;br /&gt;que las recibe; y así como las primeras son efecto del&lt;br /&gt;amor que Dios tuvo y tiene a su Iglesia, así estas&lt;br /&gt;revelaciones particulares tienen por causa el amor&lt;br /&gt;especial con que ama Dios al alma, que se las comunica&lt;br /&gt;para enseñarla y levantarla a más alto grado de amor y&lt;br /&gt;perfección. Y en este modo de revelaciones se transfiere&lt;br /&gt;el espíritu de la sabiduría por diferentes generaciones en&lt;br /&gt;las almas santas para hacer profetas y amigos de Dios&lt;br /&gt;(Sab., 7, 27). Y como la causa eficiente es el amor divino&lt;br /&gt;particularizado con algunas almas, así la causa final y&lt;br /&gt;efecto es la santidad, pureza y amor de las mismas&lt;br /&gt;almas; y el beneficio de las visiones y revelaciones es el&lt;br /&gt;medio por donde se consigue todo esto.&lt;br /&gt;618. No quiero decir en esto que las revelaciones y&lt;br /&gt;visiones Divinas son medio preciso y necesario&lt;br /&gt;102&lt;br /&gt;absolutamente para hacer santos y perfectos, porque&lt;br /&gt;muchos lo son por otros medios, sin estos beneficios;&lt;br /&gt;pero suponiendo esta verdad, que sólo pende de&lt;br /&gt;la Divina voluntad conceder o negar a los justos estos&lt;br /&gt;dones particulares, con todo esto, de parte nuestra y de&lt;br /&gt;parte del Señor hay algunas razones de congruencia que&lt;br /&gt;alcanzamos para que Su Majestad las comunique tan&lt;br /&gt;frecuentemente a muchos siervos suyos. La primera entre&lt;br /&gt;otras es, porque de parte de la criatura ignorante el&lt;br /&gt;modo más proporcionado y conveniente para que se&lt;br /&gt;levante a las cosas eternas, entre en ellas y se&lt;br /&gt;espiritualice para llegar a la perfecta unión del sumo&lt;br /&gt;bien, es la luz sobrenatural que se le comunica de los&lt;br /&gt;Misterios y secretos del Altísimo por las particulares&lt;br /&gt;revelaciones, visiones e inteligencias que recibe en la&lt;br /&gt;soledad y en el exceso de su mente; y para esto la&lt;br /&gt;convida el mismo Señor con repetidas promesas y&lt;br /&gt;caricias, de cuyos misterios está llena la Escritura Santa,&lt;br /&gt;y en particular los Cantares de Salomón.&lt;br /&gt;619. La segunda razón es de parte del Señor, porque el&lt;br /&gt;amor es impaciente para no comunicar sus bienes y&lt;br /&gt;secretos al amado y al amigo. Ya no quiero llamaros ni&lt;br /&gt;trataros como a siervos, sino como a amigos —dijo a los&lt;br /&gt;apóstoles el Maestro de la verdad eterna (Jn., 15, 15)—&lt;br /&gt;porque os he manifestado los secretos de mi Padre. Y de&lt;br /&gt;Moisés se dice que Dios hablaba con él como con un&lt;br /&gt;amigo (Ex., 33, 11). Y los Santos Padres, Patriarcas y&lt;br /&gt;Profetas no sólo recibieron del Espíritu Divino las&lt;br /&gt;revelaciones generales, pero otras muchas particulares y&lt;br /&gt;privadas, en testimonio del amor que les tenía Dios, como&lt;br /&gt;se colige de la petición de San Moisés que le dejase el&lt;br /&gt;Señor ver su cara (Ib. 13). Esto mismo dicen los títulos que&lt;br /&gt;da el Altísimo a las almas escogidas, llamándolas&lt;br /&gt;esposa, amiga, paloma, hermana, perfecta, dilecta,&lt;br /&gt;hermosa (Cant., 4, 8-9; 2, 10; 1, 14), etc. Y todos estos&lt;br /&gt;títulos, aunque declaran mucho de la fuerza del Divino&lt;br /&gt;103&lt;br /&gt;amor y sus efectos, pero todos significan menos de lo que&lt;br /&gt;hace el Rey supremo con quien así quiere honrar; porque&lt;br /&gt;sólo este Señor es poderoso para lo que quiere, y sabe&lt;br /&gt;querer como esposo, como amigo, como padre, y como&lt;br /&gt;infinito y sumo bien, sin tasa ni medida.&lt;br /&gt;620. Y no pierde su crédito esta verdad por no ser&lt;br /&gt;entendida de la sabiduría carnal; ni tampoco porque&lt;br /&gt;algunas almas se hayan deslumbrado con ella, dejándose&lt;br /&gt;engañar por el ángel de Satanás transformado en luz (2&lt;br /&gt;Cor., 11, 14), con algunas visiones y revelaciones falsas.&lt;br /&gt;Este daño ha sido más frecuente en mujeres por su&lt;br /&gt;ignorancia y pasiones, pero también ha tocado a muchos&lt;br /&gt;varones al parecer fuertes y científicos. Pero en todos ha&lt;br /&gt;nacido de una mala raíz; y no hablo de los que con&lt;br /&gt;diabólica hipocresía han fingido falsas y aparentes&lt;br /&gt;revelaciones, visiones y raptos sin tenerlos, sino de los&lt;br /&gt;que con engaño las han padecido y recibido del demonio,&lt;br /&gt;aunque no sin grave culpa y consentimiento. Los primeros&lt;br /&gt;más se puede decir que engañan, y los segundos que al&lt;br /&gt;principio son engañados; porque la antigua serpiente,&lt;br /&gt;que los conoce inmortificados en las pasiones y poco&lt;br /&gt;ejercitados los sentidos interiores en la ciencia de las&lt;br /&gt;cosas Divinas, les introduce con sutileza astutísima una&lt;br /&gt;oculta presunción de que son muy favorecidos de Dios y&lt;br /&gt;les roba el humilde temor, levantándolos en deseos vanos&lt;br /&gt;de curiosidad y de saber cosas altas y revelaciones,&lt;br /&gt;codiciando visiones extáticas y ser singulares y señalados&lt;br /&gt;en estos favores; con que abren la puerta al demonio,&lt;br /&gt;para que los llene de errores y falsas ilusiones y les&lt;br /&gt;entorpezca los sentidos con una confusa tiniebla interior,&lt;br /&gt;sin que entiendan ni conozcan cosa Divina ni verdadera,&lt;br /&gt;si no es alguna que les representa el enemigo para&lt;br /&gt;acreditar sus engaños y disimular su veneno.&lt;br /&gt;621. A este peligroso engaño se ocurre temiendo con&lt;br /&gt;humildad y no deseando saber altamente (Rom., 11, 20),&lt;br /&gt;104&lt;br /&gt;no juzgando su aprovechamiento en el tribunal&lt;br /&gt;apasionado del propio juicio y prudencia, remitiéndolo a&lt;br /&gt;Dios y a sus Ministros y Confesores Doctos, examinando&lt;br /&gt;la intención; pues no hay duda que se conocerá si el alma&lt;br /&gt;desea estos favores por medio de la virtud y perfección o&lt;br /&gt;por la gloria exterior de los hombres. Y lo seguro es&lt;br /&gt;nunca desearlos y temer siempre el peligro, que es&lt;br /&gt;grande en todos tiempos y mayor en los principios;&lt;br /&gt;porque las devociones y dulzuras sensibles, dado que&lt;br /&gt;sean del Señor —que tal vez las remeda el demonio— no&lt;br /&gt;las envía Su Majestad porque el alma esté capaz del&lt;br /&gt;manjar sólido de los mayores secretos y favores, sino por&lt;br /&gt;alimento de párvulos, para que con más veras se retiren&lt;br /&gt;de los vicios y se nieguen a lo sensible y no porque se&lt;br /&gt;imaginen por adelantados en la virtud; pues aun los&lt;br /&gt;raptos que resultan de admiración, suponen más&lt;br /&gt;ignorancia que amor. Pero cuando el amor llega a ser&lt;br /&gt;extático, fervoroso, ardiente, moble, líquido, inaccesible,&lt;br /&gt;impaciente de otra cosa fuera de la que ama, y con esto&lt;br /&gt;ha cobrado imperio sobre todo afecto humano, entonces&lt;br /&gt;está dispuesta el alma para recibir la luz de las&lt;br /&gt;revelaciones ocultas y visiones Divinas, y más se dispone&lt;br /&gt;cuanto con esta luz Divina sabe desearlas menos por&lt;br /&gt;indigna de menores beneficios. Y no se admiren los&lt;br /&gt;hombres sabios de que las mujeres hayan sido tan&lt;br /&gt;favorecidas en estos dones; porque a más de ser&lt;br /&gt;fervientes en el amor escoge Dios lo más flaco por testigo&lt;br /&gt;más abonado de su poder; y tampoco no tienen la&lt;br /&gt;ciencia de la teología adquirida como los varones&lt;br /&gt;doctos, si no se les infunde el Altísimo para iluminar su&lt;br /&gt;flaco e ignorante juicio.&lt;br /&gt;622. Entendida esta doctrina —cuando no hubiera en&lt;br /&gt;María Santísima otras especiales razones— conoceremos&lt;br /&gt;que las divinas revelaciones y visiones que le comunicó el&lt;br /&gt;Altísimo fueron más altas, más admirables, más&lt;br /&gt;frecuentes y divinas que a todo el resto de los Santos.&lt;br /&gt;105&lt;br /&gt;Estos dones —como los demás— se han de medir con su&lt;br /&gt;dignidad, santidad, pureza y con el amor que su Hijo y&lt;br /&gt;toda la beatísima Trinidad tenía a la que era Madre del&lt;br /&gt;Hijo, Hija del Padre y Esposa del Espíritu Santo. Con estos&lt;br /&gt;títulos se le comunicaban los influjos de la divinidad,&lt;br /&gt;siendo Cristo Señor nuestro y su Madre más amados con&lt;br /&gt;infinito exceso que todo el resto de los Santos Ángeles y&lt;br /&gt;hombres. A cinco grados o géneros de visiones divinas&lt;br /&gt;reduciré las que tuvo nuestra soberana Reina, y de cada&lt;br /&gt;una diré lo que pudiere, como se me ha manifestado.&lt;br /&gt;Visión clara de la Divina esencia a María Santísima.&lt;br /&gt;623. La primera y sobreexcelente fue la visión beatífica&lt;br /&gt;de la esencia Divina, que muchas veces vio claramente&lt;br /&gt;siendo viadora y de paso; y todas las iré nombrando&lt;br /&gt;desde el principio de esta Historia (Cf. supra n. 333, 340;&lt;br /&gt;infra p. II n. 139, 473, 956, 1523 y p. III n. 62, 494, 603, 616,&lt;br /&gt;654, 685) en los tiempos y ocasiones que recibió este&lt;br /&gt;supremo beneficio para la criatura. De otros Santos&lt;br /&gt;dudan algunos doctores si en la carne mortal han llegado&lt;br /&gt;a ver la Divinidad clara e intuitivamente; pero dejando&lt;br /&gt;las opiniones de los otros, no la puede haber de la Reina&lt;br /&gt;del Cielo, a quien se hiciera injuria en medirla con la&lt;br /&gt;regla común de los demás Santos; pues muchos y más&lt;br /&gt;favores y gracias de las que en ellos eran posibles se&lt;br /&gt;ejecutaron en la Madre de la gracia, y por lo menos la&lt;br /&gt;visión beatífica es posible de paso —sea por el modo que&lt;br /&gt;fuere— en los viadores. La primera disposición en el alma&lt;br /&gt;que ha de ver la cara de Dios, es la gracia santificante en&lt;br /&gt;grado muy perfecto y no ordinario; la que tenía la santísima&lt;br /&gt;alma de María desde el primer instante fue&lt;br /&gt;superabundante y con tal plenitud que excedía a los&lt;br /&gt;supremos Serafines. A la gracia santificante ha de&lt;br /&gt;acompañar para ver a Dios gran pureza en las potencias,&lt;br /&gt;sin haber en ellas reliquia ni efecto ninguno de la culpa; y&lt;br /&gt;como si en un vaso que hubiese recibido algún licor&lt;br /&gt;106&lt;br /&gt;inmundo, sería necesario lavarle, limpiarle y purificarle&lt;br /&gt;hasta que no le quedase olor ni resabios de él, para que&lt;br /&gt;no se mezclase con otro licor purísimo que se había de&lt;br /&gt;poner en el mismo vaso, así del pecado y sus efectos —y&lt;br /&gt;más de los actuales— queda el alma como inficionada y&lt;br /&gt;contaminada. Y porque todos estos efectos la&lt;br /&gt;improporcionan con la suma bondad, es necesario que&lt;br /&gt;para unirse con ella por visión clara y amor beatífico sea&lt;br /&gt;primero lavada y purificada, de suerte que no le quede&lt;br /&gt;remanente, ni olor, ni sabor de pecado, ni hábito vicioso,&lt;br /&gt;ni inclinación adquirida por ellos. Y no sólo se entiende&lt;br /&gt;esto de los efectos y máculas que dejan los pecados&lt;br /&gt;mortales, sino también de los veniales, que causan en el&lt;br /&gt;alma justa su particular fealdad, como —a nuestro modo&lt;br /&gt;de entender— si a un cristal purísimo le tocase el aliento&lt;br /&gt;que le entrapa y oscurece; y todo esto se ha de purificar y&lt;br /&gt;reparar para ver a Dios claramente.&lt;br /&gt;624. A más de esta pureza, que es como negación de&lt;br /&gt;mácula, si la naturaleza del que ha de ver a Dios&lt;br /&gt;beatíficamente está corrupta por el primer pecado, es&lt;br /&gt;necesario cauterizar el fomes; de suerte que para este&lt;br /&gt;supremo beneficio quede extincto o ligado, como si no&lt;br /&gt;le tuviese la criatura; porque entonces no ha de tener&lt;br /&gt;principio ni causa próxima que la incline al pecado ni a&lt;br /&gt;imperfección alguna; porque ha de quedar como&lt;br /&gt;imposibilitado el libre albedrío para todo lo que repugna&lt;br /&gt;a la suma santidad y bondad; y de aquí y de lo que diré&lt;br /&gt;adelante se entenderá la dificultad de esta disposición&lt;br /&gt;viviendo el alma en carne mortal. Y que se ha de&lt;br /&gt;conceder este altísimo beneficio con mucho tiento y no&lt;br /&gt;sin grandes causas y mucho acuerdo, la razón que yo&lt;br /&gt;entiendo es, porque en la criatura sujeta al pecado hay&lt;br /&gt;dos improporciones y distancias inmensas comparada&lt;br /&gt;con la Divina naturaleza; la una consiste en que Dios es&lt;br /&gt;invisible, infinito, acto purísimo y simplicísimo, y la&lt;br /&gt;criatura es corpórea, terrena, corruptible y grosera; la&lt;br /&gt;107&lt;br /&gt;otra es la que causa el pecado, que dista sin medida de&lt;br /&gt;la suma bondad; y ésta es mayor improporción y&lt;br /&gt;distancia que la primera; pero entrambas se han de&lt;br /&gt;quitar para unirse estos extremos tan distantes, llegando&lt;br /&gt;la criatura a ponerse en el supremo modo con la&lt;br /&gt;divinidad y asimilarse al mismo Dios, viéndole y&lt;br /&gt;gozándole como él es (1 Jn., 3, 2).&lt;br /&gt;625. Toda esta disposición de pureza y limpieza de&lt;br /&gt;culpa o imperfección tenía la Reina del Cielo en más alto&lt;br /&gt;grado que los mismos Ángeles; porque ni le tocó el&lt;br /&gt;pecado original ni actual, ni los efectos de ninguno de&lt;br /&gt;ellos; más pudo en ella la Divina gracia y protección para&lt;br /&gt;esto que en los ángeles la naturaleza por donde estaban&lt;br /&gt;libres de contraer estos defectos; y por esta parte no&lt;br /&gt;tenía María Santísima improporción ni óbice de culpa&lt;br /&gt;que la retardase para ver la Divinidad. Por otra parte, a&lt;br /&gt;más de ser inmaculada, su gracia en el primer instante&lt;br /&gt;sobreexcedía a la de los ángeles y Santos, y sus&lt;br /&gt;merecimientos eran con proporción a la gracia; porque&lt;br /&gt;en el primer acto mereció más que todos con los&lt;br /&gt;supremos y últimos que hicieron para llegar a la visión&lt;br /&gt;beatífica de que gozan. Conforme a esto, si en los demás&lt;br /&gt;Santos es justicia diferir el premio que merecen de la&lt;br /&gt;gloria hasta que llegue el término de la vida mortal, y con&lt;br /&gt;él también el de merecerla, no parece contra justicia que&lt;br /&gt;con María Santísima no se entienda tan rigurosamente&lt;br /&gt;esta ley, y que con ella tenga el altísimo Gobernador otra&lt;br /&gt;providencia y la tuviese mientras vivía en carne mortal.&lt;br /&gt;No sufría tanta dilación el amor de la Beatísima Trinidad&lt;br /&gt;para con esta Señora, sin manifestársele muchas veces;&lt;br /&gt;pues lo merecía sobre todos los Ángeles, Serafines y&lt;br /&gt;Santos que con menos gracia y merecimientos habían de&lt;br /&gt;gozar del sumo bien. Fuera de esta razón, había otra de&lt;br /&gt;congruencia para manifestarse la Divinidad claramente,&lt;br /&gt;por ser elegida para Madre del mismo Dios, porque&lt;br /&gt;conociese con experiencia y fruición el tesoro de la&lt;br /&gt;108&lt;br /&gt;Divinidad infinita, a quien había de vestir de carne mortal&lt;br /&gt;y traer en sus virginales entrañas; y después tratase a su&lt;br /&gt;Hijo Santísimo como a Dios verdadero, de cuya vista&lt;br /&gt;había gozado.&lt;br /&gt;626. Pero con toda la pureza y limpieza que está dicha&lt;br /&gt;y añadiéndole al alma la gracia que la santifica, no está&lt;br /&gt;proporcionada ni dispuesta para la visión beatífica,&lt;br /&gt;porque le faltan otras disposiciones y efectos Divinos que&lt;br /&gt;recibía la Reina del cielo cuando gozaba de este&lt;br /&gt;beneficio; y con mayor razón las ha menester cualquiera&lt;br /&gt;otra alma si le hiciesen este favor en carne mortal.&lt;br /&gt;Estando, pues, el alma limpia y santificada, como he&lt;br /&gt;dicho, le da el Altísimo un retoque como con un fuego&lt;br /&gt;espiritualísimo, que la caldea y acrisola como al oro el&lt;br /&gt;fuego material, al modo que los Serafines purificaron a&lt;br /&gt;Isaías (Is., 6, 7). Este beneficio hace dos efectos en el&lt;br /&gt;alma; el uno, que la espiritualiza y separa de ella —a&lt;br /&gt;nuestro modo de entender— la escoria y terrenidad de su&lt;br /&gt;propio ser y de la unión terrena del cuerpo material; el&lt;br /&gt;otro, que llena toda el alma de una nueva luz que&lt;br /&gt;destierra no sé qué oscuridad y tinieblas, como la luz del&lt;br /&gt;alba destierra las de la noche; y esta nueva luz se queda&lt;br /&gt;en posesión, y la deja clarificada y llena de nuevos&lt;br /&gt;resplandores de este fuego. Y a esta luz se siguen otros&lt;br /&gt;efectos en el alma; porque, si tiene o ha tenido culpas,&lt;br /&gt;las llora con incomparable dolor y contrición, a que no&lt;br /&gt;puede llegar ningún otro dolor humano, que todos en&lt;br /&gt;comparación del que aquí se siente son muy poco&lt;br /&gt;penosos. Luego se siente otro efecto de esta luz, que&lt;br /&gt;purifica el entendimiento de todas las especies que ha&lt;br /&gt;cobrado por los sentidos de las cosas terrenas y visibles&lt;br /&gt;o sensibles, porque todas estas imágenes y especies&lt;br /&gt;adquiridas por los sentidos desproporcionan al&lt;br /&gt;entendimiento y le sirven de óbice para ver claramente al&lt;br /&gt;sumo espíritu de la divinidad; y así es necesario despejar&lt;br /&gt;la potencia y limpiarla de aquellos terrenos simulacros y&lt;br /&gt;109&lt;br /&gt;retratos que la ocupan, no sólo para que no vea clara e&lt;br /&gt;intuitivamente a Dios, pero también para que no le vea&lt;br /&gt;abstractivamente, que para esta visión asimismo es&lt;br /&gt;necesario purificarle.&lt;br /&gt;627. En el alma purísima de nuestra Reina, como no&lt;br /&gt;había culpas que llorar, hacían los demás efectos estas&lt;br /&gt;iluminaciones y purificaciones, comenzando a elevar a la&lt;br /&gt;misma naturaleza y proporcionarla para que no estuviese&lt;br /&gt;tan distante del último fin y no sintiese los efectos de lo&lt;br /&gt;sensible y dependencia del cuerpo. Y junto con esto&lt;br /&gt;causaban en aquella alma candidísima nuevos afectos y&lt;br /&gt;movimientos de humillación y propio conocimiento de la&lt;br /&gt;nada de la criatura, comparada con el Criador y con sus&lt;br /&gt;beneficios; con que se movía su inflamado corazón a&lt;br /&gt;otros muchos actos heroicos de virtudes; y los mismos&lt;br /&gt;efectos haría este beneficio respectivamente, si Dios se&lt;br /&gt;le comunicase a otras almas disponiéndolas para las&lt;br /&gt;visiones de su Divinidad.&lt;br /&gt;628. Bien podría juzgar nuestra rudeza que bastan para&lt;br /&gt;llegar a la visión beatífica estas disposiciones referidas;&lt;br /&gt;pero no es así, porque sobre ellas falta otra cualidad,&lt;br /&gt;vapor o lumen más divino, antes del lumen gloriae. Y esta&lt;br /&gt;nueva purificación, aunque es semejante a las que he&lt;br /&gt;dicho, todavía es diferente en sus efectos; porque levanta&lt;br /&gt;al alma a otro estado más alto y sereno, donde con&lt;br /&gt;mayor tranquilidad siente una paz dulcísima, la cual no&lt;br /&gt;sentía en el estado de las disposiciones y purificaciones&lt;br /&gt;primeras; porque en ellas se siente alguna pena y&lt;br /&gt;amargura de las culpas, si las hubo, o si no, un tedio de la&lt;br /&gt;misma naturaleza terrena y vil; y estos efectos no se&lt;br /&gt;compadecen con estar el alma tan cerca y asimilada a la&lt;br /&gt;suma felicidad. Paréceme que las primeras purificaciones&lt;br /&gt;sirven para mortificar, y ésta que ahora digo sirve de&lt;br /&gt;vivificar y sanar a la naturaleza; y en todas juntas&lt;br /&gt;procede el Altísimo como el pintor, que dibuja primero la&lt;br /&gt;110&lt;br /&gt;imagen y luego le da los primeros colores en bosquejo, y&lt;br /&gt;después le da los últimos para que salga a luz.&lt;br /&gt;629. Sobre todas estas purificaciones, disposiciones&lt;br /&gt;y efectos admirables que causan, comunica Dios la&lt;br /&gt;última que es el lumen gloriae, con el cual se eleva,&lt;br /&gt;conforta y acaba de proporcionarse el alma para ver y&lt;br /&gt;gozar a Dios beatíficamente. En este lumen se le&lt;br /&gt;manifiesta la Divinidad, que sin él no podrá ser vista de&lt;br /&gt;ninguna criatura; y como es imposible por sí sola&lt;br /&gt;alcanzar este lumen y disposiciones, por eso lo es&lt;br /&gt;también ver a Dios naturalmente, porque todo&lt;br /&gt;sobreexcede a las fuerzas de la naturaleza.&lt;br /&gt;630. Con toda esta hermosura y adorno era prevenida la&lt;br /&gt;Esposa del Espíritu Santo, Hija del Padre y Madre del&lt;br /&gt;Hijo, para entrar en el tálamo de la Divinidad, cuando&lt;br /&gt;gozaba de paso de su vista y fruición intuitiva. Y como&lt;br /&gt;todos estos beneficios corresponden a su dignidad y&lt;br /&gt;gracias, por eso no puede caer debajo de razones ni de&lt;br /&gt;pensamiento criado —y menos en el de una mujer&lt;br /&gt;ignorante— qué tan altas y divinas serían en nuestra&lt;br /&gt;Reina estas iluminaciones; y mucho menos se puede&lt;br /&gt;ponderar y apear el gozo de aquella alma santísima&lt;br /&gt;sobre todo el más levantado de los supremos Serafines y&lt;br /&gt;Santos. Si de cualquier justo, aunque sea el menor de los&lt;br /&gt;que gozan de Dios, es verdad infalible que ni ojos lo&lt;br /&gt;vieron, ni oídos lo oyeron, ni puede caer en humano&lt;br /&gt;pensamiento aquello que Dios le tiene preparado (1&lt;br /&gt;Cor., 2, 9) ¿qué será para los mayores Santos? Y si el&lt;br /&gt;mismo Apóstol que dijo esto, confesó no podía decir lo&lt;br /&gt;que él había oído (2 Cor., 12, 4), ¿qué dirá nuestra&lt;br /&gt;cortedad de la Santa de los Santos y Madre del mismo&lt;br /&gt;que es gloria de los Santos? Después del alma de su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo, que era hombre y Dios verdadero, ella fue la&lt;br /&gt;que más misterios y sacramentos conoció y vio en&lt;br /&gt;aquellos infinitos espacios y secretos de la Divinidad; a&lt;br /&gt;111&lt;br /&gt;ella más que a todos los Bienaventurados se le&lt;br /&gt;franquearon los tesoros infinitos, los ensanches de la&lt;br /&gt;eternidad de aquel objeto inaccesible, que ni el&lt;br /&gt;principio ni el fin le pueden limitar; allí quedó letificada&lt;br /&gt;(Sal., 45, 5) y bañada esta Ciudad de Dios del torrente de&lt;br /&gt;la Divinidad, que la inundó con los ímpetus de su&lt;br /&gt;sabiduría y gracia, que la espiritualizaron y divinizaron.&lt;br /&gt;Visión abstractiva de la Divinidad que tenia María&lt;br /&gt;Santísima.&lt;br /&gt;631. El segundo modo y forma de visiones de la Divinidad&lt;br /&gt;que tuvo la Reina del cielo fue abstractivo, que es muy&lt;br /&gt;diferente y muy inferior al intuitivo; y por eso era más&lt;br /&gt;frecuente, aunque no cotidiano o incesante. Este&lt;br /&gt;conocimiento o visión comunica el Altísimo, no&lt;br /&gt;descubriéndose en sí mismo inmediatamente al&lt;br /&gt;entendimiento criado, sino mediante algún velo o&lt;br /&gt;especies en que se manifiesta; y por haber medio entre el&lt;br /&gt;objeto y la potencia, es inferiorísima esta vista respecto&lt;br /&gt;de la visión clara intuitiva; y no enseña la presencia real,&lt;br /&gt;aunque la contiene intelectualmente con inferiores&lt;br /&gt;condiciones. Y aunque conoce la criatura que está cerca&lt;br /&gt;de la Divinidad, y en ella descubre los atributos,&lt;br /&gt;perfecciones y secretos, que como en espejo voluntario le&lt;br /&gt;quiere Dios mostrar y manifestar, pero no siente ni&lt;br /&gt;conoce su presencia, ni la goza a satisfacción ni hartura.&lt;br /&gt;632. Con todo eso, este beneficio es grande, raro, y&lt;br /&gt;después de la visión clara es el mayor; y aunque no pide&lt;br /&gt;lumen gloriae más de la luz que tienen las mismas&lt;br /&gt;especies, ni tampoco se requiere la última disposición y&lt;br /&gt;purificación a que sigue el lumen gloriae, pero todas las&lt;br /&gt;demás disposiciones antecedentes que preceden a la&lt;br /&gt;visión clara, preceden a ésta; porque con ella entra el&lt;br /&gt;alma en los atrios (Sal., 64, 5) de la casa del Señor Dios&lt;br /&gt;eterno. Los efectos de esta visión son admirables, porque&lt;br /&gt;112&lt;br /&gt;a más del estado que supone el alma, hallándola a sí&lt;br /&gt;sobre sí (Lam., 3, 28), la embriaga (Sal., 25, 9) de una&lt;br /&gt;inefable e inexplicable suavidad y dulzura, con que la&lt;br /&gt;inflama en el amor Divino y se transforma en él y la causa&lt;br /&gt;un olvido y enajenamiento de todo lo terreno y de sí&lt;br /&gt;misma, que ya no vive ella en sí, sino en Cristo, y Cristo&lt;br /&gt;en ella (Gal., 2, 20). Fuera de esto le queda de esta visión&lt;br /&gt;al alma una luz, que si no la perdiese por su negligencia&lt;br /&gt;y tibieza o por alguna culpa, siempre la encaminaría a lo&lt;br /&gt;más alto de la perfección, enseñándola los más seguros&lt;br /&gt;caminos de la eternidad, y sería como el fuego perpetuo&lt;br /&gt;del santuario (Lev., 6, 12) y como la lucerna de la ciudad&lt;br /&gt;de Dios (Ap., 22, 5).&lt;br /&gt;633. Estos y otros efectos causaba esta visión Divina en&lt;br /&gt;nuestra soberana Reina con grado tan eminente, que no&lt;br /&gt;puedo yo explicar mi concepto con los términos&lt;br /&gt;ordinarios. Pero déjase entender algo considerando&lt;br /&gt;el estado de aquella alma purísima, donde no había&lt;br /&gt;impedimento de tibieza ni óbice de culpa, descuido, ni&lt;br /&gt;olvido, ni negligencia, ni ignorancia, ni una mínima&lt;br /&gt;inadvertencia; antes estaba llena de gracia ardiente en&lt;br /&gt;el amor, diligente en el obrar, perpetua e incesante en&lt;br /&gt;alabar al Criador, solícita y oficiosa en darle gloria y&lt;br /&gt;dispuesta para que su brazo poderoso obrase en ella sin&lt;br /&gt;contradicción ni dificultad alguna. Tuvo este género&lt;br /&gt;de visión y beneficio en el primer instante de su&lt;br /&gt;concepción, como ya he dicho en su lugar (Cf. supra n.&lt;br /&gt;229, 237, 312, 383, 389), y después muchas veces en el&lt;br /&gt;discurso de su vida santísima, de que también hablaré&lt;br /&gt;adelante (Cf. infra n. 734, 742; p. II n. 6-8; p. III n. 537).&lt;br /&gt;&gt;&gt;sigue parte 5&gt;&gt;&lt;br /&gt;113&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8184460459107011317-3566086919251211331?l=misticaciudaddedios4.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8184460459107011317/posts/default/3566086919251211331'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8184460459107011317/posts/default/3566086919251211331'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://misticaciudaddedios4.blogspot.com/2008/06/mstica-ciudad-de-dios-parte-4.html' title='MÍSTICA CIUDAD DE DIOS parte 4'/><author><name>PIOJOSALTARIN</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16286221232053703537</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8184460459107011317.post-3970637609349135477</id><published>2008-06-23T12:51:00.001-07:00</published><updated>2008-06-23T13:19:24.378-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='MISTICA CIUDAD DE DIOS 4'/><title type='text'>MÍSTICA CIUDAD DE DIOS parte 4</title><content type='html'>1&lt;br /&gt;MÍSTICA CIUDAD DE DIOS: PARTE 4&lt;br /&gt;CAPITULO 4&lt;br /&gt;De la perfección con que María Santísima guardaba&lt;br /&gt;las ceremonias del templo y lo que en él le ordenaron.&lt;br /&gt;463. Volviendo a proseguir nuestra divina Historia,&lt;br /&gt;después que la Niña Santísima consagró el templo con su&lt;br /&gt;presencia y habitación, fue creciendo con toda propiedad&lt;br /&gt;en sabiduría y gracia acerca de Dios y de los hombres.&lt;br /&gt;Las inteligencias que se me han dado de lo que la mano&lt;br /&gt;poderosa iba obrando en la Princesa del Cielo en&lt;br /&gt;aquellos años, me ponen como en la margen de un mar&lt;br /&gt;dilatadísimo y sin términos, dejándome admirada y&lt;br /&gt;dudosa por dónde entraré en tan inmenso piélago para&lt;br /&gt;salir con acierto, habiendo de ser inexcusable dejar&lt;br /&gt;mucho y dificultoso acertar en lo poco. Diré, pues, lo que&lt;br /&gt;el Altísimo me declaró en una ocasión, hablándome de&lt;br /&gt;esta manera:&lt;br /&gt;464. Las obras que hizo en el templo la que había de ser&lt;br /&gt;Madre del Verbo Humanado, fueron en todo y por todo&lt;br /&gt;perfectísimas, y el alcanzarlas excede a la capacidad de&lt;br /&gt;toda humana criatura y angélica. Los actos de las&lt;br /&gt;virtudes interiores fueron tantos y de tan alto&lt;br /&gt;merecimiento y fervor, que se adelantaron a todos los&lt;br /&gt;de los Serafines; y tú, alma, conocerás de ellos mucho&lt;br /&gt;más de lo que pueden explicar tus palabras y tu lengua.&lt;br /&gt;Pero mi voluntad es que, en el tiempo de tu peregrinación&lt;br /&gt;en el cuerpo mortal, pongas a María Santísima por&lt;br /&gt;principio de tu alegría y la sigas por el desierto de la&lt;br /&gt;renunciación y negación de todo lo humano y visible.&lt;br /&gt;Sigúela por la perfecta imitación conforme a tus fuerzas y&lt;br /&gt;a la luz que recibes; ella será tu norte y tu maestra y te&lt;br /&gt;hará manifiesta mi voluntad y en ella hallarás mi ley&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;santísima escrita con el poder de mi brazo, en que&lt;br /&gt;meditarás de día y de noche. Ella será quien con su&lt;br /&gt;intercesión herirá la piedra (Num., 20, 11) de la&lt;br /&gt;humanidad de Cristo, para que en ese desierto redunden&lt;br /&gt;en ti las aguas de la Divina gracia y luz con que sea tu&lt;br /&gt;sed saciada, ilustrado tu entendimiento y tu voluntad&lt;br /&gt;inflamada. Será columna de fuego (Ex., 13, 21) que te dé&lt;br /&gt;luz y nube que te haga sombra y refrigere con su&lt;br /&gt;protección de los ardores de las pasiones e inclemencias&lt;br /&gt;de tus enemigos.&lt;br /&gt;465. Tendrás en ella ángel que te encamine (Ex., 23,20)&lt;br /&gt;y te desvíe lejos de los peligros de Babilonia y de&lt;br /&gt;Sodoma para que no te alcance mi castigo. Tendrás&lt;br /&gt;madre que te ame, amiga que te consuele, señora que te&lt;br /&gt;mande, protectora que te ampare y reina a quien como&lt;br /&gt;esclava sirvas y obedezcas. En las virtudes que obró esta&lt;br /&gt;Madre de mi Unigénito en el templo hallarás un arancel&lt;br /&gt;universal de toda la suma perfección por donde&lt;br /&gt;gobiernes tu vida, un espejo sin mácula en que reverbera&lt;br /&gt;la imagen viva del Verbo Humanado, una copia ajustada&lt;br /&gt;y sin erratas de toda su santidad, la hermosura de la&lt;br /&gt;virginidad, lo especioso de la humildad, la prontitud de la&lt;br /&gt;devoción y obediencia, la firmeza de la fe, la certeza de&lt;br /&gt;la esperanza, lo inflamado de la caridad y un copiosísimo&lt;br /&gt;mapa de todas las maravillas de mi diestra. Con este&lt;br /&gt;nivel has de regular tu vida y por este espejo quiero que&lt;br /&gt;la compongas y te adornes, acrecentando tu hermosura y&lt;br /&gt;gracia, como esposa que desea entrar en el tálamo de su&lt;br /&gt;esposo y señor.&lt;br /&gt;466. Y si la nobleza y calidad del maestro sirve de&lt;br /&gt;estímulo al discípulo y le hace más amable su doctrina&lt;br /&gt;¿quién puede atraerte con mayor fuerza que la maestra&lt;br /&gt;misma que es Madre de tu Esposo, y escogida por más&lt;br /&gt;pura y santa, y sin mácula de culpa, para que fuese&lt;br /&gt;Virgen y juntamente Madre del Unigénito del eterno&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;Padre y el resplandor de su divinidad en la misma&lt;br /&gt;sustancia? Oye, pues, a tan soberana Maestra, sigúela&lt;br /&gt;por su imitación y medita siempre sin intervalo sus&lt;br /&gt;admirables excelencias y virtudes. Y advierte que la vida&lt;br /&gt;y conversación que tuvo en el templo fue el original que&lt;br /&gt;han de copiar en sí mismas todas las almas que a su&lt;br /&gt;imitación se consagraron por esposas de Cristo.—Esta&lt;br /&gt;inteligencia y doctrina es la que me dio el Altísimo en&lt;br /&gt;general de las acciones que María Santísima obraba los&lt;br /&gt;años que vivió en el templo.&lt;br /&gt;467. Pero descendiendo más en particular a sus&lt;br /&gt;ocupaciones, después de aquella visión de la divinidad&lt;br /&gt;que dije en el cap. 2, y después de haberse ofrecido toda&lt;br /&gt;al Señor, y a su maestra todas las cosas que tenía,&lt;br /&gt;quedando absolutamente pobre y resignada en manos&lt;br /&gt;de la obediencia, disimulando con el velo de estas&lt;br /&gt;virtudes los tesoros de sabiduría y gracia en que excedía&lt;br /&gt;a los supremos Serafines y Ángeles, pidió con humildad a&lt;br /&gt;los sacerdotes y maestra le ordenasen la vida y&lt;br /&gt;ocupaciones en que había de trabajar. Y habiéndolo&lt;br /&gt;conferido con especial luz que les fue dada y deseando&lt;br /&gt;medir por entonces los ejercicios de la divina niña con la&lt;br /&gt;edad de tres años, la llamaron a su presencia el&lt;br /&gt;sacerdote y la maestra Ana. Estuvo la Princesa del Cielo&lt;br /&gt;hincadas las rodillas para oírlos y, aunque la mandaron&lt;br /&gt;se levantase, pidió licencia con suma modestia para&lt;br /&gt;estar con aquella reverencia delante del ministro y&lt;br /&gt;sacerdote del Altísimo y de su propia maestra por el&lt;br /&gt;oficio y dignidad que tenían.&lt;br /&gt;468. Hablóla el sacerdote y díjola: Hija, muy niña os ha&lt;br /&gt;traído el Señor a su casa y templo santo, pero agradeced&lt;br /&gt;este favor y procurad lograrle trabajando mucho en&lt;br /&gt;servirle con verdad y corazón perfecto, en aprender&lt;br /&gt;todas las virtudes, para que de este lugar sagrado volváis&lt;br /&gt;prevenida y guarnecida para llevar los trabajos del&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;mundo y defenderos de sus peligros. Obedeced a vuestra&lt;br /&gt;maestra Ana y comenzad temprano a llevar el yugo&lt;br /&gt;(Lam., 3, 27) suave de la virtud, para que le halléis más&lt;br /&gt;fácil en lo restante de la vida.—Respondió la soberana&lt;br /&gt;niña: Vos, señor mío, como sacerdote y ministro del&lt;br /&gt;Altísimo, que estáis en lugar suyo, y mi maestra&lt;br /&gt;juntamente, me mandaréis y enseñaréis lo que debo&lt;br /&gt;hacer para no errar yo en ello; y así os lo suplico con&lt;br /&gt;deseo de obedecer en todo a vuestra voluntad.&lt;br /&gt;469. Sentían el sacerdote y la maestra Ana en su interior&lt;br /&gt;grande ilustración y fuerza divina para atender con&lt;br /&gt;particularidad a la divina niña y cuidar de ella más que&lt;br /&gt;de las otras doncellas; y confiriendo el gran concepto que&lt;br /&gt;de ella habían hecho, sin saber el misterio oculto de&lt;br /&gt;aquel soberano impulso, determinaron asistirla y cuidar&lt;br /&gt;de ella y de su gobierno con especial atención. Pero&lt;br /&gt;como ésta sólo podía extenderse a las acciones visibles y&lt;br /&gt;exteriores, no le pudieron tasar los actos interiores y&lt;br /&gt;afectos del corazón que sólo el Altísimo gobernaba con&lt;br /&gt;singular protección y gracia; y así estaba libre aquel&lt;br /&gt;cándido corazón de la Princesa del cielo para crecer y&lt;br /&gt;adelantarse en las virtudes interiores, sin perder un&lt;br /&gt;instante en que no obrase lo sumo y más excelente de&lt;br /&gt;todas.&lt;br /&gt;470. Ordenóla también el sacerdote sus ocupaciones y&lt;br /&gt;la dijo: Hija mía, a las divinas alabanzas y cánticos del&lt;br /&gt;Señor asistiréis con toda reverencia y devoción y haréis&lt;br /&gt;siempre oración al Muy Alto por las necesidades de su&lt;br /&gt;Templo Santo y de su pueblo y por la venida del Mesías.&lt;br /&gt;A las ocho de la noche os recogeréis a dormir y al salir el&lt;br /&gt;alba os levantaréis a orar y bendecir al Señor hasta hora&lt;br /&gt;de tercia —esta hora era la que ahora las nueve—; desde&lt;br /&gt;tercia hasta la tarde ocuparéis en alguna labor de manos&lt;br /&gt;para que en todo seáis enseñada; y en la comida, que&lt;br /&gt;después del trabajo tomaréis, guardad la templanza que&lt;br /&gt;5&lt;br /&gt;conviene; iréis luego a oír lo que la maestra os enseñare&lt;br /&gt;y lo restante del día ocuparéis en la lección de las&lt;br /&gt;Escrituras Santas; y en todo seréis humilde, afable y&lt;br /&gt;obediente a lo que mandare vuestra maestra.&lt;br /&gt;471. Oyó siempre la Santísima Niña de rodillas al&lt;br /&gt;sacerdote y pidióle la bendición y la mano y,&lt;br /&gt;habiéndosela besado a él y a la maestra, propuso en su&lt;br /&gt;corazón guardar el orden que le señalaban de su vida&lt;br /&gt;todo el tiempo que estuviese en el Templo y no le mandasen&lt;br /&gt;otra cosa; y como lo propuso lo cumplió la que era&lt;br /&gt;maestra de santidad y virtud, como si fuera la menor&lt;br /&gt;discípula. A muchas obras exteriores, más de las que le&lt;br /&gt;ordenaron, se extendían sus afectos y ardentísimo amor,&lt;br /&gt;pero sujetóle al ministro del Señor, anteponiendo el&lt;br /&gt;sacrificio de la perfecta y santa obediencia a sus fervores&lt;br /&gt;y dictamen propio; conociendo, como maestra de toda&lt;br /&gt;perfección, que se asegura más el cumplimiento de la&lt;br /&gt;voluntad divina en el humilde rendimiento de obedecer&lt;br /&gt;que en los deseos más altos de otras virtudes. Con este&lt;br /&gt;raro ejemplo quedaremos enseñadas las almas,&lt;br /&gt;especialmente las religiosas, a no seguir nuestros&lt;br /&gt;fervorcillos y dictámenes contra el de la obediencia y&lt;br /&gt;voluntad de los superiores, pues en ellos nos enseña Dios&lt;br /&gt;su gusto y beneplácito y en nuestros afectos buscamos&lt;br /&gt;sólo nuestro antojo; en los superiores obra Dios y en&lt;br /&gt;nosotros, si es contra ellos, obra la tentación, la pasión&lt;br /&gt;ciega y el engaño.&lt;br /&gt;472. En lo que nuestra Reina y Señora se señaló, a más&lt;br /&gt;de lo que le ordenaron, fue pedir licencia a su maestra&lt;br /&gt;para servir a todas las otras doncellas y ejercitar los&lt;br /&gt;oficios humildes de barrer y limpiar la casa y lavar los&lt;br /&gt;platos. Y si bien esto parecía novedad, y más en las&lt;br /&gt;primogénitas, porque las trataban con mayor autoridad y&lt;br /&gt;respeto, pero la humildad sin semejante de la divina Princesa&lt;br /&gt;no podía resistirse o contenerse en los límites de la&lt;br /&gt;6&lt;br /&gt;majestad sin descender a todos los ejercicios más&lt;br /&gt;inferiores; y así los hacía con tan prevenida humildad,&lt;br /&gt;que ganaba el tiempo y ocasión de lo que otras habían&lt;br /&gt;de hacer, para tenerlo hecho antes que ninguna. Con la&lt;br /&gt;ciencia infusa conocía todos los misterios y ceremonias&lt;br /&gt;del templo, pero como si no las conociera las aprendió&lt;br /&gt;por disciplina y experiencia, sin faltar jamás a ceremonia&lt;br /&gt;ni acción por mínima que fuese. Era estudiosísima en su&lt;br /&gt;humillación y desprecio rendidísimo; y a su maestra cada&lt;br /&gt;día por la mañana y tarde pedía la bendición y besaba la&lt;br /&gt;mano, y lo mismo hacía cuando la mandaba algún acto&lt;br /&gt;de humildad o le daba licencia para hacerlo, y algunas&lt;br /&gt;veces, si lo permitía, le besaba los pies con humildad&lt;br /&gt;profundísima.&lt;br /&gt;473. Era tan dócil la soberana Princesa, tan apacible y&lt;br /&gt;suave en su proceder, tan oficiosa, rendida y diligente en&lt;br /&gt;humillarse, en servir y respetar a todas las doncellas que&lt;br /&gt;vivían en el templo, que a todas robaba el corazón y a&lt;br /&gt;todas obedecía como si cada una fuera su maestra. Y con&lt;br /&gt;la inefable y celestial prudencia que tenía, ordenaba sus&lt;br /&gt;acciones de suerte que no se le perdiese ocasión alguna&lt;br /&gt;en que adelantarse a todas las obras manuales, humildes&lt;br /&gt;y del servicio de sus compañeras y agrado de la voluntad&lt;br /&gt;divina.&lt;br /&gt;474. Pero ¿qué diré yo, vilísima criatura, y qué diremos&lt;br /&gt;todos los fieles hijos de la Iglesia Católica, llegando a&lt;br /&gt;escribir y ponderar este ejemplo vivo de humildad? Virtud&lt;br /&gt;grande nos parece que el inferior obedezca al superior y&lt;br /&gt;el menor al mayor y humildad grande que el igual quiera&lt;br /&gt;obedecer lo que le manda otro igual; pero que el inferior&lt;br /&gt;mande y el superior obedezca, que la reina se humille a&lt;br /&gt;la esclava, la santísima y perfectísima criatura a un&lt;br /&gt;gusanillo, la Señora del cielo y tierra a una ínfima&lt;br /&gt;mujercilla; y que esto sea tan de corazón y verdad ¿quién&lt;br /&gt;no se admira y se confunde en su desvanecida soberbia?&lt;br /&gt;7&lt;br /&gt;¿Quién se mira en este claro espejo, que no vea su infeliz&lt;br /&gt;presunción? ¿Quién podrá imaginar que ha conocido la&lt;br /&gt;humildad verdadera, cuanto menos obrarla, si la&lt;br /&gt;reconoce y mira en su propia esfera María Santísima? Las&lt;br /&gt;almas que vivimos debajo de la obediencia prometida,&lt;br /&gt;lleguemos a esta luz para conocer y corregir nuestros&lt;br /&gt;desórdenes, cuando la obediencia de los superiores que&lt;br /&gt;representan a Dios se nos hace molesta y dura si&lt;br /&gt;contradice a nuestro antojo. Quebrántese aquí nuestra&lt;br /&gt;dureza, humíllese la más engreída y confúndase en su&lt;br /&gt;vergonzosa soberbia y desvanézcase la presunción de la&lt;br /&gt;que se juzga por obediente y humilde, por haberse&lt;br /&gt;rendido tal vez a los superiores, pues no ha llegado a&lt;br /&gt;pensar de sí que a todas es inferior y a ninguna es igual,&lt;br /&gt;como lo juzgó la que es superior a todas.&lt;br /&gt;475. La hermosura, gracia, el donaire y agrado de&lt;br /&gt;nuestra Reina eran incomparables, porque a más de&lt;br /&gt;estar en ella en grado perfectísimo todas las gracias y&lt;br /&gt;dones naturales de alma y cuerpo, como no estaban&lt;br /&gt;solas, antes obraba en ellas el realce de la gracia&lt;br /&gt;sobrenatural y divina, hacía un admirable compuesto de&lt;br /&gt;gracias y hermosura en el ser y en el obrar, con que&lt;br /&gt;llevaba la admiración y el afecto de todos; aunque la&lt;br /&gt;divina providencia moderaba las demostraciones que de&lt;br /&gt;esto hicieran cuantos la trataban, si se dejaran a la&lt;br /&gt;fuerza de su amor fervoroso con la Reina. En la comida y&lt;br /&gt;sueno era, como en las demás virtudes, perfectísima;&lt;br /&gt;tenía regla ajustada a la templanza, jamás excedía, ni&lt;br /&gt;pudo, antes moderaba algo de lo que era necesario. Y&lt;br /&gt;aunque el breve sueño que recibía no la impedía la&lt;br /&gt;altísima contemplación —como otras veces he dicho (Cf.&lt;br /&gt;supra n. 353)— por su voluntad le dejara; pero en virtud&lt;br /&gt;de la obediencia se recogía el tiempo que le habían&lt;br /&gt;señalado y en su humilde y pobre lecho, florido (Cant., 1,&lt;br /&gt;15) de virtudes y de los Serafines y Ángeles que la&lt;br /&gt;guardaban y asistían, gozaba de más altas inteligencias,&lt;br /&gt;8&lt;br /&gt;fuera de la visión beatífica, y de más inflamado amor que&lt;br /&gt;todos ellos juntos.&lt;br /&gt;476. Dispensaba el tiempo y le distribuía con rara&lt;br /&gt;discreción, para dar el que le tocaba a cada una de sus&lt;br /&gt;acciones y ocupaciones. Leía mucho en las Sagradas&lt;br /&gt;Escrituras antiguas; y con la ciencia infusa estaba tan&lt;br /&gt;capaz de todas ellas y de sus profundos misterios, que&lt;br /&gt;ninguno se le ocultó, porque le manifestó el Altísimo&lt;br /&gt;todos sus secretos y sacramentos, y con los Santos&lt;br /&gt;Ángeles de su custodia los trataba y confería,&lt;br /&gt;confirmándose en ellos y preguntándoles muchas cosas&lt;br /&gt;con incomparable profundidad y grande agudeza. Y si&lt;br /&gt;esta soberana Maestra escribiera lo que entendió,&lt;br /&gt;tuviéramos otras muchas escrituras divinas, y de las que&lt;br /&gt;tiene la Iglesia alcanzáramos toda la inteligencia&lt;br /&gt;perfecta de sus profundos sentidos y misterios. Pero de&lt;br /&gt;toda esta plenitud de ciencia se valía para el culto,&lt;br /&gt;alabanza y amor divino y toda la reducía a este fin, sin&lt;br /&gt;que en ella hubiese rayo de luz ocioso ni estéril. Era&lt;br /&gt;prestísima en discurrir, profundísima en entender,&lt;br /&gt;altísima y nobilísima en pensamientos, prudentísima en&lt;br /&gt;elegir y disponer, eficacísima y suavísima en obrar y en&lt;br /&gt;todo era una regla perfectísima y un objeto prodigioso de&lt;br /&gt;admiración para los hombres, para los Ángeles y, en su&lt;br /&gt;modo, para el mismo Señor, que la hizo toda a su corazón&lt;br /&gt;y agrado.&lt;br /&gt;Doctrina de la soberana Señora.&lt;br /&gt;477. Hija mía, la naturaleza humana es imperfecta y&lt;br /&gt;remisa en obrar la virtud y frágil en desfallecer, porque&lt;br /&gt;se inclina mucho al descanso y repugna al trabajo con&lt;br /&gt;todas sus fuerzas. Y cuando el alma escucha y&lt;br /&gt;contemporiza con las inclinaciones de la parte animal y&lt;br /&gt;le da mano, ella la toma de suerte que se hace superior a&lt;br /&gt;9&lt;br /&gt;las fuerzas de la razón y del espíritu y le reduce a&lt;br /&gt;peligrosa y vil servidumbre. En todas las almas este&lt;br /&gt;desorden de la naturaleza es abominable y formidable,&lt;br /&gt;pero sin comparación le aborrece Dios en sus ministros y&lt;br /&gt;religiosos, a quienes, como la obligación de ser perfectos&lt;br /&gt;es más legítima, así es mayor el daño de no salir siempre&lt;br /&gt;victoriosos de esta contienda de las pasiones. De esta&lt;br /&gt;tibieza en resistir y la frecuencia en ser vencidos, resulta&lt;br /&gt;un desaliento y perversidad de juicio, que vienen a&lt;br /&gt;satisfacer y quedar mal seguros con hacer algunas&lt;br /&gt;ceremonias muy leves de virtud, y aun les parece, sin&lt;br /&gt;hacer cosa de provecho, que mudan un monte de una&lt;br /&gt;parte a otra. Introduce con esto el demonio otros&lt;br /&gt;divertimientos y tentaciones y, con el poco aprecio que&lt;br /&gt;hacen de las leyes y ceremonias comunes de la religión,&lt;br /&gt;vienen a desfallecer casi en todas y, juzgándolas cada&lt;br /&gt;una por cosa leve y pequeña, llegan a perder el&lt;br /&gt;conocimiento de la virtud y vivir en una falsa seguridad.&lt;br /&gt;478. Pero tú, hija mía, quiero que te guardes de tan&lt;br /&gt;peligroso engaño y adviertas que un descuido voluntario&lt;br /&gt;en una imperfección dispone y abre camino para otra, y&lt;br /&gt;éstas para los pecados veniales, y ellos para los&lt;br /&gt;mortales, y de un abismo en otro se llega al profundo y al&lt;br /&gt;desprecio de todo mal. Para prevenir este daño se debe&lt;br /&gt;atajar muy de lejos la corriente, porque una obra o&lt;br /&gt;ceremonia que parece pequeña es antemuralla que&lt;br /&gt;detiene lejos al enemigo, y los preceptos y leyes de las&lt;br /&gt;obras mayores obligatorias son el muro de la conciencia,&lt;br /&gt;y si el demonio rompe y gana la primera defensa está&lt;br /&gt;más cerca de ganar la segunda, y si en ésta hace portillo&lt;br /&gt;con algún pecado, aunque no sea gravísimo, ya tiene más&lt;br /&gt;fácil y seguro el asalto del reino interior del alma, y como&lt;br /&gt;ella se halla debilitada con los actos y hábitos viciosos, y&lt;br /&gt;sin las fuerzas de la gracia, no resiste con fortaleza, y el&lt;br /&gt;demonio que la tiene adquirida la sujeta y oprime sin&lt;br /&gt;hallar resistencia.&lt;br /&gt;10&lt;br /&gt;479. Considera, pues, ahora, carísima, cuánto ha de ser&lt;br /&gt;tu desvelo entre tantos peligros, cuánta tu obligación&lt;br /&gt;para no dormir entre ellos. Considérate religiosa,&lt;br /&gt;esposa de Cristo, prelada, enseñada, ilustrada y llena&lt;br /&gt;de tan singulares beneficios, y por estos títulos y otros,&lt;br /&gt;que en ellos debes ponderar, mide tu cuidado, pues a&lt;br /&gt;todos debes retorno y correspondencia a tu Señor.&lt;br /&gt;Trabaja, porque seas puntual en el cumplimiento de&lt;br /&gt;todas las ceremonias y leyes de la religión y para ti no&lt;br /&gt;haya ley, ni mandato, ni acción perfecta que sea&lt;br /&gt;pequeña; ninguna desprecies ni olvides, todas las&lt;br /&gt;observa con rigor, porque en los ojos de Dios todo es&lt;br /&gt;precioso y grande, lo que se hace por su gusto. Cierto es&lt;br /&gt;que le tiene en ver cumplido lo que manda y que el&lt;br /&gt;despreciarlo le ofende. En todo considera que tienes&lt;br /&gt;Esposo a quien agradar, Dios a quien servir, Padre a&lt;br /&gt;quien obedecer, Juez a quien temer y Maestra a quien&lt;br /&gt;imitar y seguir.&lt;br /&gt;480. Para que todo esto lo cumplas has de renovar en tu&lt;br /&gt;ánimo una resolución fuerte y eficaz de no oír a tus&lt;br /&gt;inclinaciones ni consentir en la flojedad remisa de tu&lt;br /&gt;naturaleza; ni, por la dificultad que sintieres, omitir&lt;br /&gt;acción o ceremonia alguna, aunque sea besar la tierra,&lt;br /&gt;cuando sueles hacerlo, según la costumbre de la religión;&lt;br /&gt;lo poco y lo mucho ejecuta con afecto y constancia y&lt;br /&gt;serás agradable a los ojos de mi Hijo y a los míos. En las&lt;br /&gt;obras de supererogación pide consejo a tu Confesor y&lt;br /&gt;Prelado; y primero suplica a Dios que le dé acierto y&lt;br /&gt;llega desnuda de toda inclinación y afecto a cosa&lt;br /&gt;determinada, y lo que te ordenare, óyelo y escríbelo en&lt;br /&gt;tu corazón y ejecútalo con puntualidad; y si es posible&lt;br /&gt;acudir a la obediencia y consejo, nunca por ti sola&lt;br /&gt;determines cosa alguna por más buena que te parezca;&lt;br /&gt;que la voluntad de Dios se te manifestará siempre por la&lt;br /&gt;santa obediencia.&lt;br /&gt;11&lt;br /&gt;CAPITULO 5&lt;br /&gt;Del grado perfectísimo de las virtudes de María&lt;br /&gt;Santísima en general y cómo las iba ejecutando.&lt;br /&gt;481. Es la virtud un hábito que adorna y ennoblece la&lt;br /&gt;potencia racional de la criatura y la inclina a la buena&lt;br /&gt;operación. Llámase hábito, porque es una cualidad&lt;br /&gt;permanente que con dificultad se aparta de la potencia,&lt;br /&gt;a diferencia del acto que se pasa luego y no permanece.&lt;br /&gt;Inclina y facilita la virtud a las operaciones y las hace&lt;br /&gt;buenas; lo que no tenía por sí sola la potencia, porque es&lt;br /&gt;indiferente para las obras buenas y malas. Fue adornada&lt;br /&gt;María Santísima desde el primer instante de su vida con&lt;br /&gt;los hábitos de todas las virtudes en grado eminentísimo, y&lt;br /&gt;continuamente fueron aumentando con nueva gracia y&lt;br /&gt;operaciones perfectas en que ejercitaba con altísimos&lt;br /&gt;merecimientos de todas las virtudes que la mano del&lt;br /&gt;Señor le había infundido.&lt;br /&gt;482. Y aunque las potencias de esta Señora y Princesa&lt;br /&gt;Soberana no estaban desordenadas, ni tuvieron&lt;br /&gt;repugnancia que vencer, como la tenemos los demás&lt;br /&gt;hijos de Adán, porque a ella ni la alcanzó la culpa, ni el&lt;br /&gt;fomes que inclina al mal y resiste al bien, pero tenían&lt;br /&gt;aquellas ordenadas potencias capacidad para que los&lt;br /&gt;hábitos virtuosos las inclinasen a lo mejor y más perfecto,&lt;br /&gt;santo y loable. A más de esto, era criatura pasible y pura,&lt;br /&gt;estaba sujeta a sentir pena y a inclinarse al descanso&lt;br /&gt;lícito y dejar de hacer algunas obras, a lo menos de&lt;br /&gt;supererogación, y sin culpa pudiera sentir alguna propensión&lt;br /&gt;a no hacerlas. Para vencer esta natural inclinación y&lt;br /&gt;apetito le ayudaron los hábitos perfectísimos de las&lt;br /&gt;virtudes, a cuyas inclinaciones cooperó la Reina del cielo&lt;br /&gt;tan varonilmente, que en ningún efecto frustró ni impidió&lt;br /&gt;la fuerza con que la movían y purificaban en todas las&lt;br /&gt;12&lt;br /&gt;obras.&lt;br /&gt;483. Con esta armonía y hermosura de todos los hábitos&lt;br /&gt;virtuosos estaba el alma santísima de María tan&lt;br /&gt;ilustrada, ennoblecida y enderezada al bien y al último&lt;br /&gt;fin de la criatura, tan fácil, pronta, eficaz y alegre en el&lt;br /&gt;bien obrar, que si fuera posible penetrar con nuestra&lt;br /&gt;flaca vista aquel secreto tan sagrado de su pecho, fuera&lt;br /&gt;el objeto más hermoso y admirable de todas las criaturas&lt;br /&gt;y de mayor gozo después del mismo Dios. Todo estaba en&lt;br /&gt;María Purísima como en su propio centro y esfera; y así&lt;br /&gt;tenían todas estas virtudes su última perfección sin que&lt;br /&gt;se pudiese decir: esto le falta para ser hermoso y&lt;br /&gt;consumado. Y a más de las virtudes que recibió infusas&lt;br /&gt;tuvo también las adquiridas, que con el uso y ejercicio&lt;br /&gt;granjeó. Y si en las demás almas un acto se suele decir&lt;br /&gt;que no es virtud, porque son necesarios muchos repetidos&lt;br /&gt;para adquirirla, pero las obras de María Santísima fueron&lt;br /&gt;tan eficaces, intensas y perfectas, que cada Una excedía&lt;br /&gt;a todas las de todas las demás criaturas; y conforme a&lt;br /&gt;esto, donde fueron tan repetidos los actos virtuosos, sin&lt;br /&gt;perder punto ni grado de perfectísima eficacia ¿qué&lt;br /&gt;hábitos serían los que esta divina Señora adquirió con sus&lt;br /&gt;propias obras? El fin del obrar, que hace también el acto&lt;br /&gt;virtuoso, porque ha de ser bueno y bien hecho, fue en&lt;br /&gt;María Señora nuestra el supremo de todas las obras, que&lt;br /&gt;es el mismo Dios; porque nada hizo que no la moviese la&lt;br /&gt;gracia y que no lo encaminase a la mayor gloria y&lt;br /&gt;beneplácito del mismo Señor, mirándole como motivo y&lt;br /&gt;último fin.&lt;br /&gt;484. Estos dos géneros de virtudes infusas y adquiridas&lt;br /&gt;asientan sobre otra virtud que se llama natural, porque&lt;br /&gt;nace en nosotros con la misma naturaleza racional, y&lt;br /&gt;tiene por nombre sindéresis. Este es un conocimiento que&lt;br /&gt;la luz de la razón tiene de los primeros fundamentos y&lt;br /&gt;principios de la virtud y una inclinación a ella que a esta&lt;br /&gt;13&lt;br /&gt;luz corresponde en nuestra voluntad, como conocer que&lt;br /&gt;debes amar a quien te hace bien, que no hagas con otro&lt;br /&gt;lo que no quieres que se haga contigo mismo, etc. En la&lt;br /&gt;Reina Santísima fue esta virtud natural o sindéresis&lt;br /&gt;excelentísima y de, los principios naturales infería con&lt;br /&gt;suma y profunda claridad las consecuencias de todo lo&lt;br /&gt;bueno, aunque fuese muy remoto, porque discurría con&lt;br /&gt;increíble viveza y rectitud. Para estos discursos se valía&lt;br /&gt;de la noticia infusa de las criaturas, especialmente de las&lt;br /&gt;más nobles y universales, los cielos, sol, luna y estrellas, y&lt;br /&gt;disposición de todos los orbes y elementos; y en todo&lt;br /&gt;discurría desde el principio al fin, convidando a todas&lt;br /&gt;estas criaturas a que alabasen a su Criador y llevasen al&lt;br /&gt;hombre tras de sí hasta darle este mismo conocimiento&lt;br /&gt;que por ellas podía alcanzar, y no le detuviese hasta&lt;br /&gt;llegar al Criador y Autor de todo.&lt;br /&gt;485. Las virtudes infusas se reducen a dos órdenes y&lt;br /&gt;clases. En la primera entran solamente las que tienen a&lt;br /&gt;Dios por objeto inmediato; por esto se llaman teologales,&lt;br /&gt;que son fe, esperanza y caridad. En el segundo orden&lt;br /&gt;están todas las otras virtudes que tienen por objeto&lt;br /&gt;próximo algún medio o bien honesto que encamina el&lt;br /&gt;alma al último fin, que es el mismo Dios; y éstas se llaman&lt;br /&gt;virtudes morales, porque pertenecen a las costumbres y,&lt;br /&gt;aunque son muchas en número, se reducen a cuatro&lt;br /&gt;cabezas, que por esto se llaman cardinales, cuales son&lt;br /&gt;prudencia, justicia, fortaleza y templanza. De todas estas&lt;br /&gt;virtudes y sus especies hablaré adelante en particular lo&lt;br /&gt;que pudiere, para declarar cómo todas y cada una&lt;br /&gt;estuvieron en las potencias de la soberana Reina. Ahora&lt;br /&gt;sólo advierto generalmente que ninguna le faltó en grado&lt;br /&gt;perfectísimo y con ellas tuvo todos los dones del Espíritu&lt;br /&gt;Santo y los frutos y bienaventuranzas. Y ningún género de&lt;br /&gt;gracia ni beneficio necesario para la perfección&lt;br /&gt;hermosísima de su alma y potencias, dejó de infundirle&lt;br /&gt;Dios desde el primer instante de su concepción, así en la&lt;br /&gt;14&lt;br /&gt;voluntad como en el entendimiento, donde tuvo los&lt;br /&gt;hábitos y especies de las ciencias. Y para decirlo de una&lt;br /&gt;vez, todo lo bueno que pudo darle el Altísimo, como a&lt;br /&gt;Madre de su Hijo, siendo ella pura criatura, todo se lo dio&lt;br /&gt;en supremo y eminentísimo grado. Y sobre esto crecieron&lt;br /&gt;todas sus virtudes: las infusas, porque las aumentaba con&lt;br /&gt;sus merecimientos, y las adquiridas, porque las engendró&lt;br /&gt;y adquirió con los intensísimos actos que hacía&lt;br /&gt;mereciendo.&lt;br /&gt;Doctrina de la Madre de Dios y Virgen Santísima.&lt;br /&gt;486. Hija mía, a todos los mortales sin diferencia&lt;br /&gt;comunica el Altísimo la luz de las virtudes naturales; y a&lt;br /&gt;los que se disponen con ellas y con sus auxilios, les&lt;br /&gt;concede las infusas cuando los justifica; y estos dones&lt;br /&gt;distribuye como Autor de naturaleza y gracia más o&lt;br /&gt;menos, según su equidad y beneplácito. En el bautismo&lt;br /&gt;infunde las virtudes de fe, esperanza y caridad y con&lt;br /&gt;ellas infunde otras para que con todas trabaje y obre&lt;br /&gt;bien la criatura y no sólo se conserve en los dones&lt;br /&gt;recibidos por virtud del sacramento, pero adquiera otros&lt;br /&gt;con sus propias obras y merecimientos. Esta fuera la&lt;br /&gt;suma dicha y felicidad de los hombres si correspondieran&lt;br /&gt;al amor que les muestra su Criador y Reparador,&lt;br /&gt;hermoseando sus almas y facilitándoles con los hábitos&lt;br /&gt;infusos el ejercicio virtuoso de la voluntad; pero el no&lt;br /&gt;corresponder a tan estimable beneficio los hace en&lt;br /&gt;extremo infelices, porque en esta deslealtad consiste la&lt;br /&gt;primera y mayor victoria del demonio contra ellos.&lt;br /&gt;487. De ti, alma, quiero que te ejercites y trabajes con las&lt;br /&gt;virtudes naturales y sobrenaturales, con incesante&lt;br /&gt;diligencia para adquirir los hábitos de las otras virtudes,&lt;br /&gt;que tú puedes granjear con los actos frecuentados de las&lt;br /&gt;que Dios graciosa y liberalmente te ha comunicado;&lt;br /&gt;porque los dones infusos, junto con los que granjea y&lt;br /&gt;15&lt;br /&gt;adquiere el alma, hacen un adorno y un compuesto de&lt;br /&gt;admirable hermosura y sumo agrado en los ojos del&lt;br /&gt;Altísimo. Y te advierto, carísima, que la mano poderosa&lt;br /&gt;de tu Señor ha sido tan larga en estos beneficios para&lt;br /&gt;con tu alma, enriqueciéndola de grandes joyas de su&lt;br /&gt;gracia, que si fueras desagradecida será tu culpa y tu&lt;br /&gt;cargo mayor que con muchas generaciones. Considera y&lt;br /&gt;advierte la nobleza de las virtudes, cuánto ilustran y&lt;br /&gt;hermosean al alma por sí solas, pues cuando no tuvieran&lt;br /&gt;otro fin ni les siguiera otro premio, el poseerlas era&lt;br /&gt;grande por su misma excelencia; pero lo que las sube de&lt;br /&gt;punto es tener por fin último al mismo Dios, a quien ellas&lt;br /&gt;van buscando con la perfección y verdad que en sí&lt;br /&gt;contienen; y llegando a tan alto premio como parar en&lt;br /&gt;Dios, con esto hacen a la criatura dichosa y&lt;br /&gt;bienaventurada.&lt;br /&gt;CAPITULO 6&lt;br /&gt;De la virtud de la fe y su ejercicio que tuvo María&lt;br /&gt;Santísima.&lt;br /&gt;488. En breves razones comprendió Santa Isabel, como lo&lt;br /&gt;refiere el evangelista San Lucas (Lc., 1,45), la grandeza&lt;br /&gt;de la fe de María Santísima, cuando la dijo:&lt;br /&gt;Bienaventurada eres por haber creído; que por esto se&lt;br /&gt;cumplirán en ti las palabras y promesas del Señor. Por la&lt;br /&gt;felicidad y bienaventuranza de esta gran Señora y por su&lt;br /&gt;inefable dignidad se ha de medir su fe; pues fue tal y tan&lt;br /&gt;excelente que por haber creído llegó a la grandeza&lt;br /&gt;mayor después, del mismo Dios. Creyó el mayor&lt;br /&gt;sacramento de los sacramentos y misterios que en ella se&lt;br /&gt;habían de obrar. Y fue tal la prudencia y ciencia divina&lt;br /&gt;de María nuestra Señora para dar crédito a esta verdad&lt;br /&gt;tan nueva y nunca vista, que trascendió sobre todo el&lt;br /&gt;humano y angélico entendimiento y sólo en el Divino se&lt;br /&gt;pudo fraguar su fe, como en la oficina del poder inmenso&lt;br /&gt;16&lt;br /&gt;del Altísimo, donde todas las virtudes de esta Reina se&lt;br /&gt;fabricaron con el brazo de Su Alteza. Yo me hallo siempre&lt;br /&gt;atajada y torpe para hablar de estas virtudes y mucho&lt;br /&gt;más para las anteriores; porque es grande la inteligencia&lt;br /&gt;y luz que de ellas se me ha dado, pero muy limitados los&lt;br /&gt;términos humanos para declarar los conceptos y actos de&lt;br /&gt;fe engendrados en el entendimiento y espíritu de la más&lt;br /&gt;fiel de todas las criaturas, o la que fue más que todas&lt;br /&gt;juntas; diré lo que pudiere, reconociendo mi incapacidad&lt;br /&gt;para lo que pedía mi deseo, y mucho más el argumento.&lt;br /&gt;489. Fue la fe de María Santísima un asombro de toda&lt;br /&gt;la naturaleza criada y un patente prodigio del poder&lt;br /&gt;Divino; y porque en ella estuvo esta virtud de la fe en el&lt;br /&gt;supremo y perfectísimo grado que pudo tener, en gran&lt;br /&gt;parte y por algún modo satisfizo a Dios la mengua que en&lt;br /&gt;la fe habían de tener los hombres. Dio el Altísimo a los&lt;br /&gt;mortales viadores esta excelente virtud, para que sin&lt;br /&gt;embarazo de la carne mortal tuviesen noticia de la&lt;br /&gt;Divinidad y sus misterios y obras admirables, tan cierta,&lt;br /&gt;infalible y segura en la verdad como si le vieran cara a&lt;br /&gt;cara, así como le ven los Ángeles bienaventurados. El&lt;br /&gt;mismo objeto y la misma verdad que ellos tienen patente&lt;br /&gt;con claridad, esa creemos nosotros debajo del velo y&lt;br /&gt;obscuridad de la fe.&lt;br /&gt;490. Este grandioso beneficio, mal conocido y peor&lt;br /&gt;agradecido de los mortales, bien se deja entender —&lt;br /&gt;volviendo los ojos al mundo— cuántas naciones, reinos y&lt;br /&gt;provincias le han desmerecido desde el principio del&lt;br /&gt;mundo; cuántas le han arrojado de sí infelizmente,&lt;br /&gt;habiéndoselo concedido el Señor con liberal&lt;br /&gt;misericordia; y cuántos fieles, habiéndolo recibido sin&lt;br /&gt;merecerlo, le malogran y le tienen como de burlas, ocioso&lt;br /&gt;y sin provecho ni efecto para caminar con él a conseguir&lt;br /&gt;el último fin adonde los endereza y guía. Convenía, pues,&lt;br /&gt;a la Divina equidad, que esta lamentable pérdida tuviese&lt;br /&gt;17&lt;br /&gt;alguna recompensa y que tan incomparable beneficio&lt;br /&gt;tuviese adecuado y proporcionado retorno, en cuanto&lt;br /&gt;fuese posible a las criaturas, y que entre ellas se hallase&lt;br /&gt;alguna en quien estuviera la virtud de la fe en grado&lt;br /&gt;perfectísimo, como en ejemplar y medida de todos los&lt;br /&gt;demás.&lt;br /&gt;491. Todo esto se halló en la gran fe de María Santísima&lt;br /&gt;y sólo por ella y para ella, cuando fuera sola esta Señora&lt;br /&gt;en el mundo, convenientísimamente hubiera Dios criado y&lt;br /&gt;fabricado la virtud excelente de la fe; porque sola María&lt;br /&gt;Purísima desempeñó a la Divina Providencia para que, a&lt;br /&gt;nuestro modo de entender, no padeciera mengua de&lt;br /&gt;parte de los hombres, ni quedara frustrada en la formación&lt;br /&gt;de esta virtud y en la corta correspondencia que&lt;br /&gt;en ella le habían de mostrar los mortales. Este defecto&lt;br /&gt;recompensó la fe de la soberana Reina, y ella copió en sí&lt;br /&gt;misma la Divina idea de esta virtud con la suma posible&lt;br /&gt;perfección; y todos los demás creyentes se pueden&lt;br /&gt;regular y medir por la fe de esta Señora y serán más o&lt;br /&gt;menos fieles cuanto más o menos se ajustaren con la&lt;br /&gt;perfección de su fe incomparable. Y para esto fue&lt;br /&gt;elegida por maestra y ejemplar de todos los creyentes,&lt;br /&gt;entrando los Patriarcas, Profetas, Apóstoles y Mártires y&lt;br /&gt;todos cuantos con ellos han creído y creerán los artículos&lt;br /&gt;de la fe cristiana hasta el fin del mundo.&lt;br /&gt;492. Alguno podría dificultar cómo se compadecía que&lt;br /&gt;la Reina del Cielo ejercitase la fe, supuesto que tuvo&lt;br /&gt;muchas veces visión clara de la Divinidad y muchas más&lt;br /&gt;la tuvo abstractiva, que también hace evidencia de lo&lt;br /&gt;que conoce el entendimiento, como queda dicho arriba&lt;br /&gt;(Cf. supra n. 229 y 237) y adelante repetiré muchas veces&lt;br /&gt;(Passim). Y la duda nacerá de que la fe es la sustancia de&lt;br /&gt;las cosas que esperamos y argumento de las que no&lt;br /&gt;vemos, como lo dice el Apóstol (Heb. 11, 1), que es&lt;br /&gt;decirnos cómo de las cosas que ahora esperamos del&lt;br /&gt;18&lt;br /&gt;último fin de la bienaventuranza no tenemos otra&lt;br /&gt;presencia, ni sustancia o esencia, mientras somos&lt;br /&gt;viadores, más de la que contiene la fe en su objeto creído&lt;br /&gt;oscuramente y por espejo; si bien, la fuerza de este&lt;br /&gt;hábito infuso con que inclina a creer lo que no vemos y la&lt;br /&gt;certeza infalible de lo creído hacen un argumento&lt;br /&gt;infalible y eficaz para el entendimiento y para que la&lt;br /&gt;voluntad segura y sin temor crea lo que desea y espera. Y&lt;br /&gt;conforme a esta doctrina, si la Virgen Santísima en esta&lt;br /&gt;vida llegó a ver y tener a Dios —que todo es uno— sin el&lt;br /&gt;velo de la fe oscura, no parece que le quedaría oscuridad&lt;br /&gt;para creer por fe lo que había visto con claridad cara a&lt;br /&gt;cara, y más si en su entendimiento permanecían las&lt;br /&gt;especies adquiridas en la visión clara o en la evidente de&lt;br /&gt;la Divinidad.&lt;br /&gt;493. Esta duda no sólo no impide la fe de María&lt;br /&gt;Santísima, pero antes la engrandece y levanta de punto,&lt;br /&gt;pues quiso el Señor que su Madre fuese tan admirable en&lt;br /&gt;el privilegio de esta virtud de la fe —y lo mismo es de la&lt;br /&gt;esperanza— que trascendiese a todo el orden común de&lt;br /&gt;los otros viadores y que su excelente entendimiento, para&lt;br /&gt;ser maestra y artífice de estas grandes virtudes, fuese&lt;br /&gt;ilustrado unas veces por los actos perfectísimos de la fe y&lt;br /&gt;esperanza, otras con la visión y posesión, aunque de&lt;br /&gt;paso, del fin y objeto que creía y esperaba, para que en&lt;br /&gt;su original conociese y gustase las verdades que como&lt;br /&gt;maestra de los creyentes había de enseñar a creer por&lt;br /&gt;virtud de la fe; y juntar estas dos cosas en el alma&lt;br /&gt;santísima de María era fácil al poder de Dios; y siéndolo&lt;br /&gt;era como debido a su Madre Purísima, a quien ningún&lt;br /&gt;privilegio por grande desdecía, ni le debía faltar.&lt;br /&gt;494. Verdad es que con la claridad del objeto que&lt;br /&gt;conocemos no se compadece la oscuridad de la fe con&lt;br /&gt;que creemos lo que no vemos, ni con la posesión la&lt;br /&gt;esperanza, ni María Santísima, cuando gozaba de estas&lt;br /&gt;19&lt;br /&gt;visiones evidentes, ni cuando usaba de las especies que&lt;br /&gt;con evidencia, aunque abstractiva, le manifestaban los&lt;br /&gt;objetos, ejercitaba los actos oscuros de la fe, ni usaba de&lt;br /&gt;su hábito, sino de solo el de la ciencia infusa. Mas no por&lt;br /&gt;esto quedaban ociosos los hábitos de las dos virtudes&lt;br /&gt;teologales, fe y esperanza; porque el Señor, para que&lt;br /&gt;María Purísima usase de ellos, suspendía el concurso o&lt;br /&gt;detenía el uso de las especies claras y evidentes, con que&lt;br /&gt;cesaba la ciencia actual y obraba la fe oscura, en cuyo&lt;br /&gt;perfectísimo estado quedaba a tiempos la soberana&lt;br /&gt;Reina, ocultándose el Señor para todas las noticias&lt;br /&gt;claras; como sucedió en el misterio altísimo de la&lt;br /&gt;encarnación del Verbo, de que diré en su lugar (Cf. infra&lt;br /&gt;p. II n. 119, 133).&lt;br /&gt;495. No convenía que la Madre de Dios careciera del&lt;br /&gt;premio de estas virtudes infusas de la fe y esperanza; y&lt;br /&gt;para alcanzarle había de merecerle y para merecerle&lt;br /&gt;había de ejercitar sus operaciones proporcionadas al&lt;br /&gt;premio; y como éste fue incomparable, así lo fueron los&lt;br /&gt;actos de fe que obró esta gran Señora en todas y en cada&lt;br /&gt;una de las verdades católicas; porque todas las conoció y&lt;br /&gt;creyó explícitamente con altísima y perfectísima creencia&lt;br /&gt;como viadora. Y claro está que cuando el entendimiento&lt;br /&gt;tiene evidencia de lo que conoce no aguarda para creer&lt;br /&gt;al consentimiento de la voluntad, porque antes que ella&lt;br /&gt;se lo mande es compelido de la misma claridad a dar&lt;br /&gt;asenso firme; y por eso aquel acto de creer lo que no&lt;br /&gt;puede negar no es meritorio. Y cuando María Santísima&lt;br /&gt;asintió a la embajada del Arcángel, fue digna de&lt;br /&gt;incomparable premio, porque en el asenso de tal misterio&lt;br /&gt;mereció; y lo mismo sucedió en los otros que creyó,&lt;br /&gt;cuando el Altísimo disponía que usase de la fe infusa y no&lt;br /&gt;de la ciencia, aunque también con ésta tenía su mérito,&lt;br /&gt;por el amor que con ella ejercitaba, como en diferentes&lt;br /&gt;lugares he dicho (Cf. supra n. 231, 380, 383).&lt;br /&gt;20&lt;br /&gt;496. Tampoco le dieron el uso de la ciencia infusa&lt;br /&gt;cuando perdió al Niño, a lo menos para conocer aquel&lt;br /&gt;objeto dónde estaba, como con aquella luz conocía otros&lt;br /&gt;muchos; ni tampoco usaba entonces de las especies&lt;br /&gt;claras de la Divinidad; y lo mismo fue al pie de la cruz,&lt;br /&gt;que suspendía el Señor la vista y operaciones que&lt;br /&gt;en el alma santísima de su Madre habían de impedir el&lt;br /&gt;dolor; porque entonces convenía que le tuviese y obrase&lt;br /&gt;la fe sola y la esperanza. Y el gozo que tuviera con&lt;br /&gt;cualquiera vista o noticia, aunque fuera abstractiva, de&lt;br /&gt;la Divinidad, naturalmente impidiera al dolor, si no hacía&lt;br /&gt;Dios nuevo milagro para que estuviesen juntos pena y&lt;br /&gt;gozo. Y no convenía que Su Majestad hiciera este&lt;br /&gt;milagro, pues con el padecer se compadecían en la Reina&lt;br /&gt;del Cielo el mérito e imitación de su Hijo Santísimo con&lt;br /&gt;las gracias y excelencia de Madre. Por esto buscó al Niño&lt;br /&gt;con dolor (Lc. 2, 48), como ella lo dijo, y con fe viva y&lt;br /&gt;esperanza; y también las tuvo en la pasión y resurrección&lt;br /&gt;de su único y amado Hijo, que creía y esperaba;&lt;br /&gt;permaneciendo en ella sola esta fe de la Iglesia, como&lt;br /&gt;reducida entonces esta virtud a su Maestra y Fundadora.&lt;br /&gt;497. Tres condiciones o excelencias particulares se&lt;br /&gt;pueden considerar en la fe de María Santísima: la&lt;br /&gt;continuación, la intensión y la inteligencia con que creía.&lt;br /&gt;La continuación sólo se interrumpía cuando con claridad&lt;br /&gt;intuitiva o evidencia abstractiva miraba a la divinidad,&lt;br /&gt;como ya he dicho; pero distribuyendo los actos interiores&lt;br /&gt;del conocimiento de Dios que tenía la Reina del Cielo —&lt;br /&gt;aunque sólo el mismo Señor que los dispensaba puede&lt;br /&gt;saber cuándo y en qué tiempos— ejercitaba su Madre&lt;br /&gt;Santísima los unos actos o los otros; pero jamás estuvo&lt;br /&gt;ocioso su entendimiento, sin cesar solo un instante de&lt;br /&gt;toda su vida, desde el primero de su concepción, en que&lt;br /&gt;perdiese a Dios de vista; porque si suspendía la fe, era&lt;br /&gt;porque gozaba de la vista de la Divinidad clara o&lt;br /&gt;evidente por ciencia altísima infusa, y si el Señor le&lt;br /&gt;21&lt;br /&gt;ocultaba este conocimiento, entraba obrando la fe; y en&lt;br /&gt;la sucesión y vicisitud de estos actos había una&lt;br /&gt;concertadísima armonía en la mente de María Santísima,&lt;br /&gt;a cuya atención convidaba el Altísimo a los espíritus&lt;br /&gt;angélicos, según aquello que dijo en los Cantares, cap. 8&lt;br /&gt;(Cant., 8, 13): La que habitas en los huertos, los amigos te&lt;br /&gt;escuchan, hazme oír tu voz.&lt;br /&gt;498. En la eficacia o intensión que tenía la fe de esta&lt;br /&gt;soberana Princesa excedió a todos los Apóstoles,&lt;br /&gt;Profetas y Santos juntos y llegó a lo supremo que pudo&lt;br /&gt;caber en pura criatura. Y no sólo excedió a todos los&lt;br /&gt;creyentes, pero tuvo la fe que faltó a todos los infieles&lt;br /&gt;que no han creído y con la fe de María Santísima&lt;br /&gt;pudieron todos ser ilustrados. Por lo cual de tal suerte&lt;br /&gt;estuvo en ella firme, inmoble y constante, cuando los&lt;br /&gt;Apóstoles en el tiempo de la pasión desfallecieron, que si&lt;br /&gt;todas las tentaciones, engaños, errores y falsedades del&lt;br /&gt;mundo se juntaran, no pudieran contrarrestar ni turbar la&lt;br /&gt;invencible fe de la Reina de los fieles; y su Fundadora y&lt;br /&gt;Maestra a todos venciera y contra todos saliera victoriosa&lt;br /&gt;y triunfante.&lt;br /&gt;499. La claridad o inteligencia con que creía&lt;br /&gt;explícitamente todas las verdades Divinas no se puede&lt;br /&gt;reducir a palabras sin oscurecerla con ellas. Sabía María&lt;br /&gt;purísima todo lo que creía y creía todo lo que sabía;&lt;br /&gt;porque la ciencia infusa teológica de la credibilidad de&lt;br /&gt;los misterios de la fe y su inteligencia estuvo en esta&lt;br /&gt;sapientísima Virgen y Madre con el grado más alto que a&lt;br /&gt;pura criatura fue posible. Tenía en acto esta ciencia y&lt;br /&gt;memoria de ángel sin olvidar lo que una vez aprendía; y&lt;br /&gt;siempre usaba de esta potencia y dones para creer&lt;br /&gt;profundamente, salvo cuando por divina disposición ordenaba&lt;br /&gt;Dios que por otros actos se suspendiese en la fe,&lt;br /&gt;como arriba dije (Cf. supra n. 494, 467). Y fuera de no ser&lt;br /&gt;comprensora, tenía en el estado de viadora, para creer y&lt;br /&gt;22&lt;br /&gt;conocer a Dios, la inteligencia más alta y más inmediata&lt;br /&gt;en la esfera de la fe con la noticia clara de la Divinidad,&lt;br /&gt;con que transcendía el estado de todos los viadores,&lt;br /&gt;siendo ella sola en otra clase y estado de viadora a que&lt;br /&gt;ninguno otro pudo llegar.&lt;br /&gt;500. Y si María Santísima, cuando ejercitaba los hábitos&lt;br /&gt;de fe y esperanza, tenía el estado más ordinario para&lt;br /&gt;ella, y por eso era el más inferior, y en él excedía a todos&lt;br /&gt;los Santos y Ángeles y en los merecimientos se les&lt;br /&gt;adelantó amando más que ellos ¿qué sería lo que&lt;br /&gt;obraba, merecía y amaba, cuando era levantada por el&lt;br /&gt;poder Divino a otros beneficios y estado más alto de la&lt;br /&gt;visión beatífica o conocimiento claro de la divinidad? Si&lt;br /&gt;al entendimiento angélico le faltarían fuerzas para&lt;br /&gt;entenderlo y penetrarlo ¿cómo tendrá palabras para&lt;br /&gt;explicarlo una criatura terrena? Yo quisiera a lo menos&lt;br /&gt;que todos los mortales conocieran el valor y precio de&lt;br /&gt;esta virtud de la fe, considerándola en este divino&lt;br /&gt;ejemplar donde llegó a los últimos términos de su&lt;br /&gt;perfección y adecuadamente tocó el fin para que fue&lt;br /&gt;fabricada. Lleguen los infieles, herejes, paganos,&lt;br /&gt;idólatras a la maestra de la fe, María Santísima, para&lt;br /&gt;que sean iluminados en sus engaños y tenebrosos errores&lt;br /&gt;y hallarán el camino seguro para atinar con el último fin&lt;br /&gt;para que fueron criados. Lleguen también los católicos y&lt;br /&gt;conozcan el copioso premio de esta excelente virtud y&lt;br /&gt;pidan con los Apóstoles al Señor que les aumente la fe&lt;br /&gt;(Lc., 17, 5), no para llegar a la de María Santísima, mas&lt;br /&gt;para imitarla y seguirla, pues con su fe nos enseña y nos&lt;br /&gt;da esperanza de alcanzarla nosotros por sus&lt;br /&gt;merecimientos altísimos.&lt;br /&gt;501. Al patriarca Abrahán llamó San Pablo (Rom., 4, 11)&lt;br /&gt;padre de todos los creyentes, porque fue quien primero&lt;br /&gt;recibió las promesas del Mesías y creyó todo lo que&lt;br /&gt;Dios le prometió, creyendo en esperanza contra&lt;br /&gt;23&lt;br /&gt;esperanza (Rom., 4, 18), que es decir cuán excelente fue&lt;br /&gt;la fe del Patriarca, pues el primero creyó las promesas&lt;br /&gt;del Señor, cuando no podía tener esperanza humana en&lt;br /&gt;la virtud de las causas naturales, así para que su mujer&lt;br /&gt;Sara le pariese un hijo ya estéril, como para que&lt;br /&gt;ofreciéndosele después a Dios en sacrificio como se lo&lt;br /&gt;mandaba, le quedase de él la sucesión innumerable&lt;br /&gt;(Gén., 15, 5) que el mismo Señor le había prometido.&lt;br /&gt;Todo esto que naturalmente era imposible y otras palabras&lt;br /&gt;y promesas creyó Abrahán que haría el poder divino&lt;br /&gt;sobrenaturalmente, y por esta fe mereció ser llamado&lt;br /&gt;padre de todos los creyentes y recibir la señal de la fe en&lt;br /&gt;que se había justificado, que fue la circuncisión.&lt;br /&gt;502. Pero nuestra preexcelsa señora María tiene&lt;br /&gt;mayores títulos y prerrogativas que Abrahán para ser&lt;br /&gt;llamada Madre de la fe y de todos los creyentes y en su&lt;br /&gt;mano está enarbolado el estandarte y vexilo de la fe&lt;br /&gt;para todos los creyentes de la ley de gracia. Primero fue&lt;br /&gt;el Patriarca en el orden del tiempo, y de primer intento&lt;br /&gt;fue dado por padre y cabeza del pueblo hebreo; grande y&lt;br /&gt;excelente fue su fe en las promesas de Cristo nuestro&lt;br /&gt;Señor y en las palabras del Altísimo; pero en todas estas&lt;br /&gt;obras fue la fe de María Purísima más admirable sin&lt;br /&gt;comparación, y así es la primera en la dignidad. Mayor&lt;br /&gt;dificultad o imposibilidad era parir y concebir una virgen&lt;br /&gt;que una vieja estéril; y no estaba el patriarca Abrahán&lt;br /&gt;tan cierto de que se ejecutara el sacrificio de Isaac, como&lt;br /&gt;lo estaba María Santísima de que sería con efecto&lt;br /&gt;sacrificado su Hijo Santísimo. Y ella fue la que en todos&lt;br /&gt;los misterios creyó, esperó y enseñó a toda la Iglesia&lt;br /&gt;cómo debía creer en el Altísimo y las obras de la&lt;br /&gt;Redención. Y conocida la fe de María nuestra Reina, ella&lt;br /&gt;es la madre de los creyentes y el ejemplar de la fe&lt;br /&gt;católica y de la santa esperanza. Y para concluir este&lt;br /&gt;capítulo, digo que Cristo, nuestro Redentor y Maestro,&lt;br /&gt;como era comprensor y su alma santísima gozaba la&lt;br /&gt;24&lt;br /&gt;suma gloria y visión beatífica, no tenía fe ni podría usar&lt;br /&gt;de ella, ni con sus actos pudo ser maestro de esta virtud.&lt;br /&gt;Pero lo que no pudo hacer el Señor por sí mismo hizo por&lt;br /&gt;su Madre Santísima, constituyéndola fundadora, madre y&lt;br /&gt;ejemplar de la fe de su Iglesia Evangélica, y para que el&lt;br /&gt;día del juicio universal sea esta soberana Señora y Reina&lt;br /&gt;juez que singularmente asista con su Hijo Santísimo a&lt;br /&gt;juzgar los que después no han creído, habiéndoles dado&lt;br /&gt;este ejemplo en el mundo.&lt;br /&gt;Doctrina de la Madre de Dios y Señora nuestra.&lt;br /&gt;503. Hija mía, el tesoro inestimable de la virtud de la fe&lt;br /&gt;divina está oculto a los mortales que sólo tienen ojos&lt;br /&gt;carnales y terrenos; porque no le saben dar el aprecio y&lt;br /&gt;estimación que piden este don y beneficio de tan&lt;br /&gt;incomparable valor. Advierte, carísima, y considera cuál&lt;br /&gt;estuvo el mundo sin fe y cuál estaría hoy si mi Hijo y&lt;br /&gt;Señor no la conservase. ¡Cuántos hombres que el mundo&lt;br /&gt;ha celebrado por grandes, poderosos y sabios, por&lt;br /&gt;faltarles la luz de la fe se despeñaron desde las tinieblas&lt;br /&gt;de su infidelidad en abominables pecados y de allí a las&lt;br /&gt;tinieblas eternas del infierno! ¡Cuántos reinos y provincias&lt;br /&gt;llevaron ciegas y llevan hoy tras de sí estos más ciegos,&lt;br /&gt;hasta caer todos en la fóvea de las penas eternas! A&lt;br /&gt;estos siguen los malos fieles y creyentes que, habiendo&lt;br /&gt;recibido esta gracia y beneficio de la fe, viven con él&lt;br /&gt;como si no le tuviesen en sus almas.&lt;br /&gt;504. No te olvides, amiga mía, de agradecer esta&lt;br /&gt;preciosa margarita que te ha dado el Señor, como arras y&lt;br /&gt;vínculo del desposorio que contigo ha celebrado para&lt;br /&gt;traerte al tálamo de su Santa Iglesia y después al de su&lt;br /&gt;eterna visión beatífica. Ejercita siempre esta virtud de la&lt;br /&gt;fe, pues ella te pone cerca del último fin adonde caminas&lt;br /&gt;y del objeto que deseas y amas. Ella es la que enseña el&lt;br /&gt;camino cierto de la eterna felicidad, ella es la que luce&lt;br /&gt;25&lt;br /&gt;en las tinieblas de la vida mortal de los viadores y los&lt;br /&gt;lleva seguros a la posesión de su patria, adonde debían&lt;br /&gt;caminar si no estuvieran muertos con la infidelidad y&lt;br /&gt;pecados. Ella es la que despierta las demás virtudes, la&lt;br /&gt;que sirve de alimento al justo y le entretiene en sus&lt;br /&gt;trabajos. Ella es la que confunde y atemoriza a los&lt;br /&gt;infieles y a los tibios fieles, negligentes en el obrar;&lt;br /&gt;porque les manifiesta en esta vida sus pecados y en la&lt;br /&gt;otra el castigo que les aguarda. Es la fe poderosa para&lt;br /&gt;todo, pues al creyente nada le es imposible (Mc., 9, 22),&lt;br /&gt;antes lo puede y lo alcanza todo; es la que ilustra y&lt;br /&gt;ennoblece al entendimiento humano, pues le adiestra&lt;br /&gt;para que no yerre en las tinieblas de su natural&lt;br /&gt;ignorancia y le levanta sobre sí mismo para que vea y&lt;br /&gt;entienda con infalible certeza lo que no alcanzara por&lt;br /&gt;sus fuerzas y lo crea tan seguro como si lo viera con&lt;br /&gt;evidencia; y le desnuda de la grosería y villanía, cual es&lt;br /&gt;no creer el hombre más de aquello que él mismo con su&lt;br /&gt;cortedad alcanza, siendo tan poco y limitado mientras&lt;br /&gt;vive el alma en la cárcel del cuerpo corruptible, sujeta en&lt;br /&gt;el entender al uso grosero de los sentidos. Estima, pues,&lt;br /&gt;hija mía, esta preciosa margarita de la fe católica que&lt;br /&gt;Dios te ha dado y guárdala y ejercítala con aprecio y&lt;br /&gt;reverencia.&lt;br /&gt;CAPITULO 7&lt;br /&gt;De la virtud de la esperanza y ejercicio de ella que&lt;br /&gt;tuvo la Virgen Señora nuestra.&lt;br /&gt;505. A la virtud de la fe sigue la esperanza, a quien ella&lt;br /&gt;se ordena; porque si el Altísimo Dios nos infunde la luz de&lt;br /&gt;la fe Divina, con que todos sin diferencia y sin aguardar&lt;br /&gt;tiempo vengamos en el conocimiento infalible de la&lt;br /&gt;Divinidad y de sus misterios y promesas, es para que&lt;br /&gt;conociéndole por nuestro último fin y felicidad, y también&lt;br /&gt;los medios para llegar a él, nos levantemos en un&lt;br /&gt;26&lt;br /&gt;vehemente deseo de conseguirle cada uno para sí mismo.&lt;br /&gt;Este deseo, a quien se sigue como efecto el conato de&lt;br /&gt;alcanzar el sumo bien, se llama esperanza, cuyo hábito&lt;br /&gt;se nos infunde en el bautismo en nuestra voluntad, que se&lt;br /&gt;llama apetito racional; porque a ella le toca apetecer la&lt;br /&gt;eterna felicidad como su mayor bien e interés y también&lt;br /&gt;el esforzarse con la Divina gracia para alcanzarle y&lt;br /&gt;vencer las dificultades que en esta contienda se&lt;br /&gt;ofrecieren.&lt;br /&gt;506. Cuán excelente virtud es la esperanza, se conoce&lt;br /&gt;de que tiene por objeto a Dios como último y sumo bien&lt;br /&gt;nuestro, aunque le mira y le busca como ausente, pero&lt;br /&gt;como posible o adquirible por medio de los&lt;br /&gt;merecimientos de Cristo y de las obras que hace quien&lt;br /&gt;espera. Regúlanse los actos y operaciones de esta virtud&lt;br /&gt;por la lumbre de la fe Divina y de la prudencia particular&lt;br /&gt;con que aplicamos a nosotros mismos las promesas&lt;br /&gt;infalibles del Señor; y con esta regla obra la esperanza&lt;br /&gt;infusa tocando el medio de la razón, entre los vicios&lt;br /&gt;contrarios de la desesperación y presunción, para que ni&lt;br /&gt;vanamente presuma el hombre alcanzar la gloría eterna&lt;br /&gt;con sus fuerzas o sin hacer obras para merecerla, ni&lt;br /&gt;tampoco si quiere hacerlas tema ni desconfíe que la&lt;br /&gt;alcanzará, como el Señor se lo promete y asegura. Y&lt;br /&gt;esta seguridad común y general a todos, enseñada&lt;br /&gt;por la Fe Divina, se aplica el hombre que espera por&lt;br /&gt;medio de la prudencia y sano juicio que hace de sí mismo&lt;br /&gt;para no desfallecer ni desesperar.&lt;br /&gt;507. Y de aquí se conoce que la desesperación puede&lt;br /&gt;venir de no creer lo que la fe nos promete o, en caso que&lt;br /&gt;se crea, de no aplicarse a sí mismo la seguridad de las&lt;br /&gt;promesas Divinas, juzgando con error que él no puede&lt;br /&gt;conseguirlas. Entre estos dos peligros procede segura la&lt;br /&gt;esperanza, suponiendo y creyendo que no me negará&lt;br /&gt;Dios a mí lo que prometió a todos y que la promesa no&lt;br /&gt;27&lt;br /&gt;fue absoluta sino debajo de condición, que yo de mi parte&lt;br /&gt;trabajase y procurase merecerla en cuanto me fuese&lt;br /&gt;posible con el favor de su divina gracia; porque si Dios&lt;br /&gt;hizo al hombre capaz de su vista y eterna gloria, no era&lt;br /&gt;conveniente que llegase a tanta felicidad por medio del&lt;br /&gt;mal uso de las mismas potencias con que le había de&lt;br /&gt;gozar, que son los pecados, sino usando de ellas con&lt;br /&gt;proporción al fin adonde con ellas camina, Y esta&lt;br /&gt;proporción consiste en el buen uso de las virtudes, con las&lt;br /&gt;cuales se dispone el hombre para llegar a gozar del sumo&lt;br /&gt;bien, buscándole desde luego en esta vida con el conocimiento&lt;br /&gt;y amor Divino.&lt;br /&gt;508. Tuvo, pues, esta virtud de la esperanza en María&lt;br /&gt;Santísima el sumo grado de perfección posible en sí y con&lt;br /&gt;todos sus efectos y circunstancias o condiciones; porque&lt;br /&gt;el deseo y conato de conseguir el último fin de la vista y&lt;br /&gt;fruición Divina tuvo en ella mayores causas que en todas&lt;br /&gt;las criaturas; y esta fidelísima y prudentísima Señora no&lt;br /&gt;impedía sus efectos, antes los ejecutaba con suma&lt;br /&gt;perfección posible a pura criatura. No sólo tuvo Su Alteza&lt;br /&gt;fe infusa de las promesas del Señor, a la cual, siendo&lt;br /&gt;como fue la mayor, correspondía también&lt;br /&gt;proporcionadamente la mayor esperanza; pero tuvo&lt;br /&gt;sobre la fe la visión beatífica, en que por experiencia&lt;br /&gt;conoció la infinita verdad y fidelidad del Altísimo. Y si&lt;br /&gt;bien no usaba de la esperanza cuando gozaba de la vista&lt;br /&gt;y posesión de la Divinidad, pero después que se reducía&lt;br /&gt;al estado ordinario le ayudaba la memoria del sumo bien&lt;br /&gt;que había gozado para esperarle y apetecerle ausente&lt;br /&gt;con mayor fuerza y conato; y este deseo era un género de&lt;br /&gt;nueva y singular esperanza en la Reina de las Virtudes.&lt;br /&gt;509. Otra causa tuvo también la esperanza de María&lt;br /&gt;Santísima para ser mayor y sobre la esperanza de todos&lt;br /&gt;los fieles juntos; porque el premio y gloria de esta&lt;br /&gt;soberana Reina, que es el principal objeto de la&lt;br /&gt;28&lt;br /&gt;esperanza, fue sobre toda la gloria de los Ángeles y&lt;br /&gt;Santos; y conforme al conocimiento de tanta gloria que el&lt;br /&gt;Altísimo le dio, tuvo la suma esperanza y afectó para&lt;br /&gt;conseguirla. Y para que llegase a lo supremo de esta&lt;br /&gt;virtud, esperando dignamente todo lo que el brazo&lt;br /&gt;poderoso de Dios quería obrar en ella, fue prevenida con&lt;br /&gt;la luz de la fe suprema, con los hábitos y auxilios y dones&lt;br /&gt;proporcionados y con especial movimiento del Espíritu&lt;br /&gt;Santo. Y lo mismo que decimos de la suma esperanza&lt;br /&gt;que tuvo del objeto principal de esta virtud, se ha de&lt;br /&gt;entender de los otros objetos que llaman secundarios,&lt;br /&gt;porque los beneficios, dones y misterios que se obraron&lt;br /&gt;en la Reina del cielo fueron tan grandes, que no pudo&lt;br /&gt;extenderse a más el brazo del omnipotente Dios. Y como&lt;br /&gt;esta gran Señora los había de recibir mediante la fe y&lt;br /&gt;esperanza de las promesas Divinas, proporcionándose&lt;br /&gt;con estas virtudes para recibirlas, por eso era&lt;br /&gt;necesario que su fe y esperanza fuesen las mayores que&lt;br /&gt;en pura criatura eran posibles.&lt;br /&gt;510. Y si, como queda dicho (Mc., 9, 22) de la virtud de&lt;br /&gt;la fe, tuvo la Reina del cielo conocimiento y fe explícita&lt;br /&gt;de todas las verdades reveladas y de todos los misterios&lt;br /&gt;y obras del Altísimo, y a los actos de fe correspondían los&lt;br /&gt;de la esperanza, ¿quién podrá entender, fuera del&lt;br /&gt;mismo Señor, cuántos y cuáles serían los actos de&lt;br /&gt;esperanza que tuvo esta Señora de las virtudes, pues&lt;br /&gt;conoció todos los misterios de su propia gloria y felicidad&lt;br /&gt;eterna y los que en ella y en el resto de la Iglesia&lt;br /&gt;Evangélica se habían de obrar por los méritos de su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo? Por sola María, su Madre, formara Dios esta&lt;br /&gt;virtud y la diera como la dio a todo el linaje humano,&lt;br /&gt;como antes dijimos de la virtud de la fe (Cf. supra 499).&lt;br /&gt;511. Por esta razón la llamó el Espíritu Santo Madre del&lt;br /&gt;amor hermoso y de la santa esperanza (Eclo., 24, 24); y&lt;br /&gt;así como el darle carne al Verbo Divino la hizo Madre de&lt;br /&gt;29&lt;br /&gt;Cristo, así el Espíritu Santo la hizo Madre de la&lt;br /&gt;esperanza; porque con su especial concurso y operación&lt;br /&gt;concibió y parió esta virtud para los fieles de la Iglesia. Y&lt;br /&gt;el ser Madre de la santa esperanza fue como&lt;br /&gt;consiguiente y anejo a ser Madre de Jesucristo nuestro&lt;br /&gt;Señor, pues conoció que en su Hijo nos daba toda nuestra&lt;br /&gt;segura esperanza. Y por estos concebimientos y partos&lt;br /&gt;adquirió la Reina Santísima cierto género de dominio y&lt;br /&gt;autoridad sobre la gracia y promesas del Altísimo que&lt;br /&gt;con la muerte de Cristo nuestro Redentor, hijo de María,&lt;br /&gt;se habían de cumplir; porque todo nos lo dio esta Señora,&lt;br /&gt;cuando mediante su voluntad libre concibió y parió al&lt;br /&gt;Verbo Humanado y en él todas nuestras esperanzas.&lt;br /&gt;Donde se cumplió legítimamente aquello que la dijo el&lt;br /&gt;Esposo: Tus emisiones fueron paraíso (Cant., 4, 13);&lt;br /&gt;porque todo cuanto salió de esta Madre de la Gracia fue&lt;br /&gt;para nosotros felicidad, paraíso y esperanza cierta de&lt;br /&gt;conseguirle.&lt;br /&gt;512. Padre Celestial y verdadero tenía la Iglesia en&lt;br /&gt;Jesucristo, que la engendró, fundó y con sus&lt;br /&gt;merecimientos y trabajos la enriqueció de gracias,&lt;br /&gt;ejemplos y doctrinas, como era consiguiente a ser tal&lt;br /&gt;Padre y Autor de esta admirable obra; parece que a su&lt;br /&gt;perfección convenía que juntamente tuviese Madre&lt;br /&gt;amorosa y blanda, que con regalo y caricia suave y con&lt;br /&gt;maternal afecto e intercesiones criase a sus pechos los&lt;br /&gt;hijos párvulos (1 Cor., 3,1), y con tierno y dulce mantenimiento&lt;br /&gt;los alimentase, cuando por su pequeñez no&lt;br /&gt;pueden sufrir el pan de los robustos y fuertes. Esta dulce&lt;br /&gt;madre fue María Santísima, que desde la primitiva&lt;br /&gt;Iglesia, cuando nacía en los tiernos hijos de la ley de&lt;br /&gt;gracia, les comenzó a dar dulce leche de luz y doctrina&lt;br /&gt;como piadosa madre; y hasta el fin del mundo continuará&lt;br /&gt;este oficio con sus ruegos en los nuevos hijos que cada&lt;br /&gt;día engendra Cristo nuestro Señor con los méritos de su&lt;br /&gt;sangre y por los ruegos de la Madre de Misericordia. Por&lt;br /&gt;30&lt;br /&gt;ella nacen, ella los cría y alimenta y ella es dulce Madre,&lt;br /&gt;vida y esperanza nuestra, el original de la que nosotros&lt;br /&gt;tenemos, el ejemplar a quien imitamos, esperando por su&lt;br /&gt;intercesión conseguir la eterna felicidad que su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo nos mereció y los auxilios que por ella nos&lt;br /&gt;comunica, para que así la alcancemos.&lt;br /&gt;Doctrina de la Santísima Virgen.&lt;br /&gt;513. Hija mía, con las dos virtudes fe y esperanza, como&lt;br /&gt;con dos alas de infatigable vuelo, se levantaba mi&lt;br /&gt;espíritu buscando al interminable y sumo bien, hasta&lt;br /&gt;descansar en la unión de su íntimo y perfecto amor.&lt;br /&gt;Muchas veces gozaba y gustaba de su vista clara y&lt;br /&gt;fruición, pero como este beneficio no era continuo por el&lt;br /&gt;estado de pura viadora, éralo el ejercicio de la fe y&lt;br /&gt;esperanza; que como quedaban fuera de la visión y&lt;br /&gt;posesión, luego las hallaba en mi mente y no hacía otro&lt;br /&gt;intervalo en sus operaciones. Y los efectos que en mí&lt;br /&gt;hacían, el afecto, conato y anhelo que causaban en mi&lt;br /&gt;espíritu para llegar a la eterna posesión de la fruición&lt;br /&gt;divina, no puede entenderlo con su cortedad el&lt;br /&gt;entendimiento criado adecuadamente, pero conocerálo&lt;br /&gt;en Dios con alabanza eterna el que mereciere gozar de&lt;br /&gt;su vista en el cielo.&lt;br /&gt;514. Y tú, carísima, pues tanta luz has recibido de la&lt;br /&gt;excelencia de esta virtud y de las obras que yo ejercitaba&lt;br /&gt;con ella, trabaja por imitarme sin cesar según las fuerzas&lt;br /&gt;de la Divina gracia. Renueva siempre y confiere en tu&lt;br /&gt;memoria las promesas del Altísimo y con la certeza de la&lt;br /&gt;fe que tienes de su verdad levanta el corazón con&lt;br /&gt;ardiente deseo, anhelando a conseguirlas; y con esta&lt;br /&gt;firme esperanza te puedes prometer por los méritos de&lt;br /&gt;mi Hijo Santísimo que llegarás a ser moradora de la&lt;br /&gt;celestial patria y compañera de todos los que en ella con&lt;br /&gt;inmortal gloria miran la cara del Altísimo. Y si con esta&lt;br /&gt;31&lt;br /&gt;ayuda que tienes levantas tu corazón de lo terreno y&lt;br /&gt;pones toda tu mente fija en el bien inconmutable por&lt;br /&gt;quien suspiras, todo lo visible te será pesado y molesto y&lt;br /&gt;lo juzgarás por vil y contemptible y nada podrás apetecer&lt;br /&gt;fuera de aquel amabilísimo y deleitable objeto de tus&lt;br /&gt;deseos. En mi alma fue este ardor de la esperanza como&lt;br /&gt;de quien con la fe le había creído y con experiencia le&lt;br /&gt;había gustado, lo cual ninguna lengua ni palabras&lt;br /&gt;pueden explicar ni decir.&lt;br /&gt;515. Fuera de esto, para que más te muevas, considera&lt;br /&gt;y llora con íntimo dolor la infelicidad de tantas almas,&lt;br /&gt;que son imagen de Dios y capaces de su gloria y por sus&lt;br /&gt;culpas están privadas de la esperanza verdadera de&lt;br /&gt;gozarle. Si los hijos de la Santa Iglesia hicieran pausa&lt;br /&gt;en sus vanos pensamientos y se detuvieran a pensar y&lt;br /&gt;pesar el beneficio de haberles dado fe y esperanza&lt;br /&gt;infalible, separándolos de las tinieblas y señalándolos sin&lt;br /&gt;merecerlo ellos con esta divisa, dejando perdida la ciega&lt;br /&gt;infidelidad, sin duda se avergonzarían de su torpísimo&lt;br /&gt;olvido y reprendieran su fea ingratitud. Pero&lt;br /&gt;desengáñense, que les aguardan más formidables&lt;br /&gt;tormentos, y que a Dios y a los Santos son más&lt;br /&gt;aborrecibles por el desprecio que hacen de la Sangre&lt;br /&gt;derramada de Cristo, en cuya virtud se les han hecho&lt;br /&gt;estos beneficios; y como si fueran fábulas desprecian el&lt;br /&gt;fruto de la verdad, corriendo todo el término de la vida&lt;br /&gt;sin detenerse sólo un día, y muchos ni una hora, en la&lt;br /&gt;consideración de sus obligaciones y de su peligro. Llora,&lt;br /&gt;alma, este lamentable daño y según tus fuerzas trabaja y&lt;br /&gt;pide el remedio a mi Hijo Santísimo y cree que cualquier&lt;br /&gt;desvelo y conato que en esto pongas te será premiado de&lt;br /&gt;Su Majestad.&lt;br /&gt;CAPITULO 8&lt;br /&gt;De la virtud de la caridad de María Santísima&lt;br /&gt;32&lt;br /&gt;Señora nuestra.&lt;br /&gt;516. La virtud sobreexcelentísima de la Caridad es la&lt;br /&gt;señora, la Reina, la Madre, alma, vida y hermosura de&lt;br /&gt;todas las otras virtudes; la caridad es quien las gobierna&lt;br /&gt;todas, las mueve y encamina a su verdadero y último fin;&lt;br /&gt;ella las engendra en su ser perfecto, las aumenta y&lt;br /&gt;conserva, las ilustra y adorna y les da vida y eficacia. Y si&lt;br /&gt;todas las demás causan en la criatura alguna perfección&lt;br /&gt;y ornato, la caridad se la da y las perfecciona;&lt;br /&gt;porque sin caridad todas son feas, oscuras,&lt;br /&gt;lánguidas, muertas y sin provecho; porque no&lt;br /&gt;tienen perfecto movimiento de vida ni sentido. La caridad&lt;br /&gt;es la benigna (1 Cor., 13, 4), paciente, mansísima, sin&lt;br /&gt;emulación, sin envidia, sin ofensa, la que nada se&lt;br /&gt;apropia, que todo lo distribuye, causa todos los bienes y&lt;br /&gt;no consiente alguno de los males cuanto es de su parte;&lt;br /&gt;porque es la mayor participación del verdadero y sumo&lt;br /&gt;bien. ¡Oh virtud de las virtudes y suma de los tesoros del&lt;br /&gt;Cielo! Tú sola tienes la llave del paraíso; tú eres la aurora&lt;br /&gt;de la eterna luz, sol del día de la eternidad, fuego que&lt;br /&gt;purificas, vino que embriagas dando nuevo sentido,&lt;br /&gt;néctar que letificas, dulzura que sacias sin hastío, tálamo&lt;br /&gt;en que descansa el alma y vínculo tan estrecho que con&lt;br /&gt;el mismo Dios nos haces uno (Jn., 17, 21), al modo que lo&lt;br /&gt;son el Eterno Padre con el Hijo y entrambos con el&lt;br /&gt;Espíritu Santo.&lt;br /&gt;517. Por la incomparable nobleza de esta señora de las&lt;br /&gt;virtudes el mismo Dios y Señor, a nuestro entender, quiso&lt;br /&gt;honrarse con su nombre, o quiso honrarla a ella,&lt;br /&gt;llamándose caridad, como lo dijo san Juan (1 Jn., 4, 16).&lt;br /&gt;Muchas razones tiene la Iglesia Católica para que de las&lt;br /&gt;perfecciones Divinas se le atribuya al Padre la&lt;br /&gt;omnipotencia, al Hijo la sabiduría y al Espíritu Santo el&lt;br /&gt;amor; porque el Padre es principio sin principio, el Hijo&lt;br /&gt;nace del Podre por el entendimiento y el Espíritu Santo&lt;br /&gt;33&lt;br /&gt;de los dos procede por la voluntad; pero el nombre de&lt;br /&gt;caridad y esta perfección se la aplica el Señor a sí mismo&lt;br /&gt;sin diferencia de personas, cuando de todas dijo el&lt;br /&gt;evangelista sin distinción: Dios es caridad( Ib.). Tiene&lt;br /&gt;esta virtud en el Señor ser término y como fin de todas las&lt;br /&gt;operaciones ad intra y ad extra, porque todas las divinas&lt;br /&gt;procesiones, que son las operaciones de Dios dentro de sí&lt;br /&gt;mismo, se terminan en la unión del amor y caridad&lt;br /&gt;recíproca de las Tres Divinas Personas, con que tienen&lt;br /&gt;entre sí otro vínculo indisoluble después de la unidad de&lt;br /&gt;la naturaleza indivisa, en que son un mismo Dios. Todas&lt;br /&gt;las obras ad extra, que son las criaturas, nacieron de la&lt;br /&gt;Caridad Divina y se ordenan a ella, para que saliendo del&lt;br /&gt;mar inmenso de aquella bondad infinita se vuelvan por la&lt;br /&gt;caridad y amor a su origen de donde manaron. Y esto es&lt;br /&gt;singular en la Virtud de la Caridad entre todas las otras&lt;br /&gt;virtudes y dones, que es una perfecta participación de la&lt;br /&gt;Caridad Divina; nace del mismo principio y mira al mismo&lt;br /&gt;fin y se proporciona también con ella más que las otras&lt;br /&gt;virtudes. Y si llamamos a Dios nuestra esperanza, nuestra&lt;br /&gt;paciencia y nuestra sabiduría, es porque la recibimos de&lt;br /&gt;su mano y no porque estén en Dios estas virtudes como&lt;br /&gt;en nosotros. Pero la caridad no sólo la recibimos del&lt;br /&gt;Señor, ni él se llama caridad sólo porque nos la&lt;br /&gt;comunica, sino porque en sí mismo la tiene&lt;br /&gt;esencialmente; y de aquella Divina perfección que&lt;br /&gt;imaginamos como forma y atributo de su naturaleza&lt;br /&gt;Divina redunda nuestra caridad con más perfección y&lt;br /&gt;proporción que otra alguna virtud.&lt;br /&gt;518. Otras condiciones admirables tiene la caridad de&lt;br /&gt;parte de Dios para nosotros; porque siendo ella el&lt;br /&gt;principio que nos comunicó todo el bien de nuestro ser, y&lt;br /&gt;después el sumo bien que es el mismo Dios, viene a ser el&lt;br /&gt;estímulo y ejemplar de nuestra caridad y amor con el&lt;br /&gt;mismo Señor; porque si para amarle no nos despierta y&lt;br /&gt;mueve el saber que en sí mismo es infinito y sumo bien, a&lt;br /&gt;34&lt;br /&gt;lo menos nos obligue y atraiga el saber que es sumo bien&lt;br /&gt;nuestro. Y si no podíamos ni sabíamos amarle primero (1&lt;br /&gt;Jn., 4, 10) que nos diera a su Hijo Unigénito, no tengamos&lt;br /&gt;excusa ni atrevimiento para dejarle de amar después de&lt;br /&gt;habérnosle dado; pues si tenemos disculpa para no saber&lt;br /&gt;granjear el beneficio, ninguna hallaremos para no&lt;br /&gt;agradecerle con amor después de haberle recibido sin&lt;br /&gt;merecerle.&lt;br /&gt;519. El ejemplar que en la Divina Caridad tiene&lt;br /&gt;la nuestra, declara mucho más la excelencia de esta&lt;br /&gt;virtud, aunque yo con dificultad puedo declarar en&lt;br /&gt;esto mi concepto. Cuando fundaba Cristo Señor&lt;br /&gt;nuestro su perfectísima ley de amor y de gracia, nos&lt;br /&gt;enseñó a ser perfectos a imitación de nuestro Padre&lt;br /&gt;Celestial, que hace nacer el sol, que es suyo, sobre los&lt;br /&gt;justos e injustos (Mt., 5, 45) sin diferencia. Tal doctrina y&lt;br /&gt;tal ejemplo, sólo el mismo Hijo del eterno Padre le podía&lt;br /&gt;dar a los hombres. Entre todas las criaturas visibles&lt;br /&gt;ninguna como el sol nos manifiesta la Caridad Divina y&lt;br /&gt;nos la propone para imitarla; porque este nobilísimo&lt;br /&gt;planeta por su misma naturaleza, sin otra deliberación&lt;br /&gt;más que su inclinación innata, comunica su luz a todas&lt;br /&gt;partes y a todos aquellos que son capaces de recibirla&lt;br /&gt;sin diferencia, y cuanto es de su parte nunca la niega ni&lt;br /&gt;suspende (Dionisio, De Divinis Nominibus, c. IV); y esto lo&lt;br /&gt;hace sin obligarse a nadie, sin recibir beneficio ni retorno&lt;br /&gt;de que tenga necesidad y sin hallar en las cosas que ilumina&lt;br /&gt;y fomenta alguna bondad antecedente que le&lt;br /&gt;mueva y le atraiga, ni esperar otro interés más que&lt;br /&gt;derramar la misma virtud que en sí contiene, para que&lt;br /&gt;todos la participen y comuniquen.&lt;br /&gt;520. Considerando, pues, las condiciones de tan&lt;br /&gt;generosa criatura ¿quién hay que no vea en ellas una&lt;br /&gt;estampa de la caridad increada a quien imitar? Y ¿quién&lt;br /&gt;hay que no se confunda de no imitarla? Y ¿quién&lt;br /&gt;35&lt;br /&gt;imaginará de sí mismo que tiene caridad verdadera si no&lt;br /&gt;la imita? No puede nuestra caridad y amor causar alguna&lt;br /&gt;bondad en el objeto que ama, como lo hace la caridad&lt;br /&gt;increada del Señor; pero a lo menos, si no podemos&lt;br /&gt;mejorar lo que amamos, bien podemos amar a todos sin&lt;br /&gt;intereses de mejorarnos y sin andar deliberando y&lt;br /&gt;escogiendo a quién amar y hacer bien con esperanza del&lt;br /&gt;retorno. No digo que la caridad no es libre, ni que hizo&lt;br /&gt;Dios alguna obra fuera de sí por natural necesidad, ni&lt;br /&gt;corre en esto el ejemplo; porque todas las obras ad extra,&lt;br /&gt;que son las de la creación, son libres en Dios. Pero la&lt;br /&gt;voluntad libre no ha de torcer ni violentar la inclinación e&lt;br /&gt;impulso de la caridad; antes debe seguirla a imitación&lt;br /&gt;del sumo bien que, pidiendo su naturaleza comunicarse,&lt;br /&gt;no le impidió la Divina voluntad, antes se dejó llevar y&lt;br /&gt;mover de su misma inclinación para comunicar los rayos&lt;br /&gt;de su luz inaccesible a todas las criaturas según la&lt;br /&gt;capacidad de cada una para recibirla, sin haber&lt;br /&gt;precedido de nuestra parte bondad alguna, servicio o&lt;br /&gt;beneficio y sin esperarle después, porque de nadie tiene&lt;br /&gt;necesidad.&lt;br /&gt;521. Habiendo ya conocido en parte la condición de la&lt;br /&gt;caridad en su principio, que es Dios, donde, fuera del&lt;br /&gt;mismo Señor, la hallaremos en toda su perfección posible&lt;br /&gt;a pura criatura es María Santísima, de quien más&lt;br /&gt;inmediatamente podemos copiar la nuestra. Claro está&lt;br /&gt;que saliendo los rayos de esta luz y Caridad del Sol Increado,&lt;br /&gt;donde está sin término ni fin, se va comunicando&lt;br /&gt;a todas las criaturas hasta la más remota con orden, con&lt;br /&gt;medida y tasa, según el grado que tiene cada una por&lt;br /&gt;estar más cerca o más distante de su principio. Y este&lt;br /&gt;orden dice el lleno y perfección de la Divina Providencia;&lt;br /&gt;pues sin él estuviera como defectuosa, confusa y manca&lt;br /&gt;la armonía de las criaturas que había criado para la&lt;br /&gt;participación de su bondad y amor. El primer lugar en&lt;br /&gt;este orden había de tener después del mismo Dios&lt;br /&gt;36&lt;br /&gt;aquella alma y aquella persona que juntamente fuese&lt;br /&gt;Dios Increado y hombre criado; porque a la suma y&lt;br /&gt;suprema unión de naturaleza siguiese la suma gracia y&lt;br /&gt;participación de amor, como estuvo y está en Cristo&lt;br /&gt;Señor nuestro.&lt;br /&gt;522. El segundo lugar toca a su Madre Santísima&lt;br /&gt;María, en quien con singular modo descansó la caridad&lt;br /&gt;y amor Divino; porque, a nuestro modo de entender, no&lt;br /&gt;sosegaba harto la Caridad Increada sin comunicarse a&lt;br /&gt;una pura criatura con tanta plenitud, que en ella&lt;br /&gt;estuviese recopilado el amor y caridad de toda su&lt;br /&gt;generación humana y que sola ella pudiese suplir por lo&lt;br /&gt;restante de su naturaleza pura y dar el retorno posible y&lt;br /&gt;participar la Caridad Increada sin las menguas y&lt;br /&gt;defectos que le mezclan todos los demás mortales infectos,&lt;br /&gt;del pecado. Sola María entre todas las criaturas fue&lt;br /&gt;electa como el Sol de justicia (Cant., 6, 9), para que le&lt;br /&gt;imitase en la caridad y copiase de él esta virtud&lt;br /&gt;ajustadamente con su original. Y sola ella supo amar más&lt;br /&gt;y mejor que todas juntas, amando a Dios pura, perfecta,&lt;br /&gt;íntima y sumamente por Dios y a las criaturas por el&lt;br /&gt;mismo Dios y como Él las ama. Sola ella adecuadamente&lt;br /&gt;siguió el impulso de la Caridad y su inclinación generosa&lt;br /&gt;amando al sumo bien por sumo bien, sin otra atención;&lt;br /&gt;amando a las criaturas por la participación que tienen de&lt;br /&gt;Dios, no por el retorno y retribución. Y para imitar en todo&lt;br /&gt;a la Caridad Increada, sola María Santísima pudo y supo&lt;br /&gt;amar para mejorar a quien es amado; pues con su amor&lt;br /&gt;obró de suerte, que mejoró el cielo y la tierra en todo lo&lt;br /&gt;que tiene ser, fuera del mismo Dios.&lt;br /&gt;523. Y si la caridad de esta gran Señora se pusiera en&lt;br /&gt;una balanza y la de todos los hombres y ángeles en otra,&lt;br /&gt;pesara más la de María Purísima que la de todo el resto&lt;br /&gt;de las criaturas, pues todas ellas no alcanzaron a saber&lt;br /&gt;tanto como ella sola de la naturaleza y condición de la&lt;br /&gt;37&lt;br /&gt;Caridad de Dios; y consiguientemente sola María supo&lt;br /&gt;imitarla con adecuada perfección sobre toda la naturaleza&lt;br /&gt;de puras criaturas intelectuales. Y en este exceso de&lt;br /&gt;amor y caridad, satisfizo y correspondió a la deuda del&lt;br /&gt;amor infinito del Señor con las criaturas todo cuanto a&lt;br /&gt;ellas se les podía pedir, no habiendo de ser de&lt;br /&gt;equivalencia infinita, porque esto no era posible. Y como&lt;br /&gt;el amor y caridad del alma santísima de Jesucristo tuvo&lt;br /&gt;alguna proporción con la unión hipostática en el grado&lt;br /&gt;posible, así la caridad de María tuvo otra proporción con&lt;br /&gt;el beneficio de darle el Eterno Padre a su Hijo Santísimo,&lt;br /&gt;para que ella fuese juntamente Madre suya y le&lt;br /&gt;concibiese y pariese para remedio del Mundo.&lt;br /&gt;524. De donde entenderemos que todo el bien y felicidad&lt;br /&gt;de las criaturas se viene a resolver por algún modo en la&lt;br /&gt;caridad y amor que María Santísima tuvo a Dios. Ella hizo&lt;br /&gt;que esta virtud y participación del amor Divino estuviese&lt;br /&gt;entre las criaturas en su última y suma perfección. Ella&lt;br /&gt;pagó esta deuda por todos enteramente cuando todos no&lt;br /&gt;atinaban a hacer la debida recompensa ni la alcanzaban&lt;br /&gt;a conocer. Ella con esta perfectísima Caridad obligó en la&lt;br /&gt;forma posible al Eterno Padre para que le diese su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo para sí y para todo el linaje humano; porque si&lt;br /&gt;María Purísima hubiera amado menos y su caridad&lt;br /&gt;tuviera alguna mengua, no hubiera disposición en la&lt;br /&gt;naturaleza para que el Verbo se humanara; pero&lt;br /&gt;hallándose entre las criaturas alguna que hubiese&lt;br /&gt;llegado a imitar la caridad Divina en grado tan supremo,&lt;br /&gt;ya era como consiguiente que descendiese a ella el&lt;br /&gt;mismo Dios, como lo hizo.&lt;br /&gt;525. Todo esto se encerró en llamarla el Espíritu Santo&lt;br /&gt;Madre de la hermosa dilección o amor (Eclo., 24, 24),&lt;br /&gt;atribuyéndole a ella misma estas palabras —como en su&lt;br /&gt;modo queda dicho de la santa esperanza (Cf. supra n.&lt;br /&gt;511)—; Madre es María del que es nuestro dulcísimo&lt;br /&gt;38&lt;br /&gt;amor, Jesús, Señor y Redentor nuestro, hermosísimo sobre&lt;br /&gt;los hijos de los hombres por la divinidad de infinita e&lt;br /&gt;increada hermosura y por la humanidad que ni tuvo&lt;br /&gt;culpa, ni dolo (1 Pe., 2, 22), ni le faltó gracia de las que&lt;br /&gt;pudo comunicarle la Divinidad. Madre también es del&lt;br /&gt;amor hermoso; porque sola ella engendró en su mente el&lt;br /&gt;amor y caridad perfecta y hermosísima dilección, que&lt;br /&gt;todas las demás criaturas no supieron engendrar con&lt;br /&gt;toda su hermosura y sin alguna falta, para que no se&lt;br /&gt;llamase absolutamente hermoso. Madre es de nuestro&lt;br /&gt;amor; porque ella nos le trajo al mundo, ella nos le&lt;br /&gt;granjeó y ella nos le enseñó a conocer y obrar; que sin&lt;br /&gt;María Santísima no quedaba otra pura criatura en el&lt;br /&gt;Cielo ni en la tierra de quien pudieran los hombres y los&lt;br /&gt;Ángeles ser discípulos del amor hermoso. Y así es que&lt;br /&gt;todos los Santos son como unos rayos de este sol y como&lt;br /&gt;unos arroyuelos que salen de este mar; y tanto más saben&lt;br /&gt;amar, cuanto más participan del amor y caridad de&lt;br /&gt;María Santísima y la imitan y copian ajustándose con&lt;br /&gt;ella.&lt;br /&gt;526. Las causas que tuvo esta caridad y amor de nuestra&lt;br /&gt;princesa María fueron la profundidad de su altísimo&lt;br /&gt;conocimiento y sabiduría, así por la fe infusa y esperanza&lt;br /&gt;como por los dones del Espíritu Santo, de ciencia,&lt;br /&gt;entendimiento y sabiduría; y sobre todo por las visiones&lt;br /&gt;intuitivas y las que tuvo abstractivas de la Divinidad. Por&lt;br /&gt;todos estos medios alcanzó el altísimo conocimiento de la&lt;br /&gt;caridad increada y la bebió en su misma fuente; y como&lt;br /&gt;conoció que Dios debía ser amado por sí mismo y la&lt;br /&gt;criatura por Dios, así lo ejecutó y obró con intensísimo y&lt;br /&gt;ferventísimo amor. Y como el poder Divino no hallaba&lt;br /&gt;impedimento ni óbice de culpa, ni de inadvertencia,&lt;br /&gt;ignorancia o imperfección, o tardanza en la voluntad de&lt;br /&gt;esta Reina, por esto pudo obrar todo lo que quiso y lo que&lt;br /&gt;no hizo con las demás criaturas; porque ninguna otra tuvo&lt;br /&gt;la disposición que María Santísima.&lt;br /&gt;39&lt;br /&gt;527. Este fue el prodigio del poder divino y el mayor&lt;br /&gt;ensayo y testimonio de su caridad increada en pura&lt;br /&gt;criatura y el desempeño de aquel gran precepto natural&lt;br /&gt;y divino: Amarás a tu Dios de todo tu corazón, alma y&lt;br /&gt;mente, y con todas tus fuerzas (Dt., 6, 5); porque sola&lt;br /&gt;María desempeñó a todas las criaturas de esta&lt;br /&gt;obligación y deuda que en esta vida y antes de ver a Dios&lt;br /&gt;no sabían ni podían pagar enteramente. Esta Señora lo&lt;br /&gt;cumplió siendo viadora más ajustadamente que los&lt;br /&gt;mismos Serafines siendo comprensores. Desempeñó&lt;br /&gt;también a Dios en su modo en este precepto, para que no&lt;br /&gt;quedara vacío y como frustrado de parte de los viadores;&lt;br /&gt;pues sola María Purísima le santificó y llenó por todos&lt;br /&gt;ellos, supliendo abundantemente todo lo que a ellos les&lt;br /&gt;faltó. Y si no tuviera Dios presente a María nuestra Reina&lt;br /&gt;para intimar a los mortales este mandato de tanto amor y&lt;br /&gt;caridad, por ventura no le hubiera puesto en esta forma;&lt;br /&gt;pero sólo por esta Señora se complació en ponerle y a&lt;br /&gt;ella se le debemos, así el mandato de la caridad perfecta&lt;br /&gt;como su cumplimiento adecuado.&lt;br /&gt;528. ¡Oh dulcísima y hermosísima Madre de la hermosa&lt;br /&gt;dilección y caridad, todas las naciones te conozcan,&lt;br /&gt;todas las generaciones te bendigan, todas las criaturas&lt;br /&gt;te magnifiquen y alaben! Tú sola eres la perfecta, tú sola&lt;br /&gt;la dilecta, tú sola la escogida para tu Madre la Caridad&lt;br /&gt;Increada; ella te formó única y electa como el sol (Cant.,&lt;br /&gt;6, 9) para resplandecer en tu hermosísimo y perfectísimo&lt;br /&gt;amor. Lleguemos todos los míseros hijos de Eva a este&lt;br /&gt;sol, para que nos ilustre y encienda. Lleguemos a esta&lt;br /&gt;Madre para que nos reengendre en amor. Lleguemos a&lt;br /&gt;esta Maestra para que nos enseñe a tener el amor,&lt;br /&gt;dilección y caridad hermosa y sin defectos. Amor dice un&lt;br /&gt;afecto que se complace y descansa en el amado;&lt;br /&gt;dilección, obra de alguna elección y separación de lo que&lt;br /&gt;se ama de todo lo demás; y caridad dice sobre todo esto&lt;br /&gt;40&lt;br /&gt;un íntimo aprecio y estimación del bien amado. Todo esto&lt;br /&gt;nos enseñará la Madre de este amor hermoso, que por&lt;br /&gt;tener todas estas condiciones viene a serlo, y en ella&lt;br /&gt;aprenderemos a amar a Dios por Dios, descansando en Él&lt;br /&gt;todo nuestro corazón y afectos; a separarle de todo lo&lt;br /&gt;demás que no es el mismo sumo bien, pues le ama menos&lt;br /&gt;quien con él quiere amar otra cosa; a saberle apreciar y&lt;br /&gt;estimar sobre el oro y sobre todo lo precioso; pues en su&lt;br /&gt;comparación todo lo precioso es vil, toda la hermosura es&lt;br /&gt;fealdad y todo lo grande y estimable a los ojos carnales&lt;br /&gt;viene a ser contemptible y sin algún valor. De los efectos&lt;br /&gt;de la caridad de María Santísima hablo en toda esta&lt;br /&gt;Historia, y de ellos está lleno el Cielo y la tierra; y por eso&lt;br /&gt;no me detengo a contar en particular lo que no puede&lt;br /&gt;caber en lenguas ni palabras humanas ni angélicas.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del Cielo.&lt;br /&gt;529. Hija mía, si con afecto de Madre deseo que me&lt;br /&gt;sigas y me imites en todas las otras virtudes, en esta de&lt;br /&gt;la caridad, que es el fin y corona de todas ellas, quiero,&lt;br /&gt;te intimo y declaro mi voluntad de que extiendas&lt;br /&gt;sobremanera todas tus fuerzas para copiar en tu alma&lt;br /&gt;con mayor perfección todo lo que se te ha dado a&lt;br /&gt;conocer en la mía. Enciende la luz de la fe y de la razón&lt;br /&gt;para hallar esta dracma (Lc., 15,8) de infinito valor y,&lt;br /&gt;habiéndola topado, olvida y desprecia todo lo terreno y&lt;br /&gt;corruptible; y en tu mente una y muchas veces confiere,&lt;br /&gt;advierte y pondera las infinitas razones y causas que hay&lt;br /&gt;en Dios para ser amado sobre todas las cosas; y para que&lt;br /&gt;entiendas cómo debes amarle con la perfección que&lt;br /&gt;deseas, éstas serán como señales y efectos del amor, si&lt;br /&gt;le tienes perfecto y verdadero: si meditas y piensas en&lt;br /&gt;Dios continuamente; si cumples sus mandamientos y&lt;br /&gt;consejos sin tedio ni disgusto; si temes ofenderle; si&lt;br /&gt;ofendido solicitas luego aplacarle; si te dueles de que&lt;br /&gt;sea ofendido y te alegras de que todas las criaturas&lt;br /&gt;41&lt;br /&gt;le sirvan; si deseas y gustas hablar continuamente de&lt;br /&gt;su amor; si te gozas de su memoria y presencia; si te&lt;br /&gt;contristas de su olvido y ausencia; si amas lo que él ama&lt;br /&gt;y aborreces lo que aborrece; si procuras traer a todos a&lt;br /&gt;su amistad y gracia; si le pides con confianza; si recibes&lt;br /&gt;con agradecimiento sus beneficios; si no los pierdes y&lt;br /&gt;conviertes a su honra y gloria; si deseas y trabajas por&lt;br /&gt;extinguir en ti misma los movimientos de las pasiones que&lt;br /&gt;te retardan o impiden el afecto amoroso y obras de las&lt;br /&gt;virtudes.&lt;br /&gt;530. Estos y otros efectos señalan como unos índices de&lt;br /&gt;la Caridad, que está en el alma con más o menos&lt;br /&gt;perfección. Y sobre todo, cuando es robusta y encendida,&lt;br /&gt;no sufre ociosidad en las potencias, ni consiente mácula&lt;br /&gt;en la voluntad, porque luego las purifica y consume&lt;br /&gt;todas, y no descansa si no es cuando gusta la dulzura del&lt;br /&gt;sumo bien que ama; porque sin él desfallece (Cant., 2, 5),&lt;br /&gt;está herida y enferma y sedienta de aquel vino que&lt;br /&gt;embriaga (Cant., 5, 1) el corazón, causando olvido de&lt;br /&gt;todo lo corruptible, terreno y momentáneo. Y como la&lt;br /&gt;Caridad es la madre y raíz de todas las otras virtudes,&lt;br /&gt;luego se siente su fecundidad en el alma donde&lt;br /&gt;permanece y vive; porque la llena y adorna de los hábitos&lt;br /&gt;de las demás virtudes, que con repetidos actos va&lt;br /&gt;engendrando, como lo significó el Apóstol (1 Cor., 13, 4).&lt;br /&gt;Y no sólo tiene el alma que está en caridad los efectos de&lt;br /&gt;esta virtud con que ama al Señor, pero estando en&lt;br /&gt;caridad es amada del mismo Dios, recibe del amor Divino&lt;br /&gt;aquel recíproco efecto de estar Dios en el que ama y&lt;br /&gt;venir a vivir como en su templo el Padre, el Hijo y el&lt;br /&gt;Espíritu Santo; beneficio tan soberano que con ningún&lt;br /&gt;término ni ejemplo se puede conocer en la vida mortal.&lt;br /&gt;531. El orden de esta virtud es amar primero a Dios que&lt;br /&gt;es sobre la criatura y luego amarse ella a sí misma y tras&lt;br /&gt;de sí amar lo que está cerca de sí, que es su prójimo. A&lt;br /&gt;42&lt;br /&gt;Dios se ha de amar con todo el entendimiento sin engaño,&lt;br /&gt;con toda la voluntad sin dolo ni división, con toda la&lt;br /&gt;mente sin olvido, con todas las fuerzas sin remisión, sin&lt;br /&gt;tibieza, sin negligencia. El motivo que tiene la caridad&lt;br /&gt;para amar a Dios y todo lo demás a que se extiende es el&lt;br /&gt;mismo Dios; porque debe ser amado por sí mismo, que es&lt;br /&gt;sumo bien infinitamente perfecto y santo. Y amando a&lt;br /&gt;Dios con este motivo, es consiguiente que la criatura se&lt;br /&gt;ame a sí misma y al prójimo como a sí misma; porque ella&lt;br /&gt;y su prójimo no son suyos, tanto como son del Señor, de&lt;br /&gt;cuya participación reciben el ser, la vida y movimiento; y&lt;br /&gt;quien de verdad ama a Dios por quien es, ama también a&lt;br /&gt;todo lo que es de Dios y tiene alguna participación de su&lt;br /&gt;bondad. Por esto la Caridad mira al prójimo como obra y&lt;br /&gt;participación de Dios y no hace diferencia entre amigo y&lt;br /&gt;enemigo; porque sólo mira lo que tienen de Dios y que&lt;br /&gt;son cosa suya y no atiende esta virtud a lo que tiene la&lt;br /&gt;criatura de amigo o enemigo, de bienhechor o&lt;br /&gt;malhechor; sólo diferencia entre quien tiene más o&lt;br /&gt;menos participación de la bondad infinita del Altísimo y&lt;br /&gt;con el debido orden los ama a todos en Dios y por Dios.&lt;br /&gt;532. Todo lo demás que aman las criaturas por otros&lt;br /&gt;fines y motivos, y esperando algún interés y comodidad o&lt;br /&gt;retornó, lo aman con amor de concupiscencia&lt;br /&gt;desordenada o con amor humano o natural; y cuando no&lt;br /&gt;sea amor virtuoso y bien ordenado, no pertenece a la&lt;br /&gt;caridad infusa. Y como es ordinario en los hombres&lt;br /&gt;moverse por estos bienes particulares y fines interesables&lt;br /&gt;y terrenos, por eso hay muy pocos que atiendan,&lt;br /&gt;abracen y conozcan la nobleza de esta generosa virtud,&lt;br /&gt;ni la ejerciten con su debida perfección; pues aun al&lt;br /&gt;mismo Dios buscan y llaman por temporales bienes, o por&lt;br /&gt;el beneficio y gusto espiritual. De todo este&lt;br /&gt;desordenado amor quiero, hija mía, que desvíes tu&lt;br /&gt;corazón y que sólo viva en él la caridad bien ordenada, a&lt;br /&gt;quien el Altísimo ha inclinado tus deseos. Y si tantas&lt;br /&gt;43&lt;br /&gt;veces repites que esta virtud es la hermosa y la&lt;br /&gt;agraciada y digna de ser querida y estimada de todas las&lt;br /&gt;criaturas, estudia mucho en conocerla y, habiéndola&lt;br /&gt;conocido, compra tan preciosa margarita, olvidando y&lt;br /&gt;extinguiendo en tu corazón todo amor que no sea de&lt;br /&gt;Caridad perfectísima. A ninguna criatura has de amar&lt;br /&gt;más de por sólo Dios y por lo que en ella conoces que te&lt;br /&gt;le representa y como cosa suya, y al modo que la esposa&lt;br /&gt;ama a todos los siervos y familiares de la casa de su&lt;br /&gt;esposo porque son suyos; y en olvidándote que amas&lt;br /&gt;alguna criatura sin atender a Dios en ella y amándola por&lt;br /&gt;este Señor, entiende que no la amas con Caridad, ni&lt;br /&gt;como de ti lo quiero y el Altísimo te lo ha mandado.&lt;br /&gt;También conocerás si los amas con Caridad en la&lt;br /&gt;diferencia que hicieres de amigo o enemigo, de apacible&lt;br /&gt;o no apacible, de cortés más o menos y de quien tiene o&lt;br /&gt;no tiene gracias naturales. Todas estas diferencias no las&lt;br /&gt;hace la caridad verdadera, sino la inclinación natural o&lt;br /&gt;las pasiones de los apetitos, que tú debes gobernar con&lt;br /&gt;esta virtud, extinguiéndolos y degollándolos.&lt;br /&gt;CAPITULO 9&lt;br /&gt;De la virtud de la Prudencia de la Santísima Reina&lt;br /&gt;del cielo.&lt;br /&gt;533. Como el entendimiento precede en sus&lt;br /&gt;operaciones a la voluntad y la encamina en las suyas, así&lt;br /&gt;las virtudes que tocan al entendimiento son primero que&lt;br /&gt;las de la voluntad. Y aunque el oficio del entendimiento&lt;br /&gt;es conocer la verdad y entenderla, y por esto se pudiera&lt;br /&gt;dudar si sus hábitos son virtudes —cuya naturaleza consiste&lt;br /&gt;en inclinar y obrar lo bueno—, pero es cierto que&lt;br /&gt;también hay virtudes intelectuales, cuyas operaciones&lt;br /&gt;son loables y buenas, regulándose por la razón y la&lt;br /&gt;verdad, que conoce el entendimiento es su propio bien. Y&lt;br /&gt;cuando se le enseña y propone a la voluntad para que&lt;br /&gt;44&lt;br /&gt;ella le apetezca y le da reglas para hacerlo, entonces el&lt;br /&gt;acto del entendimiento es bueno y virtuoso en el orden&lt;br /&gt;del objeto teológico, como la fe, o moral, como la&lt;br /&gt;prudencia, que entendiendo endereza y gobierna las&lt;br /&gt;operaciones de los apetitos. Por esta razón la virtud de la&lt;br /&gt;prudencia es la primera y pertenece al entendimiento; y&lt;br /&gt;ésta es como la raíz de las otras virtudes morales y&lt;br /&gt;cardinales, que con la prudencia son loables sus&lt;br /&gt;operaciones y sin ella son viciosas y vituperables.&lt;br /&gt;534. Tuvo la soberana Reina María esta virtud de la&lt;br /&gt;Prudencia en supremo grado proporcionado al de las&lt;br /&gt;otras virtudes que hasta ahora he dicho y adelante diré&lt;br /&gt;en cada una; y por la superioridad de esta virtud la llama&lt;br /&gt;la Iglesia Virgen Prudentísima. Y como esta primera&lt;br /&gt;virtud es la que gobierna, endereza y manda todas las&lt;br /&gt;obras de las otras virtudes, y en todo el discurso de esta&lt;br /&gt;Historia se trata de las que obraba María Santísima, con&lt;br /&gt;eso estará lleno todo el discurso de lo poco que pudiere&lt;br /&gt;decir y escribir de este piélago de Prudencia, pues en&lt;br /&gt;todas sus obras resplandecerá la luz de esta virtud con&lt;br /&gt;que las gobernaba. Por esto hablaré ahora más en general&lt;br /&gt;de la Prudencia de la soberana Reina, declarándola&lt;br /&gt;por sus partes y condiciones, según la doctrina común de&lt;br /&gt;los Doctores y Santos, para que con esto se pueda&lt;br /&gt;entender mejor.&lt;br /&gt;535. De los tres géneros de Prudencia, que al uno&lt;br /&gt;llaman prudencia política, al otro prudencia purgatoria y&lt;br /&gt;al tercero prudencia del ánimo purgado o purificado y&lt;br /&gt;perfecto, ninguno le faltó a nuestra Reina en supremo&lt;br /&gt;grado; porque si bien sus potencias estaban&lt;br /&gt;purificadísimas o, por decir mejor, no tenían que purificar&lt;br /&gt;de culpa ni de contradicción en la virtud, pero tenían que&lt;br /&gt;purificar en la natural nesciencia y también caminar de lo&lt;br /&gt;bueno y santo a lo más perfecto y santísimo. Y esto se ha&lt;br /&gt;de entender respecto de su mismas obras y&lt;br /&gt;45&lt;br /&gt;comparándolas entre sí mismas y no con las de otras&lt;br /&gt;criaturas; porque en comparación de los demás&lt;br /&gt;Santos, no hubo obra menos perfecta en esta Ciudad de&lt;br /&gt;Dios, cuyos fundamentos estaban sobre los montes&lt;br /&gt;santos (Sal., 86, 1); pero en sí misma, como fue&lt;br /&gt;creciendo desde el instante de la concepción en la&lt;br /&gt;caridad y gracia, unas obras, que fueron en sí&lt;br /&gt;perfectísimas y superiores a todas las de los Santos,&lt;br /&gt;fueron menos perfectas respecto de otras más altas a&lt;br /&gt;que ascendía.&lt;br /&gt;536. La Prudencia política, en general, es la que piensa&lt;br /&gt;y pesa todo lo que se debe hacer y, reduciéndolo a la&lt;br /&gt;razón, nada hace que no sea recto y bueno. La Prudencia&lt;br /&gt;purgatoria o purgativa es la que todo lo visible pospone y&lt;br /&gt;abstrae por enderezar el corazón a la Divina&lt;br /&gt;contemplación y a todo lo que es celestial. La Prudencia&lt;br /&gt;del ánimo purgado es la que mira al sumo bien y&lt;br /&gt;endereza a Él todo el afecto para unirse y descansar allí,&lt;br /&gt;como si ninguna otra cosa hubiera fuera de Él. Todos&lt;br /&gt;estos géneros de Prudencia estaban en el entendimiento&lt;br /&gt;de María Santísima para discernir y conocer sin engaño&lt;br /&gt;y para dirigir y mover sin remisión ni tardanza lo más alto&lt;br /&gt;y perfecto de estas operaciones. Nunca pudo el juicio de&lt;br /&gt;esta soberana Señora dictar ni presumir cosa alguna en&lt;br /&gt;todas las materias, que no fuese lo mejor y más recto.&lt;br /&gt;Nadie alcanzó como ella, ni lo hizo, a posponer y desviar&lt;br /&gt;todo lo mundial y visible, para enderezar el afecto a la&lt;br /&gt;contemplación de las cosas Divinas. Y habiéndolas&lt;br /&gt;conocido como las conoció con tantos géneros de&lt;br /&gt;noticias, de tal suerte estaba unida por amor al sumo&lt;br /&gt;bien increado, que nada la ocupó ni impidió para&lt;br /&gt;descansar en este centro de su amor.&lt;br /&gt;537. Las partes que componen la Prudencia, claro está&lt;br /&gt;que con suma perfección estaban en nuestra Reina. La&lt;br /&gt;primera es la Memoria, para tener presentes las cosas&lt;br /&gt;46&lt;br /&gt;pasadas y experimentadas; de donde se deducen&lt;br /&gt;muchas reglas de proceder y obrar en lo futuro y&lt;br /&gt;presente; porque esta virtud trata de las operaciones en&lt;br /&gt;particular; y como no puede haber una regla general&lt;br /&gt;para todas, es necesario deducir muchas de muchos&lt;br /&gt;ejemplos y experiencias; y para esto se requiere la&lt;br /&gt;memoria. Esta parte tuvo nuestra soberana Reina tan&lt;br /&gt;constante, que jamás padeció el defecto natural del&lt;br /&gt;olvido; porque siempre le quedó inmóvil y presente en la&lt;br /&gt;memoria lo que una vez entendió y aprendió. En este&lt;br /&gt;beneficio transcendió María Purísima todo el orden de la&lt;br /&gt;naturaleza humana y aun la angélica, porque en ella hizo&lt;br /&gt;Dios un epílogo de lo más perfecto de entrambas. Tuvo de&lt;br /&gt;la naturaleza humana lo esencial, y de lo accidental lo&lt;br /&gt;que era más perfecto y lejos de la culpa y necesario para&lt;br /&gt;merecer; y de los dones naturales y sobrenaturales de la&lt;br /&gt;naturaleza angélica tuvo muchos, por especial gracia, en&lt;br /&gt;mayor alteza que los mismos ángeles. Y uno de estos&lt;br /&gt;dones fue la memoria fija y constante, sin poder olvidar lo&lt;br /&gt;que aprendía; y cuanto excedió a los ángeles en la Prudencia,&lt;br /&gt;tanto se aventajó en esta parte de la memoria.&lt;br /&gt;538. En sola una cosa limitó este beneficio&lt;br /&gt;misteriosamente la humilde pureza de María Santísima;&lt;br /&gt;porque habiendo de quedarle fijas en su memoria las&lt;br /&gt;especies de todas las cosas, y entre ellas era inexcusable&lt;br /&gt;haber conocido muchas fealdades y pecados de las&lt;br /&gt;criaturas, pidió al Señor la humildísima y purísima&lt;br /&gt;Princesa que el beneficio de la memoria no se extendiese&lt;br /&gt;a conservar estas especies, más de en lo que fuese&lt;br /&gt;necesario para el ejercicio de la caridad fraternal con los&lt;br /&gt;prójimos y de las demás virtudes. Concedióle el Altísimo&lt;br /&gt;esta petición, más en testimonio de su candidísima humildad&lt;br /&gt;que por el peligro de ella; pues al sol no le ofende lo&lt;br /&gt;inmundo que sus rayos tocan, ni tampoco a los ángeles&lt;br /&gt;los conturban nuestras vilezas, porque para los limpios&lt;br /&gt;todo es limpio (Tit., 1, 15). Pero en este favor quiso&lt;br /&gt;47&lt;br /&gt;privilegiar el Señor de los ángeles a su Madre más que a&lt;br /&gt;ellos y sólo conservar en su memoria las especies de todo&lt;br /&gt;lo santo, honesto, limpio y más amable de su pureza y&lt;br /&gt;más agradable al mismo Señor; con todo lo cual aquella&lt;br /&gt;alma santísima, aun en esta parte, estaba más hermosa y&lt;br /&gt;adornada de especies en su memoria de todo lo más puro&lt;br /&gt;y deseable.&lt;br /&gt;539. Otra parte de la Prudencia se llama inteligencia,&lt;br /&gt;que principalmente mira a lo que de presente se debe&lt;br /&gt;hacer; y consiste en entender profunda y&lt;br /&gt;verdaderamente las razones y principios ciertos de las&lt;br /&gt;obras virtuosas para ejecutarlas, deduciendo su&lt;br /&gt;ejecución de esta inteligencia, así en lo que conoce el&lt;br /&gt;entendimiento de la honestidad de la virtud en general,&lt;br /&gt;como de lo que debe hacer en particular quien ha de&lt;br /&gt;obrar con rectitud y perfección; como cuando tengo&lt;br /&gt;profunda inteligencia de esta verdad: A nadie debes&lt;br /&gt;hacer el daño que tú no quieres recibir de otro; luego a&lt;br /&gt;este tu hermano no debes hacerle agravio particular, que&lt;br /&gt;a ti te pareciera mal, si contigo lo hiciera él mismo o&lt;br /&gt;cualquiera otro. Esta inteligencia tuvo María Santísima en&lt;br /&gt;tanto más alto grado que todas las criaturas, cuanto más&lt;br /&gt;verdades morales conoció y más profundamente penetró&lt;br /&gt;su infalible rectitud y participación de la divina. En&lt;br /&gt;aquel clarísimo entendimiento, ilustrado con los&lt;br /&gt;mayores resplandores de la luz Divina, no había&lt;br /&gt;engaño, ignorancia, ni duda, ni opiniones como en las&lt;br /&gt;demás criaturas; porque todas las verdades, especialmente&lt;br /&gt;en las materias prácticas de las virtudes, las&lt;br /&gt;penetró y entendió en general y en particular, como ellas&lt;br /&gt;son en sí mismas; y en este grado incomparable tuvo esta&lt;br /&gt;parte de Prudencia.&lt;br /&gt;540. La tercera se llama Providencia, y es la principal&lt;br /&gt;entre las partes de la Prudencia, porque lo más&lt;br /&gt;importante en la dirección de las acciones humanas es&lt;br /&gt;48&lt;br /&gt;ordenar lo presente a lo futuro, para que todo se&lt;br /&gt;gobierne con rectitud; y esto hace la Providencia. Tuvo&lt;br /&gt;esta parte de la Prudencia nuestra Reina y Señora en&lt;br /&gt;más excelente grado, si pudiera serlo, que todas las&lt;br /&gt;otras; porque, a más de la memoria de lo pasado y&lt;br /&gt;profunda inteligencia de lo presente, tenía ciencia y&lt;br /&gt;conocimiento infalible de muchas cosas futuras a que se&lt;br /&gt;extendía la buena Providencia. Y con esta noticia y luz&lt;br /&gt;infusa, de tal suerte prevenía las cosas futuras y&lt;br /&gt;disponía los sucesos, que ninguno pudo ser para ella&lt;br /&gt;repentino ni impensado. Todas las cosas tenía previstas,&lt;br /&gt;pensadas y ponderadas en el peso del santuario de su&lt;br /&gt;mente, ilustrada con la luz infusa; y así aguardaba no con&lt;br /&gt;duda ni incertidumbre, como los demás hombres, todos&lt;br /&gt;los sucesos antes que fuesen, pero con certeza clarísima;&lt;br /&gt;de suerte que todo hallase su lugar, tiempo y coyuntura&lt;br /&gt;oportuna, para que todo fuese bien gobernado.&lt;br /&gt;541. Estas tres partes de la Prudencia comprenden las&lt;br /&gt;operaciones que con esta virtud tiene el entendimiento,&lt;br /&gt;distribuyéndolas en orden a las tres partes del tiempo&lt;br /&gt;pretérito, presente y futuro. Pero considerando todas las&lt;br /&gt;operaciones de esta virtud en cuanto conoce los medios&lt;br /&gt;de las otras virtudes y endereza las operaciones de la&lt;br /&gt;voluntad, en esta consideración añaden los doctores y&lt;br /&gt;filósofos otras cinco partes y operaciones a la Prudencia,&lt;br /&gt;que son: docilidad, razón, solercia, circunspección y&lt;br /&gt;cautela. La docilidad es el buen dictamen y disposición&lt;br /&gt;para ser enseñada la criatura de los más sabios, y no&lt;br /&gt;serlo consigo misma, ni estribar en su propio juicio y sabiduría.&lt;br /&gt;La razón, que también se llama raciocinación,&lt;br /&gt;consiste en discurrir con acierto, deduciendo de lo que&lt;br /&gt;se entiende como en general las particulares razones o&lt;br /&gt;consejos para las operaciones virtuosas. La solercia es la&lt;br /&gt;diligente atención y aplicación advertida a todo lo que&lt;br /&gt;sucede, como la docilidad a lo que nos enseñan, para&lt;br /&gt;hacer juicio recto y sacar reglas de bien obrar nuestras&lt;br /&gt;49&lt;br /&gt;acciones. La circunspección es el juicio y consideración&lt;br /&gt;de las circunstancias que ha de tener la obra virtuosa;&lt;br /&gt;porque no basta el buen fin para que sea loable, si le&lt;br /&gt;faltaren los circunstancias y oportunidad que se&lt;br /&gt;requieren en ellas. La cautela dice la discreta atención&lt;br /&gt;con que se deben advertir y evitar los peligros o&lt;br /&gt;impedimentos que pueden ocurrir con color de virtud o&lt;br /&gt;impensadamente, para que no nos hallen incautos o&lt;br /&gt;inadvertidos.&lt;br /&gt;542. Todas estas partes de la Prudencia estuvieron en&lt;br /&gt;la Reina del Cielo sin defecto alguno y con su última&lt;br /&gt;perfección. La docilidad fue en Su Alteza como hija&lt;br /&gt;legítima de su incomparable humildad; pues habiendo&lt;br /&gt;recibido tanta plenitud de ciencia desde el instante de su&lt;br /&gt;Inmaculada Concepción y siendo la Maestra y Madre de&lt;br /&gt;la verdadera sabiduría, siempre se dejó enseñar de los&lt;br /&gt;mayores, de los iguales y menores, juzgándose por menor&lt;br /&gt;que todos y queriendo ser discípula de los que en su&lt;br /&gt;comparación eran ignorantísimos. Esta docilidad mostró&lt;br /&gt;toda la vida como una candidísima paloma, disimulando&lt;br /&gt;su sabiduría con mayor prudencia que de serpiente (Mt.,&lt;br /&gt;10, 16). Dejóse enseñar de sus padres niña y de su&lt;br /&gt;maestra en el templo y de sus compañeras, de su esposo&lt;br /&gt;José, de los Apóstoles y de todas las criaturas quiso&lt;br /&gt;deprender para ser ejemplo portentoso de esta virtud y&lt;br /&gt;de la humildad, como en otro lugar he dicho (Cf. supra n.&lt;br /&gt;405, 472).&lt;br /&gt;543. La razón prudencial o raciocinación de María&lt;br /&gt;Santísima se infiere mucho de las veces que dice de ella&lt;br /&gt;el Evangelista San Lucas (Lc., 2, 19.51) que guardaba en&lt;br /&gt;su corazón y confería lo que iba sucediendo en las obras&lt;br /&gt;y misterios de su Hijo Santísimo. Esta conferencia parece&lt;br /&gt;obra de la razón, con que careaba unas cosas primeras&lt;br /&gt;con otras que iban ocurriendo y sucediendo y las confería&lt;br /&gt;entre sí mismas, para hacer en su corazón prudentísimos&lt;br /&gt;50&lt;br /&gt;consejos y aplicarlos en lo que era conveniente para&lt;br /&gt;obrar con el acierto que lo hacía. Y aunque muchas cosas&lt;br /&gt;conocía sin discurso y con una simplicísima vista o&lt;br /&gt;inteligencia que excedía a todo discurso humano, pero,&lt;br /&gt;en orden a las obras que había de hacer en las virtudes,&lt;br /&gt;podía raciocinar y aplicar con el discurso las razones&lt;br /&gt;generales de las virtudes a sus propias operaciones.&lt;br /&gt;544. En la solercia y diligente advertencia de la&lt;br /&gt;Prudencia también fue la soberana Señora muy&lt;br /&gt;privilegiada; porque no tenía el peso grave de las&lt;br /&gt;pasiones y corrupción, y así no sentía descaecimientos ni&lt;br /&gt;tardanza en las potencias; antes estaba fácil, pronta y&lt;br /&gt;muy expedita para advertir y atender a todo lo que podía&lt;br /&gt;servir para hacer recto juicio y sano consejo en obrar las&lt;br /&gt;virtudes en cualquier caso ocurrente, atendiendo con&lt;br /&gt;presteza y velocidad al medio de la virtud y su operación.&lt;br /&gt;En la circunspección fue María Santísima igualmente&lt;br /&gt;admirable; porque todas sus obras fueron tan&lt;br /&gt;cabales, que a ninguna le faltó circunstancia buena, y&lt;br /&gt;todas tuvieron las mejores, que las pudieran levantar de&lt;br /&gt;punto. Y como eran la mayor parte de sus obras&lt;br /&gt;ordenadas a la caridad de los prójimos, y todas tan&lt;br /&gt;oportunas, por eso en el enseñar, consolar, amonestar,&lt;br /&gt;rogar o corregir, siempre se lograba la eficaz dulzura de&lt;br /&gt;sus razones y agrado de sus obras.&lt;br /&gt;545. La última parte, de la cautela para ocurrir a los&lt;br /&gt;impedimentos que pueden estorbar o destruir la virtud,&lt;br /&gt;era necesario que estuviese en la Reina de los Ángeles&lt;br /&gt;con más perfección que en ellos mismos; porque la&lt;br /&gt;sabiduría tan alta, y el amor que le correspondía, la&lt;br /&gt;hacían tan cauta y advertida que ningún suceso ni&lt;br /&gt;impedimento ocurrente la pudo topar incauta, sin haberle&lt;br /&gt;desviado para obrar con suma perfección en todas las&lt;br /&gt;virtudes. Y como el enemigo, según adelante diré (Cf.&lt;br /&gt;infra p. II n. 353), se desvelaba tanto en ponerle&lt;br /&gt;51&lt;br /&gt;impedimentos exquisitos y extraños para el bien, porque&lt;br /&gt;no los podía mover en sus pasiones, por esto ejercitó la&lt;br /&gt;Prudentísima Virgen esta parte de la cautela muchas&lt;br /&gt;veces con admiración de todos los Ángeles. Y de esta&lt;br /&gt;discreción cautelosa de María Santísima, le cobró el&lt;br /&gt;demonio una temerosa rabia y envidia, deseando conocer&lt;br /&gt;el poder con que le deshacía tantas maquinaciones y&lt;br /&gt;astucias como fraguaba para impedirla o divertirla, y&lt;br /&gt;siempre quedaba frustrado, porque siempre la Señora de&lt;br /&gt;las virtudes obraba lo más perfecto de todas en&lt;br /&gt;cualquiera materia y suceso.&lt;br /&gt;546. Conocidas las partes de que la Prudencia se&lt;br /&gt;integra y compone, se divide en especies según los&lt;br /&gt;objetos y fines para que sirve. Y como el gobierno de la&lt;br /&gt;Prudencia puede ser consigo mismo o con otros, por eso&lt;br /&gt;se divide según que enseña a gobernarse a sí y a otros.&lt;br /&gt;La que sirve a cada uno para el gobierno de sus propias y&lt;br /&gt;especiales acciones, creo se llama enárquica; y de ésta&lt;br /&gt;no hay que decir más de lo que arriba queda declarado&lt;br /&gt;del gobierno que la Reina del Cielo tenía principalmente&lt;br /&gt;consigo misma. La que enseña el gobierno de muchos se&lt;br /&gt;llama poliárquica; y ésta se divide en cuatro especies,&lt;br /&gt;según las diferencias de gobernar diversas partes de&lt;br /&gt;multitud: la primera se llama prudencia regnativa que&lt;br /&gt;enseña a gobernar los reinos con leyes justas y&lt;br /&gt;necesarias, y es propia de los reyes, príncipes y&lt;br /&gt;monarcas y de aquellos donde está la potestad suprema;&lt;br /&gt;la segunda se llama política, determinando este nombre&lt;br /&gt;a la que enseña el gobierno de las ciudades o repúblicas;&lt;br /&gt;la tercera se llama económica, que enseña y dispone lo&lt;br /&gt;que pertenece al gobierno doméstico de las familias y&lt;br /&gt;casas particulares; la cuarta es la prudencia militar, que&lt;br /&gt;enseña a gobernar la guerra y los ejércitos.&lt;br /&gt;547. Ninguno de estos linajes de prudencia faltó a&lt;br /&gt;nuestra gran Reina; porque todos se le dieron en hábito&lt;br /&gt;52&lt;br /&gt;en el instante que fue concebida y santificada&lt;br /&gt;juntamente, para que no le faltase gracia, ni virtud, ni&lt;br /&gt;perfección alguna que la levantase y hermosease sobre&lt;br /&gt;todas las criaturas. Formóla el Altísimo para archivo y&lt;br /&gt;depósito de todos sus dones, para ejemplar de todo el&lt;br /&gt;resto de las criaturas y para desempeño de su mismo&lt;br /&gt;poder y grandeza, y que se conociese enteramente en la&lt;br /&gt;Jerusalén celestial lo que pudo y quiso obrar en una pura&lt;br /&gt;criatura. Y no estuvieron ociosos en María Santísima los&lt;br /&gt;hábitos de estas virtudes, porque todas las ejercitó en el&lt;br /&gt;discurso de su vida en muchas ocasiones que se le&lt;br /&gt;ofrecieron. Y de lo que toca a la prudencia económica,&lt;br /&gt;sabida cosa es cuán incomparable la tuvo en el gobierno&lt;br /&gt;de su casa con su esposo José y con su Hijo Santísimo, en&lt;br /&gt;cuya educación y servicio procedió con tal prudencia,&lt;br /&gt;cual pedía el más alto y oculto sacramento que Dios ha&lt;br /&gt;fiado de las criaturas; de que diré lo que entendiere y&lt;br /&gt;pudiere en su lugar (Cf. infla p.ii n. 653-663, 702-711).&lt;br /&gt;548. El ejercicio de la Prudencia regnativa o monárquica&lt;br /&gt;tuvo como Emperatriz única en la Iglesia, enseñando,&lt;br /&gt;amonestando y gobernando a los Sagrados Apóstoles en&lt;br /&gt;la primitiva Iglesia, para fundarla y establecer en ella las&lt;br /&gt;leyes, ritos y ceremonias más necesarios y convenientes&lt;br /&gt;para su propagación y firmeza. Y aunque les obedecía en&lt;br /&gt;las cosas particulares y preguntaba especialmente a San&lt;br /&gt;Pedro como Vicario de Cristo y cabeza, y a San Juan&lt;br /&gt;como a su capellán, pero juntamente la consultaban y&lt;br /&gt;obedecían ellos y los demás en las cosas generales y en&lt;br /&gt;otras del gobierno de la Iglesia. Enseñó también a los&lt;br /&gt;reyes y príncipes cristianos que la pidieron consejo;&lt;br /&gt;porque muchos la buscaron para conocerla después de la&lt;br /&gt;subida de su Hijo Santísimo a los Cielos (Cf. infra p. II n.&lt;br /&gt;567 y p. III n. 587-588); especialmente la consultaron los&lt;br /&gt;tres Reyes Magos, cuando adoraron al Niño, y ella les&lt;br /&gt;respondió y enseñó todo lo que debían hacer, en su&lt;br /&gt;gobierno y de sus estados, con tanta luz y acierto que fue&lt;br /&gt;53&lt;br /&gt;su estrella y guía para enseñarles el camino de la&lt;br /&gt;eternidad; y volvieron a sus patrias ilustrados, consolados&lt;br /&gt;y admirados de la sabiduría, prudencia y dulcísima&lt;br /&gt;eficacia de las palabras que habían oído a una tierna&lt;br /&gt;doncella. Y para testimonio de todo lo que en esto se&lt;br /&gt;puede encarecer, basta oír a la misma Reina que dice&lt;br /&gt;(Prov., 8, 15-16): Por mí reinan los Reyes, mandan los&lt;br /&gt;Príncipes y los autores de las leyes determinan lo que es&lt;br /&gt;justo.&lt;br /&gt;549. Tampoco le faltó el uso de la prudencia política,&lt;br /&gt;enseñando a las repúblicas y pueblos, y a los de los&lt;br /&gt;primitivos fieles en particular, cómo habían de proceder&lt;br /&gt;en sus acciones públicas y gobierno y cómo debían&lt;br /&gt;obedecer a los reyes y príncipes temporales, y en&lt;br /&gt;particular al Vicario de Cristo y Cabeza de la Iglesia, y a&lt;br /&gt;sus Prelados y Obispos, y cómo se debían disponer los&lt;br /&gt;Concilios, definiciones y decretos que en ellos se hacían.&lt;br /&gt;La prudencia militar tuvo también su lugar en la soberana&lt;br /&gt;Reina; porque fue consultada también sobre esto de&lt;br /&gt;algunos fieles, a quienes aconsejó y enseñó lo que debían&lt;br /&gt;hacer en las guerras justas con sus enemigos, para&lt;br /&gt;obrarlas con mayor justicia y beneplácito del Señor. Y&lt;br /&gt;aquí pudiera entrar el valeroso ánimo y Prudencia con&lt;br /&gt;que venció esta poderosa Señora al príncipe de las&lt;br /&gt;tinieblas y enseñó a pelear con él con suprema sabiduría&lt;br /&gt;y Prudencia, mejor que David con el gigante y Judit con&lt;br /&gt;Holofernes ni Ester con Amán. Y cuando para todas estas&lt;br /&gt;acciones referidas no sirvieran estas especies y hábitos&lt;br /&gt;de Prudencia en la Madre de la sabiduría, convenía que&lt;br /&gt;los tuviese todos, a más del adorno de su alma santísima,&lt;br /&gt;para ser medianera y abogada única del mundo; porque&lt;br /&gt;habiendo de pedir todos los beneficios que Dios había de&lt;br /&gt;conceder a los mortales, sin venir alguno que no fuese&lt;br /&gt;por su mano e intercesión, convenía que tuviese noticia y&lt;br /&gt;perfecto conocimiento de las virtudes que pedía para los&lt;br /&gt;mortales y que se derivasen de esta Señora como de&lt;br /&gt;54&lt;br /&gt;Original y manantial después del mismo Dios y Señor,&lt;br /&gt;donde están como en principio increado.&lt;br /&gt;550. Otros adminículos se le atribuyen a la Prudencia,&lt;br /&gt;que son como instrumentos suyos, y les llaman partes&lt;br /&gt;potenciales con que obra. Estos son, la fuerza o virtud en&lt;br /&gt;hacer sano juicio y se llama synesis, y la que endereza y&lt;br /&gt;forma el buen consejo y se llama ebulia, y la que en&lt;br /&gt;algunos casos particulares enseña a salir de las reglas&lt;br /&gt;comunes y se llama gnome, y ésta es necesaria para la&lt;br /&gt;epiqueya o epiquía, que juzga algunos casos por reglas&lt;br /&gt;superiores a las leyes ordinarias. Con todas estas&lt;br /&gt;perfecciones y fuerza estuvo la Prudencia en María&lt;br /&gt;Santísima; porque nadie como ella supo formar el sano&lt;br /&gt;consejo para todos en los casos contingentes, ni tampoco&lt;br /&gt;pudo nadie, aunque fuese el supremo ángel, hacer tan&lt;br /&gt;recto juicio en todas las materias. Y sobre todo alcanzó&lt;br /&gt;nuestra Prudentísima Reina las razones superiores y&lt;br /&gt;reglas de obrar con todo acierto en las casos que no&lt;br /&gt;podían venir las reglas ordinarias y comunes, de que&lt;br /&gt;sería muy largo discurso quererlos referir aquí; muchos se&lt;br /&gt;entenderán en el progreso de su vida santísima. Y para&lt;br /&gt;concluir todo este discurso de su Prudencia, sea la regla&lt;br /&gt;por donde se ha de medir, la Prudencia del alma&lt;br /&gt;santísima de Cristo Señor nuestro, con quien se ajustó y&lt;br /&gt;asimiló en todo respectivamente, como formada para&lt;br /&gt;coadjutora, semejante a Él mismo en las obras de la&lt;br /&gt;mayor Prudencia y sabiduría que obró el Señor de todo lo&lt;br /&gt;criado y Redentor del mundo.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;551. Hija mía, todo lo que en este capítulo has escrito y&lt;br /&gt;lo que has entendido, quiero que sea doctrina y&lt;br /&gt;advertencia que te doy para el gobierno de todas tus&lt;br /&gt;acciones. Escribe en tu mente y conserva la memoria fija&lt;br /&gt;del conocimiento que te han dado de mi Prudencia en&lt;br /&gt;55&lt;br /&gt;todo lo que pensaba, quería y ejecutaba; y esta luz te&lt;br /&gt;encaminará en medio de las tinieblas de la humana&lt;br /&gt;ignorancia, para que no te confunda y turbe la&lt;br /&gt;fascinación de las pasiones y mucho más, la que con&lt;br /&gt;suma malicia y desvelo trabajan tus enemigos por&lt;br /&gt;introducir en tu entendimiento. El no alcanzar todas&lt;br /&gt;las reglas de la Prudencia, no es culpable en la criatura;&lt;br /&gt;pero el ser negligente en adquirirlas, para estar&lt;br /&gt;advertida en todo como debe, ésta es grave culpa y&lt;br /&gt;causa de muchos engaños y errores en sus obras. Y de&lt;br /&gt;esta negligencia nace que se desmanden las pasiones,&lt;br /&gt;que destruyen e impiden la Prudencia; particularmente la&lt;br /&gt;desordenada tristeza y deleite, que pervierten el juicio&lt;br /&gt;recto de la Prudente consideración del bien y del mal. Y&lt;br /&gt;de aquí nacen dos peligrosos vicios, que son la&lt;br /&gt;precipitación en obrar sin acuerdo de los medios convenientes,&lt;br /&gt;o la inconstancia en los buenos propósitos y&lt;br /&gt;obras comenzadas. La destemplada ira o el indiscreto&lt;br /&gt;fervor, entrambos precipitan y arrebatan en muchas&lt;br /&gt;acciones exteriores que se hacen sin medida y sin&lt;br /&gt;consejo. La facilidad en el juicio y el no tener firmeza en&lt;br /&gt;el bien son causa de que el alma imprudentemente se&lt;br /&gt;mueva de lo comenzado; porque admite lo que en&lt;br /&gt;contrario le ocurre y se agrada livianamente ahora del&lt;br /&gt;verdadero bien y luego del aparente y engañoso que las&lt;br /&gt;pasiones piden y el demonio representa.&lt;br /&gt;552. Contra todos estos peligros te quiero advertida y&lt;br /&gt;prudente, y seráslo si atiendes al ejemplar de mis obras y&lt;br /&gt;conservas los documentos y consejos de la obediencia de&lt;br /&gt;tus padres espirituales, sin la cual nada debes hacer&lt;br /&gt;para proceder con consejo y docilidad. Y advierte que&lt;br /&gt;por ella te comunicará el Altísimo copiosa sabiduría,&lt;br /&gt;porque le obliga sobremanera el corazón blando,&lt;br /&gt;rendido y dócil. Acuérdate siempre de la desdicha de&lt;br /&gt;aquellas vírgenes imprudentes y fatuas (Mt., 25, 1-13) que&lt;br /&gt;por su inadvertida negligencia despreciaron el cuidado y&lt;br /&gt;56&lt;br /&gt;sano consejo, cuando debían tenerle; y después cuando&lt;br /&gt;le buscaban hallaron cerrada la puerta del remedio.&lt;br /&gt;Procura, hija mía, con la sinceridad de paloma juntar la&lt;br /&gt;prudencia de serpiente (Mt., 10, 16), y serán tus obras&lt;br /&gt;perfectas.&lt;br /&gt;CAPITULO 10&lt;br /&gt;De la virtud de la justicia que tuvo María Santísima.&lt;br /&gt;553. La gran virtud de la Justicia es la que más sirve a la&lt;br /&gt;caridad de Dios y del prójimo, y así es la más necesaria&lt;br /&gt;para la conservación y comunicación humana; porque es&lt;br /&gt;un hábito que inclina a la voluntad a dar a cada uno lo&lt;br /&gt;que le toca; y tiene por materia y objeto la igualdad,&lt;br /&gt;ajustamiento o derecho que se debe guardar con los prójimos&lt;br /&gt;y con el mismo Dios. Y como son tantas las cosas en&lt;br /&gt;que puede el hombre guardar esta igualdad o violarla&lt;br /&gt;con los prójimos, y esto por tan diversos modos, por lo&lt;br /&gt;cual la materia de la Justicia es muy dilatada y difusa y&lt;br /&gt;muchas las especies o géneros de esta virtud de Justicia;&lt;br /&gt;en cuanto se ordena al bien público y común, se llama&lt;br /&gt;Justicia legal; y porque a todas las otras virtudes puede&lt;br /&gt;encaminar a este fin, se llama virtud general; aunque no&lt;br /&gt;participe de la naturaleza de las demás; pero cuando la&lt;br /&gt;materia de la Justicia es cosa determinada, y que sólo&lt;br /&gt;toca a personas particulares entre quienes se le guarda a&lt;br /&gt;cada una su derecho, entonces se llama Justicia particular&lt;br /&gt;y especial.&lt;br /&gt;544. Toda esta virtud, con sus partes y géneros o&lt;br /&gt;especies que contiene, guardó la Emperatriz del mundo&lt;br /&gt;con todas las criaturas sin comparación de otra ninguna;&lt;br /&gt;porque sola ella conoció con mayor alteza y comprendió&lt;br /&gt;perfectamente lo que a cada uno se le debía. Y aunque&lt;br /&gt;esta virtud de la Justicia no mira inmediatamente a las&lt;br /&gt;pasiones naturales, como lo hacen la fortaleza y&lt;br /&gt;57&lt;br /&gt;templanza, según adelante diré, pero muchas veces y de&lt;br /&gt;ordinario sucede que, por no estar moderadas y&lt;br /&gt;corregidas las mismas pasiones, se pierde la Justicia con&lt;br /&gt;los prójimos, como lo vemos en los que por desordenada&lt;br /&gt;codicia o deleite sensual usurpan lo ajeno. Pues como en&lt;br /&gt;María Santísima ni había pasiones desordenadas ni&lt;br /&gt;ignorancia para no conocer el medio de las cosas en que&lt;br /&gt;consiste la Justicia, por eso la cumplía con todos obrando&lt;br /&gt;lo justísimo con cada uno, enseñando a que todos lo&lt;br /&gt;hiciesen cuando merecían oír sus palabras y doctrina de&lt;br /&gt;vida. Y en cuanto a la Justicia legal, no sólo la guardó&lt;br /&gt;cumpliendo las leyes comunes, como lo hizo en la&lt;br /&gt;purificación y en otros mandatos de la ley, aunque estaba&lt;br /&gt;exenta como Reina y sin culpa, pero nadie, fuera de su&lt;br /&gt;Hijo Santísimo, atendió como esta Madre de Misericordia&lt;br /&gt;al bien público y común de los mortales, enderezando a&lt;br /&gt;este fin todas las virtudes y operaciones, con que pudo&lt;br /&gt;merecerles la Divina Misericordia y aprovechar a los&lt;br /&gt;prójimos con otros modos de beneficios.&lt;br /&gt;555. Las dos especies de justicia, que son distributiva y&lt;br /&gt;conmutativa, estuvieron también en María Purísima en&lt;br /&gt;grado heroico. La justicia distributiva gobierna las&lt;br /&gt;operaciones con que se distribuyen las cosas comunes a&lt;br /&gt;las personas particulares; y esta equidad guardó Su&lt;br /&gt;Alteza en muchas cosas que por su voluntad y disposición&lt;br /&gt;se hicieron entre los fieles de la primitiva Iglesia; como&lt;br /&gt;en distribuir los bienes comunes para el sustento y otras&lt;br /&gt;necesidades de las personas particulares; y aunque&lt;br /&gt;nunca distribuyó por su mano el dinero, porque jamás lo&lt;br /&gt;trataba, pero repartíase por su orden y otras veces por&lt;br /&gt;sus consejos; pero en estas cosas y otras semejantes&lt;br /&gt;siempre guardó suma Equidad y Justicia, según la&lt;br /&gt;necesidad y condición de cada uno. Lo mismo hacía en la&lt;br /&gt;distribución de los oficios y dignidades o ministerios&lt;br /&gt;que se repartían entre los discípulos y primeros hijos&lt;br /&gt;del Evangelio en las congregaciones y juntas que&lt;br /&gt;58&lt;br /&gt;para esto se hacían. Todo lo ordenaba y disponía esta&lt;br /&gt;sapientísima Maestra con perfecta equidad, porque todo&lt;br /&gt;lo hacía con especial oración e ilustración Divina, a más&lt;br /&gt;de la ciencia y conocimiento ordinario que de todos los&lt;br /&gt;sujetos tenía. Y por esto acudían a ella los Apóstoles para&lt;br /&gt;estas acciones, y otras personas que gobernaban le&lt;br /&gt;pedían consejo; con lo cual todo cuanto por ella era&lt;br /&gt;gobernado se hacía y disponía con entera Justicia y sin&lt;br /&gt;acepción de personas.&lt;br /&gt;556. La Justicia conmutativa enseña a guardar igualdad&lt;br /&gt;recíprocamente en lo que se da y recibe entre las&lt;br /&gt;particulares personas; como dar dos por dos, etc., o el&lt;br /&gt;valor de una cosa guardando igualdad en ello. De esta&lt;br /&gt;especie de Justicia tuvo la Reina del Cielo menos&lt;br /&gt;ejercicio que de las otras virtudes, porque ni compraba ni&lt;br /&gt;vendía cosa alguna por sí misma, y si alguna era&lt;br /&gt;necesario comprar o conmutar, esto lo hacía el Santo&lt;br /&gt;Patriarca José, cuando era vivo, y después lo hacían San&lt;br /&gt;Juan Evangelista o algún otro de los Apóstoles. Pero el&lt;br /&gt;Maestro de la santidad que venía a destruir y arrancar la&lt;br /&gt;avaricia, raíz de todos los males (1 Tim., 6, 10), quiso&lt;br /&gt;alejar de sí mismo y de su Madre Santísima las acciones&lt;br /&gt;y operaciones en que se suele encender y conservar este&lt;br /&gt;fuego de la codicia humana. Y por esto su Providencia&lt;br /&gt;Divina ordenó que ni por su mano ni por la de su Madre&lt;br /&gt;Purísima se ejerciesen las acciones del comercio humano&lt;br /&gt;de comprar y vender, aunque fuesen cosas necesarias&lt;br /&gt;para conservar la vida natural. Más no por eso dejaba&lt;br /&gt;de enseñar la gran Reina todo lo que pertenecía a esta&lt;br /&gt;virtud de Justicia conmutativa, para que la obrasen con&lt;br /&gt;perfección los que en el apostolado y en la Iglesia&lt;br /&gt;primitiva era necesario que usasen de ella.&lt;br /&gt;557. Tiene otras acciones esta virtud que se ejercitan&lt;br /&gt;entre los prójimos, cuales son juzgar unos a otros con&lt;br /&gt;juicio público y civil o con juicio particular; de cuyo&lt;br /&gt;59&lt;br /&gt;contrario vicio habló el Señor por San Mateo cuando dijo&lt;br /&gt;(Mt., 7, 1): No queráis juzgar y no seréis juzgados. En&lt;br /&gt;estas acciones de juicio se le da a cada uno lo que se le&lt;br /&gt;debe, según la estimación del que juzga; y por esto son&lt;br /&gt;acciones justas si se conforman con la razón y si desdicen&lt;br /&gt;de ella son injusticia. Nuestra soberana Reina no ejerció&lt;br /&gt;el juicio público y civil, aunque tenía potestad para ser&lt;br /&gt;juez de todo el universo; pero con sus rectísimos consejos&lt;br /&gt;en el tiempo de su vida, y después con su intercesión y&lt;br /&gt;méritos, cumplió lo que está de ella escrito en los&lt;br /&gt;Proverbios (Prov., 8, 20.16): Yo ando en los caminos de la&lt;br /&gt;justicia y por mí determinan los poderosos lo que es justo.&lt;br /&gt;558. En los juicios particulares nunca pudo haber&lt;br /&gt;injusticia en el corazón purísimo de María Santísima;&lt;br /&gt;porque jamás pudo ser liviana en las sospechas, ni&lt;br /&gt;temeraria en los juicios, ni tuvo dudas; ni cuando las&lt;br /&gt;tuviera las interpretara con impiedad en la peor parte.&lt;br /&gt;Estos vicios injustísimos son propios y como naturales&lt;br /&gt;entre los hijos de Adán, en quienes dominan las pasiones&lt;br /&gt;desordenadas de odio, envidia y emulación en la&lt;br /&gt;malicia, y otros vicios que como esclavos viles los&lt;br /&gt;supeditan. De estas raíces tan infectas nacen las&lt;br /&gt;injusticias, de las sospechas del mal con leves indicios&lt;br /&gt;y de los juicios temerarios y de atribuir lo dudoso a la&lt;br /&gt;peor parte; porque cada uno presume fácilmente de su&lt;br /&gt;hermano la misma falta que en sí mismo admite. Y si con&lt;br /&gt;odio o envidia le pesa del bien de su prójimo y se alegra&lt;br /&gt;de su mal, ligeramente le da el crédito que no debía,&lt;br /&gt;porque se lo desea, y el juicio sigue al afecto. De todos&lt;br /&gt;estos achaques del pecado estuvo libre nuestra Reina,&lt;br /&gt;como quien no tenía parte en él; toda era caridad,&lt;br /&gt;pureza, santidad y amor perfecto lo que en su corazón&lt;br /&gt;entraba y salía; en ella estaba la gracia de toda la&lt;br /&gt;verdad (Eclo., 24, 25) y camino de la vida. Y con la&lt;br /&gt;plenitud de la ciencia y santidad nada dudaba ni&lt;br /&gt;sospechaba; porque todos los interiores conocía y&lt;br /&gt;60&lt;br /&gt;miraba con verdadera luz y misericordia, sin sospechar&lt;br /&gt;mal de nadie, sin atribuir culpa a quien estaba sin ella;&lt;br /&gt;antes remediando a muchos las que tenían y dando a&lt;br /&gt;todos y a cada uno con equidad y justicia lo que le&lt;br /&gt;tocaba y estando siempre dispuesta con benigno corazón&lt;br /&gt;para llenar a todos los hombres de gracias y dulzura de&lt;br /&gt;la virtud.&lt;br /&gt;559. En los dos géneros de justicia, conmutativa y&lt;br /&gt;distributiva, se encierran muchas especies y diferencias&lt;br /&gt;de virtudes, que no me detengo a referirlas; pues todas&lt;br /&gt;las que convenían a María Santísima las tuvo en hábito y&lt;br /&gt;en actos supremos y excelentísimos. Pero hay otras&lt;br /&gt;virtudes que se reducen a la justicia, porque se ejercitan&lt;br /&gt;con otros y participan en algo las condiciones de justicia,&lt;br /&gt;aunque no en todo; porque no alcanzamos a pagar&lt;br /&gt;adecuadamente todo lo que debemos, o porque, si&lt;br /&gt;podemos pagarlo, no es la deuda y obligación tan&lt;br /&gt;estrecha como la induce el rigor de la perfecta justicia&lt;br /&gt;conmutativa o distributiva. De estas virtudes, porque son&lt;br /&gt;muchas y varias, no diré todo lo que contienen; pero por&lt;br /&gt;no dejarlo todo, diré algo en compendio brevísimo para&lt;br /&gt;que se entienda cómo las tuvo nuestra soberana y muy&lt;br /&gt;excelsa Princesa.&lt;br /&gt;560. Deuda justa es dar culto y reverencia a los que son&lt;br /&gt;superiores a nosotros; y según la grandeza de su&lt;br /&gt;excelencia y dignidad, y los bienes que de ellos&lt;br /&gt;recibimos, será mayor o menor nuestra obligación y el&lt;br /&gt;culto que les debemos, aunque ningún retorno sea igual&lt;br /&gt;con el recibo o con la dignidad. Para esto sirven tres&lt;br /&gt;virtudes, según tres grados de superioridad que&lt;br /&gt;reconocemos en los que debemos reverencia. La primera&lt;br /&gt;es la virtud de la religión, con la que damos a Dios el&lt;br /&gt;culto y reverencia que le debemos, aunque su grandeza&lt;br /&gt;excede en infinito y sus dones no pueden tener igual&lt;br /&gt;retorno de agradecimiento ni alabanza. Esta virtud entre&lt;br /&gt;61&lt;br /&gt;las mortales es nobilísima por su objeto, que es el culto&lt;br /&gt;de Dios, y su materia tan dilatada cuantos son los modos&lt;br /&gt;y materias en que Dios puede inmediatamente ser&lt;br /&gt;alabado y reverenciado. Compréndense en esta virtud de&lt;br /&gt;religión las obras interiores de la oración, contemplación&lt;br /&gt;y devoción, con todas sus partes y condiciones, causas,&lt;br /&gt;efectos, objetos y fin. De las obras exteriores se&lt;br /&gt;comprende aquí la adoración latría, que es la suprema y&lt;br /&gt;debida a sólo Dios con sus especies o partes que la&lt;br /&gt;siguen, como son el sacrificio, oblaciones, décimas, votos&lt;br /&gt;y juramentos y alabanzas externas y vocales; porque con&lt;br /&gt;todos estos actos, si debidamente se hacen, es Dios&lt;br /&gt;honrado y reverenciado de las criaturas y por el&lt;br /&gt;contrario con los vicios opuestos es muy ofendido.&lt;br /&gt;561. En segundo lugar está la piedad, que es una virtud&lt;br /&gt;con que reverenciamos a los padres, a quienes después&lt;br /&gt;de Dios debemos el ser y educación, y también a los que&lt;br /&gt;participan esta causa, como son los deudos y la patria,&lt;br /&gt;que nos conserva y gobierna. Esta virtud de la piedad es&lt;br /&gt;tan grande, que se debe anteponer, cuando ella obliga, a&lt;br /&gt;los actos de supererogación de la virtud de la religión,&lt;br /&gt;como lo enseñó Cristo Señor nuestro por san Mateo&lt;br /&gt;(Mt., 15, 3ss), cuando reprendió a los fariseos que con&lt;br /&gt;pretexto del culto de Dios enseñaban a negar la piedad&lt;br /&gt;con los padres naturales. El tercero lugar toca a la observancia,&lt;br /&gt;que es una virtud con que damos honor y&lt;br /&gt;reverencia a los que tienen alguna excelencia o dignidad&lt;br /&gt;superior de diferente condición que la de los padres o&lt;br /&gt;natural patria. En esta virtud ponen los doctores la dulía y&lt;br /&gt;la obediencia como especies suyas. Dulía es la que&lt;br /&gt;reverencia a los que tienen alguna participación de la&lt;br /&gt;excelencia y dominio del supremo Señor, que es Dios, a&lt;br /&gt;quien toca el culto de la adoración latría. Por esto&lt;br /&gt;honramos a los Santos con adoración o reverencia&lt;br /&gt;dulía, y también a las superiores dignidades, cuyos&lt;br /&gt;siervos nos manifestamos. La obediencia es con la que&lt;br /&gt;62&lt;br /&gt;rendimos nuestra voluntad a la de los superiores,&lt;br /&gt;queriendo cumplir la suya y no la nuestra. Y porque la&lt;br /&gt;libertad propia es tan estimable, por eso esta virtud es&lt;br /&gt;tan admirable y excelente entre todas las virtudes&lt;br /&gt;morales, porque deja más la criatura en ella por Dios que&lt;br /&gt;en otra ninguna.&lt;br /&gt;562. Estuvieron estas virtudes de religión, piedad y&lt;br /&gt;observancia en María Santísima con tanta plenitud y&lt;br /&gt;perfección que nada les faltó de lo posible a pura&lt;br /&gt;criatura. ¿Qué entendimiento podrá alcanzar la honra,&lt;br /&gt;veneración y culto con que esta Señora servía a su Hijo&lt;br /&gt;dilectísimo, conociéndole, adorándole por verdadero Dios&lt;br /&gt;y Hombre, Criador, Reparador, Glorificador y Sumo,&lt;br /&gt;Infinito, Inmenso en ser, bondad y todos sus atributos?&lt;br /&gt;Ella fue quien de todo conoció más entre las puras&lt;br /&gt;criaturas y más que todas ellas, y a este paso daba a&lt;br /&gt;Dios la debida reverencia y la enseñó a los mismos&lt;br /&gt;Serafines. En esta virtud fue maestra de tal suerte que&lt;br /&gt;sólo verla despertaba, movía y provocaba con oculta&lt;br /&gt;fuerza a que todos reverenciasen al supremo Señor y&lt;br /&gt;Autor del cielo y tierra y sin otra diligencia excitaba a&lt;br /&gt;muchos para que alabasen a Dios. Su oración,&lt;br /&gt;contemplación y devoción, y la eficacia que tuvo, y la que&lt;br /&gt;siempre tienen sus peticiones, todos los Ángeles y&lt;br /&gt;Bienaventurados la conocen con admiración eterna y&lt;br /&gt;todos no la podrán explicar. Débenle todas las criaturas&lt;br /&gt;intelectuales el haber suplido y recompensado, no sólo lo&lt;br /&gt;que ellos han ofendido, pero lo que no han podido&lt;br /&gt;alcanzar, ni obrar, ni merecer. Esta Señora adelantó el&lt;br /&gt;remedio del mundo y, si ella no estuviera en él, no saliera&lt;br /&gt;el Verbo del seno de su Eterno Padre. Ella transcendió a&lt;br /&gt;los Serafines desde el primer instante en contemplar,&lt;br /&gt;orar, pedir y estar devotamente pronta en el obsequio&lt;br /&gt;Divino. Ofreció sacrificios cual convenía, oblaciones,&lt;br /&gt;décimas, y todo tan acepto a Dios que por parte del&lt;br /&gt;oferente nadie fue más acepta después de su Hijo&lt;br /&gt;63&lt;br /&gt;Santísimo. En las eternas alabanzas, himnos, cánticos y&lt;br /&gt;oraciones vocales que hizo, fue sobre todos los Patriarcas&lt;br /&gt;y Profetas y, si los tuviera la Iglesia militante, como se&lt;br /&gt;conocerán en la triunfante, fuera nueva admiración del&lt;br /&gt;mundo.&lt;br /&gt;563. Las virtudes de piedad y observancia tuvo Su&lt;br /&gt;Majestad como quien más conocía la deuda a sus padres&lt;br /&gt;y más sabía de su heroica santidad. Lo mismo hizo con&lt;br /&gt;sus consanguíneos, llenándolos de especiales gracias,&lt;br /&gt;como al Bautista y a su madre Santa Isabel, y a los demás&lt;br /&gt;del apostolado. A su patria, si no lo hubiera desmerecido&lt;br /&gt;la ingratitud y dureza de los judíos, la hubiera hecho&lt;br /&gt;felicísima, pero, en cuanto la Divina equidad permitió, la&lt;br /&gt;hizo muy grandes beneficios y favores espirituales y&lt;br /&gt;visibles. En la reverencia de los Sacerdotes fue&lt;br /&gt;admirable, como quien sola pudo y supo dar el valor a la&lt;br /&gt;dignidad de los cristos del Señor. Esto enseñó a todos; y&lt;br /&gt;después a reverenciar los Patriarcas, Profetas y Santos, y&lt;br /&gt;luego a los señores temporales y supremos en la&lt;br /&gt;potestad. Y ningún acto de estas virtudes omitió que en&lt;br /&gt;diferentes tiempos y ocasiones no los ejercitase y&lt;br /&gt;enseñase a otros, especialmente a los primeros fieles en&lt;br /&gt;el origen y principio de la Iglesia Evangélica, donde&lt;br /&gt;obedeciendo, no ya a su Hijo Santísimo ni a su Esposo&lt;br /&gt;presencialmente pero a los Ministros de ella, fue ejemplo&lt;br /&gt;de nueva obediencia al mundo; pues entonces con&lt;br /&gt;especiales razones se la debían todas las criaturas a la&lt;br /&gt;que en él quedaba por Señora y Reina que los&lt;br /&gt;gobernase.&lt;br /&gt;564. Restan otras virtudes que también se reducen a la&lt;br /&gt;Justicia, porque con ellas damos lo que debemos a otros&lt;br /&gt;con alguna deuda moral, que es un honesto y decente&lt;br /&gt;título. Estas son: la gratitud, que se llama gracia, la&lt;br /&gt;verdad o veracidad, la vindicación, la liberalidad, la&lt;br /&gt;amistad o afabilidad. Con la gratitud hacemos alguna&lt;br /&gt;64&lt;br /&gt;igualdad con aquellos de quienes recibimos el beneficio,&lt;br /&gt;dándoles gracias por él, según la condición del beneficio,&lt;br /&gt;y también según el estado y condición del bienhechor;&lt;br /&gt;que a todo esto se debe proporcionar el agradecimiento&lt;br /&gt;y se puede hacer con diversas acciones. La veracidad&lt;br /&gt;inclina a tratar verdad con todos, como es justo que se&lt;br /&gt;trate en la vida humana y conversación necesaria de los&lt;br /&gt;hombres, excluyendo toda mentira —que en ningún&lt;br /&gt;suceso es lícita— toda engañosa simulación,&lt;br /&gt;hipocresía, jactancia e ironía. Todos estos vicios se&lt;br /&gt;oponen a la verdad; y si bien es posible y aun&lt;br /&gt;conveniente declinar en lo menos cuando hablamos de&lt;br /&gt;nuestra propia excelencia o virtud, para no ser molestos&lt;br /&gt;con exceso de jactancia, pero no es justo fingir menos&lt;br /&gt;con mentira, imputándose lo que no tiene de vicio. La&lt;br /&gt;vindicación es virtud que enseña a recompensar y&lt;br /&gt;deshacer con alguna pena el daño propio o el del prójimo&lt;br /&gt;que recibió de otro. Esta virtud es dificultosa entre los&lt;br /&gt;mortales, que de ordinario se mueven con inmoderada ira&lt;br /&gt;y odio fraternal, con que se falta a la caridad y justicia;&lt;br /&gt;pero cuando no se pretende el daño ajeno sino el bien&lt;br /&gt;particular o público, no es ésta pequeña virtud, pues usó&lt;br /&gt;de ella Cristo nuestro Señor cuando expelió del templo a&lt;br /&gt;los que le violaban con irreverencia (Jn., 2, 15); y Elias y&lt;br /&gt;Eliseo pidieron fuego del cielo (4 Re., 1) para castigar&lt;br /&gt;algunos pecados; y en los Proverbios se dice (Prov., 13,&lt;br /&gt;24): Quien perdona la vara del castigo, aborrece a su&lt;br /&gt;hijo. La liberalidad sirve para distribuir conforme a razón&lt;br /&gt;el dinero o semejantes cosas, sin declinar a los vicios de&lt;br /&gt;avaricia y prodigalidad. La amicicia o afabilidad consiste&lt;br /&gt;en el decente y conveniente modo de conversar y tratar&lt;br /&gt;con todos, sin litigios ni adulación, que son los vicios&lt;br /&gt;contrarios de esta virtud.&lt;br /&gt;565. Ninguna de todas éstas —y si hay otra alguna que&lt;br /&gt;se atribuya a la justicia— faltó a la Reina del Cielo;&lt;br /&gt;todas las tuvo en hábito y las ejercitó con actos&lt;br /&gt;65&lt;br /&gt;perfectísimos, según ocurrían las ocasiones, y a muchas&lt;br /&gt;almas enseñó y dio luz con que las obrasen y ejerciesen&lt;br /&gt;con perfección, como Maestra y Señora de toda santidad.&lt;br /&gt;La virtud de la gratitud con Dios ejercitó con los actos de&lt;br /&gt;religión y culto que dijimos, porque éste es el más&lt;br /&gt;excelente modo de agradecer; y como la dignidad de&lt;br /&gt;María Purísima y su proporcionada santidad se levantó&lt;br /&gt;sobre todo entendimiento criado, así dio el retorno esta&lt;br /&gt;eminente Señora, proporcionándose al beneficio,&lt;br /&gt;cuanto a pura criatura era posible; y lo mismo hizo en&lt;br /&gt;la piedad con sus padres y patria, como queda dicho. A&lt;br /&gt;los demás agradecía la humildísima Emperatriz&lt;br /&gt;cualquier beneficio, como si nada se le debiera, y,&lt;br /&gt;debiéndosele todo de justicia, lo agradecía con suma&lt;br /&gt;gracia y favor; pero sola ella supo dignamente y alcanzó&lt;br /&gt;a dar gracias por los agravios y ofensas, como por&lt;br /&gt;grandes beneficios, porque su incomparable humildad&lt;br /&gt;nunca reconocía injurias y de todas se daba por&lt;br /&gt;obligada; y como no olvidaba los beneficios, no cesaba&lt;br /&gt;en el agradecimiento.&lt;br /&gt;566. En la verdad que trataba María Señora nuestra,&lt;br /&gt;todo cuanto se puede decir será poco; pues quien&lt;br /&gt;estuvo tan superior al demonio, padre de la mentira y&lt;br /&gt;engaño, no pudo conocer en sí tan despreciable vicio. La&lt;br /&gt;regla por donde se ha de medir en nuestra Reina esta&lt;br /&gt;virtud de la verdad es su caridad y sencillez columbina,&lt;br /&gt;que excluyen toda duplicidad y falacia en el trato de las&lt;br /&gt;criaturas. Y ¿cómo pudiera hallarse culpa ni dolo en la&lt;br /&gt;boca de aquella Señora que con una palabra de&lt;br /&gt;verdadera humildad trajo a su vientre al mismo que es&lt;br /&gt;verdad y santidad por esencia? En la virtud que se llama&lt;br /&gt;vindicación tampoco le faltaron a María Santísima&lt;br /&gt;muchos actos perfectísimos, no sólo enseñándola como&lt;br /&gt;maestra en las ocasiones que fue necesario en los&lt;br /&gt;principios de la Iglesia evangélica, pero por sí misma&lt;br /&gt;celando la honra del Altísimo y procurando reducir a&lt;br /&gt;66&lt;br /&gt;muchos pecadores por medio de la corrección, como lo&lt;br /&gt;hizo con Judas muchas veces, o mandando a las criaturas&lt;br /&gt;—que todas le estaban obedientes— castigasen algunos&lt;br /&gt;pecados para el bien de los que con ellos merecían&lt;br /&gt;eterno castigo. Y aunque en estas obras era dulcísima y&lt;br /&gt;suavísima, más no por eso perdonaba al castigo cuando y&lt;br /&gt;con quien era medio eficaz de purificar el pecado; pero&lt;br /&gt;con quien más ejercitó la venganza, fue contra el&lt;br /&gt;demonio, para librar de su servidumbre al linaje humano.&lt;br /&gt;567. De las virtudes de liberalidad y afabilidad tuvo&lt;br /&gt;asimismo la soberana Reina actos excelentísimos; porque&lt;br /&gt;su largueza en dar y distribuir era como de suprema&lt;br /&gt;Emperatriz de todo lo criado y de quien sabía dar la&lt;br /&gt;estimación a todo lo visible e invisible dignamente.&lt;br /&gt;Nunca tuvo esta Señora cosa alguna, de las que puede&lt;br /&gt;distribuir la liberalidad, que juzgase por más propia que&lt;br /&gt;de sus prójimos; ni jamás a nadie las negó, ni aguardó&lt;br /&gt;que les costase el pedirlas, cuando esta Señora pudo&lt;br /&gt;adelantarse a darlas. Las necesidades y miserias que&lt;br /&gt;remedió en los pobres, los beneficios que les hizo, las&lt;br /&gt;misericordias que derramó, aun en cosas temporales, no&lt;br /&gt;se pueden contar en inmenso volumen. Su afabilidad&lt;br /&gt;amigable con todas las criaturas fue tan singular y&lt;br /&gt;admirable que, si no la dispusiera con rara prudencia, se&lt;br /&gt;fuera todo el mundo tras ella, aficionado de su trato&lt;br /&gt;dulcísimo; porque la mansedumbre y suavidad, templada&lt;br /&gt;con su divina severidad y sabiduría, descubrían en ella en&lt;br /&gt;tratándola, unos asomos de más que humana criatura. El&lt;br /&gt;Altísimo dispuso esta gracia en su Esposa con tal&lt;br /&gt;Providencia que, dando algunas veces indicios a los que&lt;br /&gt;la trataban del sacramento del Rey que en ella se&lt;br /&gt;encerraba, luego corría el velo y lo ocultaba, para que&lt;br /&gt;hubiese lugar a los trabajos, impidiendo el aplauso de los&lt;br /&gt;hombres; y porque todo era menos de lo que se le debía,&lt;br /&gt;y esto ni lo alcanzaban los mortales, ni atinaran a&lt;br /&gt;reverenciar como a criatura a la que era Madre del&lt;br /&gt;67&lt;br /&gt;Criador, sin exceder o faltar, mientras nollegaba el&lt;br /&gt;tiempo de ser ilustrados los hijos de la Iglesia con la fe&lt;br /&gt;cristiana y católica.&lt;br /&gt;568. Para el uso más perfecto y adecuado de esta virtud&lt;br /&gt;grande de la Justicia le señalan los doctores otra parte o&lt;br /&gt;instrumento, que llaman epiqueya, con la cual se&lt;br /&gt;gobiernan algunas obras que salen de las reglas y leyes&lt;br /&gt;comunes; porque éstas no pueden prevenir todos los&lt;br /&gt;casos ni sus circunstancias ocurrentes, y así es necesario&lt;br /&gt;obrar en algunas ocasiones con razón superior y&lt;br /&gt;extraordinaria. De esta virtud tuvo necesidad y usó la&lt;br /&gt;Reina soberana en muchos sucesos de su vida&lt;br /&gt;santísima, antes y después de la ascensión de su Hijo&lt;br /&gt;unigénito a los cielos, y especialmente después, para&lt;br /&gt;establecer las cosas de la primitiva Iglesia, como en su&lt;br /&gt;lugar diré (Cf. p. III), si fuere servido el Altísimo.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;569. Hija mía, en esta dilatada virtud de la Justicia,&lt;br /&gt;aunque has conocido mucho del aprecio que merece,&lt;br /&gt;ignoras lo más por el estado de la carne mortal, y por eso&lt;br /&gt;mismo no alcanzarán tampoco las palabras a la&lt;br /&gt;inteligencia; pero en ella tendrás un copioso arancel del&lt;br /&gt;trato que debes a las criaturas y también al culto del&lt;br /&gt;Altísimo. Y en esta correspondencia te advierto, carísima,&lt;br /&gt;que la majestad suprema del Todopoderoso recibe con&lt;br /&gt;justa indignación la ofensa que le hacen los mortales,&lt;br /&gt;olvidándose de la veneración, adoración y reverencia que&lt;br /&gt;le deben; y cuando alguna le dan, es tan grosera,&lt;br /&gt;inadvertida y descortés, que no merecen premio sino&lt;br /&gt;castigo. A los príncipes y magnates del mundo&lt;br /&gt;reverencian profundamente y los adoran, pídenles&lt;br /&gt;mercedes y las solicitan por medios y diligencias&lt;br /&gt;exquisitas, y danles muchas gracias cuando reciben lo&lt;br /&gt;que desean y se ofrecen a ser agradecidos toda la vida;&lt;br /&gt;68&lt;br /&gt;pero al supremo Señor que les da el ser, vida y&lt;br /&gt;movimiento, que los conserva y sustenta, que los redimió&lt;br /&gt;y levantó a la dignidad de hijos y les quiere dar su misma&lt;br /&gt;gloria y es infinito y sumo bien, a esta Majestad, porque&lt;br /&gt;no le ven con los ojos corporales, la olvidan y, como si de&lt;br /&gt;su mano no les vinieran todos los bienes, se contentan&lt;br /&gt;cuando mucho con hacer un tibio recuerdo y apresurado&lt;br /&gt;agradecimiento; y no digo ahora lo que ofendan al&lt;br /&gt;justísimo Gobernador del universo los que inicuamente&lt;br /&gt;rompen y atropellan con todo el orden de justicia con sus&lt;br /&gt;prójimos, como quien pervierte toda la razón natural,&lt;br /&gt;queriendo para sus hermanos lo que no quieren para sí&lt;br /&gt;mismos.&lt;br /&gt;570. Aborrece, hija mía, tan execrables vicios y cuanto&lt;br /&gt;pueden tus fuerzas recompensa con tus obras lo que deja&lt;br /&gt;de ser servido el Altísimo con esta mala correspondencia;&lt;br /&gt;y pues por tu profesión estás dedicada al Divino culto,&lt;br /&gt;sea ésta tu principal ocupación y afecto, asimilándote a&lt;br /&gt;los espíritus angélicos, incesantes en el temor y culto&lt;br /&gt;suyo. Ten reverencia a las cosas Divinas y Sagradas,&lt;br /&gt;hasta los Ornamentos y Vasos que sirven a este&lt;br /&gt;Ministerio. En el Oficio Divino, oración y sacrificio,&lt;br /&gt;procura estar siempre arrodillada; pide con fe y recibe&lt;br /&gt;con humilde agradecimiento; y éste le has de tener con&lt;br /&gt;todas las criaturas, aun cuando te ofendieren. Con todos&lt;br /&gt;te muestra piadosa, afable, blanda, sencilla y verdadera,&lt;br /&gt;sin ficción ni doblez, sin detracción ni murmuración, sin&lt;br /&gt;juzgar livianamente a tus prójimos. Y para que cumplas&lt;br /&gt;con esta obligación de Justicia, lleva siempre en tu&lt;br /&gt;memoria y deseo hacer con tus prójimos lo que tú quieres&lt;br /&gt;que se haga contigo misma; y mucho más te acuerda de&lt;br /&gt;lo que hizo mi Hijo Santísimo, y yo a su imitación, por&lt;br /&gt;todos los hombres.&lt;br /&gt;CAPITULO 11&lt;br /&gt;69&lt;br /&gt;De la virtud de la fortaleza que tuvo María Santísima.&lt;br /&gt;571. La virtud de la fortaleza, que se pone en el tercer&lt;br /&gt;lugar de las cuatro cardinales, sirve para moderar las&lt;br /&gt;operaciones que cada uno ejercita principalmente&lt;br /&gt;consigo mismo con la pasión de la irascible. Y si bien es&lt;br /&gt;verdad que la concupiscible —a quien pertenece la&lt;br /&gt;templanza— es primero que la irascible, porque del&lt;br /&gt;apetecer la concupiscible nace el repeler la irascible a&lt;br /&gt;quien impide lo apetecido, pero con todo eso se trata&lt;br /&gt;primero de la irascible y de su virtud, que es la fortaleza,&lt;br /&gt;porque en la ejecución de ordinario se alcanza lo&lt;br /&gt;apetecido interviniendo la irascible, que vence a quien lo&lt;br /&gt;impide; y por esto la fortaleza es virtud más noble y&lt;br /&gt;excelente que la templanza, de quien diré en el capítulo&lt;br /&gt;siguiente.&lt;br /&gt;572. El gobierno de la pasión de la irascible por la virtud&lt;br /&gt;de la fortaleza se reduce a dos partes o especies de&lt;br /&gt;operaciones, que son: usar de la ira conforme a razón y&lt;br /&gt;con debidas circunstancias que la hagan loable y&lt;br /&gt;honesta, y dejar de airarse reprimiendo la pasión cuando&lt;br /&gt;es más conveniente detenerla que ejecutarla; pues lo uno&lt;br /&gt;y lo otro puede ser loable y vituperable según el fin y las&lt;br /&gt;demás circunstancias con que se hace. La primera de&lt;br /&gt;estas operaciones o especies se quedó con el nombre de&lt;br /&gt;fortaleza, y algunos doctores la llaman belicosidad. La&lt;br /&gt;segunda se llama paciencia, que es la más noble y&lt;br /&gt;superior fortaleza y la que principalmente tuvieron y&lt;br /&gt;tienen los Santos, aunque los mundanos, trocando el&lt;br /&gt;juicio y los nombres, suelen a la paciencia llamarla&lt;br /&gt;pusilanimidad y a la presunción impaciente y temeraria&lt;br /&gt;llaman fortaleza; porque aún no alcanzan los actos&lt;br /&gt;verdaderos de esta virtud.&lt;br /&gt;573. No tuvo María Santísima movimientos desordenados&lt;br /&gt;que reprimir en la irascible con la virtud de la fortaleza;&lt;br /&gt;70&lt;br /&gt;porque en la inocentísima Reina todas las pasiones&lt;br /&gt;estaban ordenadas y subordinadas a la razón y ésta a&lt;br /&gt;Dios, que la gobernaba en todas las acciones y&lt;br /&gt;movimientos; pero tuvo necesidad de esta virtud para&lt;br /&gt;oponerse a los impedimentos que el demonio por&lt;br /&gt;diversos modos le ponía, para que no consiguiese todo lo&lt;br /&gt;que prudentísima, y ordenadamente apetecía para sí y&lt;br /&gt;para su Hijo Santísimo. Y en esta valerosa resistencia y&lt;br /&gt;conflicto nadie fue más fuerte entre todas las criaturas;&lt;br /&gt;porque todas juntas no pudieron llegar a la fortaleza de&lt;br /&gt;María nuestra Reina, pues no tuvieron tantas peleas y&lt;br /&gt;contradicciones del común enemigo. Pero cuando era&lt;br /&gt;necesario usar de esta fortaleza o belicosidad con las&lt;br /&gt;criaturas humanas, era tan suave como fuerte o, por&lt;br /&gt;mejor decir, era tan fuerte cuanto era suavísima en obrar;&lt;br /&gt;porque sola esta divina Señora entre las criaturas pudo&lt;br /&gt;copiar en sus obras aquel atributo del Altísimo que en las&lt;br /&gt;suyas junta la suavidad con la fortaleza (Sab.,8, 1). Este&lt;br /&gt;modo de obrar tuvo nuestra Reina con la fortaleza, sin&lt;br /&gt;reconocer su generoso corazón desordenado temor,&lt;br /&gt;porque era superior a todo lo criado; ni tampoco fue&lt;br /&gt;impávida y audaz sin moderación; ni podía declinar a&lt;br /&gt;estos extremos viciosos, porque con suma sabiduría&lt;br /&gt;conocía los temores que se debían vencer y la audacia&lt;br /&gt;que se debía excusar, y así estaba vestida como única&lt;br /&gt;mujer fuerte de fortaleza y hermosura (Prov., 31, 25).&lt;br /&gt;574. En la parte de la fortaleza que toca a la paciencia&lt;br /&gt;fue María Santísima más admirable, participando sola&lt;br /&gt;ella de la excelencia de la paciencia de Cristo su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo, que fue padecer y sufrir sin culpa y padecer&lt;br /&gt;más que todos los que las cometieron. Toda la vida de&lt;br /&gt;esta soberana Reina fue una continuada tolerancia de&lt;br /&gt;trabajos, especialmente en la vida y muerte de nuestro&lt;br /&gt;Redentor Jesucristo, donde la paciencia excedió a todo&lt;br /&gt;pensamiento de criaturas y solo el mismo Señor que se la&lt;br /&gt;dio puede dignamente darla a conocer. Jamás esta&lt;br /&gt;71&lt;br /&gt;candidísima paloma se indignó contra la paciencia con&lt;br /&gt;criatura alguna, ni le pareció grande algún trabajo&lt;br /&gt;y molestia de las inmensas que padeció, ni se contristó&lt;br /&gt;por él, ni dejó de recibirlos todos con alegría y&lt;br /&gt;hacimiento de gracias. Y si la paciencia —según el orden&lt;br /&gt;del Apóstol— se pone el primer parto de la caridad (1&lt;br /&gt;Cor., 13, 4) y su primogénito, si nuestra Reina fue Madre&lt;br /&gt;del amor (Eclo.,24, 24), también lo fue de la paciencia; y&lt;br /&gt;se debe medir con él, porque cuanto amamos y&lt;br /&gt;apreciamos el bien eterno sobre todo lo visible tanto nos&lt;br /&gt;determinamos a padecer, por conseguirle y no&lt;br /&gt;perderle, todo lo penoso que sufre la paciencia; por eso&lt;br /&gt;fue María Santísima pacientísima sobre todas las&lt;br /&gt;criaturas y madre de esta virtud para nosotros, que,&lt;br /&gt;acudiendo a ella, hallaremos esta torre de David con mil&lt;br /&gt;escudos (Cant., 4, 4) pendientes de paciencia, con que se&lt;br /&gt;arman los fuertes de la Iglesia y de la milicia de Cristo&lt;br /&gt;nuestro Señor.&lt;br /&gt;575. No tuvo jamás nuestra pacientísima Reina&lt;br /&gt;ademanes afeminados de flaqueza, ni tampoco de ira&lt;br /&gt;exterior, porque todo lo tenía prevenido con la Divina luz&lt;br /&gt;y sabiduría; aunque ésta no excusaba dolor, antes le&lt;br /&gt;añadía, porque nadie pudo conocer el peso de las culpas&lt;br /&gt;y ofensas infinitas contra Dios, como las conoció esta&lt;br /&gt;Señora. Mas no por eso se pudo alterar su invencible&lt;br /&gt;corazón; ni por las maldades de Judas, ni por las&lt;br /&gt;contumelias y desacatos de los fariseos, jamás mudó el&lt;br /&gt;semblante y menos el interior. Y aunque en la muerte de&lt;br /&gt;su Hijo Santísimo todas las criaturas y elementos insensibles&lt;br /&gt;parece que quisieron perder la paciencia contra&lt;br /&gt;los mortales, no pudiendo sufrir la injuria y ofensa de su&lt;br /&gt;Criador, sola María estuvo inmóvil y aparejada para&lt;br /&gt;recibir a Judas y a los fariseos y sacerdotes, si después&lt;br /&gt;de haber crucificado a Cristo nuestro Señor se volvieran a&lt;br /&gt;la Madre de Piedad y Misericordia.&lt;br /&gt;72&lt;br /&gt;576. Bien pudiera la mansísima Emperatriz del Cielo&lt;br /&gt;indignarse y airarse con los que a su Hijo Santísimo&lt;br /&gt;dieron tan afrentosa muerte y no pasar en esta ira los&lt;br /&gt;límites de la razón y virtud, pues el mismo Señor ha&lt;br /&gt;castigado justamente este pecado. Estando yo en este&lt;br /&gt;pensamiento me fue respondido que el Altísimo dispuso&lt;br /&gt;cómo esta gran Señora no tuviese estos movimientos y&lt;br /&gt;operaciones, aunque pudiera debidamente, porque no&lt;br /&gt;quería que ella fuese instrumento y como acusadora de&lt;br /&gt;los pecadores, porque la eligió por Medianera y&lt;br /&gt;Abogada suya y Madre de Misericordia, para que por&lt;br /&gt;ella viniesen a los hombres todas las que el Señor quería&lt;br /&gt;mostrar con los hijos de Adán, y hubiese quien&lt;br /&gt;dignamente moderase la ira del justo Juez, intercediendo&lt;br /&gt;por los culpados. Sólo con el demonio ejecutó la ira esta&lt;br /&gt;Señora, y en lo que fue necesario para la paciencia y&lt;br /&gt;tolerancia, y para vencer los impedimentos que le pudo&lt;br /&gt;oponer este enemigo y antigua serpiente para el bien&lt;br /&gt;obrar.&lt;br /&gt;577. A la virtud de la fortaleza se reducen también la&lt;br /&gt;magnanimidad y la magnificencia; porque participan de&lt;br /&gt;estas condiciones en alguna cosa, dando firmeza a la&lt;br /&gt;voluntad en la materia que las toca. La magnanimidad&lt;br /&gt;consiste en obrar cosas grandes a quienes sigue la honra&lt;br /&gt;grande de la virtud; y por eso se dice que tiene por materia&lt;br /&gt;propia los honores grandes, y de que le nacen a esta&lt;br /&gt;virtud muchas propiedades que tienen los magnánimos,&lt;br /&gt;como aborrecer las lisonjas y simuladas hipocresías —&lt;br /&gt;que amarlas es de ánimos apocados y viles— no ser&lt;br /&gt;codiciosos, ni interesados, ni amigos de lo más útil, sino&lt;br /&gt;de lo más honesto y grande; no hablar de sí mismo con&lt;br /&gt;jactancia; ser detenidos en obrar cosas pequeñas,&lt;br /&gt;reservándose para las mayores; ser más inclinados a dar&lt;br /&gt;que recibir; porque todas estas cosas son dignas de&lt;br /&gt;mayor honra. Mas no por esto es contra la humildad esta&lt;br /&gt;virtud, que una no puede ser contraria de otra; porque la&lt;br /&gt;73&lt;br /&gt;magnanimidad hace que con los dones y virtudes se haga&lt;br /&gt;el hombre benemérito de grandes honras, sin apetecerlas&lt;br /&gt;ambiciosa y desordenadamente; y la humildad enseña a&lt;br /&gt;que las refiera a Dios y se desestime a sí mismo por sus&lt;br /&gt;defectos y por su propia naturaleza. Y por la dificultad&lt;br /&gt;que tienen las obras grandes y honrosas de la virtud,&lt;br /&gt;piden especial fortaleza, que se llama magnanimidad,&lt;br /&gt;cuyo medio consiste en proporcionar las fuerzas con las&lt;br /&gt;acciones grandes, para que ni las dejemos por&lt;br /&gt;pusilánimes, ni las intentemos con presunción ni&lt;br /&gt;desordenada ambición ni con apetito de gloria vana;&lt;br /&gt;porque todos estos vicios desprecia el magnánimo.&lt;br /&gt;578. La magnificencia también significa obrar grandes&lt;br /&gt;cosas, y en esta significación tan extendida puede ser&lt;br /&gt;común virtud, que en todas las materias virtuosas obra&lt;br /&gt;cosas grandes. Pero como hay especial razón o dificultad&lt;br /&gt;en obrar y hacer grandes gastos, aunque sea conforme&lt;br /&gt;a razón, por esto se llama magnificencia especial la&lt;br /&gt;virtud que determinadamente inclina a grandes sumptos,&lt;br /&gt;regulándolos por la prudencia, para que ni el ánimo sea&lt;br /&gt;escaso cuando la razón pide mucho, ni tampoco sea&lt;br /&gt;profuso cuando no conviene, consumiendo y talando lo&lt;br /&gt;que no debía. Y aunque esta virtud parece la misma con&lt;br /&gt;la liberalidad, pero los filósofos las distinguen; porque el&lt;br /&gt;magnífico mira a cosas grandes sin atender más y el&lt;br /&gt;liberal mira al amor y uso templado del dinero; y alguno&lt;br /&gt;podrá ser liberal sin llegar a ser magnífico, si se detiene&lt;br /&gt;en distribuir lo que tiene más grandeza y cantidad.&lt;br /&gt;579. Estas dos virtudes de magnanimidad y magnificencia&lt;br /&gt;estuvieron en la Reina del cielo con algunas condiciones&lt;br /&gt;que no pudieron alcanzar los demás que las tuvieron.&lt;br /&gt;Sólo María purísima no halló dificultad ni resistencia en&lt;br /&gt;obrar todas las cosas grandes; y sola ella las hizo&lt;br /&gt;todas grandes, aun en las materias pequeñas, y sola ella&lt;br /&gt;entendió perfectamente la naturaleza y condición de&lt;br /&gt;74&lt;br /&gt;estas virtudes como de todas las demás; y así pudo&lt;br /&gt;darles la suprema perfección, sin tasarla por las&lt;br /&gt;contrarias inclinaciones, ni por ignorar el modo, ni por&lt;br /&gt;acudir a otras virtudes, como suele suceder a los más&lt;br /&gt;Santos y prudentes que, cuando no lo pueden todo, eligen&lt;br /&gt;y obran lo que les parece mejor. En todas las obras&lt;br /&gt;virtuosas fue esta Señora tan magnánima, que siempre&lt;br /&gt;hizo lo más grande y digno de honor y gloria; y&lt;br /&gt;mereciéndola de todas las criaturas fue más magnánima&lt;br /&gt;en despreciarla y posponerla refiriéndola sólo a Dios,&lt;br /&gt;y obrando en la misma humildad lo más grande y&lt;br /&gt;magnánimo de esta virtud; y estando las obras de la&lt;br /&gt;humildad heroica como en una divina emulación y&lt;br /&gt;competencia con lo magnánimo de todas las demás&lt;br /&gt;virtudes, vivían todas juntas como ricas joyas que a porfía&lt;br /&gt;con su hermosa variedad adornaban a la hija del Rey,&lt;br /&gt;cuya gloria toda se quedaba en lo interior, como lo dijo&lt;br /&gt;David su padre (Sal., 44, 14).&lt;br /&gt;580. En la magnificencia también fue grande nuestra&lt;br /&gt;Reina; porque si bien era pobre, y más en el espíritu sin&lt;br /&gt;amor alguno a cosa terrena, con todo eso de lo que&lt;br /&gt;el Señor le dio dispensó magníficamente, como sucedió&lt;br /&gt;cuando los Reyes Magos le ofrecieron preciosos dones al&lt;br /&gt;Niño Jesús, y después en el discurso que vivió en la&lt;br /&gt;Iglesia, subido el Señor al cielo. Y la mayor magnificencia&lt;br /&gt;fue que, siendo Señora de todo lo criado, lo destinase&lt;br /&gt;todo para que magníficamente, cuanto era de su afecto,&lt;br /&gt;se gastase en el beneficio de los necesitados y en el&lt;br /&gt;honor y culto de Dios. Y esta doctrina y virtud enseñó a&lt;br /&gt;muchos, para ser maestra de toda perfección en obras&lt;br /&gt;que, tan a pesar de las viles costumbres e inclinaciones,&lt;br /&gt;hacen los mortales, sin llegar a darles el punto de&lt;br /&gt;prudencia que deben. Comunmente desean los mortales&lt;br /&gt;(según su inclinación), la honra y gloria de la virtud y ser&lt;br /&gt;tenidos por singulares y grandes; y como esta inclinación&lt;br /&gt;y afecto van desordenados, y tampoco enderezan esta&lt;br /&gt;75&lt;br /&gt;gloria de la virtud al Señor de todo, desatinan con los&lt;br /&gt;medios y, si llega la ocasión de hacer alguna obra de&lt;br /&gt;magnanimidad o magnificencia, desfallecen y no la&lt;br /&gt;hacen, porque son de ánimos abatidos y viles. Y como por&lt;br /&gt;otra parte quieren juntamente parecer grandes,&lt;br /&gt;excelentes y dignos de veneración, toman para esto otros&lt;br /&gt;medios engañosamente proporcionados y&lt;br /&gt;verdaderamente viciosos, como hacerse iracundos,&lt;br /&gt;hinchados, impacientes, ceñudos, altivos y jactanciosos; y&lt;br /&gt;como todos estos vicios no son magnanimidad, antes&lt;br /&gt;dicen poquedad y bajeza de corazón, por eso no&lt;br /&gt;alcanzan gloria ni honra entre los sabios, sino vituperio y&lt;br /&gt;desprecio; porque la honra más se halla huyendo de ella&lt;br /&gt;que solicitándola, y con obras, más que con deseos.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;581. Hija mía, si con atención procuras, como yo te lo&lt;br /&gt;mando, entender la condición y necesidad de esta virtud&lt;br /&gt;de la fortaleza, con ella tendrás a la mano la rienda de la&lt;br /&gt;irascible, que es una de las pasiones que más presto se&lt;br /&gt;mueven y conturban la razón. Y también tendrás un&lt;br /&gt;instrumento con que obrar lo más grande y perfecto de&lt;br /&gt;las virtudes como tú lo deseas, y con que resistir y vencer&lt;br /&gt;los impedimentos de tus enemigos que se te oponen para&lt;br /&gt;acobardarte en lo más difícil de la perfección. Pero&lt;br /&gt;advierte, carísima, que como la potencia irascible sirva a&lt;br /&gt;la concupiscible para resistir a quien la impide en lo que&lt;br /&gt;su concupiscencia apetece, de aquí procede que, si la&lt;br /&gt;concupiscible se desordena y ama lo que es vicioso y sólo&lt;br /&gt;bien aparente, luego la irascible se desordena tras ella y&lt;br /&gt;en lugar de la fortaleza virtuosa incurre en muchos vicios&lt;br /&gt;execrables y feos. Y de aquí entenderás cómo del apetito&lt;br /&gt;desordenado de la propia excelencia y gloria vana, que&lt;br /&gt;causan la soberbia y vanidad, nacen tantos vicios en la&lt;br /&gt;irascible, cuales son las discordias, las contenciones,&lt;br /&gt;las riñas, la jactancia, los clamores, impaciencia, per76&lt;br /&gt;tinacia, y otros vicios de la misma concupiscible, como&lt;br /&gt;son la hipocresía, mentira, deseo de vanidades,&lt;br /&gt;curiosidad y parecer en todo más de lo que son las&lt;br /&gt;criaturas y no lo que verdaderamente les toca por sus&lt;br /&gt;pecados y bajeza.&lt;br /&gt;582. De todos estos vicios tan feos estarás libre, si con&lt;br /&gt;fuerza mortificas y detienes los movimientos inordenados&lt;br /&gt;de la concupiscible con la templanza, de que dirás luego.&lt;br /&gt;Pero cuando apeteces y amas lo justo y conveniente,&lt;br /&gt;aunque te debes ayudar para conseguirlo de la fortaleza&lt;br /&gt;y de la irascible bien ordenada, sea de manera que no&lt;br /&gt;excedas; porque siempre tiene peligro de airarse con&lt;br /&gt;celo de la virtud quien está sujeto a su propio y&lt;br /&gt;desordenado amor; y tal vez se disimula y solapa este&lt;br /&gt;vicio con capa de buen celo, y se deja engañar la&lt;br /&gt;criatura airándose por lo que ella apetece para sí, y queriendo&lt;br /&gt;que se entienda es celo de Dios y del bien de sus&lt;br /&gt;prójimos. Por esto es tan necesaria y gloriosa la&lt;br /&gt;paciencia que nace de la caridad y se acompaña con la&lt;br /&gt;dilatación y magnanimidad, pues el que ama de veras al&lt;br /&gt;sumo y verdadero bien fácilmente sufre la pérdida de la&lt;br /&gt;honra y gloria aparente, y con magnanimidad la&lt;br /&gt;desprecia como vil y contentible; y aunque se la den las&lt;br /&gt;criaturas, no la estima, y en los demás trabajos se&lt;br /&gt;muestra invencible y constante; con que granjea cuanto&lt;br /&gt;puede el bien de la perseverancia y tolerancia.&lt;br /&gt;CAPITULO 12&lt;br /&gt;De la virtud de la templanza que María Santísima tuvo.&lt;br /&gt;583. De los dos movimientos que tiene la criatura en&lt;br /&gt;apetecer el bien sensible y retirarse del mal, este último&lt;br /&gt;se modera con la fortaleza, que —como he dicho— sirve&lt;br /&gt;para que por la irascible no deje vencerse la voluntad,&lt;br /&gt;antes ella venza con audacia, padeciendo cualquier mal&lt;br /&gt;77&lt;br /&gt;sensible por conseguir el bien honesto. Para gobernar los&lt;br /&gt;otros movimientos de la concupiscible sirve la templanza,&lt;br /&gt;que es la última virtud de las cardinales y la menor;&lt;br /&gt;porque el bien que consigue no es tan general como el&lt;br /&gt;que miran las otras virtudes, antes la templanza&lt;br /&gt;inmediatamente mira al bien particular del que la tiene.&lt;br /&gt;Consideran los doctores y maestros a la templanza en&lt;br /&gt;cuanto dice una general moderación de todos los&lt;br /&gt;apetitos naturales, y en este sentido es virtud general y&lt;br /&gt;común, que comprende a todas las virtudes que mueven&lt;br /&gt;el apetito conforme a razón. No hablamos ahora de la&lt;br /&gt;templanza en esta generalidad, sino en cuanto sirve para&lt;br /&gt;gobernar la concupiscible en la materia del tacto, donde&lt;br /&gt;el deleite mueve con mayor fuerza, y&lt;br /&gt;consiguientemente en otras materias deleitables que&lt;br /&gt;imitan a la delectación del tacto, aunque no con tanta&lt;br /&gt;fuerza.&lt;br /&gt;584. En esta consideración tiene la templanza el último&lt;br /&gt;lugar de las virtudes, porque su objeto no es tan noble&lt;br /&gt;como en las otras; pero con todo eso se le atribuyen&lt;br /&gt;algunas excelencias mayores, en cuanto desvía de&lt;br /&gt;objetos y vicios más feos y aborrecibles, cuales son la&lt;br /&gt;destemplanza en los deleites sensitivos comunes a los&lt;br /&gt;hombres y a los brutos irracionales. Y por esto dijo David&lt;br /&gt;(Sal., 48, 13.21) que fue hecho el hombre semejante al&lt;br /&gt;jumento, cuando se dejó llevar de la pasión del deleite. Y&lt;br /&gt;por la misma razón el vicio de la destemplanza se llama&lt;br /&gt;pueril; porque un niño no se mueve por la razón sino por&lt;br /&gt;el antojo del apetito, ni se modera si no es con castigo;&lt;br /&gt;como también le pide la concupiscible para refrenarse en&lt;br /&gt;estos deleites. De este deshonor y fealdad redime al&lt;br /&gt;hombre la virtud de la templanza, enseñándole a&lt;br /&gt;gobernarse no por el deleite mas por la razón; y por esto&lt;br /&gt;mereció esta virtud que se le atribuyese a ella cierta&lt;br /&gt;honestidad y decoro o hermosura, que nace en el hombre&lt;br /&gt;de conservarse en el estado de la razón contra una&lt;br /&gt;78&lt;br /&gt;pasión tan indómita, que pocas veces la escucha ni&lt;br /&gt;obedece; y por el contrario, al sujetarse el hombre al&lt;br /&gt;deleite animal, se le sigue gran deshonor por la similitud&lt;br /&gt;bestial y pueril.&lt;br /&gt;585. Contiene la templanza en sí a las virtudes de&lt;br /&gt;abstinencia y sobriedad, contra los vicios de la gula en la&lt;br /&gt;comida y de la embriaguez en la bebida, y en la&lt;br /&gt;abstinencia se contiene el ayuno; y son las primeras,&lt;br /&gt;porque al apetito lo primero se le ofrece la comida,&lt;br /&gt;objeto del gusto, para conservación de la naturaleza.&lt;br /&gt;Tras de estas virtudes se siguen las que moderan el uso&lt;br /&gt;de la propagación natural, que son castidad y pudicicia,&lt;br /&gt;con sus partes virginidad y continencia, contra los vicios&lt;br /&gt;de lujuria e incontinencia y sus especies. A estas virtudes,&lt;br /&gt;que son las principales en la templanza, se siguen otras&lt;br /&gt;que moderan el apetito en otros deleites menores; y las&lt;br /&gt;que moderan el sentido del olfato, oído y vista reducen a&lt;br /&gt;las del tacto. Pero hay otras semejantes a ellas en&lt;br /&gt;diferentes materias: éstas son la clemencia y&lt;br /&gt;mansedumbre, que gobiernan la ira y el desorden en&lt;br /&gt;castigar contra el vicio de la crueldad inhumana o bestial&lt;br /&gt;a que pueden declinar. Otra es la modestia, que contiene&lt;br /&gt;en sí cuatro virtudes: la primera es la humildad, que&lt;br /&gt;contra la soberbia detiene al hombre para que no&lt;br /&gt;apetezca desordenadamente la propia excelencia; la&lt;br /&gt;segunda es la estudiosidad, para que no apetezca saber&lt;br /&gt;más de lo que conviene y como conviene contra el vicio&lt;br /&gt;de la curiosidad; la tercera es la moderación o&lt;br /&gt;austeridad para que no apetezca el superfluo fausto y&lt;br /&gt;ostentación en el vestido y aparato exterior; la cuarta es&lt;br /&gt;la que modera el apetito desmedido en las acciones&lt;br /&gt;lusorias, como son juegos, movimientos del cuerpo,&lt;br /&gt;burlas, bailes, etc., y, aunque no tiene particular nombre&lt;br /&gt;esta virtud, es muy necesaria y se llama generalmente&lt;br /&gt;modestia o templanza.&lt;br /&gt;79&lt;br /&gt;586. Para manifestar la excelencia que tuvieron estas&lt;br /&gt;virtudes en la Reina del cielo —y lo mismo he dicho de las&lt;br /&gt;otras— siempre me parece que vienen cortos los términos&lt;br /&gt;y palabras comunes con que hablamos de las virtudes de&lt;br /&gt;otras criaturas. Mayor proporción tuvieron las gracias y'&lt;br /&gt;dones de María Santísima con las de su dilectísimo Hijo,&lt;br /&gt;y éstas con las perfecciones Divinas, que todas las&lt;br /&gt;virtudes y santidad de los Santos con la de esta soberana&lt;br /&gt;Reina de las virtudes; y así viene a ser muy desigual&lt;br /&gt;cuanto podemos decir de ella con las palabras que&lt;br /&gt;significamos las gracias y virtudes de los demás Santos;&lt;br /&gt;donde por más consumadas que fuesen, estaban en&lt;br /&gt;sujetos imperfectos y sujetos a pecado y desordenados&lt;br /&gt;por él. Y si de éstas dijo el Eclesiástico (Eclo., 26, 20) que&lt;br /&gt;no había digna ponderación para la excelencia del&lt;br /&gt;continente ¿qué diremos de la templanza de la Señora de&lt;br /&gt;las gracias y virtudes y de la hermosura que tenía su&lt;br /&gt;alma santísima con el colmo de todas ellas? Todos los&lt;br /&gt;domésticos (Prov., 31,21) de esta mujer fuerte estaban&lt;br /&gt;guarnecidos con duplicadas vestiduras, porque sus&lt;br /&gt;potencias estaban adornadas con dos hábitos o&lt;br /&gt;perfecciones de incomparable hermosura y fortaleza: el&lt;br /&gt;uno, el de la justicia original que subordinaba los&lt;br /&gt;apetitos a la razón y gracia; el otro, el de los hábitos&lt;br /&gt;infusos, que añadía nueva hermosura y virtud para obrar&lt;br /&gt;con suma perfección.&lt;br /&gt;587. Todos los demás Santos que en la hermosura de&lt;br /&gt;la templanza se han señalado, llegarían hasta sujetar la&lt;br /&gt;concupiscencia indómita, reduciéndola al yugo de la&lt;br /&gt;razón, para que nada apeteciese sin modo, que después&lt;br /&gt;había de retractar con el dolor de haberlo apetecido; y el&lt;br /&gt;que a esto se adelantase llegaría a negar al apetito todo&lt;br /&gt;aquello que se le puede substraer a la naturaleza&lt;br /&gt;humana sin destruirla; pero en todos estos actos de&lt;br /&gt;templanza sentiría alguna dificultad que retardaría el&lt;br /&gt;afecto de la voluntad, o a lo menos le haría tanta&lt;br /&gt;80&lt;br /&gt;resistencia que no pudiese conseguir su deseo con toda&lt;br /&gt;plenitud; y se querellase con el Apóstol de la infeliz&lt;br /&gt;carga de este pesado cuerpo (Rom., 7, 24). En María&lt;br /&gt;Santísima no había esta disonancia; porque sin&lt;br /&gt;remurmurar los apetitos y sin adelantarse a la razón&lt;br /&gt;dejaban obrar a todas las virtudes con tanta armonía y&lt;br /&gt;concierto que, fortaleciéndola como ejército de&lt;br /&gt;escuadrones bien ordenados (Cant., 6, 3), hacían un coro&lt;br /&gt;de celestial consonancia. Y como no había desmanes de&lt;br /&gt;los apetitos que reprimir, de tal manera ejercitaba las&lt;br /&gt;operaciones de la templanza, que no pudo caer en su&lt;br /&gt;mente especies ni memoria de movimiento desordenado;&lt;br /&gt;antes bien imitando a las Divinas perfecciones eran&lt;br /&gt;sus operaciones como originadas y deducidas de&lt;br /&gt;aquel supremo ejemplar, y se convertían a él como a&lt;br /&gt;única regla de su perfección y como fin último en que se&lt;br /&gt;terminaban.&lt;br /&gt;588. La abstinencia y sobriedad de María Santísima fue&lt;br /&gt;admiración de los Ángeles; porque siendo Reina de todo&lt;br /&gt;lo criado y padeciendo las naturales pasiones de hambre&lt;br /&gt;y sed, no apeteció jamás los manjares que a su poder y&lt;br /&gt;grandeza pudieran corresponder, ni usaba de la comida&lt;br /&gt;por el gusto mas por sola necesidad; y ésta satisfacía con&lt;br /&gt;tal templanza, que ni excedía ni pudo exceder sobre lo&lt;br /&gt;ajustado para el húmido radical y alimento de la vida; y&lt;br /&gt;éste recibía dando primero lugar al padecer el dolor del&lt;br /&gt;hambre y sed, y dejando algún lugar a la gracia junto con&lt;br /&gt;el efecto natural del escaso alimento que recibía. Nunca&lt;br /&gt;padeció alteración de corrupción por la superfluidad de&lt;br /&gt;la comida o bebida, ni por esta causa sintió más&lt;br /&gt;necesidad, ni la tuvo un día más que otro, ni tampoco&lt;br /&gt;sintió estas alteraciones por defecto de alimento; porque&lt;br /&gt;si le moderaba algo de lo que el calor natural pedía,&lt;br /&gt;suplíalo la divina gracia, en que vive la criatura, y no en&lt;br /&gt;solo pan (Mt., 4, 4). Bien pudo el Altísimo sustentarla sin&lt;br /&gt;comida ni bebida, pero no lo hizo; porque no fue&lt;br /&gt;81&lt;br /&gt;conveniente ni para ella dejar de merecer en este uso de&lt;br /&gt;la comida y ser ejemplar de templanza, ni para nosotros&lt;br /&gt;que nos faltase tanto bien y merecimientos. De la materia&lt;br /&gt;de su comida que usaba y de los tiempos en que la&lt;br /&gt;recibía, se dice en diferentes lugares de esta Historia (Cf.&lt;br /&gt;infra p. III n. 196, 424, 898). Por su voluntad nunca comió&lt;br /&gt;carne, ni más de sola una vez cada día, salvo cuando&lt;br /&gt;vivió con su esposo José o cuando acompañaba a su&lt;br /&gt;Hijo Santísimo en sus peregrinaciones, que en estas&lt;br /&gt;ocasiones, por la necesidad de ajustarse a los demás,&lt;br /&gt;seguía el orden que el Señor le daba; pero siempre era&lt;br /&gt;milagrosa en la templanza.&lt;br /&gt;589. De la Pureza Virginal y Pudor de la Virgen de las&lt;br /&gt;vírgenes no pueden hablar dignamente los supremos&lt;br /&gt;Serafines; pues en esta virtud, que en ellos es natural,&lt;br /&gt;fueron inferiores a su Reina y Señora; pues con el&lt;br /&gt;privilegio de la gracia y poder del Altísimo estuvo María&lt;br /&gt;Santísima más libre de la inmunidad del vicio contrario&lt;br /&gt;que los mismos Ángeles, a quienes por su naturaleza no&lt;br /&gt;puede tocarles. No alcanzamos los mortales en esta vida&lt;br /&gt;a formar el concepto debido de esta virtud en la Reina&lt;br /&gt;del Cielo, porque nos embaraza mucho el pesado barro&lt;br /&gt;con que a nuestra alma se le oscurece la candidez y&lt;br /&gt;cristalina luz de la Castidad. Túvola nuestra gran Reina&lt;br /&gt;en tal grado, que pudo dignamente preferir a la dignidad&lt;br /&gt;de Madre de Dios, si no fuera ella quien más la&lt;br /&gt;proporcionaba con esta inefable grandeza. Pero&lt;br /&gt;midiendo la pureza virginal de María con lo que ella la&lt;br /&gt;apreció y con la dignidad a que la levantó, se conocerá&lt;br /&gt;en parte cuál fue esta virtud en su virgíneo cuerpo y&lt;br /&gt;alma. Propúsola desde su Inmaculada Concepción, votóla&lt;br /&gt;desde su natividad, y observóla de suerte que jamás tuvo&lt;br /&gt;acción, ni movimiento, ni ademán en que la violase, ni&lt;br /&gt;tocase en su pudor. Por eso no habló jamás a hombre sin&lt;br /&gt;voluntad de Dios; ni a ellos, ni a las mujeres mismas&lt;br /&gt;miraba al rostro, no por el peligro sino por el mérito, por&lt;br /&gt;82&lt;br /&gt;el ejemplo nuestro y por la superabundancia de la divina&lt;br /&gt;prudencia, sabiduría y amor.&lt;br /&gt;590. De su clemencia y mansedumbre dijo Salomón que&lt;br /&gt;la ley de la clemencia estaba en su lengua (Prov., 31, 26);&lt;br /&gt;porque nunca se movió que no fuese para distribuir la&lt;br /&gt;gracia que en sus labios estaba derramaba (Sal., 44, 3).&lt;br /&gt;La mansedumbre gobierna la ira y la clemencia modera&lt;br /&gt;el castigo. No tuvo ira que moderar nuestra mansísima&lt;br /&gt;Reina, ni usaba de esta potencia más de —como en el&lt;br /&gt;capítulo pasado dije (Cf. supra n. 573ss)— en los actos de&lt;br /&gt;fortaleza contra el pecado y el demonio, etc.; pero contra&lt;br /&gt;las criaturas racionales no tuvo ira que se ordenase a&lt;br /&gt;castigarlas, ni por suceso alguno se le movió ira, ni perdió&lt;br /&gt;la perfectísima mansedumbre con inmutable e inimitable&lt;br /&gt;igualdad interior y exterior; sin que jamás se le conociese&lt;br /&gt;diferencia en el semblante, en la voz, ni movimientos que&lt;br /&gt;testificasen algún interior movimiento de ira. Esta&lt;br /&gt;mansedumbre y clemencia tuvo el Señor por instrumento&lt;br /&gt;de la suya, y libró en ella todos los beneficios y efectos&lt;br /&gt;de las eternas y antiguas misericordias; y para este fin&lt;br /&gt;era necesario que la Clemencia de María Señora nuestra&lt;br /&gt;fuese proporcionado instrumento de la que el mismo&lt;br /&gt;Señor tiene con las criaturas. Considerando atenta y&lt;br /&gt;profundamente las obras de la Divina clemencia con los&lt;br /&gt;pecadores y que de todas fue María Santísima el idóneo&lt;br /&gt;instrumento con que se disponían y ejecutaban, se&lt;br /&gt;conocerá en parte la Clemencia de esta Señora. Todas&lt;br /&gt;sus reprensiones fueron más rogando, amonestando y&lt;br /&gt;enseñando, que castigando; y esto pidió ella al Señor, y&lt;br /&gt;su Providencia lo dispuso así, para que en esta&lt;br /&gt;sobreexcelsa Reina estuviese la ley de la clemencia&lt;br /&gt;(Prov., 31, 26) como en original y en depósito, de quien Su&lt;br /&gt;Majestad se sirviese, y los mortales deprendiesen esta&lt;br /&gt;virtud con las demás.&lt;br /&gt;591. En las otras virtudes que contiene la modestia,&lt;br /&gt;83&lt;br /&gt;especialmente en la humildad, y en la austeridad o&lt;br /&gt;pobreza de María Santísima, para decir algo dignamente&lt;br /&gt;fueran necesarios muchos libros y lenguas de Ángeles. De&lt;br /&gt;lo que yo puedo alcanzar a decir está llena toda esta&lt;br /&gt;Historia, porque en todas las acciones de la Reina del&lt;br /&gt;Cielo resplandeció sobre todas las virtudes su&lt;br /&gt;incomparable humildad. Mucho temo agraviar la&lt;br /&gt;grandeza de esta singular virtud, queriendo ceñir en&lt;br /&gt;breves términos el piélago que pudo recibir y abrazar al&lt;br /&gt;Incomprensible y sin términos. Todo cuanto han&lt;br /&gt;alcanzado a conocer y a obrar los Santos y los mismos&lt;br /&gt;Ángeles con esta virtud de la humildad, no pudo llegar a&lt;br /&gt;lo menos de la que tuvo nuestra Reina. ¿A quién de los&lt;br /&gt;Santos ni de los Ángeles pudo llamar Madre el mismo&lt;br /&gt;Dios? Y ¿quién, fuera de María y del Eterno Padre, pudo&lt;br /&gt;llamar Hijo al Verbo humanado? Pues si la que llegó en&lt;br /&gt;esta dignidad a ser semejante al Padre, y tuvo las&lt;br /&gt;gracias y dones convenientes para ella, se puso en su&lt;br /&gt;estimación en el último lugar de las criaturas y a todas&lt;br /&gt;las reputaba por superiores ¿qué olor, qué fragancia&lt;br /&gt;daría al gusto del mismo Dios este humilde nardo (Cant.,&lt;br /&gt;1, 11), comprendiendo en su pecho al Supremo Rey de los&lt;br /&gt;reyes?&lt;br /&gt;592. Que las columnas del cielo se encojan (Job 26, 11) y&lt;br /&gt;estremezcan en presencia de la inaccesible luz de la&lt;br /&gt;Majestad infinita, no es maravilla, pues a su vista&lt;br /&gt;tuvieron la ruina de sus semejantes, y ellos fueron&lt;br /&gt;preservados con beneficios y razones comunes a todos.&lt;br /&gt;Que los más fuertes e invencibles Santos se humillasen,&lt;br /&gt;abrazando el desprecio y abatimiento, conociéndose&lt;br /&gt;por indignos de cualquier mínimo beneficio de la&lt;br /&gt;gracia, y aun del mismo obsequio y socorro de las cosas&lt;br /&gt;naturales, todo esto era justísimo y consiguiente; porque&lt;br /&gt;todos pecamos y necesitamos de la gloria del mismo Dios&lt;br /&gt;(Rom., 3, 23); y ninguno fue tan Santo ni tan grande, que&lt;br /&gt;no lo pudiese ser mayor, ni tan perfecto que no le faltase&lt;br /&gt;84&lt;br /&gt;alguna virtud, ni tan inculpable que no hallasen los ojos&lt;br /&gt;de Dios qué reprender en él; y cuando en todo fuera&lt;br /&gt;alguno perfectamente consumado, todos se quedaban&lt;br /&gt;en la esfera de la común gracia y beneficios, sin que&lt;br /&gt;nadie fuese superior a todos en todo.&lt;br /&gt;593. Pero en esto fue sin ejemplo y sin segunda la&lt;br /&gt;humildad de María Purísima, que siendo autora de la&lt;br /&gt;gracia, principio de todo el bien de las criaturas, la&lt;br /&gt;suprema de ellas, el prodigio de las perfecciones&lt;br /&gt;divinas, el centro de su amor, la esfera de su omnipotencia,&lt;br /&gt;la que le llamó Hijo y se oyó llamar Madre del&lt;br /&gt;mismo Dios, se humilló al más inferior lugar de todo lo&lt;br /&gt;criado. Y la que gozando de la mayor excelencia de todas&lt;br /&gt;las obras de Dios en pura criatura, no le quedaba otra&lt;br /&gt;superior en ellas a que levantarse, se humilló juzgándose&lt;br /&gt;por no digna de la menor estimación, ni excelencia, ni&lt;br /&gt;honra que se le pudiera dar a la mínima de todas las&lt;br /&gt;criaturas racionales. No sólo se reputaba indigna de la&lt;br /&gt;dignidad de Madre de Dios y de las gracias que en esto&lt;br /&gt;se encerraban, pero del aire que respiraba, de la tierra&lt;br /&gt;que la sufría, del alimento que recibía y de cualquier&lt;br /&gt;obsequio y oficio de las criaturas, de todo se reputaba&lt;br /&gt;indigna y lo agradecía como si lo fuera. Y para decir&lt;br /&gt;mucho en pocas razones, el no apetecer la criatura&lt;br /&gt;racional la excelencia que absolutamente no le toca, o&lt;br /&gt;que por algún título le desmerece no es tan generosa&lt;br /&gt;humildad, aunque la infinita clemencia del Altísimo la admita&lt;br /&gt;y se dé por obligado de quien así se humilla; pero lo&lt;br /&gt;admirable es que se humille más que todas juntas las&lt;br /&gt;criaturas aquella que, debiéndosele toda la majestad y&lt;br /&gt;excelencia, no la apeteció ni buscó; pero estando en&lt;br /&gt;forma de digna Madre de Dios, se aniquiló en su&lt;br /&gt;estimación, mereciendo con esta humildad ser levantada&lt;br /&gt;como de justicia al dominio y señorío de todo lo criado .&lt;br /&gt;594. A esta humildad incomparable correspondían en&lt;br /&gt;85&lt;br /&gt;María Santísima las otras virtudes que se encierran en la&lt;br /&gt;modestia; porque el apetito de saber más de lo qué&lt;br /&gt;conviene, de ordinario nace de poca humildad o caridad;&lt;br /&gt;y siendo vicio sin provecho, viene a ser de mucho daño,&lt;br /&gt;como le sucedió a Dina (Gén., 34, 1-3), que con inútil&lt;br /&gt;curiosidad saliendo a ver lo que no le era de provecho,&lt;br /&gt;fue vista con tanto daño de su honor. De la misma raíz de&lt;br /&gt;soberbia presuntuosa suele originarse la superflua&lt;br /&gt;ostentación y fausto en el vestido exterior y las&lt;br /&gt;desordenadas acciones y gestos o movimientos&lt;br /&gt;corporales que sirven a la vanidad y sensualidad, y&lt;br /&gt;testifican la liviandad del corazón, según que dijo el&lt;br /&gt;Eclesiástico (Eclo., 19, 27): El vestido del cuerpo, la risa&lt;br /&gt;de la boca y los movimientos del hombre nos avisan de su&lt;br /&gt;interior. Todas las virtudes contrarias a estos vicios&lt;br /&gt;estaban en María Purísima intactas y sin reconocer&lt;br /&gt;contradicción ni movimiento que las pudiese retardar o&lt;br /&gt;inficionar; antes, como hijas y compañeras de su profundísima&lt;br /&gt;humildad, caridad y pureza, testificaban en esta&lt;br /&gt;soberana Señora ciertos asomos más de criatura divina&lt;br /&gt;que de humana.&lt;br /&gt;595. Era estudiosísima sin curiosidad; porque estando&lt;br /&gt;llena de sabiduría sobre los mismos querubines,&lt;br /&gt;deprendía y se dejaba enseñar de todos como ignorante.&lt;br /&gt;Y cuando usaba de la divina ciencia o inquiría la Divina&lt;br /&gt;voluntad, era tan prudente y con tan altos fines y debidas&lt;br /&gt;circunstancias, que siempre sus deseos herían el corazón&lt;br /&gt;de Dios y le atraían a su ordenada voluntad. En la&lt;br /&gt;pobreza y austeridad fue admirable; pues quien era&lt;br /&gt;Señora de todo lo criado y lo tenía a su disposición, dejó&lt;br /&gt;tanto por la imitación de su Hijo Santísimo cuanto el&lt;br /&gt;mismo Señor puso en sus manos; porque así como el&lt;br /&gt;Padre puso todas las cosas en manos (Jn., 13, 3) del&lt;br /&gt;Verbo Humanado, así las puso este Señor todas en manos&lt;br /&gt;de su Madre y ella, para hacer lo mismo, las dejó todas&lt;br /&gt;con afecto y efecto por la gloria de su Hijo y Señor. De la&lt;br /&gt;86&lt;br /&gt;modestia de sus acciones y dulzura de sus palabras y&lt;br /&gt;todo lo exterior, bastará decir que, por la inefable&lt;br /&gt;grandeza que con ellas descubría, fuera tenida por más&lt;br /&gt;que humana, si la fe no enseñara que era pura criatura,&lt;br /&gt;como lo confesó el sabio de Atenas, San Dionisio.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;596. Hija mía, de la dignidad de esta virtud de la&lt;br /&gt;templanza has dicho algo por lo que de su excelencia has&lt;br /&gt;entendido y de la que yo ejercitaba; aunque de todo&lt;br /&gt;dejas mucho que decir para que se acabase de entender&lt;br /&gt;la necesidad tan precisa que los mortales tienen de usar&lt;br /&gt;en sus acciones de la templanza. Pena del primer pecado&lt;br /&gt;fue perder el hombre el perfecto uso de la razón, y que&lt;br /&gt;las pasiones, inobedientes contra ella, se rebelasen&lt;br /&gt;contra quien se había rebelado contra su Dios,&lt;br /&gt;despreciando su justísimo precepto. Para reparar este&lt;br /&gt;daño fue necesaria la virtud de la templanza, que&lt;br /&gt;domase las pasiones, que refrenase sus movimientos&lt;br /&gt;deleitables, que les diese modo, y restituyese al hombre&lt;br /&gt;el conocimiento del medio perfecto en la concupiscible y&lt;br /&gt;le enseñase e inclinase de nuevo a seguir la razón como&lt;br /&gt;capaz de la divinidad y no a seguir su deleite como uno&lt;br /&gt;de los brutos irracionales. No es posible, sin esta virtud,&lt;br /&gt;desnudarse la criatura del hombre antiguo, ni disponerse&lt;br /&gt;para los dones de la gracia y sabiduría divina; porque&lt;br /&gt;ésta no entra en el alma del cuerpo sujeto a pecados&lt;br /&gt;(Sab., 1, 4). El que sabe con la templanza moderar sus&lt;br /&gt;pasiones, negándoles el inmoderado y bestial deleite que&lt;br /&gt;apetecen, éste podrá decir y experimentar que le&lt;br /&gt;introduce el rey en las oficinas de su regalado vino&lt;br /&gt;(Cant., 2, 4) y tesoros de la sabiduría y espirituales&lt;br /&gt;carismas; porque esta virtud es una oficina general,&lt;br /&gt;llena de las virtudes más hermosas y fragantes al gusto&lt;br /&gt;del Altísimo.&lt;br /&gt;87&lt;br /&gt;597. Y si bien quiero que trabajes mucho por alcanzarlas&lt;br /&gt;todas, pero singularmente considera la hermosura y buen&lt;br /&gt;olor de la Castidad, la fuerza de la abstinencia y&lt;br /&gt;sobriedad en la comida y bebida, la suavidad y efectos&lt;br /&gt;de la modestia en las palabras y obras y la nobleza de la&lt;br /&gt;pobreza altísima en el uso de las cosas. Con estas virtudes&lt;br /&gt;alcanzarás la luz Divina, la paz y tranquilidad de tu&lt;br /&gt;alma, la serenidad de tus potencias, el gobierno de tus&lt;br /&gt;inclinaciones y llegarás a ser toda iluminada con los&lt;br /&gt;resplandores de la Divina gracia y dones; y de la vida&lt;br /&gt;sensible y animal serás levantada a la conversación y&lt;br /&gt;vida angélica, que es la que de ti quiero y lo que tú&lt;br /&gt;misma deseas con la virtud Divina. Advierte, pues,&lt;br /&gt;carísima, y desvélate en obrar siempre con la luz de la&lt;br /&gt;gracia y nunca se muevan tus potencias por solo deleite y&lt;br /&gt;gusto suyo; pero siempre obra por razón y gloria del&lt;br /&gt;Altísimo en todas las cosas necesarias para la vida, en el&lt;br /&gt;comer, en el dormir, en el vestir, en hablar, en oír, en&lt;br /&gt;desear, en corregir, en mandar, en rogar; todo lo&lt;br /&gt;gobierne en ti la luz y el gusto de tu Señor y Dios y no el&lt;br /&gt;tuyo.&lt;br /&gt;598. Y para que más te aficiones a la hermosura y&lt;br /&gt;gracia de esta virtud, atiende a la fealdad de sus vicios&lt;br /&gt;contrarios y pondera con la luz que recibes cuán feo,&lt;br /&gt;abominable, horrible y monstruoso está el mundo en los&lt;br /&gt;ojos de Dios y de los Santos por la enormidad de tantas&lt;br /&gt;abominaciones como los hombres cometen contra esta&lt;br /&gt;amable virtud. Mira cuántos siguen como brutos animales&lt;br /&gt;el horror de la sensualidad, otros la gula y embriaguez,&lt;br /&gt;otros el uso y vanidad, otros la soberbia y presunción,&lt;br /&gt;otros la avaricia y deleite de adquirir hacienda y todos&lt;br /&gt;generalmente el ímpetu de sus pasiones, buscando ahora&lt;br /&gt;sólo el deleite, en que para después atesoran eternos&lt;br /&gt;tormentos y el carecer de la vista beatífica de su Dios y&lt;br /&gt;Señor.&lt;br /&gt;88&lt;br /&gt;CAPITULO 13&lt;br /&gt;De los siete dones del Espíritu Santo que tuvo María&lt;br /&gt;Santísima.&lt;br /&gt;599. Los siete dones del Espíritu Santo —según la luz&lt;br /&gt;que de ellos tengo— me parece añaden algo sobre las&lt;br /&gt;virtudes adonde se reducen, y por lo que añaden&lt;br /&gt;se diferencian de ellas aunque tengan un mismo&lt;br /&gt;objeto. Cualquiera beneficio del Señor se puede llamar&lt;br /&gt;don o dádiva de su mano, aunque sea natural, pero no&lt;br /&gt;hablamos ahora de los dones en esta generalidad,&lt;br /&gt;aunque sean virtudes y dádivas infusas; porque no todos&lt;br /&gt;los que tienen alguna virtud o virtudes tienen gracia de&lt;br /&gt;dones en aquella materia o, a lo menos, no llegan a tener&lt;br /&gt;las virtudes en aquel grado que se llaman dones&lt;br /&gt;perfectos, ¿como los entienden los Doctores Sagrados en&lt;br /&gt;las palabras de Isaías, donde dijo que en Cristo nuestro&lt;br /&gt;Salvador descansaría el Espíritu del Señor (Is., 11, 2),&lt;br /&gt;numerando siete gracias, que comúnmente se llaman&lt;br /&gt;dones del Espíritu Santo, cuales son: el espíritu de&lt;br /&gt;sabiduría y entendimiento, el espíritu de consejo y&lt;br /&gt;fortaleza, el espíritu de ciencia y piedad y el de temor de&lt;br /&gt;Dios. Los cuales dones estuvieron en el alma santísima de&lt;br /&gt;Cristo, redundando de la Divinidad a que estaba&lt;br /&gt;hipostáticamente unida, como en la fuente está el agua&lt;br /&gt;que de ella mana, para comunicarse a otros; porque&lt;br /&gt;todos participamos de las aguas del Salvador (Is., 12, 3),&lt;br /&gt;gracia por gracia (Jn. 1, 16) y don por don; y en él están&lt;br /&gt;escondidos los tesoros de la sabiduría y ciencia de Dios&lt;br /&gt;(Col., 2, 3).&lt;br /&gt;600. Corresponden los dones del Espíritu Santo a las&lt;br /&gt;virtudes adonde se reducen. Y aunque en esta&lt;br /&gt;correspondencia discurren con alguna diferencia los&lt;br /&gt;doctores, pero no la puede haber en el fin de los dones,&lt;br /&gt;que es dar alguna especial perfección a las potencias&lt;br /&gt;89&lt;br /&gt;para que hagan algunas acciones y obras perfectísimas y&lt;br /&gt;más heroicas en las materias de las virtudes; porque sin&lt;br /&gt;esta condición no se pudieran llamar dones particulares&lt;br /&gt;más perfectos y excelentes que en el modo común de&lt;br /&gt;obrar las virtudes. Esta perfección de los dones ha de&lt;br /&gt;incluir o consistir principalmente en alguna especial o&lt;br /&gt;fuerte inspiración y moción del Espíritu Santo, que venza&lt;br /&gt;con mayor eficacia los impedimentos y mueva al libre&lt;br /&gt;albedrío y le dé mayor fuerza para que no obre&lt;br /&gt;remisamente, antes con grande plenitud de perfección y&lt;br /&gt;fuerza, en aquella especie de virtud adonde pertenece el&lt;br /&gt;don. Todo lo cual no puede alcanzar el libre albedrío, si&lt;br /&gt;no es ilustrado y movido con especial eficacia, virtud y&lt;br /&gt;fuerza del Espíritu Santo, que le compele fuerte, suave&lt;br /&gt;(Sab., 8, 1) y dulcemente para que siga aquella&lt;br /&gt;ilustración y con libertad obre y quiera aquella acción&lt;br /&gt;que parece es hecha en la voluntad con la eficacia del&lt;br /&gt;divino Espíritu, como lo dice el Apóstol ad Romanos&lt;br /&gt;(Rom., 8, 14). Y por esto se llama esta moción instinto del&lt;br /&gt;Espíritu Santo; porque la voluntad, aunque obra&lt;br /&gt;libremente y sin violencia, pero en estas obras tiene&lt;br /&gt;mucho de instrumento voluntario y se asimila a él, porque&lt;br /&gt;obra con menos consulta de la prudencia común, como lo&lt;br /&gt;hacen las virtudes, aunque no con menos inteligencia ni&lt;br /&gt;libertad.&lt;br /&gt;601. Con un ejemplo me daré a entender en algo,&lt;br /&gt;advirtiendo que, para mover la voluntad a las obras de&lt;br /&gt;virtud, concurren dos cosas en las potencias; la una es el&lt;br /&gt;peso o inclinación que en sí tiene, que la lleva y mueve,&lt;br /&gt;al modo de la gravedad a la piedra o la liviandad en el&lt;br /&gt;fuego para moverse cada uno a su centro. Esta inclinación&lt;br /&gt;acrecientan los hábitos virtuosos más o menos en&lt;br /&gt;la voluntad —y lo mismo hacen los vicios en su modo—&lt;br /&gt;porque inclinando al amor pesan, y el amor es su peso&lt;br /&gt;que la lleva libremente. Otra cosa concurre a esta moción&lt;br /&gt;de parte del entendimiento, que es una ilustración en&lt;br /&gt;90&lt;br /&gt;las virtudes con que se mueve y determina la voluntad; y&lt;br /&gt;esta ilustración es proporcionada con los hábitos y con&lt;br /&gt;los actos que hace la voluntad; para los ordinarios sirve&lt;br /&gt;la prudencia y su deliberación ordinaria, y para otros&lt;br /&gt;actos más levantados sirve o es necesaria más alta y&lt;br /&gt;superior ilustración y moción del Espíritu Santo, y ésta&lt;br /&gt;pertenece a los dones. Y porque la Caridad y Gracia es&lt;br /&gt;un hábito sobrenatural que pende de la Divina Voluntad&lt;br /&gt;al modo que el rayo nace del sol, por esto la Caridad&lt;br /&gt;tiene una particular influencia de la Divinidad, y con ella&lt;br /&gt;es movida y mueve a las demás virtudes y hábitos de la&lt;br /&gt;voluntad, y más cuando obra con los dones del Espíritu&lt;br /&gt;Santo.&lt;br /&gt;602. Conforme a esto, en los dones del Espíritu Santo&lt;br /&gt;me parece conozco de parte del entendimiento una&lt;br /&gt;especial ilustración —en que se ha muy pasivamente—&lt;br /&gt;para mover a la voluntad, en la cual corresponden sus&lt;br /&gt;hábitos con algún grado de perfección que inclina sobre&lt;br /&gt;la ordinaria fuerza de las virtudes a obras muy heroicas.&lt;br /&gt;Y como si a la piedra sobre su gravedad le añaden otro&lt;br /&gt;impulso se mueve con más ligero movimiento, así en la&lt;br /&gt;voluntad añadiéndole la perfección e impulso de los&lt;br /&gt;dones los movimientos de las virtudes son más excelentes&lt;br /&gt;y perfectos. El don de sabiduría comunica al alma cierto&lt;br /&gt;gusto, con el cual gustando conoce lo divino y humano sin&lt;br /&gt;engaño, dando su valor y peso a cada uno contra el gusto&lt;br /&gt;que hace de la ignorancia y estulticia humana; y&lt;br /&gt;pertenece este don a la Caridad. El don del&lt;br /&gt;entendimiento clarifica para penetrar las cosas divinas y&lt;br /&gt;conocerlas contra la rudeza y tardanza de nuestro&lt;br /&gt;entendimiento; el de ciencia penetra lo más oscuro y&lt;br /&gt;hace maestros perfectos contra la ignorancia; y estos dos&lt;br /&gt;pertenecen a la fe. El don de consejo encamina y&lt;br /&gt;endereza y detiene la precipitación humana contra la&lt;br /&gt;imprudencia; y pertenece a su virtud propia. El de&lt;br /&gt;fortaleza expele el temor desordenado y conforta la&lt;br /&gt;91&lt;br /&gt;flaqueza; y pertenece a su misma virtud. El de piedad&lt;br /&gt;hace benigno el corazón, le quita la dureza y le ablanda&lt;br /&gt;contra la impiedad y dureza; y pertenece a la religión. El&lt;br /&gt;don de temor de Dios humilla amorosamente contra la&lt;br /&gt;soberbia; y se reduce a la humildad.&lt;br /&gt;603. En María Santísima estuvieron todos los dones del&lt;br /&gt;Espíritu Santo, como en quien tenía cierto respeto y como&lt;br /&gt;derecho a tenerlos, por ser Madre del Verbo Divino, de&lt;br /&gt;quien procede el Espíritu Santo, a quien se le atribuyen. Y&lt;br /&gt;regulando estos dones por la dignidad especial de&lt;br /&gt;madre, era consiguiente que estuvieran en ella con la&lt;br /&gt;proporción debida y con tanta diferencia de todas las&lt;br /&gt;demás almas, cuanta hay de llamarse ella Madre de Dios&lt;br /&gt;y todas las demás sólo criaturas; y por estar la gran&lt;br /&gt;Reina tan cerca del Espíritu Santo por esta dignidad, y&lt;br /&gt;juntamente por la impecabilidad, y todas las demás&lt;br /&gt;criaturas estar tan lejos, así por la culpa como por la&lt;br /&gt;distancia del ser común, sin otro respeto ni afinidad con&lt;br /&gt;el Divino Espíritu. Y si estaban en Cristo, nuestro Redentor&lt;br /&gt;y Maestro, como en fuente y origen, estaban también en&lt;br /&gt;María, su digna madre, como en estanque o en mar de&lt;br /&gt;donde se distribuyen a todas las criaturas, porque de su&lt;br /&gt;plenitud superabundante redundan a toda la Iglesia. Lo&lt;br /&gt;cual en otra metáfora dijo Salomón en los Proverbios&lt;br /&gt;cuando la Sabiduría —dice— edificó para sí una casa&lt;br /&gt;sobre siete columnas (Prov., 9, 1), etcétera, y en ella&lt;br /&gt;preparó la mesa, mezcló el vino y convidó a los párvulos e&lt;br /&gt;insipientes para sacarlos de la infancia y enseñarles la&lt;br /&gt;prudencia. No me detengo en esta declaración, pues&lt;br /&gt;ningún católico ignora que María Santísima fue esta&lt;br /&gt;magnífica habitación del Altísimo, edificada y fundada&lt;br /&gt;sobre estos siete dones para su hermosura y firmeza y&lt;br /&gt;para prevenir en esta casa mística el convite general de&lt;br /&gt;toda la Iglesia; porque en María está preparada la mesa,&lt;br /&gt;para que todos los párvulos ignorantes, hijos de Adán,&lt;br /&gt;lleguemos a ser saciados de la influencia y dones del&lt;br /&gt;92&lt;br /&gt;Espíritu Santo.&lt;br /&gt;604. Cuando estos dones se adquieren mediante la&lt;br /&gt;disciplina y ejercicio de las virtudes, venciendo los vicios&lt;br /&gt;contrarios, el primer lugar tiene el temor; pero en Cristo&lt;br /&gt;Señor nuestro comenzó Isaías a referirlos por el orden de&lt;br /&gt;la sabiduría, que es el supremo; porque los recibió como&lt;br /&gt;maestro y cabeza y no como discípulo que los aprendía.&lt;br /&gt;Con este mismo orden los debemos considerar en su&lt;br /&gt;Madre Santísima; porque más se asimiló en los dones a&lt;br /&gt;su Hijo bendito que a ella las demás criaturas. El don de&lt;br /&gt;sabiduría contiene una iluminación gustosa, con que el&lt;br /&gt;entendimiento conoce la verdad de las cosas por sus&lt;br /&gt;causas íntimas y supremas, y la voluntad con el gusto de&lt;br /&gt;la verdad del verdadero bien le discierne y divide del&lt;br /&gt;aparente y falso; porque aquel es verdaderamente sabio&lt;br /&gt;que conoce sin engaño el verdadero bien para gustarle y&lt;br /&gt;le gusta conociéndole. Este gusto de la sabiduría consiste&lt;br /&gt;en gozar del sumo bien por una íntima unión de amor, a&lt;br /&gt;que se sigue el sabor y gusto del bien honesto&lt;br /&gt;participado y ejercitado por las virtudes inferiores al&lt;br /&gt;amor. Por esto no se llama sabio el que sólo conoce la&lt;br /&gt;verdad especulativamente, aunque tenga en este&lt;br /&gt;conocimiento su deleite; ni tampoco es sabio el que obra&lt;br /&gt;actos de virtud por sólo el conocimiento, y menos si lo&lt;br /&gt;hace por otra causa; pero si por el gusto del sumo y verdadero&lt;br /&gt;bien, a quien sin engaño conoce, y en él y por él&lt;br /&gt;todas las verdades inferiores, obra con íntimo amor&lt;br /&gt;unitivo, éste será verdaderamente sabio. Este&lt;br /&gt;conocimiento administra a la sabiduría el don de&lt;br /&gt;entendimiento, que la precede y acompaña, y consiste en&lt;br /&gt;una íntima penetración de las verdades divinas y de las&lt;br /&gt;que a este orden se pueden reducir y encaminar; porque&lt;br /&gt;el espíritu escudriña las cosas profundas de Dios (1 Cor.,&lt;br /&gt;2, 10), como el Apóstol dice.&lt;br /&gt;605. Este mismo espíritu era necesario para entender y&lt;br /&gt;93&lt;br /&gt;decir algo de los dones de sabiduría y entendimiento que&lt;br /&gt;tuvo la Emperatriz del Cielo, María. El ímpetu del río&lt;br /&gt;que de la suma bondad estaba represado por tantos&lt;br /&gt;siglos eternos, alegró esta ciudad de Dios (Sal., 45, 5)&lt;br /&gt;con el corriente que, por medio del Unigénito del Padre y&lt;br /&gt;suyo que habitó en ella, derramó en su alma santísima;&lt;br /&gt;como si —a nuestro modo de entender— desaguara en&lt;br /&gt;este piélago de sabiduría el infinito mar de la divinidad,&lt;br /&gt;al mismo punto que pudo llamar al espíritu de sabiduría;&lt;br /&gt;y para que le llamase, vino a ella para que la&lt;br /&gt;deprendiese sin ficción y la comunicase sin envidia (Sab.,&lt;br /&gt;7, 13), como lo hizo; pues por medio de su sabiduría se&lt;br /&gt;manifestó al mundo la luz del Verbo Eterno Humanado.&lt;br /&gt;Conoció esta sapientísima Virgen la disposición del&lt;br /&gt;mundo, las condiciones de los elementos, el principio,&lt;br /&gt;medio y fin de los tiempos y sus mudanzas, los cursos de&lt;br /&gt;las estrellas, la naturaleza de los animales, las iras de las&lt;br /&gt;bestias fieras, la fuerza de lo vientos, la complexión y&lt;br /&gt;pensamientos de los hombres, las virtudes de las plantas,&lt;br /&gt;yerbas, árboles, frutos y. raíces, lo escondido y oculto&lt;br /&gt;(Sab., 7, 17-21) sobre el pensamiento de los hombres, los&lt;br /&gt;misterios y caminos retirados del Altísimo; todo lo&lt;br /&gt;conoció María nuestra Reina y lo gustó con el don de la&lt;br /&gt;sabiduría que bebió en su fuente original y quedó hecha&lt;br /&gt;palabra de su pensamiento.&lt;br /&gt;606. Allí recibió este vapor de la virtud de Dios y esta&lt;br /&gt;emanación de su caridad sincera (Sab., 7, 25) que la hizo&lt;br /&gt;inmaculada, y la preservó de la mancha que coinquina al&lt;br /&gt;alma, y quedó espejo sin mácula de la Majestad de&lt;br /&gt;Dios. Allí participó el espíritu de inteligencia que&lt;br /&gt;contiene la Sabiduría, y es santo, único, multiplicado,&lt;br /&gt;sutil, agudo, diserto, móvil, limpio, cierto, suave, amador&lt;br /&gt;del bien y que nada le impide, bienhechor, humano,&lt;br /&gt;benigno, estable, seguro, que todas las virtudes&lt;br /&gt;comprende, todo lo alcanza, todo lo entiende con limpieza&lt;br /&gt;y delgadeza purísima con que toca a una y otra&lt;br /&gt;94&lt;br /&gt;parte (Sab., 7, 22-23). Todas estas condiciones que dijo el&lt;br /&gt;Sabio del espíritu de Sabiduría, única y perfectamente&lt;br /&gt;estuvieron en María Santísima después de su Hijo&lt;br /&gt;Unigénito; y con la sabiduría le vinieron juntos todos los&lt;br /&gt;bienes (Sab., 7, 11), y en todas sus operaciones le&lt;br /&gt;precedían estos altísimos dones de Sabiduría y&lt;br /&gt;entendimiento, para que en todas las acciones de las&lt;br /&gt;otras virtudes fuese gobernada con ellos, y en todas&lt;br /&gt;estuviese embebida su incomparable sabiduría con que&lt;br /&gt;obraba.&lt;br /&gt;607. De los demás dones está dicho algo en sus virtudes,&lt;br /&gt;adonde pertenecen; pero como todo cuanto podemos&lt;br /&gt;entender y decir es tanto menos de lo que había en esta&lt;br /&gt;Ciudad Mística de María, siempre hallaremos mucho que&lt;br /&gt;añadir. El don de consejo se sigue en el orden de Isaías al&lt;br /&gt;de entendimiento; y consiste en una sobrenatural&lt;br /&gt;iluminación con que el Espíritu Santo toca al&lt;br /&gt;interior, iluminándole sobre toda humana y común&lt;br /&gt;inteligencia, para que elija todo lo más útil, decente y&lt;br /&gt;justo, y repruebe lo contrario, reduciendo a la voluntad&lt;br /&gt;con las reglas de la eterna e inmaculada Ley Divina a la&lt;br /&gt;unidad de un solo amor y conformidad de la perfecta&lt;br /&gt;voluntad del sumo bien; y con esta divina erudición&lt;br /&gt;deseche la criatura la multiplicidad y variedad de&lt;br /&gt;diversos afectos, y otros inferiores y externos amores y&lt;br /&gt;movimientos que pueden retardar o impedir al corazón&lt;br /&gt;humano, para que no oiga ni siga este Divino impulso y&lt;br /&gt;consejo, ni llegue a conformarse con aquel ejemplar vivo&lt;br /&gt;de Cristo Señor nuestro, que con altísimo consejo dijo al&lt;br /&gt;Eterno Padre: No se haga mi voluntad sino la tuya (Mt.,&lt;br /&gt;26, 39).&lt;br /&gt;608. El don de fortaleza es una participación o influjo&lt;br /&gt;de la virtud Divina que el Espíritu Santo comunica a la&lt;br /&gt;voluntad criada, para que felizmente animosa se levante&lt;br /&gt;sobre todo lo que puede y suele temer la humana&lt;br /&gt;95&lt;br /&gt;flaqueza de las tentaciones, dolores, tribulaciones,&lt;br /&gt;adversidades; y sobrepujándolo y venciéndolo todo,&lt;br /&gt;adquiera y conserve lo más arduo y excelente de las&lt;br /&gt;virtudes, y transcienda, suba y traspase todas las&lt;br /&gt;virtudes, gracias, consolaciones internas y espirituales,&lt;br /&gt;revelaciones, amores sensibles, por muy nobles y excelentes&lt;br /&gt;que sean, todo lo deje atrás, y se extienda con un&lt;br /&gt;Divino conato, hasta llegar a conseguir la íntima y&lt;br /&gt;suprema unión del sumo bien, a que con deseos&lt;br /&gt;ardentísimos anhela; donde con verdad salga del&lt;br /&gt;fuerte la dulzura (Jue., 14, 14), habiéndolo vencido todo&lt;br /&gt;en el que la conforta (Flp., 4, 13). El don de ciencia es una&lt;br /&gt;noticia judicativa con rectitud infalible de todo lo que se&lt;br /&gt;debe creer y obrar con las virtudes; y se diferencia del&lt;br /&gt;consejo, porque éste elige y aquella juzga, el uno hace&lt;br /&gt;juicio recto y el otro la prudente elección. Y el don de&lt;br /&gt;entendimiento se distingue, porque éste penetra las&lt;br /&gt;verdades Divinas internas de la fe y virtudes, como en&lt;br /&gt;una simple inteligencia; y el don de la ciencia conoce con&lt;br /&gt;magisterio lo que de ellas se deduce, aplicando las&lt;br /&gt;operaciones externas de las potencias a la perfección de&lt;br /&gt;la virtud, en la cual el don de ciencia es como raíz y&lt;br /&gt;madre de la discreción.&lt;br /&gt;609. El don de piedad es una virtud Divina o influjo con&lt;br /&gt;que el Espíritu Santo ablanda y como derrite y licueface&lt;br /&gt;la voluntad humana, moviéndola para todo lo que&lt;br /&gt;pertenece al obsequio del Altísimo y beneficio de los&lt;br /&gt;prójimos. Y con esta blandura y suave dulzura está pronta&lt;br /&gt;nuestra voluntad, y atenta la memoria para en todo&lt;br /&gt;tiempo, lugar y suceso alabar, bendecir y dar gracias y&lt;br /&gt;honor al sumo bien; y para tener compasión tierna y&lt;br /&gt;amorosa con las criaturas, sin faltarles en sus trabajos y&lt;br /&gt;necesidades. No se impide [sic] este don de piedad con&lt;br /&gt;la envidia, ni conoce odio, ni avaricia, ni tibieza, ni&lt;br /&gt;estrecheza de corazón; porque causa en él una fuerte y&lt;br /&gt;suave inclinación con que sale dulce y amorosamente a&lt;br /&gt;96&lt;br /&gt;todas las obras del divino amor y del prójimo; y a quien le&lt;br /&gt;tiene, le hace benévolo, obsequioso, oficioso y diligente.&lt;br /&gt;Y por eso dijo el Apóstol que el ejercicio de la piedad era&lt;br /&gt;útil para todas las cosas (1 Tim., 4, 8), y tiene la promesa&lt;br /&gt;de la vida eterna; porque es un instrumento nobilísimo de&lt;br /&gt;la caridad.&lt;br /&gt;610. En el último lugar está el don de temor de Dios tan&lt;br /&gt;alabado, encarecido y encomendado repetidamente en&lt;br /&gt;la Escritura Divina y por los Santos Doctores, como&lt;br /&gt;fundamento de la perfección cristiana y principio de la&lt;br /&gt;verdadera sabiduría; porque el temor de Dios es el&lt;br /&gt;primero que resiste a la estulticia arrogante de los&lt;br /&gt;hombres y el que con mayor fuerza la destruye y&lt;br /&gt;desvanece. Este don tan importante consiste en una&lt;br /&gt;amorosa fuga y nobilísima erubescencia y encogimiento&lt;br /&gt;con que el alma se retrae a sí misma y a su propia&lt;br /&gt;condición y bajeza, considerándola en comparación de la&lt;br /&gt;suprema grandeza y majestad de Dios; y no queriendo&lt;br /&gt;sentir de sí ni saber altamente, teme, como enseñó el&lt;br /&gt;Apóstol (Rom., 11, 20). Tiene sus grados este temor santo,&lt;br /&gt;porque al principio se llama inicial y después se llama&lt;br /&gt;filial; porque primero comienza huyendo de la culpa&lt;br /&gt;como contraria al sumo bien que ama con reverencia, y&lt;br /&gt;después prosigue en su abatimiento y desprecio, porque&lt;br /&gt;compara su propio ser con la majestad, su ignorancia con&lt;br /&gt;la sabiduría, su pobreza con la infinita opulencia. Y todo&lt;br /&gt;esto hallándose rendida a la Divina voluntad con&lt;br /&gt;plenitud, se humilla y rinde a todas las criaturas por Dios;&lt;br /&gt;y para con Él y con ellas se mueve con un amor íntimo,&lt;br /&gt;llegando a la perfección de los hijos del mismo Dios y a la&lt;br /&gt;suprema unidad de espíritu con el Padre, Hijo y Espíritu&lt;br /&gt;Santo.&lt;br /&gt;611. Si me dilatara más en la explicación de estos&lt;br /&gt;dones, saliera mucho de mi intento y alargara demasiado&lt;br /&gt;este discurso; lo que digo me parece suficiente para&lt;br /&gt;97&lt;br /&gt;entender su naturaleza y condiciones. Y habiéndola&lt;br /&gt;entendido se debe considerar que en la Soberana&lt;br /&gt;Reina del cielo estuvieron todos los dones del Espíritu&lt;br /&gt;Santo, no sólo en el grado suficiente y común que&lt;br /&gt;tienen en su género cada uno —porque esto puede&lt;br /&gt;ser común a otros Santos— pero estuvieron en esta&lt;br /&gt;Señora con especial excelencia y privilegio, cual no pudo&lt;br /&gt;caber en otro Santo alguno, ni pudiera ser conveniente a&lt;br /&gt;otro inferior suyo. Entendido, pues, en qué consiste el&lt;br /&gt;temor santo, la piedad, la fortaleza, la ciencia y el&lt;br /&gt;consejo, en cuanto son dones especiales del Espíritu&lt;br /&gt;Santo, extiéndase el juicio humano y el entendimiento&lt;br /&gt;angélico y piense lo más alto, lo más noble, lo más excelente,&lt;br /&gt;lo más perfecto, lo más divino; que sobre lo que&lt;br /&gt;concibieron todas juntas las criaturas están los dones de&lt;br /&gt;María, y lo inferior de ellos es lo supremo del&lt;br /&gt;pensamiento criado; así como lo supremo de los dones de&lt;br /&gt;esta Señora y Reina de las virtudes toca, en algún modo,&lt;br /&gt;a lo ínfimo de Cristo y de la Divinidad.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina Santísima María.&lt;br /&gt;612. Hija mía, estos nobilísimos y excelentísimos dones&lt;br /&gt;del Espíritu Santo que has entendido, son la emanación&lt;br /&gt;por donde la Divinidad se comunica y transfiere a las&lt;br /&gt;almas santas; y por esto no admiten limitación de su&lt;br /&gt;parte, como la tienen del sujeto donde se reciben. Y si las&lt;br /&gt;criaturas desocupasen el corazón de los afectos y amor&lt;br /&gt;terreno, aunque su corazón es limitado, participarían sin&lt;br /&gt;tasa el torrente de la Divinidad infinita por medio de los&lt;br /&gt;inestimables dones del Espíritu Santo. Las virtudes&lt;br /&gt;purifican a la criatura de la fealdad y mácula de los&lt;br /&gt;vicios, si los tenía, y con ellas comienza a restaurar el&lt;br /&gt;orden concertado de sus potencias, perdido primero por&lt;br /&gt;el pecado original y después por los actuales propios; y&lt;br /&gt;añaden hermosura, fuerza y deleite en el bien obrar. Pero&lt;br /&gt;los dones del Espíritu Santo levantan a las mismas&lt;br /&gt;98&lt;br /&gt;virtudes a una sublime perfección, ornato y hermosura&lt;br /&gt;con que se dispone, hermosea y agracia el alma para&lt;br /&gt;entrar en el tálamo del Esposo, donde por admirable&lt;br /&gt;modo queda unida con la Divinidad en un espíritu y&lt;br /&gt;vínculo de la eterna paz. Y de aquel felicísimo estado&lt;br /&gt;sale fidelísima y seguramente a las operaciones de&lt;br /&gt;heroicas virtudes, y con ellas se vuelve a retraer al&lt;br /&gt;mismo principio donde salió, que es el mismo Dios, en&lt;br /&gt;cuya sombra (Cant., 2, 3) descansa sosegada y quieta, sin&lt;br /&gt;que la perturben los ímpetus furiosos de las pasiones&lt;br /&gt;y sus desordenados apetitos; pero esta felicidad&lt;br /&gt;alcanzan pocos, y sólo por experiencia la conoce quien la&lt;br /&gt;recibe.&lt;br /&gt;613. Advierte, pues, carísima, y con atención&lt;br /&gt;profunda considera cómo ascenderás a lo alto de estos&lt;br /&gt;dones; porque la voluntad del Señor y la mía es que&lt;br /&gt;subas más arriba (Lc., 14, 10) en el convite que te&lt;br /&gt;previene su dulzura con la bendición de los dones (Sal.,&lt;br /&gt;20, 4), que para este fin de su liberalidad recibiste.&lt;br /&gt;Atiende que para la eternidad hay solos dos caminos: uno&lt;br /&gt;que lleva a la eterna muerte por el desprecio de la virtud&lt;br /&gt;y por la ignorancia de la Divinidad; otro lleva a la eterna&lt;br /&gt;vida por el conocimiento fructuoso del Altísimo; porque&lt;br /&gt;ésta es la vida eterna, que le conozcan a él y a su&lt;br /&gt;Unigénito que envió al mundo (Jn., 17, 3). El camino de la&lt;br /&gt;muerte siguen infinitos necios (Ecl., 1, 45) que ignoran su&lt;br /&gt;misma ignorancia, presunción y soberbia con formidable&lt;br /&gt;insipiencia. A los que llamó su Misericordia a su&lt;br /&gt;admirable lumbre (1 Pe., 2, 9) y los reengendró en hijos&lt;br /&gt;de la luz, les dio en esta generación el nuevo ser que&lt;br /&gt;tienen por la fe, esperanza y caridad, que los hace suyos&lt;br /&gt;y herederos de la Divina y eterna fruición; y reducidos al&lt;br /&gt;ser de hijos les dio las virtudes que se infunden en la&lt;br /&gt;primera justificación, para que como hijos de la luz obren&lt;br /&gt;con proporción operaciones de luz; y tras ellas tiene&lt;br /&gt;prevenidos los dones del Espíritu Santo. Y como el sol&lt;br /&gt;99&lt;br /&gt;material a nadie niega su calor y luz, si hay capacidad y&lt;br /&gt;disposición para recibir la fuerza de sus rayos, tampoco&lt;br /&gt;la Divina Sabiduría que, dando voces en los altos montes,&lt;br /&gt;sobre los caminos reales y en las sendas más ocultas, en&lt;br /&gt;las puertas y plazas de las ciudades (Prov., 8, 1-3),&lt;br /&gt;convida y llama a todos, a ninguno se negaría ni&lt;br /&gt;ocultaría. Pero la estulticia de los mortales los hace&lt;br /&gt;sordos, o la malicia impía los hace irrisores, y la&lt;br /&gt;incrédula perversidad los aparta de Dios, cuya sabiduría&lt;br /&gt;no halla lugar en el corazón malévolo, ni en el cuerpo&lt;br /&gt;sujeto a pecados (Sab., 1, 4).&lt;br /&gt;614. Pero tú, hija mía, advierte en tus promesas, vocación&lt;br /&gt;y deseos; porque la lengua que miente a Dios es feo&lt;br /&gt;homicida de su alma (Sab., 1, 11); y no celes la muerte en&lt;br /&gt;el error de la vida, ni adquieras la perdición con las&lt;br /&gt;obras de tus manos, como se te manifiesta en la divina&lt;br /&gt;luz que lo hacen los hijos de las tinieblas. Teme al&lt;br /&gt;poderoso Dios y Señor con temor santo, humilde y bien&lt;br /&gt;ordenado, y en todas tus obras te gobierna con este&lt;br /&gt;Maestro. Ofrece tu corazón blando, fácil y dócil a la&lt;br /&gt;disciplina y obras de piedad. Juzga con rectitud de la&lt;br /&gt;virtud y del vicio. Anímate con invencible fortaleza para&lt;br /&gt;obrar lo más arduo y levantado y sufrir lo más adverso y&lt;br /&gt;difícil de los trabajos. Elige con discreción los medios&lt;br /&gt;para la ejecución de estas obras. Atiende a la fuerza de&lt;br /&gt;la divina luz, con que transcenderás todo lo sensible y&lt;br /&gt;subirás al conocimiento altísimo de lo oculto de la Divina&lt;br /&gt;sabiduría y aprenderás a dividir el hombre nuevo del&lt;br /&gt;antiguo; y te harás capaz de recibirla, cuando entrando&lt;br /&gt;en la oficina del vino de tu Esposo serás embriagada de&lt;br /&gt;su amor, ordenada en ti su caridad eterna.&lt;br /&gt;CAPITULO 14&lt;br /&gt;Decláranse las formas y modos de visiones Divinas&lt;br /&gt;que tenía la Reina del Cielo y los efectos que en ella&lt;br /&gt;100&lt;br /&gt;causaban.&lt;br /&gt;615. La gracia de visiones Divinas, revelaciones y raptos&lt;br /&gt;—no hablo de la visión beatífica— aunque son&lt;br /&gt;operaciones del Espíritu Santo, se distinguen de la gracia&lt;br /&gt;justificante y virtudes que santifican y perfeccionan el&lt;br /&gt;alma en sus operaciones; y porque no todos los justos y&lt;br /&gt;Santos tienen forzosamente visiones ni revelaciones&lt;br /&gt;Divinas, se prueba que puede estar la santidad y virtudes&lt;br /&gt;sin estos dones. Y también que no se han de regular las&lt;br /&gt;revelaciones y visiones por la santidad y perfección de&lt;br /&gt;los que las tienen, sino por la voluntad Divina que las&lt;br /&gt;concede a quien es servido y cuando conviene, y en el&lt;br /&gt;grado que su sabiduría y voluntad dispensan, obrando&lt;br /&gt;siempre con medida y peso (Sab., 11, 21) para los fines&lt;br /&gt;que pretende en su Iglesia; bien puede comunicar Dios&lt;br /&gt;mayores y más altas visiones y revelaciones al menos&lt;br /&gt;santo y menores al mayor. Y el don de la profecía con&lt;br /&gt;otros gratis datos puede concederlos a los que no son&lt;br /&gt;santos; y algunos raptos pueden resultar de causa que no&lt;br /&gt;sea precisamente virtud de la voluntad; y por esto,&lt;br /&gt;cuando se hace comparación entre la excelencia de los&lt;br /&gt;profetas, no se habla de la santidad, que solo Dios puede&lt;br /&gt;ponderarla (Prov., 16 2), sino de la luz de la profecía y&lt;br /&gt;modo de recibirla, en que se puede juzgar cuál sea más o&lt;br /&gt;menos levantado, según diferentes razones. Y en la que&lt;br /&gt;se funda esta doctrina es, porque la caridad y virtudes,&lt;br /&gt;que hacen santos y perfectos a los que las tienen, tocan a&lt;br /&gt;la voluntad, y las visiones, revelaciones y algunos raptos&lt;br /&gt;pertenecen al entendimiento o parte intelectiva, cuya&lt;br /&gt;perfección no santifica al alma.&lt;br /&gt;616. Pero no obstante que la gracia de visiones&lt;br /&gt;divinas sea distinta de la santidad y virtudes, qué&lt;br /&gt;pueden separarse, con todo eso la voluntad y Providencia&lt;br /&gt;Divina las junta muchas veces según el fin y motivo que&lt;br /&gt;tiene en comunicar estos dones gratuitos de las&lt;br /&gt;101&lt;br /&gt;revelaciones particulares; porque algunas veces las&lt;br /&gt;ordena al beneficio público común de la Iglesia, como lo&lt;br /&gt;dice el Apóstol (1 Cor., 12, 7); y sucedió con los profetas&lt;br /&gt;que inspirados de Dios por Divinas revelaciones del&lt;br /&gt;Espíritu Santo (2 Pe., 1, 21), y no por su propia&lt;br /&gt;imaginación, hablaron y profetizaron para nosotros (1&lt;br /&gt;Pe., 1, 10) los Misterios de la Redención y Ley Evangélica.&lt;br /&gt;Y cuando las revelaciones y visiones son de esta condición,&lt;br /&gt;no es necesario que se junten con la santidad;&lt;br /&gt;pues Balaán fue profeta y no era santo. Pero a la Divina&lt;br /&gt;Providencia convino con gran congruencia que&lt;br /&gt;comúnmente los Profetas fuesen Santos, y no depositase&lt;br /&gt;el espíritu de profecía y divinas revelaciones en vasos&lt;br /&gt;inmundos fácil y frecuentemente —(aunque en algún caso&lt;br /&gt;particular lo hiciese como poderoso)—, porque no&lt;br /&gt;derogase a la verdad Divina y a su Magisterio la mala&lt;br /&gt;vida del instrumento; y por otras muchas razones.&lt;br /&gt;617. Otras veces las Divinas revelaciones y visiones o no&lt;br /&gt;son de cosas tan generales y no se enderezan al bien&lt;br /&gt;común inmediatamente, sino al beneficio particular del&lt;br /&gt;que las recibe; y así como las primeras son efecto del&lt;br /&gt;amor que Dios tuvo y tiene a su Iglesia, así estas&lt;br /&gt;revelaciones particulares tienen por causa el amor&lt;br /&gt;especial con que ama Dios al alma, que se las comunica&lt;br /&gt;para enseñarla y levantarla a más alto grado de amor y&lt;br /&gt;perfección. Y en este modo de revelaciones se transfiere&lt;br /&gt;el espíritu de la sabiduría por diferentes generaciones en&lt;br /&gt;las almas santas para hacer profetas y amigos de Dios&lt;br /&gt;(Sab., 7, 27). Y como la causa eficiente es el amor divino&lt;br /&gt;particularizado con algunas almas, así la causa final y&lt;br /&gt;efecto es la santidad, pureza y amor de las mismas&lt;br /&gt;almas; y el beneficio de las visiones y revelaciones es el&lt;br /&gt;medio por donde se consigue todo esto.&lt;br /&gt;618. No quiero decir en esto que las revelaciones y&lt;br /&gt;visiones Divinas son medio preciso y necesario&lt;br /&gt;102&lt;br /&gt;absolutamente para hacer santos y perfectos, porque&lt;br /&gt;muchos lo son por otros medios, sin estos beneficios;&lt;br /&gt;pero suponiendo esta verdad, que sólo pende de&lt;br /&gt;la Divina voluntad conceder o negar a los justos estos&lt;br /&gt;dones particulares, con todo esto, de parte nuestra y de&lt;br /&gt;parte del Señor hay algunas razones de congruencia que&lt;br /&gt;alcanzamos para que Su Majestad las comunique tan&lt;br /&gt;frecuentemente a muchos siervos suyos. La primera entre&lt;br /&gt;otras es, porque de parte de la criatura ignorante el&lt;br /&gt;modo más proporcionado y conveniente para que se&lt;br /&gt;levante a las cosas eternas, entre en ellas y se&lt;br /&gt;espiritualice para llegar a la perfecta unión del sumo&lt;br /&gt;bien, es la luz sobrenatural que se le comunica de los&lt;br /&gt;Misterios y secretos del Altísimo por las particulares&lt;br /&gt;revelaciones, visiones e inteligencias que recibe en la&lt;br /&gt;soledad y en el exceso de su mente; y para esto la&lt;br /&gt;convida el mismo Señor con repetidas promesas y&lt;br /&gt;caricias, de cuyos misterios está llena la Escritura Santa,&lt;br /&gt;y en particular los Cantares de Salomón.&lt;br /&gt;619. La segunda razón es de parte del Señor, porque el&lt;br /&gt;amor es impaciente para no comunicar sus bienes y&lt;br /&gt;secretos al amado y al amigo. Ya no quiero llamaros ni&lt;br /&gt;trataros como a siervos, sino como a amigos —dijo a los&lt;br /&gt;apóstoles el Maestro de la verdad eterna (Jn., 15, 15)—&lt;br /&gt;porque os he manifestado los secretos de mi Padre. Y de&lt;br /&gt;Moisés se dice que Dios hablaba con él como con un&lt;br /&gt;amigo (Ex., 33, 11). Y los Santos Padres, Patriarcas y&lt;br /&gt;Profetas no sólo recibieron del Espíritu Divino las&lt;br /&gt;revelaciones generales, pero otras muchas particulares y&lt;br /&gt;privadas, en testimonio del amor que les tenía Dios, como&lt;br /&gt;se colige de la petición de San Moisés que le dejase el&lt;br /&gt;Señor ver su cara (Ib. 13). Esto mismo dicen los títulos que&lt;br /&gt;da el Altísimo a las almas escogidas, llamándolas&lt;br /&gt;esposa, amiga, paloma, hermana, perfecta, dilecta,&lt;br /&gt;hermosa (Cant., 4, 8-9; 2, 10; 1, 14), etc. Y todos estos&lt;br /&gt;títulos, aunque declaran mucho de la fuerza del Divino&lt;br /&gt;103&lt;br /&gt;amor y sus efectos, pero todos significan menos de lo que&lt;br /&gt;hace el Rey supremo con quien así quiere honrar; porque&lt;br /&gt;sólo este Señor es poderoso para lo que quiere, y sabe&lt;br /&gt;querer como esposo, como amigo, como padre, y como&lt;br /&gt;infinito y sumo bien, sin tasa ni medida.&lt;br /&gt;620. Y no pierde su crédito esta verdad por no ser&lt;br /&gt;entendida de la sabiduría carnal; ni tampoco porque&lt;br /&gt;algunas almas se hayan deslumbrado con ella, dejándose&lt;br /&gt;engañar por el ángel de Satanás transformado en luz (2&lt;br /&gt;Cor., 11, 14), con algunas visiones y revelaciones falsas.&lt;br /&gt;Este daño ha sido más frecuente en mujeres por su&lt;br /&gt;ignorancia y pasiones, pero también ha tocado a muchos&lt;br /&gt;varones al parecer fuertes y científicos. Pero en todos ha&lt;br /&gt;nacido de una mala raíz; y no hablo de los que con&lt;br /&gt;diabólica hipocresía han fingido falsas y aparentes&lt;br /&gt;revelaciones, visiones y raptos sin tenerlos, sino de los&lt;br /&gt;que con engaño las han padecido y recibido del demonio,&lt;br /&gt;aunque no sin grave culpa y consentimiento. Los primeros&lt;br /&gt;más se puede decir que engañan, y los segundos que al&lt;br /&gt;principio son engañados; porque la antigua serpiente,&lt;br /&gt;que los conoce inmortificados en las pasiones y poco&lt;br /&gt;ejercitados los sentidos interiores en la ciencia de las&lt;br /&gt;cosas Divinas, les introduce con sutileza astutísima una&lt;br /&gt;oculta presunción de que son muy favorecidos de Dios y&lt;br /&gt;les roba el humilde temor, levantándolos en deseos vanos&lt;br /&gt;de curiosidad y de saber cosas altas y revelaciones,&lt;br /&gt;codiciando visiones extáticas y ser singulares y señalados&lt;br /&gt;en estos favores; con que abren la puerta al demonio,&lt;br /&gt;para que los llene de errores y falsas ilusiones y les&lt;br /&gt;entorpezca los sentidos con una confusa tiniebla interior,&lt;br /&gt;sin que entiendan ni conozcan cosa Divina ni verdadera,&lt;br /&gt;si no es alguna que les representa el enemigo para&lt;br /&gt;acreditar sus engaños y disimular su veneno.&lt;br /&gt;621. A este peligroso engaño se ocurre temiendo con&lt;br /&gt;humildad y no deseando saber altamente (Rom., 11, 20),&lt;br /&gt;104&lt;br /&gt;no juzgando su aprovechamiento en el tribunal&lt;br /&gt;apasionado del propio juicio y prudencia, remitiéndolo a&lt;br /&gt;Dios y a sus Ministros y Confesores Doctos, examinando&lt;br /&gt;la intención; pues no hay duda que se conocerá si el alma&lt;br /&gt;desea estos favores por medio de la virtud y perfección o&lt;br /&gt;por la gloria exterior de los hombres. Y lo seguro es&lt;br /&gt;nunca desearlos y temer siempre el peligro, que es&lt;br /&gt;grande en todos tiempos y mayor en los principios;&lt;br /&gt;porque las devociones y dulzuras sensibles, dado que&lt;br /&gt;sean del Señor —que tal vez las remeda el demonio— no&lt;br /&gt;las envía Su Majestad porque el alma esté capaz del&lt;br /&gt;manjar sólido de los mayores secretos y favores, sino por&lt;br /&gt;alimento de párvulos, para que con más veras se retiren&lt;br /&gt;de los vicios y se nieguen a lo sensible y no porque se&lt;br /&gt;imaginen por adelantados en la virtud; pues aun los&lt;br /&gt;raptos que resultan de admiración, suponen más&lt;br /&gt;ignorancia que amor. Pero cuando el amor llega a ser&lt;br /&gt;extático, fervoroso, ardiente, moble, líquido, inaccesible,&lt;br /&gt;impaciente de otra cosa fuera de la que ama, y con esto&lt;br /&gt;ha cobrado imperio sobre todo afecto humano, entonces&lt;br /&gt;está dispuesta el alma para recibir la luz de las&lt;br /&gt;revelaciones ocultas y visiones Divinas, y más se dispone&lt;br /&gt;cuanto con esta luz Divina sabe desearlas menos por&lt;br /&gt;indigna de menores beneficios. Y no se admiren los&lt;br /&gt;hombres sabios de que las mujeres hayan sido tan&lt;br /&gt;favorecidas en estos dones; porque a más de ser&lt;br /&gt;fervientes en el amor escoge Dios lo más flaco por testigo&lt;br /&gt;más abonado de su poder; y tampoco no tienen la&lt;br /&gt;ciencia de la teología adquirida como los varones&lt;br /&gt;doctos, si no se les infunde el Altísimo para iluminar su&lt;br /&gt;flaco e ignorante juicio.&lt;br /&gt;622. Entendida esta doctrina —cuando no hubiera en&lt;br /&gt;María Santísima otras especiales razones— conoceremos&lt;br /&gt;que las divinas revelaciones y visiones que le comunicó el&lt;br /&gt;Altísimo fueron más altas, más admirables, más&lt;br /&gt;frecuentes y divinas que a todo el resto de los Santos.&lt;br /&gt;105&lt;br /&gt;Estos dones —como los demás— se han de medir con su&lt;br /&gt;dignidad, santidad, pureza y con el amor que su Hijo y&lt;br /&gt;toda la beatísima Trinidad tenía a la que era Madre del&lt;br /&gt;Hijo, Hija del Padre y Esposa del Espíritu Santo. Con estos&lt;br /&gt;títulos se le comunicaban los influjos de la divinidad,&lt;br /&gt;siendo Cristo Señor nuestro y su Madre más amados con&lt;br /&gt;infinito exceso que todo el resto de los Santos Ángeles y&lt;br /&gt;hombres. A cinco grados o géneros de visiones divinas&lt;br /&gt;reduciré las que tuvo nuestra soberana Reina, y de cada&lt;br /&gt;una diré lo que pudiere, como se me ha manifestado.&lt;br /&gt;Visión clara de la Divina esencia a María Santísima.&lt;br /&gt;623. La primera y sobreexcelente fue la visión beatífica&lt;br /&gt;de la esencia Divina, que muchas veces vio claramente&lt;br /&gt;siendo viadora y de paso; y todas las iré nombrando&lt;br /&gt;desde el principio de esta Historia (Cf. supra n. 333, 340;&lt;br /&gt;infra p. II n. 139, 473, 956, 1523 y p. III n. 62, 494, 603, 616,&lt;br /&gt;654, 685) en los tiempos y ocasiones que recibió este&lt;br /&gt;supremo beneficio para la criatura. De otros Santos&lt;br /&gt;dudan algunos doctores si en la carne mortal han llegado&lt;br /&gt;a ver la Divinidad clara e intuitivamente; pero dejando&lt;br /&gt;las opiniones de los otros, no la puede haber de la Reina&lt;br /&gt;del Cielo, a quien se hiciera injuria en medirla con la&lt;br /&gt;regla común de los demás Santos; pues muchos y más&lt;br /&gt;favores y gracias de las que en ellos eran posibles se&lt;br /&gt;ejecutaron en la Madre de la gracia, y por lo menos la&lt;br /&gt;visión beatífica es posible de paso —sea por el modo que&lt;br /&gt;fuere— en los viadores. La primera disposición en el alma&lt;br /&gt;que ha de ver la cara de Dios, es la gracia santificante en&lt;br /&gt;grado muy perfecto y no ordinario; la que tenía la santísima&lt;br /&gt;alma de María desde el primer instante fue&lt;br /&gt;superabundante y con tal plenitud que excedía a los&lt;br /&gt;supremos Serafines. A la gracia santificante ha de&lt;br /&gt;acompañar para ver a Dios gran pureza en las potencias,&lt;br /&gt;sin haber en ellas reliquia ni efecto ninguno de la culpa; y&lt;br /&gt;como si en un vaso que hubiese recibido algún licor&lt;br /&gt;106&lt;br /&gt;inmundo, sería necesario lavarle, limpiarle y purificarle&lt;br /&gt;hasta que no le quedase olor ni resabios de él, para que&lt;br /&gt;no se mezclase con otro licor purísimo que se había de&lt;br /&gt;poner en el mismo vaso, así del pecado y sus efectos —y&lt;br /&gt;más de los actuales— queda el alma como inficionada y&lt;br /&gt;contaminada. Y porque todos estos efectos la&lt;br /&gt;improporcionan con la suma bondad, es necesario que&lt;br /&gt;para unirse con ella por visión clara y amor beatífico sea&lt;br /&gt;primero lavada y purificada, de suerte que no le quede&lt;br /&gt;remanente, ni olor, ni sabor de pecado, ni hábito vicioso,&lt;br /&gt;ni inclinación adquirida por ellos. Y no sólo se entiende&lt;br /&gt;esto de los efectos y máculas que dejan los pecados&lt;br /&gt;mortales, sino también de los veniales, que causan en el&lt;br /&gt;alma justa su particular fealdad, como —a nuestro modo&lt;br /&gt;de entender— si a un cristal purísimo le tocase el aliento&lt;br /&gt;que le entrapa y oscurece; y todo esto se ha de purificar y&lt;br /&gt;reparar para ver a Dios claramente.&lt;br /&gt;624. A más de esta pureza, que es como negación de&lt;br /&gt;mácula, si la naturaleza del que ha de ver a Dios&lt;br /&gt;beatíficamente está corrupta por el primer pecado, es&lt;br /&gt;necesario cauterizar el fomes; de suerte que para este&lt;br /&gt;supremo beneficio quede extincto o ligado, como si no&lt;br /&gt;le tuviese la criatura; porque entonces no ha de tener&lt;br /&gt;principio ni causa próxima que la incline al pecado ni a&lt;br /&gt;imperfección alguna; porque ha de quedar como&lt;br /&gt;imposibilitado el libre albedrío para todo lo que repugna&lt;br /&gt;a la suma santidad y bondad; y de aquí y de lo que diré&lt;br /&gt;adelante se entenderá la dificultad de esta disposición&lt;br /&gt;viviendo el alma en carne mortal. Y que se ha de&lt;br /&gt;conceder este altísimo beneficio con mucho tiento y no&lt;br /&gt;sin grandes causas y mucho acuerdo, la razón que yo&lt;br /&gt;entiendo es, porque en la criatura sujeta al pecado hay&lt;br /&gt;dos improporciones y distancias inmensas comparada&lt;br /&gt;con la Divina naturaleza; la una consiste en que Dios es&lt;br /&gt;invisible, infinito, acto purísimo y simplicísimo, y la&lt;br /&gt;criatura es corpórea, terrena, corruptible y grosera; la&lt;br /&gt;107&lt;br /&gt;otra es la que causa el pecado, que dista sin medida de&lt;br /&gt;la suma bondad; y ésta es mayor improporción y&lt;br /&gt;distancia que la primera; pero entrambas se han de&lt;br /&gt;quitar para unirse estos extremos tan distantes, llegando&lt;br /&gt;la criatura a ponerse en el supremo modo con la&lt;br /&gt;divinidad y asimilarse al mismo Dios, viéndole y&lt;br /&gt;gozándole como él es (1 Jn., 3, 2).&lt;br /&gt;625. Toda esta disposición de pureza y limpieza de&lt;br /&gt;culpa o imperfección tenía la Reina del Cielo en más alto&lt;br /&gt;grado que los mismos Ángeles; porque ni le tocó el&lt;br /&gt;pecado original ni actual, ni los efectos de ninguno de&lt;br /&gt;ellos; más pudo en ella la Divina gracia y protección para&lt;br /&gt;esto que en los ángeles la naturaleza por donde estaban&lt;br /&gt;libres de contraer estos defectos; y por esta parte no&lt;br /&gt;tenía María Santísima improporción ni óbice de culpa&lt;br /&gt;que la retardase para ver la Divinidad. Por otra parte, a&lt;br /&gt;más de ser inmaculada, su gracia en el primer instante&lt;br /&gt;sobreexcedía a la de los ángeles y Santos, y sus&lt;br /&gt;merecimientos eran con proporción a la gracia; porque&lt;br /&gt;en el primer acto mereció más que todos con los&lt;br /&gt;supremos y últimos que hicieron para llegar a la visión&lt;br /&gt;beatífica de que gozan. Conforme a esto, si en los demás&lt;br /&gt;Santos es justicia diferir el premio que merecen de la&lt;br /&gt;gloria hasta que llegue el término de la vida mortal, y con&lt;br /&gt;él también el de merecerla, no parece contra justicia que&lt;br /&gt;con María Santísima no se entienda tan rigurosamente&lt;br /&gt;esta ley, y que con ella tenga el altísimo Gobernador otra&lt;br /&gt;providencia y la tuviese mientras vivía en carne mortal.&lt;br /&gt;No sufría tanta dilación el amor de la Beatísima Trinidad&lt;br /&gt;para con esta Señora, sin manifestársele muchas veces;&lt;br /&gt;pues lo merecía sobre todos los Ángeles, Serafines y&lt;br /&gt;Santos que con menos gracia y merecimientos habían de&lt;br /&gt;gozar del sumo bien. Fuera de esta razón, había otra de&lt;br /&gt;congruencia para manifestarse la Divinidad claramente,&lt;br /&gt;por ser elegida para Madre del mismo Dios, porque&lt;br /&gt;conociese con experiencia y fruición el tesoro de la&lt;br /&gt;108&lt;br /&gt;Divinidad infinita, a quien había de vestir de carne mortal&lt;br /&gt;y traer en sus virginales entrañas; y después tratase a su&lt;br /&gt;Hijo Santísimo como a Dios verdadero, de cuya vista&lt;br /&gt;había gozado.&lt;br /&gt;626. Pero con toda la pureza y limpieza que está dicha&lt;br /&gt;y añadiéndole al alma la gracia que la santifica, no está&lt;br /&gt;proporcionada ni dispuesta para la visión beatífica,&lt;br /&gt;porque le faltan otras disposiciones y efectos Divinos que&lt;br /&gt;recibía la Reina del cielo cuando gozaba de este&lt;br /&gt;beneficio; y con mayor razón las ha menester cualquiera&lt;br /&gt;otra alma si le hiciesen este favor en carne mortal.&lt;br /&gt;Estando, pues, el alma limpia y santificada, como he&lt;br /&gt;dicho, le da el Altísimo un retoque como con un fuego&lt;br /&gt;espiritualísimo, que la caldea y acrisola como al oro el&lt;br /&gt;fuego material, al modo que los Serafines purificaron a&lt;br /&gt;Isaías (Is., 6, 7). Este beneficio hace dos efectos en el&lt;br /&gt;alma; el uno, que la espiritualiza y separa de ella —a&lt;br /&gt;nuestro modo de entender— la escoria y terrenidad de su&lt;br /&gt;propio ser y de la unión terrena del cuerpo material; el&lt;br /&gt;otro, que llena toda el alma de una nueva luz que&lt;br /&gt;destierra no sé qué oscuridad y tinieblas, como la luz del&lt;br /&gt;alba destierra las de la noche; y esta nueva luz se queda&lt;br /&gt;en posesión, y la deja clarificada y llena de nuevos&lt;br /&gt;resplandores de este fuego. Y a esta luz se siguen otros&lt;br /&gt;efectos en el alma; porque, si tiene o ha tenido culpas,&lt;br /&gt;las llora con incomparable dolor y contrición, a que no&lt;br /&gt;puede llegar ningún otro dolor humano, que todos en&lt;br /&gt;comparación del que aquí se siente son muy poco&lt;br /&gt;penosos. Luego se siente otro efecto de esta luz, que&lt;br /&gt;purifica el entendimiento de todas las especies que ha&lt;br /&gt;cobrado por los sentidos de las cosas terrenas y visibles&lt;br /&gt;o sensibles, porque todas estas imágenes y especies&lt;br /&gt;adquiridas por los sentidos desproporcionan al&lt;br /&gt;entendimiento y le sirven de óbice para ver claramente al&lt;br /&gt;sumo espíritu de la divinidad; y así es necesario despejar&lt;br /&gt;la potencia y limpiarla de aquellos terrenos simulacros y&lt;br /&gt;109&lt;br /&gt;retratos que la ocupan, no sólo para que no vea clara e&lt;br /&gt;intuitivamente a Dios, pero también para que no le vea&lt;br /&gt;abstractivamente, que para esta visión asimismo es&lt;br /&gt;necesario purificarle.&lt;br /&gt;627. En el alma purísima de nuestra Reina, como no&lt;br /&gt;había culpas que llorar, hacían los demás efectos estas&lt;br /&gt;iluminaciones y purificaciones, comenzando a elevar a la&lt;br /&gt;misma naturaleza y proporcionarla para que no estuviese&lt;br /&gt;tan distante del último fin y no sintiese los efectos de lo&lt;br /&gt;sensible y dependencia del cuerpo. Y junto con esto&lt;br /&gt;causaban en aquella alma candidísima nuevos afectos y&lt;br /&gt;movimientos de humillación y propio conocimiento de la&lt;br /&gt;nada de la criatura, comparada con el Criador y con sus&lt;br /&gt;beneficios; con que se movía su inflamado corazón a&lt;br /&gt;otros muchos actos heroicos de virtudes; y los mismos&lt;br /&gt;efectos haría este beneficio respectivamente, si Dios se&lt;br /&gt;le comunicase a otras almas disponiéndolas para las&lt;br /&gt;visiones de su Divinidad.&lt;br /&gt;628. Bien podría juzgar nuestra rudeza que bastan para&lt;br /&gt;llegar a la visión beatífica estas disposiciones referidas;&lt;br /&gt;pero no es así, porque sobre ellas falta otra cualidad,&lt;br /&gt;vapor o lumen más divino, antes del lumen gloriae. Y esta&lt;br /&gt;nueva purificación, aunque es semejante a las que he&lt;br /&gt;dicho, todavía es diferente en sus efectos; porque levanta&lt;br /&gt;al alma a otro estado más alto y sereno, donde con&lt;br /&gt;mayor tranquilidad siente una paz dulcísima, la cual no&lt;br /&gt;sentía en el estado de las disposiciones y purificaciones&lt;br /&gt;primeras; porque en ellas se siente alguna pena y&lt;br /&gt;amargura de las culpas, si las hubo, o si no, un tedio de la&lt;br /&gt;misma naturaleza terrena y vil; y estos efectos no se&lt;br /&gt;compadecen con estar el alma tan cerca y asimilada a la&lt;br /&gt;suma felicidad. Paréceme que las primeras purificaciones&lt;br /&gt;sirven para mortificar, y ésta que ahora digo sirve de&lt;br /&gt;vivificar y sanar a la naturaleza; y en todas juntas&lt;br /&gt;procede el Altísimo como el pintor, que dibuja primero la&lt;br /&gt;110&lt;br /&gt;imagen y luego le da los primeros colores en bosquejo, y&lt;br /&gt;después le da los últimos para que salga a luz.&lt;br /&gt;629. Sobre todas estas purificaciones, disposiciones&lt;br /&gt;y efectos admirables que causan, comunica Dios la&lt;br /&gt;última que es el lumen gloriae, con el cual se eleva,&lt;br /&gt;conforta y acaba de proporcionarse el alma para ver y&lt;br /&gt;gozar a Dios beatíficamente. En este lumen se le&lt;br /&gt;manifiesta la Divinidad, que sin él no podrá ser vista de&lt;br /&gt;ninguna criatura; y como es imposible por sí sola&lt;br /&gt;alcanzar este lumen y disposiciones, por eso lo es&lt;br /&gt;también ver a Dios naturalmente, porque todo&lt;br /&gt;sobreexcede a las fuerzas de la naturaleza.&lt;br /&gt;630. Con toda esta hermosura y adorno era prevenida la&lt;br /&gt;Esposa del Espíritu Santo, Hija del Padre y Madre del&lt;br /&gt;Hijo, para entrar en el tálamo de la Divinidad, cuando&lt;br /&gt;gozaba de paso de su vista y fruición intuitiva. Y como&lt;br /&gt;todos estos beneficios corresponden a su dignidad y&lt;br /&gt;gracias, por eso no puede caer debajo de razones ni de&lt;br /&gt;pensamiento criado —y menos en el de una mujer&lt;br /&gt;ignorante— qué tan altas y divinas serían en nuestra&lt;br /&gt;Reina estas iluminaciones; y mucho menos se puede&lt;br /&gt;ponderar y apear el gozo de aquella alma santísima&lt;br /&gt;sobre todo el más levantado de los supremos Serafines y&lt;br /&gt;Santos. Si de cualquier justo, aunque sea el menor de los&lt;br /&gt;que gozan de Dios, es verdad infalible que ni ojos lo&lt;br /&gt;vieron, ni oídos lo oyeron, ni puede caer en humano&lt;br /&gt;pensamiento aquello que Dios le tiene preparado (1&lt;br /&gt;Cor., 2, 9) ¿qué será para los mayores Santos? Y si el&lt;br /&gt;mismo Apóstol que dijo esto, confesó no podía decir lo&lt;br /&gt;que él había oído (2 Cor., 12, 4), ¿qué dirá nuestra&lt;br /&gt;cortedad de la Santa de los Santos y Madre del mismo&lt;br /&gt;que es gloria de los Santos? Después del alma de su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo, que era hombre y Dios verdadero, ella fue la&lt;br /&gt;que más misterios y sacramentos conoció y vio en&lt;br /&gt;aquellos infinitos espacios y secretos de la Divinidad; a&lt;br /&gt;111&lt;br /&gt;ella más que a todos los Bienaventurados se le&lt;br /&gt;franquearon los tesoros infinitos, los ensanches de la&lt;br /&gt;eternidad de aquel objeto inaccesible, que ni el&lt;br /&gt;principio ni el fin le pueden limitar; allí quedó letificada&lt;br /&gt;(Sal., 45, 5) y bañada esta Ciudad de Dios del torrente de&lt;br /&gt;la Divinidad, que la inundó con los ímpetus de su&lt;br /&gt;sabiduría y gracia, que la espiritualizaron y divinizaron.&lt;br /&gt;Visión abstractiva de la Divinidad que tenia María&lt;br /&gt;Santísima.&lt;br /&gt;631. El segundo modo y forma de visiones de la Divinidad&lt;br /&gt;que tuvo la Reina del cielo fue abstractivo, que es muy&lt;br /&gt;diferente y muy inferior al intuitivo; y por eso era más&lt;br /&gt;frecuente, aunque no cotidiano o incesante. Este&lt;br /&gt;conocimiento o visión comunica el Altísimo, no&lt;br /&gt;descubriéndose en sí mismo inmediatamente al&lt;br /&gt;entendimiento criado, sino mediante algún velo o&lt;br /&gt;especies en que se manifiesta; y por haber medio entre el&lt;br /&gt;objeto y la potencia, es inferiorísima esta vista respecto&lt;br /&gt;de la visión clara intuitiva; y no enseña la presencia real,&lt;br /&gt;aunque la contiene intelectualmente con inferiores&lt;br /&gt;condiciones. Y aunque conoce la criatura que está cerca&lt;br /&gt;de la Divinidad, y en ella descubre los atributos,&lt;br /&gt;perfecciones y secretos, que como en espejo voluntario le&lt;br /&gt;quiere Dios mostrar y manifestar, pero no siente ni&lt;br /&gt;conoce su presencia, ni la goza a satisfacción ni hartura.&lt;br /&gt;632. Con todo eso, este beneficio es grande, raro, y&lt;br /&gt;después de la visión clara es el mayor; y aunque no pide&lt;br /&gt;lumen gloriae más de la luz que tienen las mismas&lt;br /&gt;especies, ni tampoco se requiere la última disposición y&lt;br /&gt;purificación a que sigue el lumen gloriae, pero todas las&lt;br /&gt;demás disposiciones antecedentes que preceden a la&lt;br /&gt;visión clara, preceden a ésta; porque con ella entra el&lt;br /&gt;alma en los atrios (Sal., 64, 5) de la casa del Señor Dios&lt;br /&gt;eterno. Los efectos de esta visión son admirables, porque&lt;br /&gt;112&lt;br /&gt;a más del estado que supone el alma, hallándola a sí&lt;br /&gt;sobre sí (Lam., 3, 28), la embriaga (Sal., 25, 9) de una&lt;br /&gt;inefable e inexplicable suavidad y dulzura, con que la&lt;br /&gt;inflama en el amor Divino y se transforma en él y la causa&lt;br /&gt;un olvido y enajenamiento de todo lo terreno y de sí&lt;br /&gt;misma, que ya no vive ella en sí, sino en Cristo, y Cristo&lt;br /&gt;en ella (Gal., 2, 20). Fuera de esto le queda de esta visión&lt;br /&gt;al alma una luz, que si no la perdiese por su negligencia&lt;br /&gt;y tibieza o por alguna culpa, siempre la encaminaría a lo&lt;br /&gt;más alto de la perfección, enseñándola los más seguros&lt;br /&gt;caminos de la eternidad, y sería como el fuego perpetuo&lt;br /&gt;del santuario (Lev., 6, 12) y como la lucerna de la ciudad&lt;br /&gt;de Dios (Ap., 22, 5).&lt;br /&gt;633. Estos y otros efectos causaba esta visión Divina en&lt;br /&gt;nuestra soberana Reina con grado tan eminente, que no&lt;br /&gt;puedo yo explicar mi concepto con los términos&lt;br /&gt;ordinarios. Pero déjase entender algo considerando&lt;br /&gt;el estado de aquella alma purísima, donde no había&lt;br /&gt;impedimento de tibieza ni óbice de culpa, descuido, ni&lt;br /&gt;olvido, ni negligencia, ni ignorancia, ni una mínima&lt;br /&gt;inadvertencia; antes estaba llena de gracia ardiente en&lt;br /&gt;el amor, diligente en el obrar, perpetua e incesante en&lt;br /&gt;alabar al Criador, solícita y oficiosa en darle gloria y&lt;br /&gt;dispuesta para que su brazo poderoso obrase en ella sin&lt;br /&gt;contradicción ni dificultad alguna. Tuvo este género&lt;br /&gt;de visión y beneficio en el primer instante de su&lt;br /&gt;concepción, como ya he dicho en su lugar (Cf. supra n.&lt;br /&gt;229, 237, 312, 383, 389), y después muchas veces en el&lt;br /&gt;discurso de su vida santísima, de que también hablaré&lt;br /&gt;adelante .&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8184460459107011317-3970637609349135477?l=misticaciudaddedios4.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8184460459107011317/posts/default/3970637609349135477'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8184460459107011317/posts/default/3970637609349135477'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://misticaciudaddedios4.blogspot.com/2008/06/mstica-ciudad-de-dios-parte-4_23.html' title='MÍSTICA CIUDAD DE DIOS parte 4'/><author><name>PIOJOSALTARIN</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16286221232053703537</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry></feed>
